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  • mesmontse 7:56 pm el 3 March, 2022 Enlace permanente | Responder
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    EUROPA DEBE ABANDONAR LA OTAN, dice un ex militar español 

    El camino de la paz en Europa: independencia de EEUU abandono de la OTAN y creación de una asociación paneuropea


    LUIS GONZALO SEGURA
    Luis Gonzalo Segura es ex teniente del Ejército de Tierra de España

    La guerra en Ucrania es una muy mala noticia para Europa, y para España. Un país en el que uno de cada tres niños, según datos de Save the Children, se encuentran en el umbral de la pobreza. Niños que, junto al resto de ciudadanos, han sido azotados con dureza por la pandemia y, ahora, vivirán los efectos terribles de la guerra: subida de precios del petróleo, el gas y la electricidad. Y muchos otros que todavía no se atisban. Un desastre se aproxima hacia nosotros como un meteorito mientras contemplamos ensimismados la luna.

    Porque, desgraciadamente, Europa, y España dentro de ella, se mantiene impertérrita en el relato: «Putin es Hitler», «la situación actual es similar a los momentos previos al estallido de la II Guerra Mundial y sus aspiraciones llegan hasta Alemania del Este«. Así, a bocajarro. Más allá de lo terrible que supone banalizar a los seis millones de judíos gaseados y las decenas de millones de muertos que dejó la II Guerra Mundial, este relato se construye, sobre todo, con la intención de exonerar de responsabilidad alguna a la OTAN, es decir, a Estados Unidos y sus países satélites en Europa y Occidente. Porque, si Putin es Hitler y está loco, ¿qué culpa tiene Occidente de ello?

    Responsabilidad de Estados Unidos y la OTAN

    Sin embargo, hay datos que demuestran que tal versión se encuentra en las antípodas de la realidad. Dejando a un lado la supina estupidez de plantear que Rusia pretende invadir Europa del Este, incluida la antigua Alemania Oriental –Rusia tiene 500.000 militares menos que Europa y su gasto militar no llega al 30 % del europeo en conjunto–, lo cierto es que el mapa de la evolución de la OTAN desde 1991 muestra que ha sido la organización atlántica la que se ha acercado a Rusia y no al revés. Y, ciertamente, la presencia militar de Estados Unidos en Europa es tan considerable, con decenas de bases y miles de militares, como alarmante es la falta de unidad, ejército y política exterior común en el Viejo Continente.
    Europa es, hoy más que nunca, un continente subordinado a Estados Unidos, tóxicamente dependiente de la metrópoli.

    En términos geopolíticos, la definición que mejor se ajusta a Europa sería la de un protectorado moderno. Una región con una cierta autonomía, pero sometida a los intereses de la potencia que la domina.

    Estas sanciones pueden ser un tiro en el pie para Europa: además de provocar hambre y pobreza en el Viejo Continente, porque Rusia impondrá contramedidas, que pueden desconectar económicamente a Rusia de Europa y reorientar las relaciones comerciales rusas hacia Asia y África.

    La realidad demuestra que, en el contexto geopolítico, el agredido es Rusia, por lo que ello nos debería llevar a una reflexión respecto de la actuación de la OTAN y la sumisión europea a ésta y a Estados Unidos. Por desgracia, esta reflexión no existe, precisamente, porque, como hemos comentado antes, el relato oficial que pretende exonerar a Occidente de lo ocurrido se ha cimentado sobre la comparación de Putin con Hitler y las aspiraciones de Rusia de conquistar Europa del Este hasta llegar a Alemania Oriental. Falacias insostenibles en términos militares o económicos, pues tales conquistas necesitarían de una capacidad militar o una fortaleza económica que, no ya Rusia, sino ningún país en el mundo posee en la actualidad.

