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  • mesmontse 1:02 am el 28 April, 2022 Enlace permanente | Responder
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    MACRON II PARTE: ¿Cuánto tardará la cólera en volver a las calles de Francia? 

    Aux Armes, Citoyens!

    Una disección de las elecciones francesas

    La segunda presidencia de Macron fue tan calculadoramente preparada por la élite liberal de Francia como la primera. A medida que el cisma económico y geográfico del país se amplíe aún más, las protestas de los Chalecos amarillos de ayer parecerán una fiesta.

    PEPE ESCOBAR / THE CRADLE

    Al final, sucedió exactamente lo que el establishment francés diseñó: lo avancé en diciembre pasado en una columna aquí en The Cradle.

    Esto es lo esencial: el arabófobo reconocido Eric Zemmour, quien es de origen argelino, fue fabricado por el Institut Montaigne para cortar el paso a la candidatura populista de derecha de Marine Le Pen [dividiendo el voto]. Al final, el rendimiento electoral de Zemmour fue pésimo, como se esperaba.

    Otro candidato, logró una intervención milagrosa y fue aún más útil: el ambicioso, oportunista, egocéntrico, Jean-Luc Melenchon.

    «Le Petit Roi» Emmanuel Macron genera cero empatía en toda Francia. Eso explica la enorme abstención de votantes del 28 % en la segunda vuelta.

    Los números cuentan la historia: hay 48.803.175 ciudadanos franceses con derecho a voto. Macron obtuvo 18.779.809 votos. Marine Le Pen obtuvo 13.297.728 votos. La suma de la abstención/votos en blanco/anulados es de: 16.674.963 votos.
    Así que, el presidente de Francia fue reelegido por el 38.5 % de los votantes, mientras que el segundo lugar real, fue para la abstención/voto en blanco/voto nulo, que obtuvo el 34.2 %.

    Eso implica que aproximadamente el 42 % de los franceses con derecho a voto se molestaron en ir a votar básicamente para barrar el paso a Le Pen: una marca que sigue siendo tóxica en vastas franjas de la Francia urbana, pero no tanto como antes, a pesar de todo el peso de los medios de comunicación oligárquicos participando en el modo de campaña de odio en dos minutos. Las cinco oligarquías que dirigen el llamado «paisaje audiovisual» (PAF, según el acrónimo francés) de los mensajes de campaña son todos macronistas.

    ¿Quién, de hecho, es este Pequeño Rey ilusionista que en el mejor de los casos se puede definir como un mensajero de la plutocracia transnacional? Desde los intestinos del sistema, posiblemente el veredicto más agudo proviene de Mathieu Pigasse, conocido informalmente en París como «The Punk Banker» debido a su afición a la banda británica de punk-rock The Clash.

    Cuando Macron era un banquero de fusiones y adquisiciones en Rothschild & Company, Pigasse estaba trabajando para la oposición, Lazard Freres. Fue Macron quien convenció que los intereses de Nestlé debían ser manejados por Rothschild, mientras Pigasse representaba a Danone.

    Pigasse también es uno de los principales accionistas de Le Monde, que supo ser un gran periódico hasta la década de 1980, y ahora es una copia superficial de The New York Times. Le Monde es macronista hasta el núcleo.

    Pigasse define a Macron como «el producto más puro del elitismo francés, en términos del microcosmos parisino». Aunque Macron es un provinciano de Amiens, encaja perfectamente en el Beau Monde parisino [la «alta sociedad»], que es en sí mismo un universo bastante raro, y sí, igualmente provinciano, como un pueblo donde todos conocen a todos.

    Pigasse también identifica a los personajes del establishment que inventaron a Macron y lo colocaron en la parte superior de la pirámide, desde el polémico Jacques Attali hasta Serge Weinberg (ex CEO de Sanofi), Francois Roussely (ex-Presidente de EDF, compañía de electricidad de Francia) y Jean-Pierre Jouyet, ex ministro del deshonrado ex presidente Nicolas Sarkozy y luego número dos en el Elíseo bajo el supremamente incompetente Francois Hollande.

    Attali, por cierto, describe el macronismo como una «modernización proeuropea, comprometida, liberal y optimista. Eso corresponde a un centro derecha de la Francia moderna» , y «que no es necesariamente toda Francia «.

    «No necesariamente toda Francia», de hecho significa la mayoría de Francia, si uno se molesta en salir de algunos distritos de Paris para hablar con personas en Pas-de-Calais, Borgoña o el Var (en la Provença). Esta Francia identifica a la «economía de mercado social» ensalzada por Attali y promovida por Macron, como una farsa gigantesca.

    Sería demasiado fácil pintar la división nacional actual entre, por un lado, los ancianos y los muy jóvenes que llevan un diploma y viven con comodidad; y por otro lado, la gente de entre 25 a 60 años, sin educación superior que apenas llega hasta fin de mes. Es decir, las masas de clase trabajadora.
    Es más matizado que eso. Aún así, los dos factores más importantes en esta elección son que cerca de un tercio de los votantes ni siquiera se molestaron en aparecer o ir a emitir voto nulo (incluso en París). Y la crédula horda de Melenchon entregó su voto a Macron, con la ilusión de que su líder [Melenchon] se convertirá en Primer Ministro [en las elecciones al parlamento].

    Las clases trabajadoras serán literalmente exterminadas durante otros cinco años de neoliberalismo duro. El que era hasta hace poco un sistema de bienestar social estelar, terminará de ser diezmado. La edad de jubilación se extenderá a 65 años. Las pensiones más pequeñas apenas serán suficientes para vivir. Los super-ricos pagarán impuestos mucho más bajos, mientras que el trabajador común pagará los más altos. La educación y la atención médica serán privatizadas.

    Francia se pondrá al día rápido en el capitalismo del casino, que está en descomposición en Estados Unidos y el Reino Unido. Y no olviden, habrá más restricciones de viajes, escasez de alimentos y combustible.

    La islamofobia no se disolverá en un suave arco iris. Por el contrario: se instrumentalizará como el chivo expiatorio perfecto para la incompetencia y la corrupción macronistas en serie.

    Si tenemos en cuenta los resultados espectaculares de la abstención/voto en blanco/voto nulo, tenemos algo así como una mayoría silenciosa de 30 millones de personas que instintivamente sienten que todo el sistema está manipulado.

    Los ganadores, por supuesto, son los sospechosos habituales: BlackRock/McKinsey/ Foro Económico Mundial/la industria armamentística. McKinsey prácticamente dirige la política del gobierno francés, que bordea el fraude fiscal, un escándalo que los medios corporativos hicieron todo lo posible para enterrar. Por su parte, el CEO de BlackRock, Larry Fink, un «consultor» muy cercano al Elíseo, debe haber aparecido con algunas botellas adicionales de champán.

    Macron y los instructores franceses atrapados en Mariupol junto a los nazis: un escándalo que acabará por estallar en Francia

    Y luego, está Francia como gran poder: líder de grandes franjas de África (con un golpe en los dientes recién recibido desde Mali); líder de Asia occidental (pregúntele a los sirios y libaneses al respecto); líder de la gran UE, restablecido e incrustado en la máquina de guerra de la OTAN.

    Todo esto nos lleva a una historia invisible anterior a esta elección, que ha sido totalmente enterrada por los medios corporativos. Sin embargo, la inteligencia turca la recogió. Los rusos, por su parte, se han mantenido deliciosamente mudos, en su modo característico de «ambigüedad estratégica».

    Denis Pushilin, líder de la República Popular de Donetsk, confirmó una vez más a principios de esta semana que hay aproximadamente 400 «instructores» extranjeros de la OTAN, parapetados en las entrañas de la planta metalúrgica Azovstal en Mariupol, sin salir.

    La inteligencia turca sostiene que 50 de ellos son franceses, algunos de ellos de alto rango. Eso explica algo que ha sido confirmado por varias fuentes rusas, pero no reconocido en absoluto por París: Macron ha estado llamando frenéticamente a Putin para establecer un «corredor humanitario» para sacar sus «valiosos activos».

    La medida respuesta rusa ha sido, una vez más, un movimiento de judo geopolítico que ya es su marca registrada. No hay «corredor humanitario» para nadie en Azovstal, ya sean los neonazis de Azov o sus manejadores extranjeros de la OTAN, y no habrá bombardeo. Cuando tengan hambre, al final se verán obligados a salir y rendirse.

    La directiva de Macron, aún no confirmada pero plausible, es que no se rindan de ninguna manera. Porque rendirse significa dar a Moscú en bandeja de plata una serie de confesiones y todas las pruebas de una operación secreta ilegal [ante las leyes de Francia] realizada por el «líder de Europa» en apoyo a los neonazis.

    Todas las apuestas están abiertas cuando la historia completa estalle en Francia. Bien podría suceder durante el próximo Tribunal de crímenes de guerra que se establecerá probablemente en Donetsk.

    Aux Armes, Citoyens? Bueno, tienen cinco años más por delante para llegar a las barricadas. Pero puede suceder antes de lo que pensamos.

     
  • mesmontse 9:53 pm el 8 August, 2021 Enlace permanente | Responder
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    NEOLIBERALISMO: La economía financiera crea una oligarquía que sólo beneficia al 1% y el Estado debe evitarlo 

    MICHAEL HUDSON (1939) es un reconocido economista estadounidense, investigador y profesor universitario. Es autor de numerosas obras, entre ellas: Súper imperialismo: la estrategia económica del imperio estadounidense (1972),con una segunda parte en 2003 Super imperialismo: El origen y los fundamentos de la dominación mundial de EEUU; Matar al huésped: Cómo la deuda y los parásitos financieros destruyen la economía (2018); B es para la economía basura: una guía sobre la realidad en la era del engaño (2017). En una entrevista con estudiantes universitarios del grupo Positive Penger, cuya traducción pueden leer tras esta introducción, Hudson explica cómo la economía financiera crea una oligarquía que beneficia sólo al 1% de la población,  y cómo las economías neoliberales son en realidad parásitos capaces hasta de matar al anfitrión al cual parasitan.  Para evitarlo, el papel del Estado debe ser minimizar los ingresos de los rentistas y prevenir la creación de una oligarquía rentista. Esta era la visión de los economistas clásicos, y tal vez nadie la haya asumido con tanta lucidez en el siglo XX como el presidente argentino Perón, quien la expresaba claramente cuando decía «sólo debe haber en la Argentina una clase de hombres: los que trabajan». Occidente ha fracasado en evitar que la oligarquía rentista tome el poder. En cambio, China -señala Hudson- hoy es realmente el tipo de sociedad que la gente esperaba que evolucionara en Europa y Estados Unidos antes de que la financiarización los desviara del camino.

    La financierización está ahogando la economía

    MICHAEL HUDSON

    GPP: El profesor Hudson, como profesor de Harvard dirigió una investigación sobre cuatro mil años de la historia de la deuda, el dinero y la economía, y publicó cinco volúmenes de coloquios sobre esta historia. También ha escrito nueve libros sobre relaciones económicas modernas. Nos mostró que los grandes financieros históricamente han actuado para redactar las reglas en su beneficio. A eso lo llamamos financiarización. Para que eso tenga éxito, las finanzas deben influir en nuestra forma de pensar, principalmente con respecto a cómo vemos el dinero, la deuda y el valor. Usted demostró que ha habido miles de años de luchas de poder con intereses financieros que querían tomar el control de una sociedad y la economía, y continúa hoy.

    Hudson: Mencionaste que los financieros escriben las reglas para su propio beneficio. Estas reglas se denominan constituciones y cuerpos de ley. Las leyes pro-financieras han sido la característica distintiva de la civilización occidental desde la antigüedad clásica. Eso representó una ruptura radical con la práctica anterior del Cercano Oriente.

    De modo que las élites lograron bloquear la tradición de las monarquías del Cercano Oriente que cancelaban las deudas personales  impidiendo que surgiera una clase financiera oligárquica.

    Eso es lo que hace que la civilización occidental sea tan diferente de todo lo que sucedió antes. Porque sin reyes, sin un gobierno central fuerte, o lo que los griegos llamaban «tiranos», la oligarquía ganó el control y manejó la democracia mediante una serie de trucos políticos. Al igual que en Atenas, el Senado romano podía decidir qué se le permitía discutir a la Asamblea pública. La constitución oligárquica de Roma permitía que todos votaran, pero el voto de un terrateniente rico contaba cientos de veces más que el voto de la mayoría de la gente. Era muy parecido a los Estados Unidos de hoy, donde las contribuciones de campaña de la clase donante a los políticos estadounidenses eclipsan con creces lo que quieren la mayoría de los votantes. Las reglas políticas en los Estados Unidos reflejan la clase donante más que la democracia, como en la antigua Roma.

    GPP: Así que Roma fue la cuna de lo que vemos hoy.

    Hudson: Sí.

    GPP: Analicemos la financiarización. ¿Puede contarnos un poco sobre qué es, cuál es su plan de negocios y sobre qué base se asienta? ¿Cómo se desarrolla en el mundo actual?

    Hudson: La financiarización requiere que la gente se endeude para poder cubrir las necesidades básicas, como la vivienda, por ejemplo. En lugar de pagar el alquiler a los propietarios, como se hizo desde el feudalismo hasta el siglo XIX, la vivienda ahora se compra a crédito. Entonces, el alquiler que solía pagarse a los propietarios ahora se paga a los bancos como interés. Los inquilinos pagan intereses y, en el transcurso de una hipoteca a 30 años, los bancos terminan recibiendo más dinero e intereses de los que recibe el vendedor cuando vende la propiedad. Entonces, la idea de pagar el alquiler como interés por un préstamo para obtener una propiedad es la forma en que operan los inversionistas de bienes raíces comerciales, así como los propietarios de viviendas.

    Este apalancamiento de la deuda se aplica a toda la economía. En lugar de financiar las pensiones o la asistencia sanitaria en régimen de reparto como se hace en la mayor parte de Europa, en EEUU los ingresos actuales deben reservarse por adelantado e invertirse en los mercados financieros, en acciones y bonos, o simplemente en las finanzas, en un juego con la esperanza de ganar dinero. Pero la forma en que el sector financiero gana dinero implica la explotación de la mano de obra. Entonces el trabajador obtiene su pensión financiando la explotación de los trabajadores con el fin de obtener beneficios económicos para pagar sus pensiones. Eso es lo que Marx llamó una contradicción interna.

    El proceso de financiarización es básicamente anti-trabajador. Dado que el objetivo político de la financiarización es la privatización, quieren convertirse en gobierno. La financiarización quiere que los bancos sean el gobierno y sean ellos quienes  asignen crédito y recursos y no los funcionarios elegidos democráticamente. Así que la financiarización y el libre mercado apuntan a centralizar el control en manos de los bancos.

    Ese sector utiliza este control para obligar al Estado a vender sus empresas públicas, ferrocarriles, planes de pensiones, su salud y todo lo público, privatizar la educación, la salud y otros servicios sociales básicos. Los gastos financieros, los gastos de gestión y la recompra de acciones forman parte del costo de satisfacer estas necesidades básicas.

    Entonces, la financiarización aumenta drásticamente el costo de la economía en forma de rentas, intereses y cargos financieros pagados al sector de Finanzas, Seguros e Inmobiliario (FIRE) , de una manera que termina encogiéndose la economía e impidiendo su capacidad para pagar las deudas. Entonces, la financiarización conduce a crisis, porque su plan de negocios es obtener todo el dinero para sí mismo y empobrecer la economía. Pero al empobrecer la economía, hace lo que hizo Roma, conduce a la austeridad y a una Edad Oscura.

    Puede ver esto en la educación, que se financiarizó en los Estados Unidos. La educación se proporciona gratuitamente desde Alemania a China, pero en EEUU para obtener una educación universitaria o incluso para pagar muchas escuelas secundarias, tienes que pedir un préstamo a un interés alto (alrededor del 8%). Como en el caso de la vivienda, el costo de obtener una educación se sitúa en lo que un banco está dispuesto a prestar al estudiante.

    El problema es que esto conduce a la crisis de la deuda. La financiarización extrae cada vez más de los ingresos de la economía en forma de intereses, comisiones financieras, multas y rentas económicas a los sectores en que se apoya el sector financiero y bancario.

    GPP: Entremos en nuestra percepción del valor y la prosperidad y comencemos con los economistas clásicos. ¿Puede comenzar dándonos su experiencia y conexión con la economía clásica y luego decirnos cómo veían la economía, y especialmente su concepto de valor y precio, y cómo debería prosperar el país?

    Hudson: Cuando estaba enseñando en las décadas de 1960 y 1970, la Historia del pensamiento económico todavía formaba parte del plan de estudios de economía de posgrado. Los estudiantes tenían que aprender la Historia del pensamiento económico como un curso básico, y también tenían que estudiar Historia Económica. La mayoría de mis primeros libros fueron sobre la Historia del pensamiento económico, especialmente la teoría del comercio internacional, la teoría de la balanza de pagos y el proteccionismo estadounidense. Así que tuve que leer a todos los economistas clásicos que condujeron a Marx.

    Los economistas clásicos se oponían casi diametralmente al tipo de economía que se enseña hoy. Por eso ya no se enseña en los cursos de economía. Las ideas de los economistas clásicos, desde los fisiócratas hasta Adam Smith, John Stuart Mill y sus seguidores, fueron las de liberar las economías de la clase terrateniente. Los economistas clásicos querían desarrollar industrialmente a Gran Bretaña, Francia, Alemania, etc. Pensaban que la única forma de volverse industrialmente competitivo era minimizar los beneficios gratis que tomaba la clase de los propietarios en forma de renta. Unos ingresos que “los receptores de la renta obtienen mientras duermen”, como dijo Mill. Los economistas clásicos también pretendían deshacerse de los monopolios, que obtenían una renta monopolística muy similar a la renta de la tierra. Este objetivo implicaba deshacerse de las rentas financieras y también de las rentas obtenidas de la mera posesión de recursos naturales.

    La idea era liberar a las economías de tener que pagar tales rentas para que sus costos sólo implicaran pagar a las personas que realmente contribuían al proceso de producción. Esto iba a lograrse de varias maneras. O eliminar la renta de la tierra mediante un impuesto sobre la renta, que es lo que instó John Stuart Mill, o simplemente nacionalizar la tierra. Hubo un debate sobre si el Estado debería tomar el control de la tierra comprándola a los propietarios o simplemente nacionalizándola. Pero de una forma u otra la idea era deshacerse de la clase terrateniente y sus ingresos que no reflejaban una actividad productiva que agregara valor real.

    El problema era cómo hacer esto con gobiernos dirigidos por Parlamentos como los de Europa, dominados por la Cámara de los Lores en Gran Bretaña y otras cámaras altas en Europa continental (que representaban a las élites propietarias). Eso requirió una reforma democrática radical. La teoría era que con la reforma democrática, la gente votaría en su propio interés. Se esperaba que votaran para trasladar la carga fiscal a la clase rentista, los terratenientes, los monopolistas y los acreedores, y no gravar el trabajo y la industria. Se suponía que eso haría que las economías fueran mucho más competitivas industrialmente. Ese fue el denominador común de la política desde los fisiócratas hasta Adam Smith y los economistas clásicos posteriores: liberar a las economías de la carga de los ingresos no ganados y de la clase rentista que cobraba la renta hasta mientras dormían.

    GPP: Entonces eso es en realidad opuesto al sector financiero, que extrae dinero de la economía.

    Hudson: El sector bancario actual está en simbiosis con la clase de los propietarios, porque el 80 % de los préstamos bancarios son préstamos hipotecarios. La principal clientela del sector financiero son las clases rentistas, las mismas clases de las que los economistas clásicos querían liberar a las economías.

    GPP: ¿Hay alguna diferencia entre cómo los economistas clásicos ven la sociedad y cómo la ven los neoclásicos?

    Hudson: Claro. Son diametralmente opuestos. El neoliberalismo no es realmente individualismo, porque acaba destruyendo la elección individual. Es una política antigubernamental. Lo que ellos llaman individualismo es en realidad deshacerse de los controles gubernamentales. No quieren que los gobiernos tengan el poder de cobrar impuestos a los rentistas. No quieren que el gobierno tenga el poder de regular los bancos. Quieren que dejemos que los bancos decidan con qué ganar dinero y que ellos decidan quién administrará la Reserva Federal o el Banco Central Europeo y otras agencias gubernamentales. Esta es una parodia del individualismo. Es dictatorialismo. Eso solía llamarse fascismo hace un siglo.

    Una economía centralizada financieramente crea una oligarquía y niega al 99 % de la población una voz en la formulación de políticas. Eso es eufemizado como individualismo, pero básicamente es fascismo. La idea es evitar que el gobierno haga algo que no favorezca al sector rentista y los monopolios que crea.

    Para defender esto como eficiente y productivo, los neoliberales afirman que no existen los ingresos no derivados del trabajo. La base de la economía neoclásica, ahora llamada neoliberalismo, es decir que todos y cada uno de los ingresos son ganados. Se considera que cualquiera que obtenga algún ingreso, ya sea cobrando intereses, siendo propietario o heredando acciones y bonos en un fondo fiduciario y viviendo de ello, lo que tiene es una recompensa por contribuir a la producción.

    Hacen ver que toda la riqueza es ganada, y las personas ricas no son los parásitos que la economía clásica describió. El pretexto es que son personas productivas, como si el mundo difícilmente pudiera existir sin bancos y terratenientes para administrarlo. Ahora se llaman a sí mismos la «meritocracia». Es como si el anfitrión necesitara el parásito, porque las economías neoliberales consisten en parásitos, capaces hasta de matar al anfitrión. Así que básicamente hay una economía depredadora que usa una retórica diseñada para distraer la atención de lo que Adam Smith y los economistas clásicos del libre mercado estaban hablando en realidad.

    GPP: ¿Qué era un mercado libre para Adam Smith?

    Hudson: El mercado libre era un mercado libre de renta económica, con los precios en línea con el valor de costo real. El alquiler es el exceso del precio por encima del valor, y debía minimizarse, de modo que las economías estuvieran libres de intereses y de la capacidad de la clase de propietarios -en la época de Smith, era la principal clase de rentistas- y también de la clase financiera. Estas élites buscaban librar o financiar guerras, tratar de apoderarse de más tierra, obtener más renta de la tierra, crear monopolios y planes de negocios que eran esencialmente explotadores.

    Adam Smith quería un mercado libre de los rentistas, mientras que los neoliberales quieren un mercado libre, que sea libre del gobierno, y para los rentistas.

    GPP: ¿Entonces es al revés?

    Hudson: Sí.

    GPP: ¿Por qué la gente compra esta idea? Ese es el orden común en todas partes.

    Hudson: Bueno, no saben que existe una alternativa. Eso es lo que dijo Margaret Thatcher: No hay alternativa. Si ya no se enseña la Historia del pensamiento económico, y si no enseña Historia económica en el plan de estudios de economía, ¿cómo va a saber la gente que hay una alternativa y que las cosas no tienen por qué ser así? La economía no tiene por qué sufrir la deflación de la deuda. La gente no tiene que endeudarse para obtener una educación. No tienen que ir a la quiebra por pagar sus facturas médicas. No tienen que ahorrar sus pensiones invirtiendo en empresas que intentan recortar salarios.

    No hay una discusión económica real sobre cómo funcionan verdaderamente las economías. En cambio, se describe  un universo paralelo de cómo funcionaría una economía hipotética en un mundo completamente diferente: un mundo en el que los gobiernos no existen, en el que los banqueros son muy productivos y ayudan a que la economía crezca. Se describe a los banqueros, terratenientes y monopolistas como los organizadores más productivos de la sociedad, que tratan de proteger el trabajo y la industria de gobiernos e impuestos intrusivos.

    El papel del Estado es minimizar los ingresos de los rentistas y prevenir la creación de una oligarquía rentista

    GPP: Entonces, si nos fijamos en el papel del Estado, ¿cuál era según los economistas clásicos?

    Hudson: El papel del Estado para los economistas clásicos era proteger la economía de los terratenientes que buscaban monopolizar la riqueza. Para lograrlo, se gravaba la renta económica o se nacionalizaba la tierra. Idealmente, el Estado promulgaría una legislación antimonopolio, como la que se está viendo hoy en Europa contra Google y otras empresas de tecnología. El Estado promovería regulaciones ambientales, de modo que si una compañía petrolera o minera es contaminadora, evita que contamine el medio ambiente o la multa para pagar los costos de limpieza. El papel del gobierno es proteger la economía de los rentistas, no servirlos.

    GPP: Entonces tomamos el camino inverso: ¿Cuál dicen los economistas neoclásicos que es el papel del gobierno?

    Hudson: desaparecer y ceder su poder a los bancos y al 1 %. El único papel del gobierno para ellos,  es hacer lo que hizo Roma: asesinar a los líderes populares que abogan por cancelar las deudas o por redistribuir la tierra.

