CORONAVIRUS- VARIANTE ÓMICRON: No tiene justificación científica la histeria de los países ricos 

La Unión Europea prohibió los vuelos con salida o destino a Sudáfrica, Botswana, Suazilandia, Lesoto, Namibia, Mozambique y Zimbabue por temor a la nueva variante ómicron de coronavirus. También lo hicieron Japón, EEUU, Canadá, y Reino Unido. Una de las impulsoras de la medida ha sido la presidente de la Comisión Europea, la alemana Úsula von der Leyen, quien rápidamente insistió en suspender los vuelos a esos países. Von der Leyen también pide la imposición de la vacunación obligatoria en la UE para «contrarrestar la resistencia de la población».

Pero resulta que la «variante sudafricana» como ya la llaman algunos medios -como en su día hablaron de «virus chino» con una falta total de ética- estaba circulando en los Países Bajos, antes de que fuera detectada en Sudáfrica. Así que, aunque fue secuenciada por primera vez en la nación africana aún no está claro dónde o cuándo surgió.

Tampoco es exacto lo que difunden los medios de que en Sudáfrica, «menos de una cuarta parte de la población está totalmente vacunada», cuando en realidad la media del país se sitúa en el 41%. Tampoco es cierto que no cuenten con suficientes dosis de vacunas, y vale la pena recordar que Sudáfrica vacuna con Pfizer y Janssen, todo sea dicho ante los prejuicios sobre la eficacia de lo no producido en Occidente.

De todos modos, una mayor proporción de población vacunada no parece ser un freno para los contagios: en Japón, con un 76,7 % de la población vacunada con la pauta completa, durante tres meses la variante Delta del coronavirus -que se impuso a todas las demás- estuvo provocando un número récord de hasta 26.000 casos diarios. Y así fue, hasta que desapareció. Los científicos japoneses del Instituto Nacional de Genética, explicaron que en algún momento de sus mutaciones se autodestruyó, al dañarse una proteína fundamental que necesita el virus para replicarse.

Los próximos que descubran una variante se lo pensarán dos veces antes de decirlo, dice sobre la variante ómicron, el epidemiólogo catalán Xavier Gómez-Olivé desde Sudáfrica

ORIOL BÄBLER / VILAWEB

La variante ómicron del coronavirus, que se ha descubierto recientemente en Sudáfrica, acapara buena parte de la atención mediática relacionada con la pandemia. Especialmente después de la alerta de la OMS sobre «el alto riesgo de contagio en todo el mundo» y la interrupción en la UE y Estados Unidos de las conexiones aéreas con varios países del sur de África. Para entender qué ocurre en Sudáfrica, Vilaweb ha entrevistado al epidemiólogo catalán Xavier Gómez-Olivé, que desde 2005 trabaja en la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo. «No estamos en una situación dramática y los hospitales no están colapsados», dice y lamenta el pánico internacional que han originado las acciones de los gobiernos occidentales.

—Sudáfrica es el foco de atención mediática a raíz del descubrimiento de la variante ómicron del coronavirus. ¿Cuál es la situación epidemiológica en el país?

—Hasta hace pocos días, la situación epidemiológica en Sudáfrica era muy tranquila y la incidencia era muy baja. Nos movíamos en torno a unos pocos cientos de casos, pero a partir del día 14, la cosa ha ido al alza. En dos días se doblaron los casos y así, exponencialmente, hasta alcanzar los 3.000 casos diarios. Y se espera que sigan creciendo. Estamos muy cerca de que se declare la cuarta ola de la cóvid.

Pero en los hospitales no se ha notado un aumento de casos graves. La nueva variante causa sobre todo casos leves que, por ahora, se concentran en la provincia de Gauteng, en la que se encuentran las ciudades de Johannesburgo y Pretoria. No estamos en una situación dramática y los hospitales no están colapsados.

—Para situarnos, en Sudáfrica, ¿cuáles han sido los picos de las olas anteriores?

—En los picos anteriores se detectaban entre 18.000 y 20.000 casos diarios, y en los hospitales había unos 2.000 ingresados.

—Los datos, dado que es un país de casi sesenta millones de habitantes, son relativamente bajos si los comparamos con los del Estado español.

—Aquí se calcula que hay bastantes casos sin diagnosticar. Nuestro centro ha realizado un estudio en una población de 600 habitantes en la provincia de Mpumalanga, en la frontera con Mozambique. Se ha realizado un seguimiento exhaustivo de esta población y les hemos tomado muestras nasales dos veces por semana. En todas partes, los niveles de infección son más altos de lo que nos dicen las cifras y las estadísticas.

El 30% se ha infectado, pero la mayoría con sintomatología muy leve, por lo que muchos nunca han ido al hospital.