    La temeridad de imponer sanciones económicas para desestabilizar una potencia nuclear

    Por todo ello, por el relato ficticio de lo acontecido y la ausencia de un debate crítico respecto a la responsabilidad en la actual guerra en Ucrania, por las agresiones geopolíticas perpetradas en las últimas décadas por la OTAN , la vía que se atisba es la de las sanciones económicas. Y, ahora sí, parece que serán tan históricas como se reseñaba hace unos días: tal y como se aseveró, el mayor paquete de sanciones económicas de la historia. Unas sanciones que, además, exhiben una unidad y una contundencia inédita. (N.de la E.: cabe destacar que Suiza, que mantuvo neutralidad en ambas guerras mundiales, se haya unido a las sanciones a Rusia).

    Sin embargo, el implantar sanciones económicas no sólo empeora la situación, sino que supone una gran temeridad –Rusia ya ha activado las unidades nucleares–. No olvidemos que las sanciones siempre tienen como objetivo primordial posibilitar, mediante el hambre y la miseria, que los ciudadanos derroquen el gobierno de turno para que ello permita imponer un gobierno afín.

    Por poco que se posea un cierto sentido común, la idea de desestabilizar un país con más de 6.000 ojivas nucleares no parece que vaya a mejorar mucho la situación.

    Por otra parte, tal y como demuestra el apoyo de China y de otros países asiáticos, que se han manifestado públicamente a favor de Rusia, o expresado una posición neutral, estas sanciones pueden ser un tiro en el pie para Europa: las sanciones, además de provocar hambre y pobreza en el Viejo Continente, porque Rusia impondrá contramedidas, pueden desconectar económicamente a Rusia de Europa y reorientar sus relaciones comerciales hacia Asia y África.

    Por si no fuera suficiente, nadie garantiza que tales sanciones tengan éxito, pues si Rusia ha conseguido soportar siete años de sanciones -aunque de mucha menor entidad- en función de reorientar su actividad comercial, cada vez le resultarán más sencillas de soportar. Es decir, cada año que pase sin que las sanciones consigan derrocar el gobierno [N.de la E.que es el objetivo de Occidente, igual que contra Cuba, Venezuela, etc] tanto éste como la ciudadanía se acostumbrarán a ellas y buscarán otro tipo de soluciones.

    Acuerdo de Paz y restablecimiento de relaciones

    Así pues, el camino de Europa debería de ser otro muy diferente al de las sanciones. En primer lugar, pactar un acuerdo de paz definitivo con Rusia que vaya más allá de Ucrania. El Viejo Continente debe llegar a un entendimiento con Rusia sobre la estabilidad geopolítica de toda Europa, una estabilidad inclusiva e imperecedera. Definitiva y robusta. Y ello solo será posible si pasa por Rusia.

    Abandonar la OTAN e independizarse de Estados Unidos

    Para ello, por tanto, es imprescindible que la Unión Europea abandone la OTAN y se independice definitivamente de Estados Unidos. Lo que en ningún caso supone echarse a los pies ni a los brazos de Rusia, sino elegir ser y estar por sí mismos, por primera vez en décadas. He ahí la cuestión.

    Y el primer paso, ineludible, pasa por crear un Ejército europeo y convertirse en un actor geopolítico independiente que gestione tanto su seguridad como su política exterior. Porque no se trata de debilitar a Europa, sino de independizarse, de madurar y de abandonar la toxicidad de las relaciones con Estados Unidos. Sin Estados Unidos ni la OTAN de por medio, todo será más sencillo. Y, si no es posible entenderse con Rusia, que yo creo que sí, Europa sabrá arreglárselas por sí misma.

    Sin embargo, tanto el Ejército europeo como la independencia del Continente, elementos absolutamente entrelazados, encontrarán una férrea oposición en Estados Unidos. Una potencia que no permitirá tal movimiento, como se puede comprobar en la hemeroteca de las últimas dos décadas, porque ataca directamente a sus intereses. De la misma manera que la paz definitiva en Europa y el restablecimiento de las relaciones con Rusia han sido y son contrarios al interés estadounidense.