    El papel del Estado para los neoliberales es proteger a la oligarquía del pueblo, evitar la democracia económica real y hacer retroceder todo aquello por lo que luchaba el siglo XIX: crear una democracia parlamentaria para liberar las economías de los rentistas. Revierten las reformas. Esencialmente, quieren neofeudalismo, así que no tenemos que llamarlo fascismo. Podemos llamarlo neofeudalismo. Quieren poner las cosas como estaban en el siglo XII.

    GPP: Entonces, ¿cuál debería ser el papel de la economía, según la economía clásica?

    Hudson: Debería evitar la búsqueda de rentas.

    La idea básica de una economía eficiente es minimizar los ingresos no derivados del trabajo, porque  alguien tiene que pagar estos ingresos no derivados del trabajo. Si hay propietarios que cobran lo que quieren, si hay bancos que inflan el precio de la propiedad -de modo que la gente tenga que dedicar en Estados Unidos hasta el 43 % de sus ingresos por una hipoteca garantizada por el gobierno- entonces se perderá el valor. Una buena economía evitaría la búsqueda de rentas. Gravaría la renta económica, que de otro modo estaría comprometida con el banco, y regularía los monopolios. El dinero y el crédito más importantes deberían ser para los servicios públicos.

    El problema hoy son los sectores rentistas: terratenientes, monopolistas y receptores de rentas de los recursos naturales del petróleo y la minería. Todos estos sectores están respaldados por los bancos. Son los bancos y el sector financiero los que son la madre de los fideicomisos.

    Si se mantiene el dinero y el crédito en el dominio público, el crédito se otorgará para fines que realmente ayuden a promover la prosperidad, no para contrarrestarla. La creación de dinero del gobierno mediante el gasto deficitario se gastaría en la economía para la mano de obra, para que la industria construya infraestructura, con fines productivos. La privatización del crédito bancario extrae ingresos de la economía. Lo que está en juego es cuál será la prioridad: ¿el huésped o el parásito? Los gobiernos deben ayudar al anfitrión, no al parásito.

    GPP: Entonces, es básicamente una cuestión de qué construye una buena sociedad, qué es la prosperidad y qué es el valor real, volviendo a esa pregunta.

    Hudson: Ese fue realmente el quid de la economía clásica: valor y precio. La economía clásica decía que pagamos muchos precios por encima del valor de las cosas, y la diferencia es la renta económica. Está bien que las personas paguen el costo de la construcción, la construcción de una casa o la producción de un bien. Pero si tiene que pagar intereses y todo tipo de cargas financieras y extracción de renta además de esto, eso no es valor, es precio vacío, es precio sin valor. Eso es la renta económica. Así que ese debería ser el foco clave de la reforma económica y para pensar en cómo funcionan las economías.

    China está siguiendo el desarrollo político clásico del capitalismo industrial y del socialismo

    GPP: ¿Hay algún país hoy en día que construya su economía de manera diferente o según la visión de la economía clásica?

    Hudson: El más cercano es China, que sigue prácticamente la misma lógica industrial que siguieron Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos en el siglo XIX. Está protegiendo su industria. Está tratando de evitar que una oligarquía financiera emerja y gane poder. Así que está haciendo lo que todo el mundo pensaba que era hacia lo que evolucionaba el capitalismo industrial antes de la Primera Guerra Mundial.

    China es realmente el tipo de sociedad que la gente esperaba que evolucionara en Europa y Estados Unidos antes de que la financiarización los desviara del camino.

    China ha mantenido la banca en el dominio público a través del Banco Popular de China. Puede decidir para qué crear crédito, y está creando crédito en gran parte para construir más fábricas, para construir infraestructura para la iniciativa de la Ruta de la Seda, para minimizar el gasto militar tanto como sea posible y simplemente para aumentar la eficiencia económica, para brindar educación libre y gratuita y proporcionar atención médica. Y no convertir el trabajo en una mercancía, no hacer de la atención médica una mercancía sino un derecho público, no hacer del dinero una mercancía sino un servicio público.

    GPP: Interesante. ¿Usted ha estado trabajando en China?

    Hudson: Soy profesor en varias universidades chinas, fui profesor en la Universidad de Pekín y ahora en Hong Kong. Hablo con funcionarios del gobierno sobre cómo pueden evitar la financiarización. Uno de los problemas que tiene China ahora mismo es el mismo problema que tenemos Estados Unidos y Europa: Qué hacer con las localidades que no logran equilibrar su presupuesto público?

    En este momento en China, las localidades en las áreas rurales tienen que equilibrar sus presupuestos vendiendo o arrendando propiedades a desarrolladores inmobiliarios. Esa es la única forma en que pueden obtener dinero. Al igual que Chicago y otras ciudades de EEUU están vendiendo derechos de parquímetros o carreteras de peaje por eso. Mi recomendación para China es lo que recomendaría a Europa y EEUU: insto a los bancos centrales a que cree el reparto de ingresos monetarios, para que los gobiernos locales no tengan que vender la tierra, o si la tierra se vende, que grabe el aumento del valor de alquiler para que no se desarrolle una clase de rentistas.

    Una segunda cosa de la que estamos hablando ahora es por qué China envía estudiantes a Estados Unidos para estudiar economía aquí. Tomó esta decisión alrededor de la década de 1980, al ver que Estados Unidos era el país más próspero del mundo. Dijeron: enviemos a nuestros estudiantes allí y averigüemos qué se ha hecho.

    Pero resulta que los estudiantes de economía en Estados Unidos no aprenden cómo Estados Unidos se hizo rico. Eso ya no se enseña; eso es economía clásica. Se les enseña cómo ir a la Escuela de negocios y cargar la economía con deudas, y evitar las políticas proteccionistas.

    De modo que estoy desarrollando una agenda alternativa, un programa de estudios alternativo de  Historia del pensamiento económico. El mes que viene se publicará un resumen de mis ideas en chino y inglés. Tengo una serie de conferencias que están ahora en youtube en inglés con subtítulos en chino,  patrocinadas por la Universidad Lingnan en Hong Kong. Creo que la primera conferencia tuvo 148.000 espectadores, así que tienes una idea del interés que hay en China por ver esa alternativa al pensamiento neoliberal.

    Si quieren saber cómo Estados Unidos se volvió próspero, deberían ver cómo Estados Unidos se volvió próspero en el siglo XIX y principios del siglo XX, pero también cómo ya no es próspero, sino que está destruyendo su prosperidad.

    Si China enviara a sus estudiantes a Estados Unidos, la esencia de lo que se les enseña es que China nunca debería haberse desarrollado: Fue un gran error que China hiciera más rica a su población, porque eso está interfiriendo con el libre mercado. Si China hubiera dejado un mercado libre, entonces todavía tendrías un comercio de culíes, todavía tendrías pobreza, todavía tendrías un mercado libre como el statu quo. Se les enseña que China debería simplemente disolver el gobierno y entregar el poder a los bancos.

    Puede imaginarse cómo se estarán riendo los estudiantes chinos cuando escuchan estos cursos. Pero tienen que obtener su título, porque para eso están aquí.

    Estoy tratando de revivir la discusión alternativa de la economía clásica que, por supuesto, es lo que condujo al marxismo. China se identifica a sí misma como un país marxista. Muy bien, pero les estoy diciendo que Marx fue la culminación de una tradición clásica que condujo naturalmente a culminar en el marxismo, así que estoy mostrando los fundamentos clásicos del marxismo.

    GPP: ¿Cuáles son los fundamentos clásicos del marxismo?

    Hudson: La Teoría de la renta, extendida a las ganancias como otro tipo de explotación, pero considerada «productiva» bajo el capitalismo. Volvemos a la teoría del valor, el precio y la renta y la plusvalía.

    GPP: Lo que está diciendo es que China hizo lo que dicen que no deberíamos hacer en los países occidentales: utilizan al gobierno para crear más dinero para construir el país.

    Hudson: si

    GPP: Nos dicen que eso es malo

    Hudson: Los neoliberales dicen que esto «interferiría» con el libre mercado. Si tuvieras un estilo neoliberal de libre mercado, solo los bancos crearían dinero. Crearían crédito para préstamos de adquisición para comprar empresas y, esencialmente, para redadas corporativas y despojo de activos. La pregunta es: ¿Para qué van a crear crédito y dinero? Ese es el problema real: ¿Cuál es el objetivo de la creación de dinero y crédito?

    GPP:¿Cree que hay algo más que deberíamos aprender de la economía de China?

    Hudson: Puede ver los problemas que está teniendo China en este momento. Los precios de sus propiedades están subiendo y varias empresas están en problemas. Veamos cómo se está desarrollando allí la dinámica financiera, a diferencia de la dinámica industrial. Observe y vea cuál es el equilibrio entre las finanzas y la industria, y observe si China es capaz de mantener una estrategia industrial orientada a la mano de obra y resistir la privatización y el monopolio.

    Ya ha visto que limitaron el intento de Jack Ma de crear crédito telefónico diciendo: «No, sólo el gobierno puede crear crédito, no usted». Así que ya tiene una buena idea de cómo están reaccionando. Observe cómo están desdolarizando su economía y haciéndose independiente de la diplomacia del dólar estadounidense, que básicamente tiene como objetivo difundir la financiarización en todo el mundo.

    Inversión en infraestructura pública: reducir el costo de vida y hacer crecer la economía

    GPP: ¿Podría decirnos algo sobre la iniciativa de la Ruta de la Seda? En los medios occidentales se escribe bastante sobre ella, pero nunca se explica en profundidad

    Hudson: La pregunta básica cuando se crean puertos , ferrocarriles e infraestructura básica para el comercio y el intercambio es si se hará con fines de lucro o para el desarrollo económico general. Los neoliberales han criticado a China por la iniciativa de la Ruta al recordar que los primeros inversores en el Canal de Panamá perdieron su dinero. La empresa quebró. Pero el mundo necesitaba un Canal de Panamá, aunque costara más que lo que se recuperara por ingresos al principio. Lo mismo sucedió con el Canal de Suez. Fue un desastre financiero y ayudó a arruinar financieramente a Egipto.

    La respuesta de China es que no está construyendo canales y puertos para ganar dinero. Están construyendo estos puertos para desarrollar la economía y crear un intercambio para que la economía en general sea más próspera. Habrá una prosperidad compartida de China que se extenderá a lo largo de la Ruta hasta Europa, desarrollando las economías locales, en lugar de otorgar préstamos como lo haría el Banco Mundial, que serían préstamos para agricultura de plantaciones (de monocultivos)  y para firmas de ingeniería estadounidenses muy caras.

    China considera la economía como un sistema amplio, no para obtener ganancias rápidamente. Consideran la economía como una sistema mixto público- privado.

    ¿Cómo los puertos y otras inversiones en infraestructura que China está desarrollando realmente ayudan al país? Obviamente, los países que reciben esta inversión en puertos tienen que pagar algo por ello. Pero la prosperidad creada por los puertos y otras infraestructuras es lo que les permite pagar. Entonces, China está otorgando préstamos productivos a estos países y si el país no puede pagar, entonces no ejecuta la ejecución hipotecaria de su propiedad. No les dice “tienes que vender tus pozos de petróleo y derechos minerales a nuestras compañías mineras, y tienes que privatizar «. China se ha mostrado dispuesta a amortizar las deudas o aplazar el pago. No intenta otorgar préstamos a países para realizar ejecuciones hipotecarias. No le dice a los países: “Te prestaremos el dinero para pagar la deuda, pero tienes que destruir tus sindicatos, tienes que aceptar asesinar a tus reformadores agrarios, tienes que matar a tus líderes laborales, tienes que estar de acuerdo en no enseñar Economía sino la economía neoliberal «. Eso es lo que la USAID, el FMI y el Banco Mundial le dijeron a Chile, Brasil y otros países que intentan resistir al neoliberalismo estadounidense.

    China no está tratando de financiar el empobrecimiento de los países, que es el plan de negocios del FMI, el Banco Mundial y la USAID. Éstos sirven al sector financiero, cuyo plan de negocios es empobrecer la economía para que el 1%, la clase financiera, acabe con toda la riqueza, dejando que todos los demás sectores encojan. Eso es lo contrario de lo que China está tratando de hacer.

    Flexibilización cuantitativa para respaldar los precios de los activos, las ganancias de «capital» y una «recuperación» en forma de K

    GPP: ¿Cómo encaja la flexibilización cuantitativa (QE) en la financiarización de la economía o la sociedad?

    Hudson: Su objetivo es respaldar la inflación de los precios de los activos. Comenzó en 2008-2009, después de la crisis de fraude bancario estadounidense de las hipotecas basura, el  fraude bancario más masivo de la historia moderna. Los bancos habían prestado tanto crédito hipotecario por encima del valor real de la propiedad inmobiliaria, con el servicio de la deuda tan por encima del rendimiento real de alquiler de esta propiedad, que los precios de los activos iban a colapsar. Si eso hubiera sucedido, los bancos más imprudentes (especialmente los más grandes) se habrían ido a la quiebra. Sus derechos, reservas y garantías eran lo que solía llamarse capital ficticio. En el balance general era un reclamo bancario que decía que los bancos valían X cantidad de dinero. Pero el valor real de la garantía que respaldaba sus préstamos era mucho menor. Frederick Soddy llamó a esto riqueza virtual, no era riqueza real en forma de bienes raíces tangibles y medios de producción; era riqueza virtual: reclamaciones sobre esta forma de riqueza real por encima de las valoraciones realizables.

    El propósito de la flexibilización cuantitativa era inundar el mercado con nuevo crédito mediante la reducción de las tasas de interés, de modo que los especuladores e inversores pudieran permitirse pedir prestado y especular con el crédito.

    La QE era un medio de subsidiar la especulación con el fin de mantener en marcha la sobrevaloración de la propiedad y, esencialmente, para convertir la economía en un esquema Ponzi. (N.de la E.: una estafa de tipo piramidal). Para los bancos centrales, el papel es servir a los intereses del sector bancario. Por eso hay bancos centrales en contraposición al tesoro nacional. Cargas la economía con suficiente crédito para «pedir prestado para salir de la deuda». Esa fue la frase que se utilizó.

    Estamos en la fase Ponzi del ciclo económico, para usar el término de Hyman Minsky. Hay cada vez menos valor real allí, pero los precios han ido subiendo. Los medios de comunicación pregonan esto como una recuperación de la economía real, como si esta dinámica de financiarización fuera sostenible. Pero la única forma de reembolsar a los primeros participantes en un esquema Ponzi es tener nuevos inversores. En los últimos años, la Reserva Federal ha estado comprando no sólo acciones y bonos, sino también bonos basura. Hay empresas, según dijo Sheila Bair, la directora de la FDIC (Corporación Federal de Seguros de Depósitos), que son empresas zombis, son empresas en quiebra y la Reserva Federal está comprando sus fondos basura para que los inversores y los fondos basura no pierdan dinero. ¡Esto es una locura!

    El papel de la flexibilización cuantitativa es mantener la ilusión de que si los mercados de acciones y bonos están en auge, entonces la economía debe tener éxito y todo va bien.

    El plan de negocios del sector financiero que está detrás de esta flexibilización cuantitativa es impulsar la inflación de los precios de los activos, incluso cuando está causando la deflación de la deuda de la economía en general. Entonces hay que privatizar los servicios públicos. Y para hacer todo esto, hay que traspasar el control del gobierno a las manos de los bancos, utilizar el banco central o el Tesoro no para tener un déficit para gastar en los mercados financieros y no en la economía real.

    En este momento, debido a la pandemia, las economías estadounidense y europea están atadas. Esta es una ocasión en que el gobierno debería crear crédito para contribuir a la economía, para evitar que los individuos y las pequeñas empresas y también las grandes empresas se vuelvan insolventes. Pero en lugar de crear crédito para gastar en la economía, en lugar de decir: «Hay desempleo, así que vamos a construir infraestructura», el banco central usa la flexibilización cuantitativa sólo para comprar acciones, bonos y bienes raíces que ya existen. Esto no ayuda a la economía ni crea nuevos medios de producción ni  infraestructura. ¡Está apoyando a un capital ficticio!

    GPP: Entonces la QE es una forma de alimentar a la industria financiera para asegurar precios en el mercado, y no para empleos, seguros, y flujo de efectivo para las empresas y las personas.

    Hudson: Eso es correcto. Hablamos  antes de Roma. Lo que hizo Roma fue legar el cuerpo de leyes en el que todavía estamos, haciendo que todo esto sea posible. Para volver a lo que dije al comienzo, el principio del Derecho Romano es el opuesto al derecho del Cercano Oriente: la deuda es sacrosanta. Roma legó su filosofía jurídica a los acreedores en la civilización occidental. Lo que se llama «seguridad de los derechos de propiedad» es en realidad inseguridad de estos derechos porque su prioridad son los privilegios de los acreedores para ejecutar la hipoteca de las viviendas y los activos de los deudores.

    Lo que Estados Unidos llama Estado de derecho es una ley basada en los acreedores. Este «Estado de derecho» está escrito por abogados de los bancos y el sector empresarial, no por las democracias en general. Siempre que hay un intento de regular las finanzas para prevenir los monopolios, para prevenir el calentamiento global, dicen que es «interferir con los derechos de propiedad» como si de alguna manera eso fuera algo malo. El propósito clásico del gobierno era de hecho interferir con los derechos de propiedad financiera, especialmente de los terratenientes ausentes cuya extracción de rentas estaba empobreciendo la economía.

    GPP: ¿Qué cambios sugiere?

    Hudson: El cambio inmediato importante es liberar a las economías de toda la clase rentista, para ganar dinero y crédito, una utilidad pública que se utilizará para promover la prosperidad, no para canibalizar financieramente las economías.

    GPP: Lo entiendo en principio, pero ¿cómo se hace?

    Hudson: Cada país es diferente. No veo cómo se puede hacer en EEUU sin romper el Partido Demócrata. Tenemos un duopolio aquí. Las dos partes son en realidad la misma cosa. La mayoría de los estadounidenses quieren medicina socializada y educación gratuita, pero no la obtienen. La mayoría de los estadounidenses quieren cobrar impuestos a los ricos, pero no lo estamos consiguiendo. Por lo tanto, de alguna manera hay que recuperar el gobierno tal como se pretendía en el siglo XIX, pero fracasó porque la clase media se abstuvo de limitar los ingresos de los rentistas y proteger la mano de obra.

    Desde el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial se intentó democratizar las economías para reformarlas y deshacerse del viejo sector financiero depredador. Falló.

    El mundo moderno no terminó con el ideal económico clásico, sino con lo que tenemos hoy a partir de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en la década de 1980, el neoliberalismo. Obviamente, es necesario cambiar de gobierno para redactar nuevos conjuntos de leyes fiscales.

    GPP: ¿Cree que deberíamos quitar la creación de dinero de las manos de los bancos y ponerla en el dominio público?

    Hudson: ¡Sí, por supuesto! Por eso apoyé el Plan Chicago, entre otras cosas, en Estados Unidos durante muchos años. Por supuesto, la creación de dinero debería estar en manos del gobierno, no de los bancos, porque los gobiernos crean dinero para propósitos diferentes a los de los bancos. Los gobiernos no crean dinero para hacerse cargo de los activos existentes y sacarles más dinero. Gastan dinero en la economía para crear prosperidad, crear activos, financiar la infraestructura y la industria. Por supuesto, esta estructuración de la creación de dinero debería estar en manos de los gobiernos. Ese es el cambio más importante.

    GPP: ¿El banco central no debería ser el único creador?

    Hudson: No, los bancos centrales están ahí para servir a los bancos comerciales, pero para asegurarse de que los bancos otorguen créditos productivos, no predatorios.

    GPP: ¿Quién crearía el dinero? Si soy una pequeña empresa y quiero un préstamo de 50.000 euros, ¿acudiría a los prestamistas públicos con mi solicitud, para que el gobierno se hiciera cargo de la creación total de nuevo dinero para hacer pequeños préstamos a todo el mundo en todo el país?

    Hudson: Así es como se hace en China. Deberías ir al banco y pedirías un préstamo. El problema es que, para otorgar el préstamo, si el banco aún no tiene los depósitos disponibles, necesitará dinero para crear el crédito. Si solicita préstamos con un propósito productivo, el gobierno simplemente creará las reservas para que el banco le preste el dinero. El gobierno crea el dinero, pero creará dinero sólo para que los bancos otorguen determinados tipos de préstamos. Si desea pedir prestado para comprar una casa, el gobierno le proporcionará el dinero a través del sistema bancario, como si fuera un depositante en el banco. Si desea iniciar un negocio que el banco considera solvente, los bancos podrán juzgar su solvencia crediticia y usted obtendrá el préstamo. Pero no pueden crear crédito de la nada. Necesitan el respaldo de los depósitos del gobierno.

    GPP: El Plan de Chicago evolucionó hasta convertirse en el proyecto de ley Kucinich en los Estados Unidos, la Ley NEED, que establece esencialmente al gobierno como un creador de dinero y hace que los bancos sean esencialmente como otras entidades no bancarias, es decir, presta dinero existente. Una de las preguntas que ha surgido y de la que sin duda está al tanto, fue planteada por los autores de «The End of Banking». Si simplemente se impone la regulación de la Ley NEED, eso limita esencialmente lo que pueden hacer los bancos. Entonces, mi pregunta es: ¿Qué pasaría a la banca en la sombra tal como la conocemos, como resultado de simplemente poner fin a la creación de dinero por parte de los bancos y transferir la creación de dinero al gobierno?

    Hudson: Seguirá habiendo gente rica con dinero para prestar, especialmente inversores extranjeros. Pero la reforma financiera necesita una reforma fiscal que la acompañe. Tienes que gravar la renta económica existente, para que no esté disponible.

    Además, es necesario eliminar la sobrecarga de deuda que existe ahora. No se puede volver a estabilizar la economía y salir de la austeridad y la deflación de la deuda actual sin anotar las deudas, cancelando muchas de ellas. Pero no se pueden cancelar las deudas hipotecarias de los propietarios ausentes sin reemplazar el servicio de la deuda anterior con un impuesto sobre la renta de la tierra, para no dejar libre de deudas a un sector inmobiliario ausente. Estas reformas acabarían con muchos de los activos en los que se basa la industria de la banca en la sombra. Una política fiscal adecuada y con una cancelación de la deuda crearía un entorno en el que funcionaría la creación de nuevo dinero.

    ¿Qué pasaría si China permitiera que muchos multimillonarios comenzaran a comprar empresas y crear monopolios? No sucedería allí, y no solía suceder en los Estados Unidos bajo las leyes antimonopolio aquí. No se puede reformar sólo una parte de la economía, como las finanzas, sin reformar el resto del sistema. Por lo tanto, se necesita una reforma sistémica: la reforma monetaria y financiera debe ir de la mano de la reforma fiscal, la reforma de las políticas y la reforma legal.

    GPP: Vivo en Suiza. Dijo que las democracias realmente no deciden qué políticas y leyes se promulgan. En Suiza tenemos derecho a hacer un referéndum sobre las leyes que no nos gustan, y podemos votarlas, y podemos hacer iniciativas para proponer cambios a la Constitución, que también serán votados por el pueblo. ¿Crees que influye en cuánto beneficia la economía a las personas y, en caso afirmativo, también crees que sería un buen cambio para las sociedades y las democracias en general si tales derechos estuvieran en la mayoría de los países?

    El problema para hacer cambios en EEUU es la Corte Suprema neoliberal y vitalicia

    Hudson: Un referéndum es ciertamente democrático, pero se hace dentro de una estructura oligárquica general en EEUU y la mayor parte de Europa. Si pudiéramos conseguir un referéndum y hacer que el gobierno respondiera creando un verdadero sistema de salud pública, cancelar los préstamos estudiantiles e introducir una reforma fiscal clásica progresiva y recortar el gasto militar, sería bueno. El problema en EEUU es la Corte Suprema. Hay una mayoría neoliberal en la corte – con membresía vitalicia – que afirmaría que tal reforma está interfiriendo con los mercados libres y que los “padres fundadores” y la Constitución no lo permitieron, por lo que anularían el referéndum. Haría falta una enmienda constitucional, o incluso una nueva Convención Constitucional, en el ambiente de derecha actual. Así que tenemos un extraño problema político y constitucional estructural en Estados Unidos que no tienen en Suiza.

    GPP: El valor proviene del trabajo, y el valor es lo que capturan los propietarios que explotan su propiedad para, si lo desean, esclavizar a otras personas. ¿Cree que alguna vez seremos capaces de imaginar un mundo diferente? ¿Uno en el que haya que trabajar menos y haya más de lo que se supone que trata la experiencia humana?