—¿Qué sabemos hasta ahora de la variante ómicrón?

—Los primeros casos se detectaron a raíz de un brote en la Universidad de Tecnología de Tshwane (Pretoria). Aquí es fin de curso y se cree que los estudiantes se contagiaron en una celebración. Ahora, todavía no sabemos si esta variante afecta especialmente a los jóvenes o simplemente es que el contexto del brote ha hecho que la mayoría de casos sean entre la juventud. También debe tenerse en cuenta que la población joven es la menos vacunada. El porcentaje de inmunizados es del 25%, mientras que los mayores de sesenta años superan el 50% y la media del país es del 41%.

—¿Debemos preocuparnos?

—Los casos detectados, por ahora, presentan sintomatología leve. Es demasiado temprano para determinar si esta variante es más infecciosa o puede sortear la protección de las vacunas.

Es verdad que presenta una treintena de mutaciones en la espícula y esto puede indicar ciertas cosas, pero debemos ver cómo todo evoluciona antes de extraer conclusiones.

—En las muestras secuenciadas, ¿qué porcentaje se detecta de ómicron?

— El 90% en la provincia de Gauteng. Es posible que poco a poco vaya sustituyendo a la variante delta, que en su momento sustituyó a la beta.

—¿La baja cifra de vacunación es a causa de una falta de dosis o del escepticismo de una parte de la población?

—En Sudáfrica, la campaña de vacunación comenzó más tarde que en Europa, y especialmente los jóvenes, han tenido menos tiempo para vacunarse. Cuando se abrió su franja, la vacunación se disparó, pero ahora se ha atascado. La gente mayor sí ha sido más constante y se ha asegurado de recibir ambas dosis. En Sudáfrica, tenemos las vacunas que se necesitan y la intención del gobierno es alcanzar el 75% de inmunizados. Es relativamente fácil de vacunarse y el acceso es igual para todos. Ahora se administran unas 150.000 dosis diarias y la intención es llegar a las 200.000. Al igual que en Europa o en Estados Unidos, en Sudáfrica también hay gente que recela de las vacunas o que directamente no se quiere vacunar. Hay un poco de todo. Y hay muchas creencias y situaciones particulares que lo hacen todo algo más complicado.

—¿Qué vacuna se pone?
—Se empezó a utilizar AstraZeneca, pero con la aparición de la variante beta, varios estudios demostraron que no era tan efectiva, y se cambió a Pfizer y Janssen.

—¿Cómo ha reaccionado la sociedad sudafricana ante la aparición de esta nueva variante?

Creo que la histeria o la sobreactuación han estado fuera de Sudáfrica.

Aquí la situación es más bien tranquila. El pasado domingo, el presidente Ramaphosa se dirigió a la población y envió un mensaje de calma y paciencia. Explicó que no se tomarían medidas extraordinarias, sobre todo mientras no se tenga más información concreta sobre el ómicron, lo que puede tardar un plazo de dos o tres semanas. Además, advirtió que estaban a las puertas de una nueva oleada e insistió en la importancia de vacunarse, de hacer uso de la máscara y de evitar los contactos sociales.

¿Qué restricciones se aplican actualmente?

—Las principales restricciones son el confinamiento nocturno, que va de medianoche hasta las cuatro de la madrugada, y la obligatoriedad de llevar máscara en la calle. Además, según los entornos y eventos, se han marcado topes para la concentración de gente. En este sentido, el gobierno recomienda realizar al aire libre la mayoría de encuentros y actividades.

—¿Cómo se ha recibido la decisión de Europa y Estados Unidos de interrumpir los vuelos y de intentar aislar al país?

—La palabra que utilizó el presidente es “indignante”, y es así. Los científicos que han descubierto la variante lo han dicho por activa y por pasiva: hemos hecho un hallazgo, no hemos creado ni generado nada. Ni siquiera se sabe si el ómicron se ha originado en Suráfrica.

Simplemente se ha descubierto aquí. Seguramente surgió en octubre y desde entonces millones de personas han viajado por todo el mundo. Poco a poco aparecerán casos por todas partes, pero se podrán identificar porque científicos sudafricanos han avisado qué buscar. No tiene ningún sentido que se estigmatice a los investigadores y al país que ha hecho este hallazgo. No tiene ninguna explicación científica lo que se ha hecho con Sudáfrica. Piense que ese país vive en gran parte del turismo. Ahora llega Navidad, que aquí es en verano y temporada alta, y todo se ha malogrado. ¿Cómo sacamos adelante la economía? Si siempre se actúa así, los próximos que descubran una variante quizá se lo piensen dos veces antes de decirlo.