    Crear una asociación paneuropea de seguridad

    Tras estos primeros pasos -pacificar el Viejo Continente e independizarse de Estados Unidos- el siguiente objetivo para alcanzar una paz duradera pasaría por la creación de una asociación paneuropea de seguridad en la que se estableciera un marco de diálogo y confianza entre todos los países europeos, Rusia incluida. La cuestión a estas alturas es saber si realmente Europa quiere y puede lograrlo. La paz continental pende de ello.

     
    • Carlos Rico Lesta 6:11 pm el 4 marzo, 2022 Enlace permanente | Responder

      Acertado análisis y coherente propuesta. Europa, por su propio bien, debe devolverle a los EEUU ese «caballo de Troya» que le regaló frente a unos miedos también provocados. La OTAN no tiene ningún sentido hoy.

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  • mesmontse 3:39 am el 4 January, 2022 Enlace permanente | Responder
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    EUROPA: La sumisión de la UE a la política de EEUU conduce a Occidente al desastre 

    El seguidismo triste y muy posiblemente fatal de Europa

    THOMAS HARRINGTON / VILAWEB

    «Creo que Estados Unidos ve a los dirigentes europeos como los vasallos flexibles y sin convicciones propias que han mostrado ser durante estas últimas tres décadas. Vasallos que no se quejan lo más mínimo ante políticas del imperio que les causan daños materiales y morales muy importantes».

    Los imperios son, por definición, impíos y brutales. Y es por eso que invierten cantidades ingentes de dinero y de energía en la propaganda, tanto en el frente doméstico, para mantener el espíritu moralista de la conquista, como en las sociedades que dominan, para esconder la naturaleza real de su proyecto depredador.

    Cuando era joven, en EEUU se hablaba constantemente de la tragedia de la “Europa ocupada”. La del Este, por supuesto, donde había tropas soviéticas. Y recuerdo muy bien que un amigo alemán me dijo: «Vosotros también tenéis un ejército de ocupación muy grande en mi país que condiciona completamente los límites de lo que se puede hacer en el sistema político». Debo decir, no sin una gran dosis de vergüenza retrospectiva, que en ese momento esa constatación me chocó enormemente. «No hay ni punto de comparación», le dije, como sujeto imperial bien adoctrinado que era. “Estamos aquí para ayudar y liberar, y los rusos para oprimir y controlar.”

    Hace tres o cuatro décadas, había una conciencia muy clara de la realidad [de la presencia estadounidense en Europa] sobre todo en los sectores de izquierda de la política continental. Sin ir muy lejos, se puede hablar de la controversia intensa ante el referéndum sobre la entrada del Estado español a la OTAN en 1986. Y este gran recelo popular a raíz de la presencia norteamericana continuada en España se reflejaba -no sin cierto sesgo proAlianza, en los diarios más importantes del país- por extensión en el espacio europeo occidental entero.

    Hoy, en cambio, tenemos a la dirigente de los Verdes de Alemania –un grupo político que nació y se forjó en medio de la resistencia popular a la presencia de las bases y armas norteamericanas en Europa– haciendo proclamas de agresividad pro-OTAN que rivalizan con los halcones estadounidenses de derechas más estridentes de la Guerra Fría.

    Incluso medios supuestamente progresistas hablan de «la alta incidencia de figuras del KGB en el gobierno de Rusia». Como si el presidente George Bush padre, no hubiera sido, antes de presidente, director de la CIA; o como si –como es evidente gracias a la investigación del fiscal especial John Durham (que no ha recibido ninguna cobertura en Europa)– el Estado profundo de EEUU no estuviera íntimamente involucrado en haber montado el escándalo “Russiagate” para hacer tambalear la presidencia del candidato “no aprobado” por ellos, Donald Trump, y como si el presidente del senado estadounidense, Chuck Schumer, no hubiera admitido públicamente que siempre opera con una conciencia muy clara de la capacidad que tiene el Estado profundo de castigarle si desobedece sus deseos. O, como si en el último ciclo electoral el Partido Demócrata no hubiera hecho un esfuerzo público y desacomplejado de incluir ex-miembros de la CIA y el FBI en las listas electorales.