    Hudson: Sobre este problema escribí “La financiarización y sus descontentos». Suponga que regresa de  1945 y le informan sobre todas las ganancias de productividad que se han logrado en los últimos 75 años. Seguramente pensaría que tendríamos una semana laboral de cuatro días, o incluso de tres días.

    Hay tanta productividad que no tendríamos que trabajar tanto, y, sin embargo, cuanto más aumenta la productividad, más personas trabajan horas extras. Eso es en gran parte lo que está haciendo que la productividad aumente, exprimiendo cada vez más la mano de obra y pagándole cada vez menos.

    Los empleados están trabajando más duro básicamente para pagar las deudas que están acumulando. Gran parte de este trabajo adicional que están haciendo es porque carga sobre sus hombros al sector financiero, al sector FIRE y al resto del sector rentista. Si nos deshacemos del sector rentista no tendremos que trabajar tan duro.

    Además, los consumidores están soportando gran parte del esfuerzo que solían hacer las empresas, en gran parte como resultado de la informatización. Así que la gente tiene que trabajar mucho más ahora que antes cuando entré a la fuerza laboral. Pero esto no es un producto de la naturaleza. No tiene por qué ser así. Es el resultado de una política.

    GPP: Si realmente tuviéramos una economía basada en el Plan de Chicago (Ley NEED), donde hubiera reservas, debería haber alguna forma, que no está exactamente clara de cómo aumentar la oferta monetaria. No dice que este déficit no iría al sector FIRE, o que se acabaría la financiarización. ¿Cómo venceríamos la financiarización? No sería solo cambiando el sistema bancario. Requeriría otro tipo de leyes.

    Hudson: Sí, tienes razón. Por eso dije que la economía es un sistema y tiene que haber otros cambios. Impedir que los bancos creen crédito resuelve el problema del crédito bancario, pero no resuelve el resto de los problemas que acaba de mencionar.

    Tiene que haber una reforma política general. Eso se llamó socialismo en el siglo XIX. Todavía hoy podríamos llamarle socialismo. Se necesitaría una reforma socialista y una reforma política profunda.

    Por lo tanto, no se trata solo de dinero y del sector financiero, se trata del papel del gobierno y su papel para ayudar a la sociedad. ¿Es para ayudar al 99 por ciento o para ayudar al uno por ciento? ¿Es para ayudar a limpiar el medio ambiente del mundo? ¿Es para promover la paz? ¿O es para promover una Nueva Guerra Fría, como hacen los gobiernos de hoy en Europa y EEUU?

    GPP: En nuestro caso, en la UE, tenemos un problema, porque la situación está fuera de las manos del gobierno. Está dentro de los tratados, es invisible.

    Hudson: Básicamente, sus gobiernos actúan como una rama de la OTAN y la política estadounidense relacionada, sin importar qué partidos sean elegidos.

    GPP: En sentido internacional, sí, esa es la situación. El sistema bancario eventualmente depende de los bancos de Nueva York y por eso dependemos de la OTAN.

    Hudson: No, depende de los políticos de la OTAN, los políticos de derecha, las finanzas y los grupos de derecha corruptos porque Europa no es realmente muy democrática. Mire a Suecia y Gran Bretaña que retienen a Julian Assange como prisionero, o mire al tribunal de los Países Bajos que intenta incriminar a Rusia por  el derribo de ML17 sobre Ucrania, o los países bálticos, polacos y otros opositores al oleoducto Nord Stream 2 de Rusia. Estas son políticas de Estados Unidos, no en interés de Europa, pero sus políticos sirven a los intereses de Estados Unidos.

    GPP: Correcto. Pero, ¿cómo nos hace depender esto de la OTAN?

    Hudson: El Departamento de Estado, la CIA y muchas organizaciones privadas a través de las cuales opera Estados Unidos básicamente pagan los cheques para comprar a sus políticos, especialmente en Bruselas. Mi amigo Paul Craig Roberts era subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales y me explicó que la táctica es simplemente comprar políticos, y los políticos europeos son los más baratos del mundo porque están muy libres de supervisión y castigo.

    GPP: ¿Qué opina de los fondos locales paralelos para crear un nuevo flujo de dinero?

    Hudson: la moneda local no funciona. Esto se ha debatido durante cien años. Si hubiera funcionado, el Notgeld de la República de Weimar en Alemania habría funcionado. (N.de la E. “notgeld”, significa dinero de emergencia, y cualquier institución podía emitirlo – municipios, cajs de horros, empresas privadas y públicas- sin necesitar autorización del gobierno central). La creación de dinero tiene que ser a nivel del gobierno central. Porque, básicamente, lo que le da valor al dinero es la capacidad de utilizarlo para pagar impuestos. La única forma en que las localidades podrían generar dinero sería hacerlo aceptable para pagar una enorme cantidad de impuestos. La mayoría de las localidades no pueden hacer eso. Una localidad se enfrentaría a otra y no acabaría teniendo éxito. Entonces, en la práctica, la moneda local no funciona. Es una historia larga, pero hay mucha literatura al respecto.

    GPP: Está bien, es una lástima porque luchar contra el sector FIRE es muy, difícil. No veo ninguna perspectiva de cambio en el futuro cercano.

    Hudson: Necesitamos una revolución. Tiene razón. Se necesita una revolución

    Cancelación de deudas o barbarie

    GPP: Habló de la cancelación de la deuda . ¿Podría la cancelación de la deuda ser una ruptura para las economías africanas?

    Hudson: Por supuesto, tendrá que anotar las deudas existentes. Y eso es lo que hace que mi análisis sea diferente al de la mayoría de las personas. Ahora mismo no se pueden pagar las deudas. La única forma de pagarlas en la actualidad es la forma en que se pagaron después de 2008: mediante una ejecución hipotecaria masiva de la propiedad de los deudores. Cuando el Sur no puede pagar las deudas externas, se les dice que vendan y privaticen sus bienes públicos. La otra forma de no pagar las deudas es cancelarlas. Creo que tiene que haber una cancelación de la deuda.

    Lo bueno de cancelar deudas es que borra los ahorros del otro lado del balance. Al eliminar las deudas del 99 %, se acaba con los ahorros de los depredadores del 1 %, que buscan cobrar imponiendo austeridad a la economía y empobreciendo a todos los que están debajo de ellos.

    Una cancelación de la deuda quita el mazo que usa el 1 % para mantener al resto de la economía en el peonaje por deudas. Esta es la opción existencial que enfrenta la economía de hoy. O tendrás una cancelación de deuda o tendrás barbarie. De eso se trata básicamente el libro que voy a publicar el próximo mes, mis conferencias en chino.

    GPP: En Canadá, uno de los principales bancos acaba de publicar un informe sobre viviendas asequibles. Una de sus sugerencias es aumentar el impuesto sobre las ganancias de capital en las transacciones inmobiliarias comerciales. Sé que ha escrito sobre esto y me pregunto si podría explicar la lógica de esta medida y cómo afecta los precios de la tierra y, por lo tanto, la asequibilidad de la vivienda.

    Hudson: Las ganancias de capital son impulsadas por los bancos que crean cada vez más crédito para hacer subir los precios de las propiedades. Dicho de otra manera, las ganancias de capital las obtienen principalmente los bancos que cargan la economía con deuda inmobiliaria. Pero los sectores financiero e inmobiliario lideraron una campaña política en Estados Unidos para no gravar las ganancias de capital. En Inglaterra y otros lugares de Europa, muchas ganancias de capital no están gravadas en absoluto. La mayoría de las fortunas financieras no se crean cobrando intereses o obteniendo ganancias, sino con ganancias de capital. Publiqué varios artículos en mi sitio web que muestran los gráficos y cuánto mayor es el volumen de ganancias de capital que las ganancias o, a veces, incluso que el PIB.

    Las fortunas del 1% de la población no se hacen principalmente invirtiendo de manera productiva o ahorrando las ganancias que han obtenido. Es por plusvalías. Deberían ser gravadas con impuestos más altos que todos los demás. Eso fue exactamente lo que escribió John Stuart Mill en 1848 en sus Principios de economía política, con algunas de sus aplicaciones a la filosofía social. Básicamente, escribió, la razón por la que los gobiernos deberían ser propietarios de la tierra es para que los propietarios no ganen dinero mientras duermen, con lo que ahora llamamos ganancias de capital: por el aumento del rendimiento del alquiler de sus propiedades. Mill no imaginaba que el crédito bancario inflaría los precios de las propiedades como lo están hoy. Entonces, por supuesto, es bueno gravar las ganancias de capital. Las economías se salvarán de la oligarquía del 1% y no tendrán que gravar tanto a la mano de obra ni a la industria .

    Renta Básica Universal

    GPP: ¿Qué pasaría si parte del dinero recién creado por el gobierno se destinara a la renta básica?

    Hudson: Creo que todos merecen suficientes ingresos para vivir. Por supuesto, la renta básica es una buena idea. Mi colega Pavlina Tcherneva del Instituto Levy ha escrito bastante sobre esto. El contraargumento es que si le das a todo el mundo un ingreso básico, no irán a trabajar. ¿Quién va a trabajar en McDonald’s ? Bueno, la solución es simple: páguenles un salario decente. Una vez que se pague un salario decente, eso resolverá la mayor parte del problema. Pero si les van a pagar un salario mínimo básico, entonces, por supuesto, no van a trabajar por un ingreso que no les permita vivir. Todos tienen derecho a vivir y el gobierno debe apoyarlos, y debería haber un salario mínimo básico, más alto que el que tiene Estados Unidos. El presidente Biden y los demócratas se negaron a apoyarlo como parte de su proyecto de ley de ingresos, a pesar del hecho de que aumentar el salario mínimo reduciría la necesidad de pagos de asistencia social del gobierno para compensar la brecha entre lo que pagan, por ejemplo Walmart  y otras grandes cadenas y lo que los trabajadores necesitan para sobrevivir. El bajo salario mínimo en Estados Unidos obliga a los empleados a recibir asistencia pública para que sus empleadores puedan hacer que el gobierno pague lo que ellos no pagan.

    La solución es aumentar el salario básico, lo que ningún partido en Estados Unidos ha estado dispuesto a hacer. Por eso las elecciones aquí son tan engañosas, han impedido que candidatos como Bernie Sanders u otros se pongan en condiciones de legislar un salario digno.

    Cuándo colapsará el sistema económico actual

    GPP: Volviendo al tema que mencionaste antes sobre este esquema Ponzi actual en el que vivimos. Con cada vez más flexibilización cuantitativa y este período de interés cero sin precedentes en el que hemos estado, ¿ves algún final natural para eso? ¿Puede continuar para siempre, simplemente si duplican la flexibilización cuantitativa cada cinco años? ¿Cuándo crees que llegaremos a un punto de quiebre?

    Hudson: No hay forma de saber cuándo llegará el punto de ruptura. Estamos viendo cómo la economía se polariza y baja mientras que el mercado de valores sube. Se llama recuperación en forma de K: baja para la economía, pero alta para el sector financiero. ¿Cómo diablos puede subir? La respuesta es que la Reserva Federal puede simplemente repetir la flexibilización cuantitativa una y otra vez. Por supuesto que no puede durar para siempre, pero no hay forma de saber cuándo llegará el fin. Si miramos los últimos cientos de años, la ruptura generalmente se produce porque algún banco grande tiene un fraude en alguna parte. ¿Alguien hará una mala apuesta similar en un comercio de derivados y se hundirá, y eso hará caer a todo el sector?

    Nadie sabe dónde ocurrirá la ruptura en la cadena de pagos ni cuándo ocurrirá. Pero a medida que la economía se sobrecarga más y se apalancan más las deudas, ¿cómo puede recuperarse y producir ganancias para respaldar el aumento de los precios de las acciones cuando estamos en medio de la deflación de la deuda? Es una contradicción. Entonces, obviamente, en algún momento vamos a terminar con un gran accidente, pero nadie sabe cuándo o qué accidente lo desencadenará.

    La gente había pensado que la pandemia de Covid sería el desencadenante  y tal vez lo haga. Pero en EEUU ha habido una moratoria sobre los pagos de alquiler y los pagos de intereses hipotecarios. Eso era absolutamente necesario, pero las moratorias están a punto de expirar. (N.de la E.: en España ha habido una moratoria similar, aun vigente) Cuando lo hagan, habrá desalojos, gente arrojada a las calles, indigentes. ¿Dormirán en el metro y en los parques? ¿Contraatacarán? ¿Quién sabe lo que va a pasar? Estamos entrando en un período anárquico en este momento, pero nadie puede ver exactamente lo que sucederá en ese caos.

     
  • mesmontse 2:20 am el 24 December, 2020 Enlace permanente | Responder
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    INDIA: Millones de campesinos en pie de guerra contra la liberalización del sector agrícola 

    La desregularización de la agricultura legislada recientemente por el gobierno de Narendra Modi tiene un impacto en el control de los agricultores sobre qué cultivar, a quién vender, qué precios pueden prever, y si sus cosechas tendrán compradores. El primer ministro Modi, muy cercano a Bolsonaro, considera que las nuevas leyes liberalizadoras del sector son «un regalo» para los campesinos y que la protesta está impulsa por sus opositores políticos.

    Millones de agricultores de la India luchan por salvar sus economías

    Agricultores de india acampan alrededor de la capital

    SONALI KOLHATKAR / ECONOMY FOR ALL

    Los agricultores de la India están en pie de guerra contra el gobierno del primer ministro Narendra Modi en un movimiento de masas que ha atraído la atención internacional. La llamada «democracia más grande del mundo» está presenciando una oleada de protestas colectivas, en la que cientos de miles de agricultores, en su mayoría de los estados de Punjab y Haryana, han sitiado las afueras de la capital de Nueva Delhi, decididos a ocupar los límites de la ciudad hasta que Modi revierta las nuevas leyes impopulares que consideran que los perjudican.

    Aproximadamente la mitad de los trabajadores de la India dependen de la industria agrícola, y el gobierno ha implementado durante mucho tiempo regulaciones para protegerlos, actuando como intermediario entre los agricultores y los compradores de sus productos. Ahora esas protecciones se han invertido. En septiembre de 2020, Modi y su Partido Bharatiya Janata (BJP) impulsaron tres proyectos de ley de desregulación en el Parlamento en medio del caos e incluso cierta oposición dentro de su propio partido.

    Amandeep Sandhu, autor de Punjab: Journeys Through Fault Lines, ha estado siguiendo de cerca las protestas de los agricultores. En una entrevista, explicó que el primero de los tres proyectos de ley eliminó la Ley de Productos Esenciales, una ley de 1955 que estabilizó los precios de los alimentos al evitar que los comerciantes acaparen productos. Según Sandhu, «ahora los comerciantes pueden almacenar tanta comida como quieran y pueden jugar en los mercados como quieran». Dos tercios de los 1.300 millones de habitantes de la India dependen de alimentos subvencionados, que, según Sandhu, ahora están en peligro.

    Otra de las leyes de desregulación dejaría a los agricultores negociar directamente con los compradores sin la intervención del gobierno para establecer precios mínimos básicos. Si bien esto teóricamente podría resultar en que los agricultores puedan exigir precios más altos, durante los años en los que hay un excedente de alimentos con la consiguiente caída de los precios, los agricultores podrían arruinarse. En resumen, las nuevas leyes están diseñadas para someter a cientos de millones de agricultores pobres a los caprichos y demandas del mercado.

    La tercera controvertida ley de Modi se centra en la agricultura por contrato y permite a los compradores corporativos contratar directamente a pequeños agricultores para producir cultivos específicos, protegiendo a las corporaciones de las responsabilidades. «Si un pequeño agricultor ha celebrado un contrato con una corporación y la corporación incumple el contrato, el agricultor no puede acudir a los tribunales».

    Incluso antes de que se promulgaran estas nuevas leyes, los agricultores de la India ya estaban al borde del abismo. Millones están endeudados porque los bancos se niegan a dar préstamos a los trabajadores con problemas de liquidez, lo que los lleva a acudir a los prestamistas ilegales que cobran tasas de interés exorbitantes. Los suicidios de agricultores en India han ido en aumento, exacerbados por los estragos de la pandemia de coronavirus este año.

    Según Sandhu, «durante muchas décadas, los agricultores han estado protestando contra el modelo de agricultura de la llamada revolución verde, que enfatiza un aumento de la productividad por encima de todo, incluidos los medios de vida de los agricultores. Simran Jeet Singh y Gunisha Kaur explicaron en CNN que: «Así como algunos medicamentos se prueban en humanos de países en desarrollo antes de ser aceptados en los países desarrollados, la Revolución Verde fue un experimento agrícola probado en los campos de Punjab«.

    Al desatar aún más las fuerzas del mercado sobre los agricultores a través de sus nuevas leyes, Modi puede haber ido demasiado lejos. “Estos mismos agricultores son el núcleo de votantes del BJP”, dijo Sandhu. “Estos son los que consiguieron que el gobierno fuera elegido en primer lugar”.

    En un marcado contraste con los agricultores que luchan, se encuentran las élites indias adineradas que han visto multiplicarse sus riquezas cada año. Un informe de 2018 encontró que la riqueza de los 831 indios más ricos ascendía a una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB) de la India. El principal de ellos es Mukesh Ambani, el hombre más rico de Asia, que ha puesto en marcha decenas de nuevas empresas en el sector agrícola en los últimos meses. La segunda persona más rica de India es Gautam Adani, y ambos hombres son considerados aliados políticos cercanos de Modi. Los agricultores que protestan dicen que los controvertidos proyectos de ley agrícola de Modi se redactaron para beneficiar a personas como Ambani y Adani. Al principio de las protestas, los agricultores quemaron efigies del primer ministro y sus amigos multimillonarios.

    Modi ha afirmado que la desregulación «traerá riqueza y prosperidad a los agricultores y que las objeciones a las leyes son puramente políticas». Debido a que la mayoría de los partidos de izquierda de la India y figuras políticas prominentes del opositor Partido del Congreso han expresado su apoyo a los agricultores, el gobierno liderado por el BJP afirma que los agricultores están siendo engañados haciéndoles creer que las leyes son malas para sus intereses. Pero un agricultor de Punjab le dijo a Al Jazeera: «No hay política en esto, creemos que las leyes van a beneficiar a las empresas y no a los agricultores pobres como nosotros».

    Modi ha implorado a los agricultores que ocupan las afueras de Delhi que se vayan a casa, afirmando que las nuevas leyes están escritas para beneficiarlos y son un «regalo». Ha prometido enmendar las leyes, pero los agricultores se mantienen firmes, diciendo que sólo será satisfactoria una completa derogación de las nuevas leyes. El ex Jefe Asesor Económico del Gobierno, el eminente economista Kaushik Basu, está de acuerdo con los agricultores. Basu, quien también se desempeñó como economista jefe del Banco Mundial y actualmente es profesor de economía en la Universidad de Cornell, dijo que los proyectos de ley son «defectuosos» y «perjudiciales para los agricultores». Explicó: «Nuestra regulación agrícola debe cambiar, pero las nuevas leyes terminarán sirviendo a los intereses corporativos más que a los agricultores».

    Las nuevas leyes tienen un impacto en el control de los agricultores sobre qué cultivar, a quién vender, en qué precios pueden confiar y si sus cultivos tendrán compradores o no, todo presentado en forma de un «regalo» no solicitado de un gobierno que durante años ha ignorado su difícil situación. No es de extrañar que se estén rebelando.

    La solidaridad con los agricultores indios es alta en todo el país. A fines de noviembre, casi una docena de sindicatos lanzaron una huelga general masiva, paralizando a la nación por un día. Se estima que participaron más de 250 millones de personas, lo que la convierte en la protesta más grande del mundo en la historia. Los agricultores pidieron una segunda huelga una semana después y permanecen en las afueras de Nueva Delhi, bloqueando cinco carreteras principales y diciendo que no se irán pronto. Sandhu explicó que “los agricultores de Punjab y Haryana vinieron con sus propias raciones de alimento suficientes para durar entre seis meses a un año y están dispuestos a resistir. Los agricultores que vienen de distancias más largas serán alimentados por los que ya están allí ”.

    La agricultura india afecta al resto del mundo, con un gran porcentaje del mercado mundial de especias que se origina en granjas indias. Los productos básicos exportados como el arroz y la leche e incluso el algodón utilizado por la industria de la confección podrían verse afectados por las nuevas leyes.

    Los indios expatriados también se hacen oír. Miles de residentes de origen indio en Gran Bretaña se manifestaron en Londres y declararon que apoyan a los agricultores de Punjab. Los canadienses originarios de India protestaron en varias ciudades, y muchos dijeron que todavía tenían familiares agricultores en India. En California, hogar de una gran población de originaria del Punjab, una manifestación masiva de autos en Silicon Valley llamó la atención sobre las demandas de los agricultores. Y en Seattle, el concejal Kshama Sawant del Partido Socialista Alternativo patrocinó una resolución para expresar solidaridad con los agricultores de India.

    En este momento, la situación está en punto muerto con el gobierno y los agricultores enfrentados entre sí, negándose a dar marcha atrás. Sawant tuvo quizás el encuadre más elocuente de lo que está en juego, diciendo: «Los agricultores indios se enfrentan a la misma explotación por parte de la clase multimillonaria que los agricultores y trabajadores en todo el mundo».

     
  • mesmontse 4:27 am el 28 June, 2020 Enlace permanente | Responder
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    UNA TRAGEDIA A LAS PUERTAS: Crisis del capitalismo global, resurgir del fascismo y catástrofe climática 

    Doomsday clock reset to 100 seconds to midnight, world's destruction

    El Dr. Ingar Solty es un científico social alemán especializado en Economía política internacional, Sociología y Teoría política. Es miembro del Instituto de Teoría Crítica de la Universidad Libre de Berlín y asesor en Política Exterior, Paz y Seguridad en el Instituto de Análisis Social de la Fundación Rosa Luxemburgo en Berlín. En una extensa entrevista, el Dr. Solty, a partir del caso de la Alemania actual, analiza el ascenso del neofascismo mundial, define la situación del mundo como una crisis global de seis niveles, cada uno de ellos capaces de barbarizar a la sociedad y plantea cuáles serían las claves para construir un bloque contrahegemónico para tener posibilidades de frenar la llegada al poder de la ultraderecha. Solty dice que está firmemente convencido de que si no se hacen reformas profundas globales que ofrezcan un modelo de sociedad que incluya a todos, el surgimiento de la extrema derecha será imparable. Además, la tarea es urgente, porque señala que no nos queda mucho tiempo antes de la crisis del capitalismo global, el surgimiento mundial de la ultraderecha y la inminente catástrofe climática, que nos llevará a una especie de barbarie que puede empequeñecer las barbaridades de las tres grandes crisis del capitalismo pasadas: la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y el giro neoliberal.

    Las raíces liberales del neofascismo alemán

    El Dr. Ingar Solty es entrevistado por Darko Vujica de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Sarajevo.

    MONTHLY REVIEW

    Darko Vujica: En 2021, terminará el cuarto y último mandato de Angela Merkel como canciller de Alemania. ¿Cómo evaluaría las políticas que ella y su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), han seguido desde 2005? Más específicamente, ¿cuáles han sido los efectos en la política interna y externa?

    Ingar Solty: Angela Merkel llegó al poder en 2005 después del primer gobierno de centro izquierda desde 1982, el gobierno de Gerhard Schröder (Partido Socialdemócrata de Alemania, SPD). Para entender la política interna y externa de Merkel, uno debe entender el país que heredó.

    Merkel estaba en la afortunada posición de convertirse en canciller después de que un gobierno de coalición de socialdemócratas y verdes había implementado políticas neoliberales muy impopulares en beneficio exclusivo del capital alemán y los ricos.

    El objetivo clave del gobierno de Schröder era redisciplinar a la clase obrera alemana y reducir las cargas de la patronal en nombre de la competitividad global, basada en la ideología neoliberal de la economía de efecto derrame. Según esta idea, dar recursos a la clase propietaria del capital y proporcionar una situación favorable para los negocios crearía un clima de inversión saludable para que el capital alemán compitiera en el capitalismo globalizado. (N.de la E. uno de los primeros gobiernos en aplicarla fue el de Reagan en los 80, con una histórica bajada de impuestos. Se difundió a partir del Consenso de Washington, en 1989, que establecía 10 fórmulas para los paquetes de medidas a aplicar en «países en desarrollo». Chile, México y Argentina fueron las mayores víctimas de la teoría del derrame. En 2013, el Papa Fancisco, desacreditó públicamente  la teoría económica del derrame, en un documento oficial de la Iglesia católica. En 2015, esta teoría económica fue desacreditada por falsa por el mismo FMI). 

    Según el relato socialdemócrata, Alemania tuvo que rendirse a las fuerzas del mercado global y desmantelar los servicios sociales para mantener el Estado de bienestar.

    La llamada Agenda 2010 y las reformas de Hartz, son programas que implementaron cuando el predecesor del Partido de la Izquierda (DIE LINKE), el Partido del Socialismo Democrático de Alemania Oriental (PDS), fue expulsado del Bundestag durante tres años, con la excepción de dos candidatos elegidos directamente.

    Esto significaba que la única «oposición» a estas medidas provenía de la derecha liberal y conservadora (la CDU / Unión Social Cristiana en Baviera, CSU, y el Partido Democrático Libre, FDP), que querían  que la reestructuración fuera aún más lejos.

    La principal iniciativa del gobierno del socialdemócrata Schröder era terminar con el bienestar alemán tal como lo conocíamos. Una tremenda campaña de la clase política, en alianza con los medios corporativos, proclamó a Alemania como el «hombre enfermo de Europa». El relato decía que el Estado del bienestar estaba sobrecargando la competitividad alemana.

    Desmontando el Estado de bienestar: ataque a las pensiones públicas

    Los intereses de la clase capitalista se promovieron, en primer lugar, desmantelando el sistema tradicional de pensiones públicas. Hasta entonces, el capital y el trabajo habían llevado la misma carga de aportar por igual al sistema público. En nombre de la competitividad, esta reforma disolvió la fórmula anterior, redujo el aporte que tenía que hacer la patronal, redujo el nivel general de pensiones del 52,9 al 46 por ciento de los ingresos anteriores (para calcular las jubilaciones) para 2020 y al 43 por ciento para 2030; aumentó la edad de jubilación de 65 a 67 años, y solicitó a los ciudadanos que se pagaran planes de pensiones privadas,  un modelo de negocio rentable para capital excedente en busca de oportunidades de inversión.  El efecto fue un rápido crecimiento de la precariedad de las personas mayores, y de la pobreza. De repente, se vio por todas partes a personas mayores recorriendo los contenedores de basura públicos y privados, en su búsqueda de botellas vacías para vender, por las vuales les darían 8 centavos por cada una. Son la manifestación visual de la Agenda 2010. La pensión alemana promedio actual asciende a 906 € (2018). En Francia, representa aproximadamente un 50 por ciento más (con un promedio de € 1,400). Sin embargo, esto no impide que la prensa alemana informe a los huelguistas generales franceses de 2019–20 que “necesitan reformar su sistema de pensiones y seguir el modelo alemán”.  Mientras tanto, en Alemania, cada vez más personas dependen de comedores populares. Sólo en 2019, el número de usuarios aumentó en un 10 por ciento y se duplicó entre las personas jubiladas, llegando a un total de 1,65 millones de personas.  Muchas personas ya no pueden pagar sus facturas. Por ejemplo, en 2018, se cortó la electricidad por impago en 344.000 hogares. Sin embargo, en lugar de luchar contra la propagación epidémica de empleos informales  y de bajos salarios, que son causa de la pobreza en la vejez, o ayudar, por ejemplo, a las personas pobres a reemplazar sus refrigeradores viejos que consumen mucha energía y disparan la factura de la electricidad, ¿qué hizo el gobierno?, en Baden-Württemberg, el gobierno de coalición de Verdes y conservadores gastó dinero público en enseñar a los pobres cómo ahorrar energía, como si fueran niños pequeños.

    Disciplinar a los trabajadores: bajar salarios y subsidios de desempleo

    La segunda iniciativa fue redisciplinar a la clase trabajadora como condición previa para aumentar la tasa de explotación y reducir los salarios alemanes. Acompañado por otra campaña de medios corporativos, el gobierno identificó y destapó algunas “manzanas podridas” en el sistema de bienestar alemán para desmantelar el sistema de seguridad social para todos. Los medios de comunicación y los periodistas de la clase media alta participaron felizmente en la caza de brujas contra los que se aprovechaban del sistema, en lugar de analizar las consecuencias de tales reformas. El antiguo seguro de desempleo, desarrollado como un sistema de seguridad social universal contra los riesgos sistémicos del capitalismo, fue aplastado y reemplazado por leyes neofeudales para pobres. El nuevo sistema de Arbeitslosengeld II, que imitaba a la Asistencia Temporal para Familias Necesitadas, creada por Bill Clinton en 1997, esencialmente significa que, después de doce meses de desempleo (o dieciocho meses, para los trabajadores de más edad), se pierde todo lo que aportó al sistema a través de impuestos sobre los ingresos laborales, y se queda a merced de un sistema punitivo de guerra a los trabajadores. En esencia, las reformas de Hartz fueron una forma de despojo de los ingresos laborales. Y lo que solían ser derechos sociales en un sistema basado en la solidaridad de la clase trabajadora ahora es esencialmente un sistema de limosnas otorgadas por el Estado en un sistema paternalista similar a una relación padre-hijo: si te comportas bien y no actúas mal, recibes una suma que te impide morir pero es  muy poco para vivir como un ser humano. Si no te comportas, el Estado te sanciona recortándote aun más el subsidio. Y hasta que hubo una decisión en contra de la Corte Suprema en noviembre de 2019, era legal reducir el subsidio de asistencia social más allá del 30 por ciento. Este sistema, en el transcurso de los últimos quince años, traumatizó a millones de personas, eliminó los ahorros de la gente, y violó perpetuamente el primer artículo de la Constitución alemana según el cual la dignidad de un ser humano es «inviolable».

    Esto dice mucho acerca de la hegemonía del neoliberalismo en la llamada “socialdemocracia de la Tercera Vía” -Nuevos Demócratas en los Estados Unidos, Nuevos Laboristas en el Reino Unido, y la Neue Mitte (Nuevo Centro) en Alemania-, que  aplicaron estas medidas de acuerdo con la antropología profundamente pesimista y conservadora de la Escuela Austríaca, que esencialmente considera a los trabajadores como bandidos egoístas mientras que trata al capital global (grandes bancos y compañías de seguros) con la mayor confianza, desregulando los mercados laborales y financieros para que las corporaciones privadas  maximicen las ganancias. En otras palabras, hubo  partidos de izquierda que desconfiaban de su propia base considerándolos “tipos perezosos» y «tramposos egoístas», pero al mismo tiempo tenían fe en que la clase capitalista actuaría en el mejor interés de la sociedad a pesar de perseguir siempre el peor objetivo imaginable: la maximización de beneficios. La pregunta realmente es: ¿Quién necesita a la derecha autoritaria pro-capitalista si ésta es la izquierda emancipadora y pro-trabajadores que existe?

    También dice mucho sobre la mentalidad predominante de ascenso social dentro de la socialdemocracia alemana y el carácter completamente burgués de los Verdes alemanes que, cuando se trataba de los más pobres de la sociedad, para hacer cumplir las leyes del plan Hartz empleaban a un ejército de funcionarios públicos para revolver bajo de cada alfombra y piso de madera de las casas de los pobres, empeñados en encontrar incluso el último centavo escondido que permitiría al Estado negarse a pagarles un subsidio a los trabajadores desempleados, que, como dije, ellos mismos habían pagado previamente al sistema . Al mismo tiempo, el gobierno redujo la supervisión pública del capital, lo que facilitó un tremendo grado de evasión y fraude fiscal entre los súperricos, incluido el escándalo del impuesto al valor agregado (IVA)  y un sonado escándalo bancario. Se estima que para el contribuyente alemán, los costos sólo de estas dos evasiones fiscales, es de entre  6 mil  y 13 mil millones de euros para el escándalo del IVA  y entre 10 mil y 30 mil millones de euros, el fraude del banco. Para poner esto en perspectiva, hay que saber que todo el presupuesto del Ministerio de Educación e Investigación fue de 18.270 millones de euros en 2019. Y el gasto público para programas de vivienda social en medio de la mayor crisis de vivienda desde la Segunda Guerra Mundial ascendió a sólo 1.500 millones de euros.

    Las leyes del plan Hartz fueron uno de los crímenes más grandes, si no el más grande, en la historia alemana de la posguerra y encarnan un punto de ruptura clave desde la época de las privatizaciones a precios de derribo  de las empresas públicas de Alemania Oriental que siguieron a la llamada reunificación en 1990. Todo lo que siguió, incluido el surgimiento de la extrema derecha, no puede explicarse sin referencia a la Agenda 2010 y al plan  Hartz.

    El científico social alemán y ex candidato presidencial Christoph  Butterwegge tiene razón cuando argumentó que el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) es un «presente» tardío de las reformas de Hartz, porque ha provocado deliberadamente el miedo al desclasamiento económico y la marginación profunda, en el centro de la sociedad. Después de todo, las nuevas leyes significan que no importa cuán altos sean sus ingresos salariales en este momento, porque si queda desempleado tiene sólo doce meses hasta caer en la  exclusión social total y la pérdida de soberanía personal y la dependencia de la caridad. Esencialmente, si pierde su trabajo, perderá  su hogar y su auto, financiados por crédito, entonces puede perder a su familia como resultado de la tensión emocional y, al final, pierde su dignidad como ser humano en sistema de trabajo alemán.

    Las leyes del Hartz, por lo tanto, sancionan a los pobres marginados, pero, y esto es crucial, han disciplinado a toda la clase obrera alemana, la han disciplinado en las negociaciones colectivas, e individualmente aceptando los peores tipos de trabajos precarios que el mismo gobierno de Schröder permitió. Como el sociólogo Klaus Dörre de la Universidad de Jena (en Turingia)  ha señalado, este tipo de precarización funciona como «vasos comunicantes», penetrando en la sociedad en general y dispersando los temores existenciales y una sensación subjetiva de impotencia económica en toda la clase media de profesionales, altamente calificados y aún trabajadores muy bien remunerados. Y ese era el propósito consciente: porque las personas que están tan muertas de miedo de perder sus trabajos harán todo tipo de concesiones en los procedimientos de negociación, tal como lo estaba haciendo el sindicato alemán de trabajadores metalúrgicos, incluso antes de la recesión del COVID-1. En la ronda de negociación colectiva de 2020 no hay demandas salariales a cambio de que la industria alemana ofrezca garantías laborales, en medio de procesos de automatización impulsados por el capital.

    Entonces, agregue digitalización y robotización a la ecuación y al hecho de que hoy en día muchos trabajadores no saben si su trabajo seguirá existiendo dentro de diez años, incluidos el trabajo de abogados, médicos, traductores y periodistas, y podrá comprender cómo esa disciplina ha funcionado Y mientras el centro neoliberal esencialmente dice que no hay alternativa a esta situación, que cada persona debe adaptarse a ella por sí misma; la extrema derecha reclama «soberanía» y utiliza los temores sociales y la impotencia en beneficio de sus propios planteamientos  de una sociedad racial y socialmente homogénea.

    Hoy en día, algunos cuadros neoliberales y de derecha del SPD (partido socialista alemán), así como los medios burgueses, todavía defienden la Agenda 2010. Argumentan que a principios de la década del  2000, Alemania sufría desempleo masivo y  según su relato,  los mercados laborales y los trabajadores necesitaban ser más «flexibles» para impulsar el empleo. La lógica en sí misma es irónica: debe ser más fácil despedir trabajadores para poder emplear a más de ellos, todo en nombre de la «resiliencia del mercado laboral». Esto revela la naturaleza del capitalismo que, para que funcione correctamente, los trabajadores deben tener miedo. Sin embargo, incluso en sus propios términos, esta lógica era una mentira. Cuando se observan los datos, se puede ver que la cantidad de horas trabajadas no aumentó en absoluto. En cambio, lo que aumentó fue el número de trabajadores, involuntariamente contratados a tiempo parcial, dentro del sector de bajos salarios ampliamente expandido, el más grande de toda Europa, con un 25% de los trabajadores. Además, muchos de los empleos creados no aportan en absoluto a los sistemas sociales; por el contrario, las reformas simplemente aumentaron el número de empleos complementados por los copagos del gobierno (debido a que pagan por debajo del mínimo). En otras palabras, el gobierno está subsidiando la sobreexplotación privada con fines de lucro, incluida la sustitución de los empleos sindicalizados del sector público de antes, por los llamados «empleos de 1 euros» proporcionados por asociaciones público-privadas en el sector de trabajo social.

    La neoliberalización de la socialdemocracia causó el ascenso de la extrema derecha

    Merkel fue muy afortunada de llegar al poder cuando todas esas medidas neoliberales en interés de la clase capitalista habían sido implementadas por un gobierno socialdemócrata y verde. Estas medidas destruyeron al Partido Socialista Alemán (SPD) y a su legitimidad hasta el punto de que los socialdemócratas no han podido recuperar su credibilidad y nunca podrán recuperarse de la desilusión que fomentaron. El SPD era algo así como el perro servil que hacía todo lo que su amo le pedía y luego es abandonado por inservible en algún lugar de la carretera. Debido a sus políticas contra su propia base de clase trabajadora, desde 1998, cuando todavía recibió 20,2 millones de votos, el SPD ha perdido a más de diez millones de votantes desilusionados, que se han repartido entre la abstención, DIE LINKE, los Verdes y, últimamente, incluso la AfD (Alternativa por Alemania, la ultraderecha). En 2017, el SPD recibió 9,5 millones de votos y el 20,5 por ciento de la participación de los votantes. Hoy, representa entre el 11 y el 17 por ciento en las encuestas. Desde que el gobierno de Schröder asumió el cargo en 1998, el SPD ha perdido casi la mitad de sus militantes, de 755.000 a 419.000 en la actualidad. Los líderes del SPD y los principales sociólogos políticos dirán que esto se debe a la erosión del medio social y moral y a la desconfianza en los partidos políticos y las instituciones sociales en general. Esto es una tontería. Simplemente no quieren enfrentar la realidad de que esto no es un desastre natural sino un desastre provocado por el hombre, el  desastre de la neoliberalización de la socialdemocracia. El ejemplo del Partido Laborista del Reino Unido muestra que esto no es un desarrollo cíclico inevitable sino político; desde que la revuelta socialista de Jeremy Corbyn entusiasmó a la base del Partido Laborista, casi se triplicó la militancia, pasando de 201.293 el 6 de mayo de 2015, el día antes de las elecciones generales, a 580.000 en enero de 2020. El Partido Laborista del Reino Unido hoy es el partido socialdemócrata más grande del mundo, impulsado por una nueva generación de jóvenes activistas socialistas.

    En la década del 2000, Margaret Thatcher dijo que Tony Blair y el New Labor fueron su mayor logro (es decir, haber vuelto neoliberales a los partidos que deben defender los intereses de los trabajadores). Del mismo modo, Schröder debería decir que Merkel fue su peor logro. Lo único injusto es que los Verdes, cuya base es la nueva pequeña burguesía liberal de izquierda, se vio mucho menos afectado por las leyes del Hartz, esencialmente permanecieron indemnes a la política neoliberal del gobierno de Schröder y ahora están preparados para formar gobiernos sólidamente burgueses con los conservadores

    DV: Entonces, ¿está diciendo que el ascenso de la extrema derecha es en realidad obra de Merkel y será su legado duradero? ¿Cuál es la relación entre su política concreta y el surgimiento de la extrema derecha?

    IS: La suerte de Merkel es de ser heredera de la neoliberalización realizada por el centroizquierda, heredera de una clase capitalista alemana súper competitiva, transformada en un estilo de gobierno muy particular. En la convención de la CDU, en Leipzig, en 2003, Merkel, que presidía el partido en ese momento, aun no se había presentado como un halcón neoliberal e intransigente de derechas. Eso ocurrió cuando promovió el modelo del Deutsche Bank y un modelo de un impuesto fijo. También fue el momento en que voló a los Estados Unidos y se disculpó con George W. Bush por la negativa de Alemania a participar abiertamente en la desastrosa «guerra contra el terror» estadounidense en Irak. Su artículo de aquel entonces, «Schroeder no habla por todos los alemanes «, publicado en el Washington Post, es para los libros de Historia. A nivel nacional, su liberalismo de línea dura la perjudicó seriamente y fue el motivo de que casi perdiera las elecciones generales de 2005 a pesar de la increíble insatisfacción que había con Schröder y el SPD.

    Como resultado, Merkel desarrolló un tipo de decisión presidencial y oportunista, dejando el trabajo duro a sus ministros, culpando a ellos de decisiones impopulares y cambiando de posición cada vez que parecía oportuno. Esto implicaba una forma moderada de modernización liberal, que incluía un permiso de maternidad y paternidad semi-feminista, guarderías, legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, etc. Por ejemplo, después de la catástrofe nuclear de Fukushima de 2011 y ante las tremendas protestas  antinucleares, Merkel cambió repentinamente sus posiciones sobre la extensión planificada de las licencias de operación de las centrales nucleares alemanas: declaró al momento que Alemania iba a terminar con la energía nuclear. Esto no fue difícil de hacer ya que, en ese momento, era un objetivo político que contaba con el apoyo de las tres cuartas partes de la población. Al mismo tiempo, esta cooptación y absorción de las demandas de los opositores políticos de la izquierda tuvo el efecto de la desmovilización asimétrica. Al final, el cambio en la política de energía nuclear no impidió, como se pretendía, el ascenso previsto de los Verdes con un primer ministro presidente en Baden-Württemberg, el antiguo maoísta convertido en muy conservador Winfried Kretschmann. En general, Merkel mostró una flexibilidad no vista desde el rey prusiano ante las revueltas populares de 1848, que instauró el:” ¿Hay una revolución contra ti? ¡Simplemente date la vuelta y di que la estás liderando!”.

    Pero Merkel no lideró. En general, ella representa el status quo, especialmente en términos de economía política. Sin embargo, ese status quo creado por el gobierno de Schröder era insostenible. El centro no pudo aguantar. Algo tenía que ceder.

    El miedo a desclasarse  dentro de la sociedad alemana, si no se resuelve, tiene que encontrar un tubo de escape. La pérdida de fe en la socialdemocracia, esta situación de indistinguibilidad entre los partidos políticos, esta crisis de representación, tuvo que encontrar un recipiente.

    Y ese barco fue, durante un tiempo y hasta cierto punto, DIE LINKE, que logró regresar al Bundestag con la ayuda del ex presidente del SPD y ministro de finanzas neokeynesiano,  Oskar Lafontaine,  considerado en algún tiempo como el «hombre más peligroso de Europa” por la prensa sensacionalista británica porque, en 1998, tenía la intención de volver a regular los mercados financieros de la eurozona.  Durante un tiempo, DIE LINKE fue brutalmente hostigado por todos los demás, especialmente por los socialdemócratas y por casi todos los medios de comunicación. Y sin embargo, DIE LINKE solo capturó aproximadamente un tercio de todos los votos que los socialdemócratas habían perdido. La crisis de representación significó principalmente un crecimiento de la abstención de los votantes, y han sido principalmente de los no votantes y de la CDU, de donde  la extrema derecha de AfD ha ganado sus seguidores.

    Al no deshacer el daño hecho por sus predecesores, Merkel pasará a la historia como la canciller que le falló a Alemania. Y no sólo a Alemania, sino también a Europa y al mundo.

    Una crisis global de seis dimensiones

    Merkel y su gabinete fracasaron al negarse a lidiar con lo que llamo la crisis global de seis dimensiones del mundo. Esta crisis global se extiende por seis niveles, cada uno de los cuales tiene el potencial de barbarizar a la sociedad.

    Esta crisis es obviamente económica y, como tal, ha regresado rápidamente acelerada por el COVID-19. Antes de que el virus condujera al colapso de las cadenas de suministro internacionales y al cierre de las fronteras, las tasas de crecimiento alemanas eran tan bajas como lo habían sido en el 2009, en el punto álgido de la mayor crisis del capitalismo global desde la Gran Depresión de la década de 1930, que en ese momento llevó al surgimiento del fascismo europeo. Al mismo tiempo, la crisis actual no es sólo una de la economía capitalista y su arquitectura financiera.

    En segundo lugar, también es una crisis de política y cohesión social (piense en la precarización, la digitalización y la forma en que la comercialización lleva a un desarrollo muy desigual en las regiones geográficas).

    Es, en tercer lugar, una crisis de las relaciones de género, dada la forma en que la feminización de los mercados laborales se produjo en condiciones neoliberales de bajos salarios y pobreza para la vejez, y también cómo las políticas de austeridad gravan aún más a la familia nuclear con la peor parte de la situación, trabajo reproductivo y social no remunerado de cocinar, lavar, limpiar, comprar y cuidar a jóvenes y adultos mayores.  

    Es, en cuarto lugar, una crisis de la democracia, dado que las políticas neoliberales han erosionado los sistemas de partidos de posguerra y a los partidos tradicionales, transformándolos en múltiples sistemas de partidos y han llevado al surgimiento de la extrema derecha, hasta el punto de que ahora es capaz de llegar al poder y ganar mayorías a nivel mundial, desde Donald Trump, hasta Narendra Modi en India, Jair Bolsonaro en Brasil, Viktor Orbán en Hungría, Jarosław Kaczyński en Polonia, etc.

    En quinto lugar, la crisis actual es una crisis de orden mundial, resultante del declive hegemónico del imperio de EEUU, el surgimiento de China y la rivalidad en la alta tecnología en la que están involucrados.

    Y, en sexto lugar, la crisis es una crisis civilizacional de sostenibilidad ecológica y catástrofe climática inminente.

    Ahora, no entraré en detalles, pero si observa cómo el gobierno de Merkel abordó estos diversos niveles de la crisis, verá políticas muy tímidas y estructuralmente conservadoras, una política de confusión pero sin ninguna visión de la sociedad que incluya todos.

    Sin esa visión, estoy absolutamente convencido de que el surgimiento del nacionalismo autoritario de derecha será imparable.

    La forma en que el gobierno de Merkel está obstruyendo que se pongan en marcha en la UE los llamados coronabonos; reforzando la insolidaridad europea durante la crisis, arriesgando una vez más la desintegración de la eurozona, revela que su política no ha cambiado.

    DV: ¿Cuál es el estado de la CDU hoy? ¿El ascenso de la extrema derecha los ha llevado a un cambio de rumbo?

    IS: La CDU  solía ser el socio natural de la burguesía y el partido gobernante natural. Desde 1949, cuando la CDU se formó, dirigió el gobierno nacional durante 54, de los 71 años desde el fin de la guerra.  Es el partido de gobierno y ese hábito caracteriza a todos los miembros de la CDU. Es de esperar que un grupo de ganadores reclame el liderazgo y tenga una visión audaz para sacar a Alemania de la actual crisis civilizatoria. Sin embargo, hasta el impulso potencialmente efímero que dio la crisis del COVID-19, tocando la campana de es «la hora de la acción» en todo el mundo, el liderazgo del partido estaba en estado de pánico porque está siendo canibalizado: desde la izquierda por los Verdes, que representan una burguesía transnacionalizada moderna y una nueva pequeña burguesía cosmopolita adaptada al capitalismo globalizado, y por la extrema derecha, que representan un capitalismo no competitivo, intensivo, que apuesta por las energías fósiles y de orientación nacional en combinación con una revuelta popular regresiva contra la modernidad. (N.de la E.: estas características sociológicas regresivas de la extrema derecha -ni siquiera al siglo XX sino al XIX- son muy propias de los radicales españoles de VOX, y también su discurso principal).

    Esta regresión es causada por las fuerzas centrífugas de la mercantilización neoliberal. La economía política de las últimas dos décadas ha desgarrado a la sociedad,  social y económicamente. El mercado hace lo que mejor sabe hacer: en lugar de tender hacia el equilibrio, crea enormes desequilibrios y caos.

    Crea una tremenda desigualdad de riqueza y la divergencia de regiones entre el núcleo capitalista y la periferia; entre el núcleo de la eurozona y su periferia; entre el sur de Alemania y el este y el norte de Alemania; entre las regiones metropolitanas de Alemania y las zonas rurales abandonadas; entre los prósperos barrios del centro de la ciudad y los barrios emergentes y los guetos en las afueras.

    Para la CDU y el estilo de política de consentimiento de Merkel, esto, por supuesto, tiene tremendas consecuencias. Es imposible ser una parte orientada al consentimiento en una sociedad económicamente polarizada. La polarización económica es seguida por la polarización política, entre ganadores y perdedores. Y la división ganador-perdedor no es sólo económica en términos de miedo al descenso social, sino que también es simbólica. Debido a que el rápido ritmo de globalización del capitalismo se desarrolla más rápido que la mentalidad  de las personas y su capacidad de adaptarse a la modernización necesaria, incluso inevitable, esto crea una brecha entre el antiguo centro simbólico de la sociedad y el nuevo. Esto, supongo, es el trasfondo de la división entre los llamados cosmopolitas, que abrazan la globalización capitalista, y los llamados comunitaristas, que se rebelan contra ella, que en cierta medida también es una división generacional. Esta división generacional se puede observar en muchos casos, incluso en las elecciones del Reino Unido de diciembre de 2019, donde los conservadores habrían ganado un escaso asiento si los millennials (los nacidos a partir de los 80) hubieran sido los únicos capaces de votar, y en los Estados Unidos en la forma en que se desarrolló el comportamiento de votación entre los partidarios de Bernie Sanders y el resto, en las primarias demócratas.