    El discurso que dicta la OTAN desde Bruselas

    Hoy, básicamente, nadie de los partidos y medios más importantes del continente europeo, discrepa de las líneas maestras del discurso que emana de la sede de la OTAN en Bruselas, cuyos argumentos principales se pueden resumir así:

    1) Putin es un diablo completamente inmoral que piensa noche y día en cómo puede comerse a los países del ex bloque soviético. A pesar de que el dirigente ruso ha evidenciado una y otra vez que no tiene ningún interés en hacerlo y que el presupuesto militar ruso es minúsculo comparado con el de la OTAN, y que las fuerzas militares rusas están diseñadas muy claramente –y muy bien, según muchos expertos militares– para la defensa y el contraataque. En fin, cualquier declaración que haga Putin en relación con las preocupaciones de de los rusos sobre su seguridad, es pura mentira diseñada para cubrir sus numerosos planes de imponer el control ruso sobre los países del este de la Unión Europea.

    2) Que Rusia concentre tropas en su territorio junto a la frontera de Ucrania es un hecho abominable. Como si no hubiera habido un golpe de estado en Ucrania en 2014, ideado y ejecutado por agentes de EEUU, trabajando conjuntamente -entre otros aliados- con los neonazis ucranianos. Y como si la OTAN no hubiera estado enviando estos últimos meses unas cuantas misiones navales al Mar Negro. Imagínense qué habría pasado si los rusos hubieran instigado un golpe de estado en Canadá, y EEUU hubiera enviado tropas a la frontera. O, si fueran los rusos quienes hubieran enviado patrullas navales al Golfo de México.
    Dejando de lado el hecho evidente de que en casos parecidos EEUU nunca se limitaría a una táctica tan prudente y pacífica, ¿creen que el mundo político y mediático europeo hablaría al unísono de la terrible agresión norteamericana? Nunca jamás.

    3) Que el acuerdo para la unificación de Alemania negociado entre James Baker y Eduard Shevardnadze en febrero de 1990 no incluía un juramento muy explícito cuya existencia sí ha sido confirmada tanto por Gorbachov como por el embajador estadounidense en ese momento, Jack Matlock– diciendo que EEUU no expandiría la OTAN ni un centímetro más hacia el este. Como si los rusos no hubieran vivido como una traición brutal la decisión de ampliar la OTAN para incluir a tres de los países más importantes de la anterior zona de influencia soviética –Polonia, República Checa y Hungría– tan sólo nueve años más tarde. Y como si el hecho de que esto ocurriera justo en el momento culminante del saqueo a la economía ex-soviética por parte de los magnates rusos, que trabajaban con la ayuda imprescindible de los banqueros occidentales, no hubiera añadido un toque humillante más a la maniobra. Y como si la suma de Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia al pacto militar atlantista en 2004 no se hubiera vivido como la continuación de una campaña de humillaciones sin fin por parte de los estadounidenses y sus súbditos europeos de la OTAN.

    Podríamos seguir mencionando, entre otras muchas cosas, el bombardeo norteamericano a Serbia, uno de los aliados históricos más importantes de Rusia, en 1999; las revoluciones de colores de clara organización norteamericana en Ucrania en 2004 y en Georgia en 2003, y la decisión de este último país, operando con el apoyo logístico y propagandístico de EEUU, de atacar el territorio de la Federación Rusa en el verano de 2008.

    No se trata de retratar a Putin y el liderazgo de Kremlin como ángeles sino constatar simplemente que tienen un punto de vista sobre el mundo y, con ello, una serie de intereses, forjados por su visión de la Historia, que no se pueden ignorar si se quieren mantener con ellos unas relaciones pacíficas y mutuamente beneficiosas.