    Como consecuencia, la  CDU, un partido que pierde alrededor de un millón de votantes en cada ciclo electoral debido a la vejez, está siendo destrozado por los Verdes, quienes representan a la burguesía moderna,  y por  la AfD, que representa la revuelta contra esta modernidad. Y, como resultado, la CDU se ha convertido en una parte interesada de las divisiones internas, incluido el surgimiento de formaciones como la Unión de Valores,  firmemente conservadora, con cinco mil miembros, fundada en 2017. Por ejemplo, durante las elecciones regionales de Alemania del Este en 2019, sus líderes celebraron como una victoria que todavía fueran el partido más fuerte y capaces de formar una coalición contra la emergente AfD. Mientras tanto, en Turingia, se abrieron a la extrema derecha del presidente del partido abiertamente fascista Björn Höcke, quien, en su libro Nie zweimal in denselben Fluss (2018), ha declarado abiertamente un programa de asesinatos en masa que incluye la «remigración» impuesta dictatorialmente a minorías musulmanas y una «sangría» de opositores políticos. En aquel entonces, la CDU consideró las conversaciones de coalición y el 5 de febrero de 2020, apenas una semana después del septuagésimo quinto aniversario de la liberación de Auschwitz por el Ejército Rojo, la CDU cedió junto al FDP libertario al lograr que el candidato del FDP Thomas Kemmerich fuera elegido primer ministro con los votos de la AfD de Höcke, simplemente para expulsar a un primer ministro DIE LINKE muy popular y bastante moderado. Por el momento, estas alianzas con la extrema derecha han fallado, porque las intentaron aún muy tempranamente.

    Por el momento, la crisis del COVID-19 está fortaleciendo a los partidos gobernantes en las encuestas, a expensas de los Verdes. Esto estabiliza tanto al gobierno como a la CDU / CSU y es posible que esto pueda durar hasta 2021. Sin embargo, la tendencia general es diferente y desplaza a Alemania hacia las coaliciones nacionales CDU y los Verdes.

    En cualquier caso, debido a que un gobierno de coalición de CDU y Verdes será uno de desarrollo impulsado por el mercado, deteriorará los desequilibrios económicos y sociales en la sociedad alemana y, por lo tanto, continuará fomentando los orígenes sociales y económicos del surgimiento de la ultraderecha. Sólo un gigantesco programa de reforma global con cientos de miles de millones en inversiones públicas que aborden, de manera integral, la cuestión social y el cambio climático pueden defendernos del atractivo del fascismo.

    Una coalición del partido burgués de la CDU y los Verdes no se apartará del curso neoliberal sino que seguirá una especie de neoliberalismo verde autoritario como la actual coalición de conservadores y los Verdes en Austria. O es probable que una coalición CDU/ SPD en Alemania conduzca a un gobierno de coalición conservador y de extrema derecha en las siguientes elecciones, que tendrán lugar en 2025 o antes. Este será particularmente el caso cuando el proyecto de ley para los rescates en curso de las empreas, exija a la sociedad otra ronda de austeridad, que ya se está formando.

    Setenta y cinco años después de la liberación del fascismo alemán y una guerra mundial liderada por Alemania que destruyó Europa y la mayoría de las ciudades de Alemania, y mató a cerca de ochenta millones de personas en todo el mundo, la extrema derecha alemana está de regreso. Y cuando los líderes de los viejos partidos señalan con el dedo hacia el extrema derecha, los dedos en realidad les apuntan directamente hacia ellos: ¡Éstos son tus descendientes! ¡Ésto es lo que has hecho!

    En Europa y en la eurozona debería comenzar un programa de reforma radical global, el mínimo necesario para controlar el espectro del fascismo. Sin embargo, el gobierno alemán cedió a la presión de Estados Unidos y lideró la confrontación contra Rusia junto con los gobiernos de Europa del Este, tirando de Ucrania y esencialmente chantajeando y dividiendo al país con la opción de «la UE o Rusia», dividiendo el país en una sangrienta guerra civil.

    Como resultado, las viejas visiones de Gorbachev de la «Casa de Europa» y las relaciones de «buen vecindario» fueron destruidas. En cambio, con la excusa del Brexit y utilizando a Trump como pretexto, Alemania y la Unión Europea han acelerado la acumulación de capacidades militares, comenzaron a abogar por la «autonomía estratégica de Europa» y ahora están llevando a cabo las mayores maniobras militares desde el final de la Guerra Fría en la forma de la Trident Juncture de 2018 y la maniobra Defender 2020 de la primavera de 2020.

    La carrera armamentista global, de la cual los Estados miembros OTAN son la fuerza impulsora, está desviando recursos cruciales para abordar el cambio climático hacia los preparativos para una guerra.

    Una guerra a la que parecíamos estar muy cerca en enero de 2020 cuando el gobierno de Trump mató a Qasem Soleimani, el segundo líder más poderoso de Irán, y el gobierno iraní respondió bombardeando a dos, -aunque en su mayoría vacías- bases militares estadounidenses en Irak y derribó por error un avión civil con destino a Ucrania.

    Esta carrera armamentista global es derrochadora y realmente peligrosa. En medio de la crisis de COVID-19, el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Heiko Maas, un socialdemócrata, anunció que estaba decidido a cumplir la demanda de la OTAN de gastar el 2 por ciento del PIB en el ejército.

    Para 2024, Alemania tendrá un presupuesto militar más grande que Rusia. Los gastos militares combinados de la OTAN son más de veinte veces mayores que los de Rusia.

    Mientras tanto, Rusia está siendo empujada a los brazos de China en lo que parece cada vez más una nueva Guerra Fría entre un bloque liderado por China y un bloque liderado por Estados Unidos, con una debilitada Unión Europea, que ahora ha declarado a China como un «rival sistémico«, como apéndice de Estados Unidos.


    Cómo las políticas neoliberales debilitaron la Unión europea

    Debido a que el camino neoliberal de integración siguió desde la Ley Única Europea de 1985, que impuso la unanimidad con respecto a las regulaciones económicas, y el Tratado de Maastricht de 1992, que disciplinó a los Estados europeos en la búsqueda de políticas neoliberales de promoción, no condujo al equilibrio económico y la convergencia como proclama la ortodoxia neoliberal que se enseña a los jóvenes en las escuelas de negocios de todo el mundo. Como se mencionó anteriormente, condujo a exactamente lo contrario. Desindustrializó el sur y la periferia de la Unión Europea en el sur y el este de Europa, incluido el antiguo territorio de la República Democrática Alemana, que ahora funciona como proveedor de mano de obra barata y servil sin unidad real, similar a como funciona el sur de los EEUU, mientras que las ganancias generadas particularmente en Europa del Este se repatrían a los centros europeos donde se ubican las sedes corporativas, que cubren los bolsillos de los propietarios de capital, incluido el nuevo récord de 627.000 alemanes que, según los datos oficiales de Statistische Bundesamt, no trabajan porque sus ingresos provienen únicamente de dividendos de capital y alquileres extraídos de inquilinos alemanes. ¡627.000 personas en un país con una población en edad laboral de 51.8 millones! Eso es el 1.2 por ciento.

    En cualquier caso, como también saben, Merkel, como líder gubernamental del país económicamente dominante en la eurozona, y su ministro de finanzas, Wolfgang Schaeuble, supervisaron la forma particular en que la Unión Europea resolvió la crisis de la eurozona, concretamente a través de una estrategia interna de devaluación de costos y salarios. Fueron los principales orquestadores del giro de austeridad en la zona del euro que siguió después del resurgir keynesiano de corta duración de 2008-2009 y las esperanzas de un New Deal verde habían sido enterradas. Como resultado, el Pacto Fiscal, es decir, la nueva gobernanza económica en la eurozona, reforzó la arquitectura neoliberal de la UE con sus mecanismos de vigilancia Sixpack, reforzó el castigo de la deuda del gobierno, el retroceso de los acuerdos de negociación colectiva de los trabajadores, y más. Y cuando este tipo de políticas y las medidas de austeridad que lo acompañaron resultaron ser realmente impopulares entre la periferia del sur de la UE, lo que llevó a los movimientos de protesta de clase más fuertes desde la década de 1970, los gobiernos europeos se apegaron a su curso.

    Sin embargo, la derrota de la izquierda europea en julio de 2015 realmente funcionó como un catalizador para el surgimiento de la extrema derecha en Europa. Porque, como argumentó el teórico griego-francés Nicos Poulantzas en su libro Fascismo y Dictadura de 1974, en condiciones generalmente insostenibles, no es la fuerza de la izquierda lo que impulsa el fascismo (como reacción) , sino más bien la incapacidad de la izquierda para tomar el poder y realmente cambiar las condiciones materiales de vida para la mayoría de la clase trabajadora, lo que crea un vacío político que luego es llenado por la extrema derecha demagógica.

    «No tengan esperanzas de que haya una renovación de la socialdemocracia alemana«


    DV: Entonces, ¿cuáles son las posibilidades de renovación de la izquierda en Alemania hoy? El SPD recientemente cambió su liderazgo, ¿qué se puede esperar del nuevo liderazgo del SPD? ¿Existe potencial para una resocialización del SPD?


    IS: Es cierto que el nuevo liderazgo del SPD, con Saskia Eskens y Norbert Walter-Borjans, no es el liderazgo que la ejecutiva del partido había esperado. Es cierto que Eskens y Walter-Borjans iban en una plataforma crítica y exigieron una política industrial activa, inversiones públicas y un aumento del salario mínimo. Sin embargo, una vez elegidos, Eskens y Walter-Borjans se acercaron a la derecha interna e hicieron una serie de concesiones significativas. El pequeño impulso que había allí ahora se ha ido, especialmente porque el nuevo liderazgo se abstuvo de cancelar la gran coalición con Merkel, que ha destruido el partido. Mientras tanto, los medios burgueses y la derecha neoliberal dentro del partido ya han comenzado a desacreditar a Eskens y Walter-Borjans. Por lo tanto, la guerra interna del partido está en marcha y los neoliberales parecen ser los probables ganadores.

    Está claro que un cambio en la izquierda en Alemania es extremadamente importante para Europa dado el gran tamaño de la economía alemana y el dominio económico del país en Europa. Y, sin embargo, la gente en Europa no debe cultivar la esperanza de que la socialdemocracia alemana se vaya a renovar.

    La crisis financiera mundial ha debilitado el centro neoliberal a tal punto que sus partidos conservadores podrían ser asumidos desde la extrema derecha (Trump) y que sus partidos socialdemócratas podrían ser asumidos por la izquierda.

    En 2021, cuando habrá nuevas elecciones parlamentarias en Alemania, el SPD habrá estado en el poder durante diecinueve años y ha implementado la neoliberalización exhaustiva de la sociedad alemana y su cambio hacia el militarismo y el imperialismo en el extranjero. Puede imaginarse que durante esos años, fue esencialmente DIE LINKE lo que absorbió a todos los jóvenes idealistas de izquierda, visionarios, críticos del neoliberalismo y activistas del movimiento social y contra la guerra, mientras que el SPD atrajo a personas con mentalidades neoliberales, oportunistas y tecnócratas.

    La segunda y más importante razón es que la economía política de Alemania es muy diferente. Socioeconómicamente, los Estados Unidos y el Reino Unido tienen mucho más en común con España, Italia y Portugal que con Alemania. El título alemán del libro de Oliver Nachtwey The Hidden Crisis of Germany (2019) (La crisis oculta de Alemania) es Downwardly Mobile Society (Una sociedad en descenso) pero incluso Nachtwey admitió que Alemania no es una sociedad en la que las clases medias hayan sido desclasadas de hecho. Como dije anteriormente, Alemania se encuentra entre los países donde el problema para las clases medias dependientes de los salarios no es el desclasamiento real, sino el miedo a ser desclasado como resultado de los procesos descritos anteriormente: reubicación de capital, digitalización, desempleo y vejez. La metáfora de Nachtwey de una escalera mecánica descendente es bastante útil. La crisis oculta es esencialmente que las personas, literalmente, tienen que trabajar más y más duro para permanecer en el grupo de ingresos medios que aún disfruta del «estilo de vida alemán» : poseer su propia casa suburbana, dos autos, nadar en Mallorca, y soñar con bucear en Bali. La diferencia entre Alemania, por un lado, y los Estados Unidos y el Reino Unido, por el otro, es que mientras que en Alemania la erosión de la clase media es simplemente temida, en los Estados Unidos y el Reino Unido esta erosión ha tenido lugar durante mucho tiempo, especialmente para los millennials Esto se debe a tres factores clave: (1) la desindustrialización, (2) la relativa debilidad sindical y (3) la deuda estudiantil, y en los Estados Unidos, además la deuda de atención médica privada. Los jóvenes en los países anglosajones pueden girar a la izquierda porque les queda poco o nada que perder. Como argumenta Grace Blakeley, la juventud en Gran Bretaña es anticapitalista porque es poco probable que alguna vez posean capital.

    Por el contrario, en Alemania, donde todavía existe una sólida base industrial con cobertura de negociación colectiva (que proporciona altos salarios industriales), donde, después de fuertes huelgas educativas, la educación superior es gratuita nuevamente, y donde la atención médica también es en gran medida gratuita, los jóvenes están girando a la derecha porque todavía tienen mucho que perder.

    El pánico generalizado tiende a llevar a las clases medias y media alta a unirse a coaliciones de derecha, como en la mayoría de los países centrales de la UE al comienzo de la crisis, mientras que el desclasamiento permite a la clase trabajadora educada y ala clase media baja, unirse a coaliciones de izquierda, como ha sido durante mucho tiempo, en la periferia sur y oeste de la UE (España, Portugal, Grecia, Irlanda y, en cierta medida, también Italia).

    En Alemania, de momento, la extrema derecha es más dinámica que la izquierda porque su mensaje resuena en grandes segmentos de la clase media asustada. Este mensaje equivale a la idea conservadora de que todo puede permanecer como está si la clase media es lo suficientemente despiadada con los refugiados , con los europeos «perezosos» no competitivos de sur y con los pobres. No hay alternativa a la creación de un bloque contrahegemónico de la mayoría de la clase trabajadora en Alemania, que se extienda desde la clase trabajadora con altos ingresos y seguridad laboral, hasta la fuerza laboral precaria.

    Para crear un bloque contrahegemónico, la clave será una combinación inteligente de una nueva política de clase, feminista, antirracista, ecológica y un izquierdismo popular inclusivo. Y uno de los campos clave en la lucha será la vivienda, porque Alemania es un país de inquilinos, no de propietarios, y el capital excedente en busca de salidas de inversión rentables en el mercado inmobiliario alemán y la burbuja inflacionaria resultante, está afectando también a los grupos de ingresos medios.

    Las posibilidadaes de construir una sociedad socialista

    DV: Entonces, si la renovación del SPD es poco probable, ¿dónde deja eso a la izquierda alemana? ¿Y qué hay de DIE LINKE? El programa del partido DIE LINKE establece que el objetivo del partido es construir el socialismo democrático. La transición del capitalismo al socialismo implica que los medios de producción serán propiedad de quienes crean (nuevo) valor, es decir, de los trabajadores. Los capitalistas son los que tienen estos medios de producción y la historia nos ha demostrado que la expropiación de los medios de producción nunca ha sucedido a través de juegos institucionales impuestos por la burguesía, sino por la lucha de clases abierta. Sin embargo, desde afuera, DIE LINKE parece ser un partido que apuesta más al éxito electoral que a agudizar la lucha de clases. ¿Cual es su comentario a esto?

    IS: Estoy de acuerdo en que el socialismo se alcanza por la lucha de clases. Será logrado por aquellos que, en primer lugar, tienen un interés objetivo en el socialismo, porque son trabajadores sin propiedades y dependientes del salario, y que, en segundo lugar, tienen los medios para hacer cumplir el socialismo, porque como clase ejercen el único poder que puede desafiar el poder del capital: el poder de retener su fuerza de trabajo a través de la organización colectiva y la huelga. Porque cuando los trabajadores se dan cuenta de que son ellos, junto con la naturaleza, quienes crean toda la riqueza social existente, cuando se dan cuenta de que el capital no es nada sin ellos, que el capital los necesita más de lo que ellos necesitan a los capitalistas, entonces el socialismo se convierte en realidad, o al menos en una posibilidad muy real.

    La pregunta clave, supongo, es qué significa la lucha de clases abierta. En general, estoy convencido de que la revolución social en las sociedades capitalistas avanzadas de hoy depende más de transformar el Estado capitalista en un Estado democrático, que de «asaltar el Palacio de Invierno». La revolución en Occidente hoy no se trata de levantar las armas contra el Estado capitalista. Si haces eso, serás asesinado por las fuerzas de seguridad cada vez más entrelazadas con la extrema derecha, como muestra el libro Extreme Sicherheit (Extrema Seguridad). Y no sólo eso: quien entre en el Estado, descubrirá que el poder real se encuentra fuera del estado, en el capital.

    En mi opinión, la lucha de clases por el socialismo de hoy necesita organizarse como el ala izquierda del movimiento obrero existente y necesita formar partidos de clase. Los sindicatos son los escudos de los trabajadores, las huelgas  son la espada.

    Por otra parte, recuperarse de la derrota por el giro neoliberal y reconstruir el movimiento laboral y la izquierda socialista es un proyecto a muy largo plazo. Pero la crisis climática -una crisis causada por el capitalismo y su dependencia sistémica del crecimiento contínuo- no permite largos plazos. En realidad es una situación horrible, difícil de dirigir, pero no hay atajos en la historia, o tienen un costo enorme.

    La estrategia transformadora de hoy va más allá del viejo reforma o revolución, y movimientos populares o parlamentarismo. Incluye una política dentro, fuera y contra el Estado.

    No nos queda mucho tiempo antes de la crisis del capitalismo global, el surgimiento mundial de la ultraderecha  y la inminente catástrofe climática, que nos llevará a una especie de barbarie que puede empequeñecer las barbaridades de las tres grandes crisis del capitalismo pasadas: la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y el giro neoliberal.

     
    • Sergio 1:22 pm el 29 junio, 2020 Enlace permanente | Responder

      Se utiliza la palabra «facismo» en forma incorrecta. No pretendo hacer una defensa del mismo, pero me parece que estos movimientos autoritarios que están surgiendo no tienen nada que ver con el «facismo», ya que el mismo no era liberal en lo económico, lo que marca una diferencia sustancial con estos movimientos «neo» actuales. Lo que estamos viendo no es mas que el «autoritarismo oligárquico» que finalmente se expresa en forma brutal, sin que lo medios lo puedan ocultar más. Al utilizar la palabra «facismo» no se hace más que ocultar el verdadero origen de la dictadura. La Dictadura de las Oligarquias es lo que pretende imponerse en el mundo hoy.

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    • D.M. 3:42 pm el 29 junio, 2020 Enlace permanente | Responder

      En realidad los fascismos del siglo XX, eran todos liberal capitalistas en lo económico, pero lo ocultaban todo lo que podían . Los fascismos europeos -se acepta ese nombre genérico para todos ellos- competían ideológicamente con los movimientos socialistas y comunistas por captar a la misma base: los trabajadores, por eso tenían que presentarse como una alternativa al capitalismo puro y duro. Pero en realidad, todos ellos tuvieron apoyo de los capitalistas: en Alemania, es bien conocida la implicación de prácticamente todas sus empresas más emblemáticas con el nazismo. Hasta el capital internacional colaboró con el nazismo (las estadoundienses IBM o la Ford, son los ejemplos más conocidos). El Estado seguía siendo capitalista, bastaba con que los empresarios se afiliaran al partido nazi para tener mano de obra esclava (de los campos de concentación) y grandes contratos con el Estado para producir armamento. La clase trabajadora alemana no mejoró en absoluto, al contrario, fueron enviados a una guerra que no podían ganar, en la cual murieron hasta 3 generaciones de una misma familia. Haber caído en el engaño del nazismo sólo les trajo mucho sufrimiento y el oprobio mundial.
      La variante española del fascismo (el nacionalcatolicismo franquista) tampoco tuvo nada de anticapitalismo en lo económico. Había un conglomerado de empresas públicas, sí, en manos de la oligarquía española que las administraban como propias, por otra parte, las empresas privadas estaban mayormente en manos de una oligarquía atrasada, ignorante, que no era competitiva en nada, pero como el país estaba cerrado a cal y canto, y tenian una clase obrera discipinada, sin sindicatos, y no había competencía, eran los únicos que prosperaban.
      Hubo, sí una idea de función social del capital, de la Falange original, grupo que Franco se ocupó de destruir. Y a los falangistas que lo enfrentaron, los encarceló y hasta mandó a fusilar alguno.

      Los movimientos autoritarios de ultraderecha que están surgiendo, -por lo menos en Europa- tienen casi todo en común con aquellas pesadillas que ya vivimos. Y en lo económico no son anticapitalistas, lo que quieren sí, es que se les elimine la competencia de otros capitalistas con los cuales ellos no pueden competir, porque son los sectores más atrasados de industrias insostenibles. No plantean en ningún momento, ni siquiera mejorar los salarios de los trabajadores, sino que buscan un chivo expiatorio de los males que afectan a la clase trabajadora: les dicen que son los extranjeros, que han venido a quitarles el trabajo, que usan la sanidad y la escuela pública, o las ayudas sociales. Lo mismo que hicieron los nazis, buscar un chivo expiatorio.

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  • mesmontse 4:18 am el 25 April, 2020 Enlace permanente | Responder
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    ALEMANIA Y LA PANDEMIA: La gestión neoliberal de la crisis del coronavirus 

    Desde el principio de la pandemia, Alemania intriga por sus bajas cifras de muertos por COVID-19 en relación a los casos que declara. Mientras que Francia tiene una tasa de mortalidad del 13.9%, Reino Unido del 13.6%, Italia del 13.5%, y España del 10.2%, Alemania declara un tasa que oscila alrededor del 1% (aunque cálculos independientes la sitúan en el 3.7% a partir de los datos aportados por la propia Alemania).

    Llama la atención, más aun, sabiendo que Alemania es uno de los países del mundo que tiene una mayor proporción (un 22% ) de mayores de 65 años entre su población, una franja de edad en la cual aumentan considerablemente los riegos en caso de enfermar de COVID-19. En una población de 83 millones, representan más de 18 millones de personas. Y muchas de las personas mayores viven en residencias de ancianos. En España, aproximadamente el 56% de los fallecimientos por COVID-19 se han producido en residencias de personas mayores, que han sido uno de los grandes focos de la pandemia. Pero Alemania, hasta la primera semana de abril, no contó a los fallecidos en las residencias como víctimas del COVID-19. Francia hizo lo mismo, hasta mediados de abril no contó a los muertos en residencias de mayores.

    Sobre las razones de una baja tasa de mortalidad por COVID-19 en Alemania se han barajado toda clase de hipótesis -más teniendo en cuenta que el confinamiento allí es parcial y las restricciones para la actividad económica no son ni de lejos de la dimensión del cierre en España o en Italia- pero la más difundida era que «Alemania realiza muchísimos test a la población y así puede detectar a los contagiados y portadores asintomáticos y cortar la cadena de contagios». Esta afirmación era mantenida por la prensa como una verdad absoluta. No era para menos, Frau Merkel asegura que Alemania tiene capacidad para realizar 650.000 pruebas de COVID-19 por semana. Dice «que puede», no dice que las haga. La realidad es que ni siquiera es cierto que tenga capacidad de hacerlas, como han revelado medios alemanes no corporativos: «Los laboratorios carecen de material: desde los kits para tomar las muestras (tubos y torundas) hasta los reactivos que se requieren para las pruebas. El gobierno federal alemán conoce el problema pero no quiere hacerlo público».

    Aunque no se informen en la prensa alternativa, algunos alemanes comienzan a sospechar que su gobierno «les miente» sobre la gravedad de la pandemia en su país, a la vista de lo que pasa en Italia, Francia y España. Los estragos de la pandemia en España y en Italia, están muy presentes en las cadenas de televisión alemana, con sus particulares interpretaciones. Como explicación del colapso de los hospitales españoles por la pandemia, los medios lo achacan a que «España recortó 15.000 millones de euros de la sanidad pública», sin aclarar de donde salió la imposición a toda la UE de la política de austericidio. Y en todo caso en una epidemia no se debe usar la red de centros sanitarios regulares, error que han cometido Italia y España, con el resultado de todos los centros sanitarios contaminados y todo el personal médico expuesto y en gran medida contagiado, de modo que vendrán otras crisis de salud comuntaria al estar desatendidas las demás necesidades médicas de la población, como bien lo denunciaron los médicos italianos.

    Pero volvamos a Alemania. En todo caso, la gestión que está haciendo el gobierno de la epidemia no está a la altura de la capacidad económica del país ni de las dotes de sentido común que se les supone a los alemanes. Es que el neoliberalismo acaba con todo, mata el alma de los pueblos. Alemania, rendida desde hace décadas al neoliberalismo, hoy es simplemente un fraude a si misma. Das Fraud, como bautizaron popularmente los alemanes a los vehículos Volkswagen -como burla del orgulloso Das Auto (El Auto) con que la empresa promociona sus automóviles- tras el fraude en las emisiones contaminantes llevado a cabo por las tres empresas automotrices emblemáticas alemanas: Volkswagen, BMW y Daimler. Una muestra de cómo son las cosas en la Alemania neoliberal.

    Estrategia de salida de las restricciones del Gobierno Federal: Vaguedades y prioriades incorrectas

    Berlin sieht keine Anzeichen für Vertuschung der Corona-Pandemie ...

    Editorial MARX 21

    El gobierno federal ha decidido terminar gradualmente el bloqueo parcial. Pero con su estrategia de salida, establece prioridades equivocadas y se arriesga a un aumento renovado de infecciones.

    Los gobiernos federal y de los Estados decidieron el pasado miércoles 15 de abril relajar las restricciones relacionadas con la crisis del coronavirus en Alemania. El gobierno dice que pretende dar prioridad a la salud de la población. Sin embargo, las medidas sanitarias y sociales en el texto que presentó el ejecutivo no reflejan la gravedad de la situación.

    Alemania carece de los materiales más básicos para permitir la protección esencial de la salud de la población y especialmente de los grupos de riesgo, como los trabajadores del sector sanitario. Faltan millones de máscaras de FFP y ropa protectora, toneladas de desinfectantes, millones de kits de prueba y reactivos, para permitir pruebas masivas de COVID-19, respiradores y dotación financiera del sistema de salud.

    Las medidas sociales del gobierno también son insuficientes. Ayudan a las corporaciones más que a los empleados.

    Los préstamos ilimitados se ponen a disposición de las corporaciones y se les perdonaran los aportes patronales a la seguridad social.

    Sin embargo, no existe un fondo de rescate social real para las personas. Millones de personas sin trabajar no pueden vivir con el pequeño subsidio que reciben, que debería incrementarse de inmediato al menos en un 90 por ciento. Del mismo modo, no hay una asignación por el riesgo que corren, ni más dotación de personal en los sectores que realizan actividades esenciales. Y mientras las escuelas o guarderías estén cerradas, los padres que cuidan a sus hijos necesitan recibir una remuneración.

    Es demasiado pronto para levantar las medidas

    El Gobierno Federal no está abordando estos gigantescos probemas, o los está abordando de manera completamente inadecuada: la situación epidemiológica en Alemania sigue siendo extremadamente peligrosa. El crecimiento exponencial del virus parece haberse detenido por el momento, pero el número de casos continúa aumentando. No se puede decir todavía que se haya frenado al coronavirus.

    Críticas de las instituciones científicas

    El Instituto Robert Koch también clasifica actualmente el riesgo para la salud de la población en Alemania, como alto e incluso muy alto para los grupos de riesgo. (N.de la E.: el Instituto Robert Koch es un departamento del gobierno alemán que depende del Ministerio Federal de Salud; y es responsable del control y prevención de enfermedades). Los científicos del Centro Helmholtz para la Investigación de Infecciones (HZI) también piensan que : «Es demasiado pronto para aflojar las restricciones». Escriben: «Cuanto más estrictas son las medidas, más rápido se alcanza el objetivo». Con su «estrategia de salida», el gobierno alemán está arriesgando que se desarrollo una segunda ola de contagio y miles de muertes.

    El desequilibrio comienza con el establecimiento de prioridades: es incorrecto iniciar una estrategia de salida ahora, porque faltan los requisitos médicos y sociales para esto. El hecho de que el Gobierno Federal ahora esté planeando reabrir las escuelas es tan contraproducente como permitir operaciones comerciales en el comercio minorista. Según la Oficina Federal de Estadística, hay alrededor de 8.3 millones de escolares en escuelas de educación general y 2.4 millones de estudiantes en escuelas de formación profesional, afectados por el cierre de escuelas debido a la pandemia. El Instituto Robert Koch realizó recientemente un estudio que demuestra que cierre de escuelas y comercio es una medida efectiva contra la propagación del virus. Ahora, esas medidas se relajarán.

    El Sindicato de Educación advierte sobre la reapertura prematura de escuelas

    Las escuelas actualmente no están preparadas para operar en las condiciones que exigen el brote de coronavirus. No es posible trabajar a distancia con los niños en guarderías, escuelas primarias y escuelas de niños con necesidades especiales. Por lo tanto, el Sindicato de los educadores exige que las escuelas sólo se abran si se garantizan estándares mínimos de salud. Estos incluyen: jabón líquido, agua caliente, toallas y desinfectantes desechables, así como ropa protectora como máscaras respiratorias de alta calidad, consejos y precauciones para los empleados, así como limpieza básica regular y desinfección de los baños. «Si no se pueden garantizar estos estándares, no se deben abrir las escuelas», enfatizó la presidenta del Sindicato, Marlis Tepe.

    Al mismo tiempo, es cierto que muchas familias, especialmente aquellas con bajos ingresos familiares, sufren el cierre de escuelas y guarderías. No debe quedarse solas con la doble carga del trabajo y el cuidado de los niños. Deben ampliarse rápidamente, la atención a las emergencias sociales, los centros de asesoramiento, y el apoyo del gobierno teniendo en cuenta la protección contra el contagio de todo el personal que desempeñe estas funciones. Las pérdidas potenciales de ingresos deben compensarse con garantías salariales del gobierno.

    Intereses económicos contra la potección de la salud

    La población debe estar protegida de los trastornos causado por el cierre. Los intereses económicos y la protección de la salud no deben ser enfrentados entre sí. Pero el gobierno federal obviamente tiene otras prioridades: recientemente, sectores de la economía ejercieron una presión masiva para poner fin al bloqueo parcial.

    Contrariamente a las advertencias del Centro Helmholtz para la Investigación de Infecciones (un centro público de investigación de infecciones y forma parte de la organización científica más grande de Alemania), el gobierno federal ahora ha cedido a la presión.

    La frase de Angela Merkel en la conferencia de prensa fue significativa: «No detuvimos la actividad económica, sólo se detuvo donde había circulación de público». El gobierno continúa en esta línea. El texto final dice: «Incluso en la pandemia, queremos que el trabajo sea lo más seguro posible en la industria y las empresas medianas».

    El Gobierno Federal actúa de manera muy contradictoria porque de alguna manera quiere conciliar los intereses de la industria con la protección de la salud de la población. Sin embargo, esto no funciona, como lo revelan las decisiones.

    La lucha contra una pandemia será despojada de su efectividad si sigue la lógica del capital. Las medidas importantes, antes de que finalice gradualmente el cierre, deberían ser aumentar enormemente la capacidad de hacer pruebas de COVID-19, aumentar considerablemente las dotaciones de personals sanitario y minimizar realmente las cadenas de contagio en las empresas.

    Esta es la única manera de controlar la pandemia, a) que puedan detectarse a todos los infectados con COVID-19; b) los contactos de un infectado puedan ser rastreados y atendidos médicamente y c) que no surjan nuevas fuentes de infección. Si bien estas medidas casi no se explicaron en la conferencia de prensa, hay más detalles en el texto de la decisión, pero ellos no arrojan ninguna buena luz sobre la estrategia del Gobierno Federal ante la crisis del coronavirus.

    Muy poca capacidad de hacer pruebas de COVID-19

    Hablando de la capacidad de hacer pruebas: el gobierno afirma que los laboratorios en Alemania pueden realizar alrededor de 650.000 pruebas COVID-19 por semana. Además del hecho de que los informes del Instituto Robert Koch hasta ahora sólo han establecido que Alemania tiene una capacidad de prueba de 390.000 tests por semana, la cifra de 650.000 que dice el gobierno que puede hacer, aun es demasiado pequeña (N.de la E. Alemania tiene una población de más de 83 millones).

    La Asociación de Ciudades y Municipios ha exigido que las pruebas aumenten de 60.000 a 500.000 diarias para fines de mayo. Eso sería 3.5 millones de pruebas realizadas en una semana. Un aumento del 438 por ciento. Pero este número sigue siendo demasiado bajo cuando hay que realizar pruebas en masa. El epidemiólogo Tim Colbourn, del Instituto de Salud Global de UCL en Gran Bretaña, presenta cifras completamente diferentes en su cálculo de las capacidades necesarias para hacer pruebas suficientes . Pide «capacidad de laboratorio y los reactivos necesarios para realizar 10 millones de pruebas de PCR por día (se tardaría una semana para 68 millones de británicos)». Para Alemania, el número requerido para las pruebas masivas sería, por lo tanto, de alrededor de 12 millones de pruebas por día.

    En el texto de decisión del Gobierno Federal, esencialmente sólo hay vaguedades. No hay un objetivo específico ni una fecha concreta para el aumento de la capacidad de hacer pruebas de COVID-19, ni en qué cantidad.

    Por el momento, la capacidad de hacer pruebas ni siquiera es lo suficientemente cercana como para evaluar por lo menos a los grupos de riesgo, por ejemplo, los trabajadores sanitarios. En 2018, alrededor de 5,68 millones de personas trabajaban en el sistema de salud alemán. Si el gobierno federal hiciera pruebas periódicas a estas personas para detectar COVID-19, con las capacidades disponibles sólo alcanzarían a evaluar al 7% de los empleados cada semana.

    Un callejón sin salida epidemiológico

    Incluso ahora, sólo las personas que muestran síntomas están siendo evaluadas. Todos los demás son rechazados. Tampoco es seguro cómo se aumentará la capacidad de hacer pruebas.

    Los laboratorios carecen de material: desde los kits para tomar las muestras (tubos y torundas) hasta los reactivos que se requieren para las pruebas.

    El presidente de la Asociación Profesional de Médicos de laboratorios alemanes (BDL) Andreas Bobrowski llega a la conclusión, el 31 de marzo de 2020, que : «Las pruebas deseables a nivel de todo el pais, son actualmente ilusorias».

    El gobierno federal conoce el problema, pero obviamente no quiere hacerlo público.

    La resolución establece, pero sin compromiso, que: «El gobierno federal asegura capacidades de prueba adicionales para Alemania mediante la compra de equipos de prueba, en la medida de lo posible en la situación actual del mercado mundial, asegurando kits, reactivos y consumibles individuales a través de contratos tripartitos con la participación del gobierno federal como garantía de aceptación». Es una declaración más que pobre. Aparentemente, el gobierno federal no está dispuesto a hacer todo lo necesario para llevar a cabo pruebas masivas de COVID-19. Esto es estar en un punto muerto epidemiológicamente y es un escándalo en términos de política de salud.

    Departamentos de salud desmantelados

    Departamentos de salud, esa es la palabras clave: en las últimas décadas, los departamentos de salud responsables de la protección contra infecciones se han desmantelado. Desde 1995, el número de médicos en los departamentos de salud pública ha disminuido en un 33 %. Se ignoraron las advertencias de los trabajadores de que la agencia ya no podía garantizar la protección contra la infección debido a la falta de personal.

    El Gobierno Federal ahora promete dotaciones de personal adicionales considerables, en los servicios locales de salud pública. El texto de la decisión habla de al menos un equipo de 5 personas por cada 20.000 habitantes. Eso equivaldría a 20.000 empleos adicionales en Alemania. Pero eso también es muy poco. El epidemiólogo Tim Colbourn dice que debe haber una persona responsable por cada 1.000 habitantes. Eso, en Alemania significaría 8.000 empleos adicionales. Coulbourn escribe: «Estas personas podrían ser desempleados, incluidos aquellos cuyos empleos están suspendidos por el bloqueo, como la industria de viajes, entretenimiento o deportes. No se requiere experiencia previa en salud pública o habilidades que vayan más allá de un nivel mínimo de educación y conocimiento del medio ambiente local, siempre que hayan residido en el área durante al menos un año «.

    El Gobierno Federal ahora quiere usar la Bundeswehr (el Ejército Federal) para esto. Este despliegue de la Bundeswehr en el interior debe ser rechazado. El presupuesto militar ha estado creciendo desproporcionadamente durante una década, en los últimos cinco años en más de diez mil millones de euros. Este dinero falta en otros lugares, por ejemplo en salud o en protección civil. Si bien la Bundeswehr se nombra específicamente, la resolución también carece de un acuerdo concreto sobre cuándo y cuántas personas deben ser empleadas por las autoridades sanitarias. Eso es irresponsable y negligente.

    Protección de la salud de los trabajadores

    Cadenas de contagios es la palabra clave en las empresas: el cierre iniciado por el Gobierno Federal no respondió a la protección de la salud pública desde el principio y se vio afectado por las necesidades de los capitalistas. Como resultado, no todas las cadenas de contagio están rotas, especialmente en las fábricas. Esto lleva a situaciones grotescas: está prohibido encontrarse con amigos, ni siquiera usando máscaras de protecció respiratoria y guardando la distancia de seguridad. Sin embargo, si su jefe decide que debe continuar yendo a la fábrica o la oficina, se le permite usar el transporte público sin máscara protectora y sin poder guardar la distancia de seguridad. Después de producir las ganacias para el capitalista, la gente debe guardar la «distancia social» y permanecer en su casa.

    El Gobierno Federal sigue comprometido con esta línea de lealtad. La resolución apenas menciona ningún punto específico sobre el tema de la protección de la salud de los empleados. Apenas dice vagamente: «Los empleadores tienen una responsabilidad especial con sus empleados para protegerlos de las infecciones. Las cadenas de infección que surgen en la empresa pueden identificarse rápidamente. Es por eso que todas las empresas en Alemania deben implementar un concepto de higiene basado en una evaluación de riesgos adaptada y una planificación de pandemia de la empresa».

    Horror de la ausencia de ganancias

    ¿Cómo deben identificarse rápidamente las cadenas de infección que surgen en la empresa si la capacidad de hacer pruebas es tan baja? ¡Es una tontería!

    Si bien existe un catálogo de multas por violaciones de las medidas de seguridad y bloqueo para los ciudadanos particulares, los empresarios no están obligados a implementar realmente un sistema de protección para los trabajadores.

    Con la apertura prevista de las tiendas y el mantenimiento de la producción, incluso en áreas económicas no sistémicamente importantes, las asociaciones empresariales han pasado por delante. El requisito más importante de la industria automotriz fue: «¡Abrir nuevamente los concesionarios de automóviles!».

    Una cita del célebre hombre de las barbas largas es adecuada para describir ésto: «El capital está horrorizado por la ausencia de ganancias o ganancias muy pequeñas, (…) y no hay delito que no arriesgue, incluso el riesgo de horca «.

    Un trabajador tendría que trabajar 157 años para lograr el ingreso anual promedio de un CEO de las 30 principales empresas alemanas. En Alemania, las 40 personas más ricas tienen la misma riqueza que la mitad pobre de la población. El 1 por ciento arriesga la salud de todos por sus ganancias. Encuentran a sus defensores en los medios, algunas instituciones científicas y, por supuesto, también en el gobierno federal. ¡Este es el control de la pandemia al modo neoliberal!

     
  • mesmontse 9:20 am el 12 April, 2020 Enlace permanente | Responder
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    COVID-19: Cuando el agronegocio mata 

    Agronegocio capitalista y Covid-19: una combinación mortal

    El biólogo evolutivo Rob Wallace explica los estrechos vínculos entre los nuevos virus, la producción industrial de alimentos y la rentabilidad de las corporaciones multinacionales. El nuevo coronavirus mantiene al mundo en estado de shock. Pero en lugar de combatir las causas estructurales de la pandemia, los gobiernos sólo se están centrando en medidas de emergencia. La revista socialista alemana Marx21 habló con Rob Wallace, autor de Big Farms Make Big Flu (Monthly Review Press, 2016) sobre los peligros del Covid-19, la responsabilidad de los agronegocios y las soluciones sostenibles para combatir las enfermedades infecciosas.

    MARX21

    Marx21: ¿Es peligroso el nuevo coronavirus?

    Rob Wallace: Depende de dónde usted se encuentre en el momento del brote local de Covid-19: en un momento temprano, al nivel máximo o tarde. Depende de lo buena que sea la respuesta de salud pública de su país. Depende de su edad, de si está inmunológicamente debilitado, de su estado de salud subyacente , de su inmunogenética, de si la genética subyacente a su respuesta inmune se alinea con el virus o no…

    ¿Todo este alboroto sobre el virus son sólo tácticas de miedo?

    R.W.: No, ciertamente no. A nivel de la población, el Covid-19 registraba una tasa de letalidad (CFR) de entre 2 y 4% al comienzo del brote en Wuhan. Fuera de Wuhan, el CFR parece caer más o menos al 1% e incluso menos, pero también parece aumentar en puntos aquí y allá, en lugares de Italia y los Estados Unidos (N.de la E. en España es del 10%). Su rango no parece mucho en comparación con, por ejempo el 10% del SARS, el 5-20% de la gripe de 1918; el 60% de la gripe aviar H5N1, o en algunos puntos con el 90% del Ébola. Pero ciertamente supera el CFR del 0.1% de la gripe.

    Sin embargo, el peligro no es sólo una cuestión de la tasa de mortalidad. Tenemos que lidiar con lo que se llama penetrancia o tasa de ataque comunitario: cuánto de la población mundial es penetrada por el brote.

    ¿Puede exlicar eso?

    R.W.:La red global de viajes está en conectividad récord. Sin vacunas o antivirales específicos para los coronavirus, ni en este momento inmunidad de grupo para al virus, incluso una cepa con sólo el 1% de mortalidad puede presentar un peligro considerable. Con un período de incubación de hasta dos semanas y una evidencia creciente de que hay alguna transmisión antes de la enfermedad, antes de saber que las personas están infectadas, es probable que pocos lugares queden libres de infección.

    Si, por ejemplo, el Covid-19 registra un 1% de fatalidad en el curso de infectar a cuatro mil millones de personas, eso significa 40 millones de muertos. Una pequeña proporción de un gran número aún puede ser un gran número.

    Estos son números aterradores para un patógeno aparentemente poco virulento …

    R.W.: Absolutamente y sólo estamos al comienzo del brote. Es importante comprender que muchas infecciones nuevas cambian en el transcurso de las epidemias. La infectividad, la virulencia o ambas pueden atenuarse, o en otros brotes aumenta la virulencia.

    La primera ola de la pandemia de gripe en la primavera de 1918 fue una infección relativamente leve. Fueron la segunda y tercera olas ese invierno y hasta 1919, las que mataron a millones.

    Es engañoso comparar la gripe estacional con el COVID -19

    Pero los escépticos argumentan que muchos menos pacientes han sido infectados y asesinados por el coronavirus que por la gripe estacional típica. ¿Qué piensa sobre eso?

    R.W.:Sería el primero en celebrar si este brote demuestra ser un fracaso. Pero estos esfuerzos para descartar al Covid-19 como un posible peligro al citar otras enfermedades mortales, especialmente la gripe, es un dispositivo retórico para disminuir la preocupación.

    Entonces,¿la comparación con la gripe estacional es una equivocación?

    R.W.:Tiene poco sentido comparar dos patógenos en diferentes partes de sus epicurvas. Sí, la gripe estacional infecta a muchos millones en todo el mundo, matando, según estimaciones de la OMS, hasta 650.000 personas al año. El Covid-19, sin embargo, sólo está comenzando su viaje epidemiológico. Y a diferencia de la gripe, no tenemos vacuna ni inmunidad colectiva para frenar la infección y proteger a las poblaciones más vulnerables.

    Incluso si la comparación es engañosa, ambas enfermedades se deben a virus, incluso a un grupo específico, los virus de ARN. Ambos pueden causar enfermedad. Ambos afectan el área de la boca y la garganta y, a veces, también los pulmones. Ambos son bastante contagiosos.

    R.W.:Esas son similitudes superficiales que dejan de lado una parte fundamental en la comparación de dos patógenos. Sabemos mucho sobre la dinámica de la gripe, pero sabemos muy poco acerca del Covid-19. Hay muchas incógnitas. De hecho, hay mucho sobre el Covid-19 que no se puede conocer hasta que el brote se desarrolle por completo. Al mismo tiempo, es importante comprender que no se trata de Covid-19 versus gripe. Una cosa es el Covid-19 y otra la gripe. La aparición de múltiples infecciones capaces de convertirse en una pandemia, atacando a las poblaciones en combos, debe ser la preocupación principal y central.

    Las andanzas del capital convierten a patógenos marginales en celebridades globales, unos tras otro

    Ha estado investigando epidemias y sus causas durante varios años. En su libro Big Farms Make Big Flu, intenta establecer la conexiones entre las prácticas agrícolas industriales y la epidemiología viral. ¿Cuál es su idea?

    R.W.:El verdadero peligro de cada nuevo brote es el fracaso, o mejor dicho, el rechazo oportuno de comprender que cada nuevo «Covid-19» no es un incidente aislado. El aumento de la aparición de virus está estrechamente relacionado con la producción de alimentos y la rentabilidad de las corporaciones multinacionales. Cualquiera que pretenda comprender por qué los virus se están volviendo más peligrosos debe investigar el modelo industrial de la agricultura y, más específicamente, la producción ganadera. En la actualidad, pocos gobiernos y pocos científicos están preparados para hacerlo, sino todo lo contrario.

    Cuando surgen los nuevos brotes, los gobiernos, los medios de comunicación e incluso la mayoría de las instituciones sanitarias están tan concentrados en cada emergencia concreta, que descartan las causas estructurales que están conduciendo a múltiples patógenos marginados a convertise en una celebridad global repentina, uno tras otro.

    ¿Quién es el responsable?

    R.W.: Dije agricultura industrial, pero va más lejos. El capital está encabezando la apropiación de tierras en los últimos bosques primarios y tierras de cultivo de pequeños propietarios en todo el mundo. Estas inversiones impulsan la deforestación y el desarrollo que conduce a la aparición de enfermedades. La diversidad funcional y la complejidad que representan estas enormes extensiones de tierra se están racionalizando de tal manera que los patógenos previamente encerrados se están extendiendo a las comunidades locales de ganado y humanos. En resumen, los centros del capital, lugares como Londres, Nueva York y Hong Kong, deben considerarse los principales puntos responsables de enfermedad.

    ¿De qué enfermedades estamos hablando?

    R.W.: No hay patógenos libres de las andanzas del capital en este momento. Incluso los más remotos se ven afectados distalmente. El ébola, el zika, los coronavirus, la fiebre amarilla emergiendo nuevamente, una variedad de gripes aviarias y la peste porcina africana en los cerdos, se encuentran entre los muchos patógenos que salen de las zonas más remotas del interior hacia los lazos periurbanos, las capitales regionales y, finalmente, hacia la red global de comunicaciones. Desde los murciélagos de la fruta en el Congo hasta matar a los bañistas de Miami, les lleva unas pocas semanas.

    ¿Cuál es el papel de las empresas multinacionales en este proceso?

    R.W.: El planeta Tierra es en gran parte Planet Farm (Granja planetaria) en este punto, tanto en biomasa como en tierra utilizada. El agronegocio tiene como objetivo dominar el mercado de alimentos. La casi totalidad del proyecto neoliberal se organiza en torno a los esfuerzos de apoyo de las empresas con sede en los países industrializados más avanzados para robar la tierra y los recursos de los países más débiles. Como resultado, muchos de esos nuevos patógenos previamente controlados por ecologías forestales de larga evolución están siendo liberados, amenazando al mundo entero.

    ¿Qué efectos tienen los métodos de producción de los agronegocios en esto?

    R.W.:La agricultura dirigida por el capital que reemplaza las ecologías más naturales, ofrece los medios exactos por los cuales los patógenos pueden desarrollar los fenotipos más virulentos e infecciosos. No se podría diseñar un mejor sistema para engendrar enfermedades mortales.

    ¿Cómo es eso?

    RW.: La cría de animales domésticos idénticos genéticamente elimina cualquier cortafuego inmune que pueda estar disponible para ralentizar la transmisión. Los tamaños y densidades de población más grandes facilitan mayores tasas de transmisión. Las condiciones de hacinamiento deprimen la respuesta inmune. El alto rendimiento proporciona un suministro continuo de ejemplares susceptibles de ser infectados, lo cual es el combustible para la evolución de la virulencia del patógeno.