    Pero esto es precisamente lo que la clase diplomática y estratégica estadounidense, de una mediocridad intelectual y moral sin precedentes en la Historia de EEUU, se ha mostrado absolutamente incapaz de hacer. Se dice que todos los imperios decadentes se refugian en la caverna de su propia mitomanía y tozudez justo antes de morir. Y es la verdad.

    Pero, ¿qué excusa tienen los europeos pensantes para no reflexionar en serio, ni en la prensa, ni en los espacios cívicos, sobre la esperpéntica versión estadounidense de la realidad geopolítica europea? Una versión que casi todos los supuestos «cerebros» diplomáticos del continente reproducen sin reflexión ni alteración sustantiva.

    Ante el gran énfasis que el estamento político y militar de EEUU otorga a las guerras de información, estos europeos pensantes ¿han reflexionado sobre los porqués de esta suplantación casi total de voces críticas con la OTAN y la política exterior de EEUU en el Viejo Continente?

    ¿Han pensado en la necesidad de mirar más allá de las patéticas y previsibles palabras de títeres cien por cien comprados como Stoltenberg (el noruego secretario general de la OTAN) y el mayor número de expertos en los think tanks atlantistas sustentados por EEUU a la hora de calibrar la mejor forma de garantizar un futuro de paz y prosperidad para Europa?

    ¿Quieren realmente que Europa siga siendo el servicio de limpieza para un imperio que destruye países y civilizaciones –Libia, Siria, Irak– sin remordimiento alguno y los deja con enormes dificultades humanitarias causadas por sus salvajadas, dificultades que, lo quieran admitir o no, debilitan seriamente la cohesión social de sus sociedades?

    ¿Han examinado si realmente les interesa estar en conflicto perpetuo con Rusia? Esa Rusia que tiene el gas y el petróleo que necesitan urgentemente. Una Rusia que a su vez tiene un mercado potencial enorme para los productos agrícolas y manufacturados de Europa.

    ¿Realmente creen en la sinceridad de las palabras de indignación de sus portavoces oficiales y de su prensa cuando hablan constantemente de la situación de derechos humanos en Rusia y, al mismo tiempo, guardan un silencio sepulcral sobre lo que ocurre con el apartheid de Israel y en más países, como por ejemplo los que proporcionan hidrocarburos a Estados Unidos?

    En fin, ¿creen que, aparte de las sintonías culturales obvias que unen ambos lados del Atlántico norte, el estamento estratégico de EEUU realmente tiene respeto por sus homólogos europeos?
    Me temo que no. Les ven más cómo los vasallos flexibles y sin convicciones propias que han mostrado ser durante estas últimas tres décadas. Vasallos que no se quejan lo más mínimo ante políticas del imperio que les causan daños materiales y morales muy importantes.

    Por decirlo de otro modo, ¿es realmente posible respetar una clase política que no dice ni le importa cuando se descubre que Washington escuchaba cada llamada y leía cada mensaje del teléfono personal de la dirigente más importante del continente, Angela Merkel, y muy probablemente también los de todos sus homólogos de la Unión Europea?

    El final del imperio norteamericano se acerca mucho más rápidamente, creo, que lo que piensan muchos sabios profesionales. Y cuando las cosas aprieten, las palabras sobre los vínculos inquebrantables entre Europa y EEUU, repetidas tantas veces durante estas últimas ocho décadas, se convertirán, lo mismo que las garantías dadas a Gorbachov y Shevardnadze en 1990, en papel mojado.

    Ahora es el momento en que los europeos deberían intentar reimaginar Europa en el contexto de unos EEUU ausentes o muy debilitados. Pero, en vez de probarlo, los “dirigentes” europeos se han refugiado con más fervor que nunca en los temas de debate cada vez más delirantes de sus amos de Washington.

    Los ciudadanos del Continente pagarán un precio muy alto por haber permitido que sus “dirigentes” y la prensa que sigue dándoles una cierta aura de respetabilidad, les hayan traicionado tan descaradamente en una coyuntura tan crucial de su historia.

     
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