    En otras palabras, el agronegocio está tan enfocado en las ganancias que el hecho de que a la vez estén contribuyendo a la selección de un virus que podría matar a mil millones de personas, se considera un riesgo digno de correr.

    ¿¡Qué!?

    R.W.:Estas compañías pueden externalizar los costos de sus operaciones epidemiológicamente peligrosas hacia todos los demás: desde los propios animales hasta los consumidores, los trabajadores agrícolas, los entornos locales y los gobiernos de todos los niveles.

    Los daños son tan extensos que si devolviéramos esos costos a los balances de la compañía, los agronegocios, tal como los conocemos, terminarían para siempre. Ninguna compañía podría soportar los costos del daño que impone.

    En muchos medios se afirma que el punto de partida del coronavirus fue un «mercado de alimentos exóticos» en Wuhan. ¿Es verdadera esa afirmación?

    R.W.: Sí y no. Hay pistas a favor de esa idea en cuanto a la localización. El seguimiento de contactos de infecciones vinculadas se remonta al mercado mayorista de alimentos marinos de Hunan en Wuhan, donde se vendieron animales salvajes. El muestreo ambiental parece señalar el extremo oeste del mercado donde se tenían animales salvajes. Pero, ¿cuan atrás en el tiempo y con qué amplitud debemos investigar? ¿Cuándo exactamente comenzó realmente la emergencia? El enfoque en el mercado de Wuhan pierde de vista el estudio de los orígenes en la agricultura silvestre en el interior y su creciente capitalización. A nivel mundial, y en China, los alimentos silvestres se están formalizando como sector económico. Pero su relación con la agricultura industrial se extiende más allá de simplemente compartir las mismas bolsas de dinero. A medida que la producción industrial (cerdo, aves de corral y similares) se expande en el bosque primario, ejerce presión sobre los operadores de alimentos silvestres que deben internarse más en el bosque que era el recurso para las poblaciones locales, lo que aumenta la interfaz y la propagación de nuevos patógenos, incluido el Covid-19 .

    Covid-19 no es el primer virus en desarrollarse en China.

    R.W.:Sí, pero esto no es exclusivo de China. Estados Unidos y Europa también han sido el punto cero de nuevas gripes, recientemente, la H5N2 y la H5Nx, y sus multinacionales y representantes neocoloniales impulsaron la aparición del ébola en África occidental y el zika en Brasil. Los funcionarios de salud pública de EEUU protegieron los agronegocios durante los brotes de H1N1 (2009) y H5N2.

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado ahora una «emergencia sanitaria de interés internacional». ¿Es correcto este paso?

    R.W.:Si. El peligro de tal patógeno es que las autoridades sanitarias no tienen un control sobre la distribución estadística del riesgo. No tenemos idea de cómo puede responder el patógeno. Pasamos de un brote en un mercado a infecciones esparcidos por todo el mundo en cuestión de semanas. El patógeno podría quemarse. Eso sería genial. Pero no lo sabemos. Una mejor preparación mejoraría las probabilidades de socavar la velocidad de circulación del patógeno.

    La declaración de la OMS también es parte de lo que yo llamo escenario pandémico. Las organizaciones internacionales han muerto por inacción, y me viene el recuerdo de la Liga de las Naciones (N. de la E. la Liga o Sociedad de las Naciones se creó después de la primera guerra mundial con la idea de mantener la paz mundial, y en 1929 ya había fracasado). Si bien, los grupos de organizaciones de la ONU siempre están preocupados por su relevancia, poder y financiación; su acción también puede converger en la preparación y prevención real que el mundo necesita para interrumpir la cadenas de transmisión del Covid-19.

    La reestructuración neoliberal del sistema de atención médica ha empeorado tanto la investigación como la atención general de los pacientes, por ejemplo en los hospitales. ¿Qué diferencia marcaría un sistema de salud mejor financiado en el combate con el virus?

    R.W.:Existe la terrible pero reveladora historia del empleado de la compañía de dispositivos médicos de Miami que, al regresar de China con síntomas similares a la gripe, hizo lo correcto por su familia y comunidad y exigió que un hospital local lo examinara para el Covid-19. Le preocupaba que su seguro mínimo del Obamacare no cubriera las pruebas. Acertó: le enviaron una factura de 3270 dólares.

    Los estadounidenses deberían exigir que durante la declaración de una emergencia en un brote de pandemia, el gobierno federal pague todas las facturas médicas pendientes relacionadas con la prueba de infección y el tratamiento después de una prueba positiva. Debería ser así si lo que se busca es alentar a las personas a buscar ayuda, en lugar de esconderse, e infectar a otros, porque no pueden pagar el tratamiento. La solución obvia es un servicio nacional de salud, con todo el personal y equipo para manejar emergencias en toda la comunidad, de modo que nunca surja un problema tan ridículo como desalentar la cooperación comunitaria.

    Tan pronto como se descubre el virus en un país, los gobiernos de todo el mundo reaccionan con medidas autoritarias y punitivas, como una cuarentena obligatoria de ciudades y países enteros . ¿Se justifican unas medidas tan drásticas?

    R.W.: El uso de un brote para probar lo último en control de masas, para seguir usándolo después del brote significa que el capitalismo del desastre ha descarrilado definitivamente. Un sentido de solidaridad y respeto común es una parte fundamental para obtener la cooperación que necesitamos para sobrevivir juntos. Las cuarentenas automáticas con el apoyo adecuado –registros de brigadas de vecindarios capacitados, camiones de suministro de alimentos que van de puerta en puerta, permiso de trabajo y seguro de desempleo– pueden generar la cooperación necesaria, el sentido de que todos estamos juntos en esto.

    Como sabrá, en Alemania con la AfD tenemos un partido nazi de facto con 94 escaños en el parlamento. La ultraderecha nazi y otros grupos en asociación con políticos de la AfD usan la crisis del coronavirus para la agitación. Difunden falsos informes sobre el virus y exigen más medidas autoritarias del gobierno: restringir la entrada para los migrantes, cierre de fronteras y la cuarentena forzada …

    R.W.: Las prohibiciones de viaje y el cierre de fronteras son demandas con las que la derecha radical quiere racializar lo que ahora son enfermedades globales. Esto no tiene sentido. En este punto, dado que el virus ya está en vías de propagarse por todas partes, lo más sensato es trabajar para desarrollar una salud pública, donde no importa quién se presente con una infección, porque tenemos los medios para tratarlos y curarlos.

    Y por supuesto, dejar de robar la tierra de las personas en el extranjero y de empujarlos al éxodo en primer lugar, y así podemos evitar que los patógenos emerjan en todas partes.

    La agroindustria debe terminar para siempre porque es una cuestión de salud pública

    ¿Cuáles serían los cambios sostenibles?

    R.W.:Para reducir la aparición de nuevos brotes de virus, la producción de alimentos tiene que cambiar radicalmente. La autonomía de los agricultores y un sector público fuerte pueden frenar los cambios ambientales y las infecciones descontroladas. Hay que Introducir variedades de ganado y cultivos; hacer una reestructuración estratégica, tanto a nivel de granja como regional. Hay que permitir que los animales destinados a la alimentación se reproduzcan en el sitio donde se crían para transmitir la inmunidad que han adquirido en su entorno. La producción debe tener la circulación estrictamente necesaria. Se deben subsidiar los programas de consumo que apoyen la producción agroecológica. Hay que defender estos emprendimientos tanto de los embates de la economía neoliberal contra individuos y comunidades, como de la amenaza de la represión estatal dirigida por el capital.

    ¿Qué deberían pedir los socialistas ante la creciente dinámica de los brotes de enfermedades?

    R.W.:La agroindustria debe terminar para siempre porque es una cuestión de salud pública. La producción de alimentos altamente capitalizada depende de prácticas que ponen en peligro a toda la humanidad, desatando una nueva pandemia mortal.
    Deberíamos exigir que los sistemas alimentarios se socialicen de tal manera que, en primer lugar, se evite la aparición de agentes patógenos tan peligrosos. Eso requerirá reintegrar la producción de alimentos a las necesidades de las comunidades rurales primero. Eso requerirá prácticas agroecológicas que protejan el medio ambiente y a los agricultores a medida que cultivan nuestros alimentos. En general, debemos sanar las fallas metabólicas que separan nuestras ecologías de nuestras economías. En resumen, tenemos un planeta por defender.

     
  • mesmontse 12:24 am el 11 April, 2020 Enlace permanente | Responder
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    COVID-19: La pandemia es la socialización de los daños del modelo de agronegocio 

    La causa de la pandemia de COVID-19 y otros patógenos similares no se encuentra sólo en el agente infeccioso, sino en causas estructurales y en las relaciones ecosistémicas del capital, cuyo análisis se está ocultando a la opinión pública. Las causas estructurales son parte de la emergencia, y ponerlas al descubiertos debería servir para no reinciar la misma economía que produjo el daño. No podemos aspirar simplemente a sobrevivir al brote del COVID-19 en curso, porque dada la amplia colección de patógenos en circulación, que aumenta anualmente, es probable que enfrentemos otra pandemia mortal en cualquier momento.

    El COVID-19 y el circuito del capital

    La OMS declara que el coronavirus se ha convertido en una pandemia ...

    ROB WALLACE-ALEX LIEBMAN-LUIS F. CHÁVEZ-RODRICK WALLACE / MONTHLY REVIEW

    El COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2, un segundo coronavirus que causa síndrome respiratorio agudo severo desde 2002, ahora es oficialmente una pandemia. A fines de marzo, ciudades enteras en todo el mundo están confinadas y, uno por uno, los hospitales se están colapsando por las oleadas de pacientes.

    China, con el brote inicial en descenso, actualmente respira aliviada. Corea del Sur y Singapur también. Europa, especialmente Italia y España -y cada vez más países- ya se doblan bajo el peso de las muertes, aún a comienzo del brote. América Latina y África recién ahora comienzan a acumular casos, y algunos países se preparan mejor que otros.

    En los Estados Unidos el futuro cercano parece sombrío. El brote no alcanzará su punto máximo hasta mayo y los trabajadores de la salud están luchando porque se les proporcionen equipos de protección personal. Las enfermeras, a quienes los Centros para el Control y Protección de Enfermedades (CDC) han hecho la escandalosa recomendación que usen pañuelos y bufandas como máscaras protectoras, ya han declarado que «el sistema está condenado».

    Mientras tanto, la administración de EEUU continúa pagando sobreprecios en el mercado internacional por equipos médicos básicos que se negó a comprar en un primer momento. También ha anunciado un cierre de fronteras como una intervención de salud pública, mientras el virus se desata con furia en el interior del país.

    Un equipo de epidemiología del Imperial College calculó que en el mejor escenario, consiguiendo aplanar la curva de casos, al poner en cuarentena a los detectados y distanciando socialmente a los ancianos, Estados Unidos saldría con 1,1 millones de muertos y con una carga de casos que necesitarían ocho veces las camas de cuidados intensivos que tiene el país. La supresión de la enfermedad, con el objetivo de poner fin al brote, haría necesaria una cuarentena al estilo de China y medidas de distanciamiento social de toda la comunidad, incluido el cierre de instituciones. Estas medidas llevarían a los Estados Unidos a un escenario con alrededor de 200.000 muertes.

    El grupo del Imperial College estima que una campaña exitosa de contención del brote, tendría que desarrollarse durante al menos dieciocho meses, lo que conllevaría una sobrecarga en la contracción económica y la decadencia de los servicios comunitarios. El equipo propuso equilibrar las demandas de control de la enfermedad, con las necesidades de la economía, alternando los períodos de confinamiento, según el nivel de ocupación de las camas en las unidades de cuidados intensivos.

    Otro grupo, liderado por Nassim Taleb, declara que el modelo del Imperial College no incluye el rastreo de contactos y el monitoreo puerta a puerta. Pero omite que el brote ha superado la voluntad de muchos gobiernos de usar ese tipo de cordón sanitario.
    El grupo de Taleb señala la negativa del equipo del Imperial College a investigar bajo qué condiciones el virus puede ser llevado a la extinción. Tal eliminación no significa cero casos, sino suficiente aislamiento para que los casos individuales no produzcan nuevas cadenas de infección.

    En China, sólo el 5 % de los contactos con un caso se infectaron posteriormente. El equipo de Taleb está de acuerdo con el programa de contención del brote en China, que es todo lo suficientemente rápido que se puede ir como para llevar el brote a la extinción, sin entrar en un baile alternando entre el control de la enfermedades y asegurando la economía sin escasez de mano de obra. En otras palabras, el enfoque estricto (e intensivo en recursos) de China libera a su población de tener un confinamiento por meses, o incluso años, que el equipo del Imperial College recomienda a otros países.

    El epidemiólogo matemático Rodrick Wallace -de nuestro equipo- rechaza completamente el modelo estadístico para estudiar el brote. El modelo de emergencias, por necesario que sea, no considera el cuándo y dónde éstas comienzan. Las causas estructurales son parte de la emergencia. Incluirlas nos ayuda a descubrir la mejor manera de responder más allá de simplemente reiniciar la misma economía que produjo el daño.

    «Si los bomberos reciben suficientes recursos -escribe Wallace- en condiciones normales, la mayoría de los incendios, con la mayor frecuencia, pueden ser contenidos con un mínimo de bajas y de destrucción de propiedades. Sin embargo, esa contención depende críticamente de una tarea mucho menos brillante, pero no menos heroica: los esfuerzos regulatorios persistentes y continuos que limitan el peligro del edificio a través del desarrollo y la aplicación de una normativa; y que también aseguran que se suministren recursos de lucha contra el fuego, saneamiento y preservación del edificio a todos los niveles necesarios…

    La pandemia es la socialización de los daños producidos por el agronegocio

    El contexto cuenta para la infección pandémica, y las estructuras políticas actuales que permiten a las empresas agrícolas multinacionales privatizar las ganancias mientras que externalizan y socializan los daños, deben estar sujetas a la aplicación de un código que reinternalice esos costos si quieren evitar una pandemia verdaderamente mortal en el futuro cercano”, dice Rodrick Wallace.

    La incapacidad para prepararse y reaccionar ante el brote no solo comenzó en diciembre, cuando los países de todo el mundo no respondieron cuando el COVID-19 se propagó en Wuhan.

    En los Estados Unidos, por ejemplo, no comenzó cuando Donald Trump desmanteló el equipo de preparación para pandemias de su equipo de seguridad nacional o dejó sin cubrir setecientos puestos de los Centros de Control de Enfermedades.

    Tampoco comenzó cuando las instituciones federales no supieron actuar cuando los resultados de una simulación de pandemia de 2017 mostró que el país no estaba preparado.

    Ni cuando, «EEUU eliminó los puestos de expertos de los CDC que estaban en China meses antes del brote del virus», como se indicó en un titular de Reuters, aunque perder el contacto directo temprano de un experto estadounidense en el terreno en China, ciertamente debilitó la respuesta de los Estados Unidos.

    Tampoco comenzó con la desafortunada decisión de no usar los kits de prueba ya disponibles proporcionados por la Organización Mundial de la Salud. Todos juntos, los retrasos en la información temprana y la falta total de pruebas, serán sin duda responsables de muchas, probablemente miles, de vidas perdidas.

    Los errores se programaron en realidad hace décadas, ya que el bien común compartido de la salud pública, se descuidó, a la vez que se monetizó. Un país atrapado en un sistema orientado hacia una epidemiología individualizada, con apenas suficientes camas de hospital y equipo para funcionar en condiciones normales, por definición, no puede reunir los recursos necesarios para intentar alcanzar la marca de contención del brote lograda en China.

    Siguiendo el punto del equipo de Taleb sobre modelos de estrategias en términos más explícitamente políticos, el ecologista de enfermedades Luis Fernando Chaves – otro coautor de este artículo- hace referencia a los biólogos Richard Levins y Richard Lewontin que dicen que «dejar que los números hablen» sólo enmascara todos los supuestos que han colapsado de antemano.

    Las previsiones del Imperial College responden al orden social dominante

    Los modelos estadísticos como el estudio del Imperial College limitan explícitamente el análisis a preguntas estrechamente adaptadas al orden social dominante. Por su diseño, no aparecen las fuerzas más amplias del mercado que provocan los brotes, y las decisiones políticas que subyacen a las intervenciones.

    Conscientemente o no, las proyecciones resultantes dejan en segundo lugar el objetivo de asegurar la salud para todos, incluidos los miles de personas más vulnerables que morirán si un país alterna entre el control de enfermedades y la economía. La visión foucaultiana (de Michel Foucault) de un Estado que actúa sobre una población en su propio interés sólo representa una actualización, aunque más benigna, del impulso maltusiano de dejar que la comunidad se inmunice sola que propuso el gobierno británico de Boris Johnson y ahora los Países Bajos: dejar que el virus se queme a través de la población sin impedimentos . ​​

    Hay poca evidencia de que la inmunidad colectiva garantizaría detener el brote. El virus puede evolucionar fácilmente desde debajo de la capa inmunitaria de la población.

    ¿Qué se debe hacer?

    • Aumentar el volumen de los test de detección de virus como lo ha hecho Senegal.
    • Socializar la producción de los productos farmacéuticos.
    • Dotar de las máximas protecciones al personal médico para frenar los contagios de los trabajadores sanitarios
    • Asegurar el derecho a reparar los ventiladores mecánicos y otra maquinaria médica
    • Producir masivamente cócteles de antivirales en el país (y cualquier otro medicamento que parezca prometedor) mientras realizamos ensayos clínicos para comprobar si funcionan más allá del laboratorio.
    • Implementar un sistema de planificación para obligar a la industria a producir los ventiladores y equipos de protección personal necesarios que requieren los trabajadores de la salud y priorizar la asignación a las localidades con mayores necesidades.
    • Establecer un amplio equipo para tratar la pandemia, para proporcionar una fuerza de trabajo, desde la investigación hasta la atención, hasta lograr que haya tantas camas en cuidados intensivos como casos; y el personal y el equipo necesarios para cerrar la brecha actual de números.
    • Contratar a suficientes personas para identificar el COVID-19 casa por casa en este momento, equipadas con el equipo de protección necesario.
    • Mientras esto se hace, hay que dejar en suspenso el funcionamiento económico actual organizado en torno a la expropiación a la gente, y poner freno desde los propietarios hasta a las sanciones a otros países, para que las personas puedan sobrevivir tanto a la enfermedad como a su cura.

    En otras palabras, no podemos aceptar la idea de simplemente sobrevivir al bombardeo del COVID-19 en curso, sólo para regresar más tarde al rastreo de contactos y al aislamiento de casos para llevar el brote por debajo de su umbral.

    La estructura económica que originó el virus

    Insistimos en que se debe incorporar el estudio de los orígenes estructurales del virus en la planificación de emergencias porque nos ofrece una clave para avanzar hacia la protección de las personas antes que a las ganancias.

    Uno de los muchos peligros radica en la normalización de «la enfermedad del murciélago» actualmente en curso, una caracterización ocurrente dado el síndrome que sufren los pacientes: mierda de murciélago en los pulmones. Necesitamos no olvidar el impacto que nos produjo la noticia de que otro coronavirus había emergido de sus refugios de vida silvestre y en cuestión de ocho semanas se extendió por toda la humanidad.

    El virus surgió en un extremo de una línea de suministro regional de alimentos exóticos, estableciéndose con éxito fuera, en una cadena de infecciones de humano a humano en el otro extremo en Wuhan, China. A partir de ahí, el brote se difundió localmente y saltó a aviones y trenes, extendiéndose por todo el mundo a través de una red estructurada por conexiones de viaje y por jerarquía de ciudades de más grandes a más pequeñas.

    Además de describir el mercado de alimentos silvestres típico de oriente, se ha dedicado poco esfuerzo a las preguntas más obvias. Mucho más allá de la pesca, la comida silvestre en todo el mundo es un sector cada vez más formalizado, cada vez más capitalizado por las mismas fuentes que respaldan la producción industrial. Aunque no son similares en la magnitud de la producción, la distinción entre ambos sectores ya no está tan clara.

    La geografía económica superpuesta se extiende desde el mercado de Wuhan hasta el interior, donde se cultivan alimentos exóticos y tradicionales mediante operaciones que bordean el límite de un desierto en retirada.

    A medida que la producción industrial invade el último bosque, las operaciones de alimentos silvestres deben reducirse aún más, elevar sus manjares o asaltar los últimos peldaños de la naturaleza . Como resultado, el más exótico de los patógenos, en este caso el SARS-2 alojado en murciélagos, encuentra su camino hacia la especie humana en un camión, ya sea en animales destinados a la alimentación o en la mano de obra que los atiende, y se dispara de un extremo de un circuito periurbano a otro antes de llegar al escenario mundial.

    Algunos patógenos emergen directamente de los centros de producción. Me vienen a la mente las bacterias transmitidas por los alimentos, como Salmonella y Campylobacter. Pero muchos como el COVID-19 se originan en las fronteras de la producción capitalista. De hecho, al menos el 60 % por ciento de los nuevos patógenos humanos emergen al extenderse de los animales salvajes a las comunidades humanas locales (y los más exitosos se extiendan al resto del mundo).

    Estudios financiados por el agronegocio culpan de los brotes a las poblaciones locales

    Una serie de «luminarias» en el campo de la ecosalud, algunas financiadas en parte por Colgate-Palmolive y Johnson & Johnson, compañías que lideran la vanguardia de la deforestación para los agronegocios, produjeron un mapa global basado en brotes anteriores a 1940 que indicaba dónde se encuentran los nuevos patógenos con probabilidad de surgir en el futuro. Cuanto más cálido sea el color en el mapa que elaboraron, más probabilidaes dieron al surgimiento de un nuevo patógeno en ese lugar. Pero al confundir estas geografías absolutas, el mapa del equipo -que situó el rojo vivo en China, India, Indonesia y partes de América Latina y África- se dejó en el tintero un punto crítico: al centrarse en las zonas de brotes ignora las relaciones de los actores económicos mundiales que dan forma a las epidemiologías.

    Los intereses del capital que respaldan los cambios inducidos por el desarrollo y la producción en el uso de la tierra, y la aparición de enfermedades en partes menos desarrolladas del mundo, recompensan a quienes atribuyen la responsabilidad de los brotes a las poblaciones locales y sus supuestas prácticas culturales «antihigiénicas» .

    La preparación de la carne de animales silvestres y los entierros caseros son dos prácticas que estos estudios atribuyen a la aparición de nuevos agentes patógenos.

    Pero si trazamos geografías de relaciones económicas, en cambio, aparecen Nueva York, Londres y Hong Kong, fuentes clave del capital global, como tres de los peores puntos críticos del mundo.

    Mientras tanto, las zonas de epidemias ya no están organizadas bajo las políticas tradicionales. El intercambio ecológico desigual, que redirige los peores daños de la agricultura industrial al Sur Global, se ha movido de las áreas de despojo de los recursos de las comunidades locales llevado a cabo por el imperialismo, hacia nuevos complejos a través de la escala de los productos básicos.

    La agroindustria está reconfigurando sus operaciones extractivistas en redes espacialmente discontinuas a través de territorios de diferentes escalas. Una serie de «repúblicas de la soja» dominadas por multinacionales, por ejemplo, ahora se extienden a través de Bolivia, Paraguay, Argentina y Brasil.

    La nueva geografía se materializa en los cambios en la estructura de gestión de la empresa, la capitalización, la subcontratación, las sustituciones de la cadena de suministro, el arrendamiento y la agrupación de tierras transnacionales.

    Al cruzar las fronteras nacionales, estos «países de productos básicos», integrados de manera flexible a través de ecologías y fronteras políticas, están produciendo nuevas epidemiologías en el camino.

    Mike Davis y otros han identificado cómo los paisajes recientemente urbanizados actúan como mercados locales y centros regionales para los productos agrícolas mundiales que pasan por allí. Algunas de esas regiones incluso se han vuelto «post-agrícolas». Como resultado, la dinámica de las enfermedades y los patógenos silvestres de las fuentes primigenias ya no están limitadas sólo a su zonas de influencia.

    Un coronavirus puede encontrarse repentinamente desparramado sobre los humanos en la gran ciudad a sólo unos días de su cueva de murciélagos.


    La acción humana sobre el ecosistema rompe el control natural de los patógenos

    Los ecosistemas en los que estos virus «salvajes» estaban en parte controlados por las complejidades del bosque tropical están siendo drásticamente destruidos por la deforestación liderada por el capital y, en el otro extremo por el desarrollo periurbano, con déficits en salud pública y saneamiento ambiental.

    A la misma vez que como resultado de ello, muchos patógenos selváticos se están extinguiendo con sus especies hospedadoras, un subconjunto de infecciones que antes se quemaban relativamente rápido en el bosque, aunque sólo sea por una tasa irregular de encontrar sus especies hospederas típicas, ahora se propagan a través de poblaciones humanas susceptibles a la vulnerabilidad. La infección a menudo se ve exacerbada en las ciudades por los programas de recortes en los servicios públicos y la desregulación de normativas. Incluso frente a las vacunas eficaces, los brotes resultantes se caracterizan por una mayor extensión, duración e impulso. Lo que antes eran desbordamientos locales ahora son epidemias que se abren camino a través de las redes mundiales de viajes y comercio.

    Sólo con un cambio en el entorno ambiental los viejos patógenos como el ébola, el zika, la malaria y la fiebre amarilla, que evolucionan relativamente poco, se convirtieron en amenazas regionales, y pasaron de infectar aldeanos remotos de vez en cuando a infectar a miles de personas en las capitales.

    La disminución del mono aullador en Latinoamérica y la fiebre amarilla

    Otro aspecto, es que los animales salvajes, reservorios habituales de enfermedades desde hace mucho tiempo, están sufriendo un retroceso en sus poblaciones que quedan fragmentadas por la deforestación, como la de los monos nativos del Nuevo Mundo. Estos monos son susceptibles a una forma agresiva de fiebre amarilla, a la que habían estado expuestos durante al menos cien años, pero ahora están perdiendo la inmunidad que les es daba el grupo y están muriendo en cientos de miles.

    Por su expansión global, la agricultura comercial sirve como propulsión y nexo a través del cual los patógenos de diversos orígenes migran desde los depósitos más remotos hasta los centros de población más internacionales. Es aquí, y en el camino, donde se infiltran nuevos patógenos.

    Cuanto más largas son las cadenas de suministro asociadas y mayor es el grado de deforestación adjunta, más diversos (y exóticos) son los patógenos zoonóticos que ingresan a la cadena alimentaria.

    Entre los recientes patógenos emergentes y reemergentes de origen agrícola y alimentario, que se originan a través del dominio antropogénico (es decir, a causa de la actividad humana), se encuentran la peste porcina africana, Campylobacter, Cryptosporidium, Cyclospora, Ebola Reston, E. coli O157: H7, fiebre aftosa, hepatitis E, Listeria, Virus Nipah, fiebre Q, Salmonella, Vibrio, Yersinia y una variedad de variantes nuevas de la gripe, incluyendo H1N1 (2009), H1N2v, H3N2v, H5N1, H5N2, H5Nx, H6N1, H7N1, H7N3, H7N7, H7N9 y H9N.4.

    El modelo de agronegocio: un paraíso evolutivo para los patógenos

    La totalidad de la línea de producción está organizada en torno a prácticas que aceleran la evolución de la virulencia de los patógenos y la transmisión posterior. Los monocultivos genéticos en crecimiento (animales destinados a la alimentación y plantas con genomas casi idénticos) eliminan los cortafuegos inmunes que en poblaciones más diversas ralentizan la transmisión. Los patógenos ahora pueden evolucionar rápidamente en torno a los genotipos inmunitarios comunes del huésped.

    Mientras tanto, las condiciones de hacinamiento de los animales deprimen la respuesta inmune. El mayor tamaño de la población de animales de granja y las densidades de las granjas industriales facilitan una mayor transmisión e infección recurrente.

    El alto rendimiento, objetivo de cualquier producción industrial, proporciona un suministro de ejemplares continuamente renovado en el establo, la granja, y a niveles regionales, eliminando el límite en la evolución de la mortalidad por patógenos. Al alojar a muchos animales juntos, se fortalece a las cepas que pueden infectarlos mejor.

    La disminución de la edad de sacrificio, a seis semanas en los pollos, es probable que tenga el efecto de seleccionar patógenos capaces de sobrevivir en sistemas inmunes más robustos. El alargamiento de la extensión geográfica del comercio y exportación de animales vivos ha aumentado la diversidad de los segmentos genómicos que intercambian sus patógenos asociados, aumentando la velocidad a la que los agentes patógenos exploran sus posibilidades evolutivas.

    Aunque la evolución de los patógenos se dispara en todas estas formas, sin embargo, hay poca o ninguna intervención, salvo alguna demanda puntual por la emergencia repentina de un brote. La tendencia es hacer menos inspecciones gubernamentales de granjas y plantas procesadoras, legislación contra la vigilancia gubernamental y contra las denuncias de activistas. Hay legislación incluso contra informar en los medios de comunicación sobre los detalles de brotes mortales. A pesar de las recientes victorias judiciales contra la contaminación por pesticidas (sentencias contra Monsanto-Bayer en EEUU por el glifosato), el estamento privado de producción sigue centrado exclusivamente en las ganancias.

    Los daños causados ​​por los brotes resultantes se externalizan al ganado, los cultivos, la vida silvestre, los trabajadores, los gobiernos locales y nacionales, los sistemas de salud pública y los agrosistemas alternativos en el extranjero. En los Estados Unidos, los CDC informan que los brotes transmitidos por alimentos se están expandiendo en número de Estados afectados e infectados.

    Es decir, la alienación del capital se traduce a favor de los patógenos. El interés público se queda en la puerta de la granja y la fábrica de alimentos, y los agentes patógenos saltan la poca bioseguridad que la industria está dispuesta a pagar. La producción diaria representa un riesgo moral lucrativo al devorar nuestro bien común de salud compartida.


    La pandemia, una enfermedad neoliberal

    Señalar con el dedo nacionalista, desde el racista «virus de China» de Trump y todo el continuo liberal, oculta el entramado del Estado y el capital. La teoría general de la aparición de enfermedades neoliberales, que también incluye a China, combina los siguientes elementos:

    1. circuitos globales de capital;
    2. despliegue de dicho capital destruyendo la complejidad ambiental regional que mantiene bajo control el crecimiento virulento de la población de patógenos;
    3. aumentos en las tasas y la amplitud taxonómica de los eventos de contagio;
    4. los circuitos periurbanos de productos básicos en expansión que envían estos nuevos agentes patógenos en el ganado y la mano de obra desde el interior más profundo a las ciudades regionales;
    5. las crecientes redes mundiales de viajes (y comercio de ganado) que entregan los patógenos de dichas ciudades al resto del mundo en un tiempo récord;
    6. las formas en que estas redes reducen la fricción de transmisión, seleccionando la evolución de una mayor mortalidad de patógenos tanto en ganado como en personas;
    7. la escasez de reproducción en el propio sitio del ganado industrial, eliminando la selección natural que proporciona protección contra enfermedades en tiempo real (y casi gratis).

    La premisa operativa subyacente es que la causa del COVID-19 y otros patógenos similares no se encuentra sólo en el agente infeccioso o su curso clínico, sino también en el campo de las relaciones ecosistémicas que el capital y otras causas estructurales han ocultado para su propio beneficio. La amplia variedad de agentes patógenos, que representan diferentes grupos; diversas fuentes de organismos hospedadores; modos de transmisión; cursos clínicos y resultados epidemiológicos; y todas las características que aparecen en cada brote; están marcando diferentes partes y caminos de los circuitos de uso del suelo y de acumulación de valor.


    Los agronegocios están en guerra con la salud pública


    Un programa general de intervención se debe ejecutar mucho más allá de un virus en particular. Para evitar los peores resultados de aquí en adelante, es necesaria una gran transición humana: abandonar la mentalidad de colonizar tierras, reintroducir a la humanidad en los ciclos de regeneración de la Tierra y redescubrir nuestro sentido como individuos mas allá del capital y el sistema.

    Sin embargo, el economicismo, es decir, la creencia de que todas las causas son sólo económicas, no será suficiente para liberarnos de este estado de cosas. El capitalismo global es una hidra de muchas cabezas, que se apropia, internaliza y ordena múltiples capas de las relaciones sociales. El capitalismo opera a través de terrenos complejos e interconectados de raza, clase y género, uniformando los sistemas de valores regionales de un lugar a otro.

    Liberarnos, implica desmantelar estas múltiples jerarquías de opresión y las formas específicas de cada lugar en las que interactúan con la acumulación. De este modo, debemos salir de las reapropiaciones expansivas del capital a través de materialismos productivos, sociales y simbólicos. El capitalismo lo comercializa todo: exploración de Marte, despertarse en un lado y dormir en otro, las lagunas de litio, la reparación de los respiradores, incluso la sostenibilidad misma, y ​​así sucesivamente, estos intercambios se encuentran mucho más allá de la fábrica y la granja.

    En resumen, una intervención exitosa que evite que cualquiera de los muchos patógenos en cola en el circuito agroeconómico mate a mil millones de personas pasa por un choque global con el capital y sus representantes locales. Los agronegocios están en guerra con la salud pública, y la salud pública está perdiendo.

    Sin embargo, si la humanidad ganara un conflicto generacional de este tipo, podemos volver a conectarnos a un metabolismo planetario que, aunque se exprese de manera diferente de un lugar a otro, reconecte nuestras ecologías y nuestras economías. Tales ideales son más que un tema utópico.

    Al hacerlo, convergemos en soluciones inmediatas:

    1. Si protegemos la complejidad del bosque, se evita que los patógenos mortales tengan a su disposición a los hospedadores y con ellos una oportunidad directa en la red de viajes para llegar a todo el mundo.

    2. Si reintroducimos la diversidad de ganado y cultivos, y reintegramos la cría de animales y cultivos a escalas racionales, se evita que los patógenos aumenten en virulencia y extensión geográfica.

    3. Si permitimos que nuestros animales para alimentación se reproduzcan en origen, se reinicia la selección natural que permite que la evolución inmune rastree los patógenos en tiempo real.

    En general, tenemos que dejar de tratar a la naturaleza y la comunidad, que nos dan todo lo que necesitamos para sobrevivir, como simplemente otro competidor para ser arrastrado por el mercado.

    La salida es nada menos que el nacimiento de un mundo, o mejor dicho regresar a la Tierra. Esto también ayudará a resolver muchos de nuestros problemas más acuciantes. Ninguno de nosotros quiere volver a estar atrapado en nuestras salas de estar desde Nueva York a Beijing, o, peor aún, llorando a nuestros muertos, pasando por un brote de ese tipo.

    Porque sí, las enfermedades infecciosas, durante la mayor parte de la historia humana, han sido nuestra mayor fuente de mortalidad prematura y seguirán siendo una amenaza. Pero dado el bestiario de patógenos ahora en circulación, el peor, y que se extiende casi anualmente, es probable que enfrentemos otra pandemia mortal en un tiempo mucho más corto que la calma de cien años que nos dejó la pandemia de 1918.

    ¿Podremos ajustar el modos en como nos apropiamos de la naturaleza y llegar a una tregua con estas infecciones?

    AUTORES : Rob Wallace es un epidemiólogo evolutivo. Ha sido sesor de la FAO y de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Alex Liebman es doctorando en Geografía Humana en la Universidad de Rutgers, y Agrónomo por la Universidad de Minnesota. Luis Fernando Chaves es Ecólogo de enfermedades y fue investigador principal en el Instituto Costarricense de Investigación y Educación en Nutrición y Salud en Tres Ríos, Costa Rica. Rodrick Wallace es científico investigador en la División de Epidemiología del Estado de Nueva York en la Universidad de Columbia.

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    ↩ Robert G. Wallace, «Influenza reproductiva: la virología política de la agricultura en alta mar», Antipode 41, no. 5 (2009): 916–51; Robert G. Wallace et al., «Entornos agrícolas industriales», en The Routledge Handbook of Biosecurity y especies invasoras, ed. Juliet Fall, Robert Francis, Martin A. Schlaepfer y Kezia Barker (Nueva York: Routledge, de próxima publicación).
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    ↩ Katherine E. Atkins et al., «Modelado de la infección por el virus de la enfermedad de Marek (MDV): estimaciones de parámetros para la tasa de mortalidad e infecciosidad», BMC Veterinary Research 7, no. 70 (2011); John Allen y Stephanie Lavau, «Enfermedad» justo a tiempo «: bioseguridad, avicultura y poder», Journal of Cultural Economy 8, no. 3 (2015): 342–60; Pitzer et al., «La alta rotación impulsa la persistencia prolongada de la influenza en manadas de cerdos manejados»; Mary A. Rogalski, «Impulsores humanos de la dinámica ecológica y evolutiva en sistemas de enfermedades infecciosas emergentes y en desaparición», Transacciones filosóficas de la Royal Society B 372, no. 1712 (2017).
    ↩ Wallace, «Influenza reproductiva»; Katherine E. Atkins et al., «La vacunación y la reducción de la duración de la cohorte pueden impulsar la evolución de la virulencia: el virus de la enfermedad de Marek y la agricultura industrializada», Evolution 67, no. 3 (2013): 851–60; Adèle Mennerat, Mathias Stølen Ugelvik, Camilla Håkonsrud Jensen y Arne Skorping, «Invierta más y muera más rápido: la historia de la vida de un parásito en granjas intensivas», Aplicaciones evolutivas10, no. 9 (2017): 890–96.
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    ↩ Wallace, Big Farms Make Big Flu, 192–201.
    ↩ “Alimentos más seguros salvan vidas”, Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 3 de noviembre de 2015; Lena H. Sun, «Big and Mortal: Major Foodborne Outbreaks Spike Sharp», Washington Post, 3 de noviembre de 2015; Mike Stobbe, «CDC: Más brotes de intoxicación alimentaria cruzan las líneas estatales», KSL, 3 de noviembre de 2015.
    ↩ Sally Goldenberg, «Alicia Glen, que supervisó el Plan de Vivienda Asequible de De Blasio y la batalla contra NYCHA, para salir del Ayuntamiento», Político, 19 de diciembre de 2018.
    ↩ Gary A. Dymski, “Exclusión racial y economía política de la crisis de alto riesgo”, Materialismo histórico 17 (2009): 149–79; Harold C. Barnett, «La titulización del fraude hipotecario», Sociology of Crime, Law and Deviance 16 (2011): 65–84.
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    ↩ Wallace et al., «The Dawn of Structural One Health».
    ↩ Wallace et al., «¿La neoliberalización de los bosques de África occidental produjo un nuevo nicho para el ébola?»; Wallace et al., Clear-Cutting Disease Control.
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    ↩ Donna Haraway, «A Cyborg Manifesto: Science, Technology, and Socialist-Feminism in the Twentieth Century», en Simians, Cyborgs and Women: The Reinvention of Nature (Nueva York: Routledge, 1991); Keeanga-Yamahtta Taylor, ed., How We Get Free: Black Feminism and the Combahee River Collective (Chicago: Haymarket, 2017).
    ↩ Joseph Fracchia, «Organismos y objetivaciones: una investigación histórico-materialista sobre el» Humano y el Animal «, Revista mensual 68, no. 10 (marzo de 2017): 1–17; Omar Felipe Giraldo, Ecología política de la agricultura: agroecología y posdesarrollo (Basilea: Springer, 2019).
    ↩ Franco Berardi, The Soul at Work: From Alienation to Autonomy (Los Angeles: Semiotext (e), 2009); Maurizio Lazzarato, Signos y máquinas: capitalismo y producción de subjetividad (Los Ángeles: Semiotexto (e), 2014); Wark, Intelectos generales.
    ↩ Rodrick Wallace, Alex Liebman, Luke Bergmann y Robert G. Wallace, “Agronegocios versus salud pública: control de enfermedades en un conflicto asimétrico de recursos”, presentado para publicación, 2020, disponible en https: //hal.archives-ouvertes. fr.
    G. Robert G. Wallace, Kenichi Okamoto y Alex Liebman, «Earth, the Alien Planet», en Between Catastrophe and Revolution: Ensayos en honor de Mike Davis, ed. Daniel Bertrand Monk y Michael Sorkin (Nueva York: UR, de próxima publicación).
    ↩ Wallace et al., Clear-Cutting Disease Control.
    ↩ Wallace et al., «Entornos agrícolas industriales».

     
  • mesmontse 6:28 pm el 21 March, 2020 Enlace permanente | Responder
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    PANDEMIA Y CAPITALISMO: Un mundo radicalmente diferente surgirá luego de la crisis de salud global 

    El virus y el capitalismo

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    ROB URIE / COUNTERPUNCH

    Estados Unidos se encuentra en medio de una crisis de salud pública en toda regla que empeora por la disfunción política sistémica. El estudio de referencia del Imperial College que sugiere que hasta dos millones de personas en los EEUU podrían morir por la epidemia de coronavirus, supone que EEUU tiene un sistema de salud adecuado, y que nadie muere por no recibir tratamiento, pero sin tratamiento las muertes esperadas son mucho mayores. Si la experiencia de EEUU fuera similar a la de Italia o Wuhan hasta la fecha, agregue en el peor de los casos otros once millones: 330 millones de personas X 80% de tasa de infección X 5% de tasa de mortalidad = 13.2 millones de muertos en EEUU. 330 millones son la población de EEUU, el 80% es la tasa de infección esperada en el estudio del Imperial College y el 5% es la tasa de mortalidad en Italia y Wuhan. (N.de la E.: en Italia, la tasa de mortalidad de los infectados por coronavirus es el 8%, en España va por el 5%, en China fue del 3,8%. Tengan en cuenta que los sistemas de salud pública de Italia, España y China, son infinatamente más robustos que el de EEUU)

    No se trata de crear miedo o pánico, sino ilustrar la diferencia en los resultados que puede lograr una respuesta gubernamental sólida.

    Al tratar de arrinconar el mercado de kits de prueba de virus, Donald Trump aseguró que pocos, si los hubiera, estarían disponibles. De la misma manera, los demócratas de la Cámara aprobaron un proyecto de «ley de tiempo libre pagado» tan fraudulento que incluso Pravda-on-the-Hudson y The New York Times, lo aplicaron. (N.de la E. Tengan en cuenta que en EEUU, los trabajadores pueden ser despedidos por faltar al trabajo si están enfermos)

    El plan oficial hasta la fecha es financiero, para rescatar a Wall Street y las aerolíneas, un recorte de impuestos sobre la nómina y cheques simbólicos a las masas, y esperan que todo salga bien.

    En lugar de proporcionar un nivel adecuado de atención médica para abordar la pandemia – que incluso los piratas más endurecidos de Washington saben que no pueden hacerla desaparecer sin medidas- lo que queda es el ‘distanciamiento social’. Esto es hablar cortésmente sobre cuarentenas realizadas de forma variable. China pudo reducir la tasa de mortalidad después de Wuhan en 4/5 partes mediante una combinación de cuarentenas draconianas y una rápida creación de servicios de salud.

    La estrategia de «aplastar la curva», de desacelerar la propagación del virus para que el sistema de salud no se vea abrumado en ningún momento, podría reducir la tasa de mortalidad en los Estados Unidos al igualar la necesidad de atención médica con la capacidad de ofrecerla. Pero lo que implica la medida del «estímulo económico» es pasar un par de semanas en casa viendo Netflix y luego volver a las aglomeraciones. Hay bajas probabilidades de que esto de resultados.

    La duración prevista de la pandemia, siempre que se tomen medidas efectivas para mitigarla, es de 18 meses, y significa que un mundo radicalmente cambiado surgirá luego de esa etapa.

    La idea que está lanzando Wall Street, de que las pandemias son «cisnes negros», eventos imprevistos que legitiman respuestas extraordinarias como rescates gubernamentales de empresas privadas, sugiere que la historia se hará una materia obligatoria en las escuelas de negocios. Aquí hay una lista parcial de epidemias y pandemias. (N. de la E. Se sorprenderán bastante quienes creen que «todas las epidemias vienen de China»). Son tan comunes que una sociedad en funcionamiento debería tener miles de empleados permanentes panificando cómo afrontarlas. Y son una de las miles de razones por las cuales una sociedad en funcionamiento debe tener un sistema de salud que funcione.

    Para comprender por qué se debe dejar que Wall Street se pudra, mire hacia atrás, a enero de 1980, cuando se estima que comezó el mercado alcista actual.. El S&P 500 (índice Standard & Poor’s 500 es uno de los índices bursátiles más importantes de EEUU) tiene que caer otros dos tercios, de 2.400 a 910, para llegar al nivel de valoración normal (CAPE P / E = 8.5) con el que comenzó esta época del capitalismo financiero (CAPE es la ratio precio-beneficio ajustada cíclicamente; es una medida de valuación aplicada usualmente al mercado de valores S&P 500 de EEUU). Entiendan que el S&P 500 en 910 no representaría una crisis, sólo un nivel de valoración más razonable. La crisis financiera, en la medida en que haya una, se debe al apalancamiento sistémico, el mismo problema que enfrentó Wall Street en 2008.

    La pandemia no es más que el catalizador de los problemas financieros actuales, no la causa.

    Como se advirtió en 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, etc., los rescates de la Administración de Obama fueron para volver a hacer ricos a los ricos, no para ‘salvar la economía’. Entonces, aquí estamos diez años más tarde después de tantos rescates, y nos dicen una vez más que el gobierno federal tiene que rescatar a las corporaciones y a los ricos para ‘salvar la economía’. ‘La economía’ está realmente en problemas, pero está en problemas debido a la fragilidad creada para beneficiar a las corporaciones y a los ricos, no porque los precios de las acciones hayan caído.

    Si alguna vez hubo un momento oportuno para una acción audaz del gobierno, éste es el momento. El problema es que cuatro décadas de neoliberalismo han ejemplificado la costumbre de que el papel del gobierno es enriquecer a las personas ricas.

    Naomi Klein llama a esto «capitalismo de desastre». La idea de que los rescates para las empresas benefician a los trabajadores plantea la pregunta: si el objetivo es ayudar a los trabajadores, ¿por qué no dar el dinero a los trabajadores? Son los CEO y las juntas corporativas que cargan de deuda a sus empresas para aumentar el valor de sus opciones sobre acciones, lo que hace que estas corporaciones sean tan frágiles económicamente.

    A través de la mitología egoísta del individualismo robusto, el capitalismo se ha utilizado para dar forma y remodelar las relaciones sociales. Esto hace que su dependencia de los rescates en serie sea ridícula y patética. Concebido hace varios siglos para trasladar el poder de los aristócratas a una floreciente clase empresarial, sin un Estado fuerte e intrusivo para evitar la consolidación y el auto-trato, rápidamente se crea una nueva aristocracia que cierra la puerta a los que quedan detrás, y lo que queda es la oligarquía privilegiada, remota y autónoma que ahora está ante nosotros.

    Durante los tiempos «normales», cuando esta oligarquía no está actuando para destruir otras naciones y el mundo, la mala gobernanza para su propio beneficio se convierte en un trabajo ordinario del gobierno. Por ejemplo, el ejército de los EEUU tiene un exceso de fondos, mientras que el sistema de salud está estructurado para permitir que las personas mueran a un ritmo políticamente aceptable.

    Durante tiempos «no normales», se pone en marcha una jerarquía de privilegios. Primero, proteger la riqueza de los ricos mediante rescates. Segundo, asegurar los derechos de las corporaciones para beneficiarse de la catástrofe. Por último, dejar que la gente muera a un ritmo políticamente aceptable. Una pandemia hace subir a la idea que había quedado en último término: el ritmo al que se permite que las personas mueran, pasa a primer plano.

    Actualmente, Estados Unidos está trabajando a través de rescates para asegurar la riqueza de los oligarcas y los juegos de monopolio corporativo para beneficiarse de la catástrofe. Si las personas no mueren «a un ritmo políticamente aceptable» hay riesgo de que se altera el sistema: unos días sin sueldo y el alquiler no se paga. Sin el alquiler, el arrendador no puede pagar la hipoteca. Sin pagar la hipoteca, el banco se hunde.

    De repente, el «país más rico de la historia del mundo» se parece a un miserable suburbio del subdesarrollo. La brutalidad social de trabajar sólo para sobrevivir se transforma de fracaso individual a sistémico.

    Los rescates para los ricos exponen cómo se hicieron ricos en primer lugar. Y los jefes corporativos que luchan para sacar provecho de los salarios de personas enfermas y moribundas expone la dinámica de clase mediante la cual los ricos se enriquecen, al hacer pobres a los pobres. El riesgo para los ricos es que la lógica de la guillotina comienza a tener sentido. El riesgo para el resto de nosotros puede contarse en enfermos y moribundos.

    La pandemia de coronavirus fue predecible, ya que las pandemias han sido eventos regulares a lo largo de la historia humana, y son independientes de cómo se concibe la organización social bajo el capitalismo. El neoliberalismo es una teoría de la gobernanza sin gobernar, de dejar que la naturaleza, en forma de mercados, decida. Dejar que la naturaleza decida en una pandemia significa la aceptación pasiva de las muertes en masa, vinculada con el rechazo neoliberal de crear un sistema de salud que funcione. La economía política basada en los deseos individuales es antitética a la naturaleza social de una pandemia. Al igual que con la degradación ambiental, produce la lógica del suicidio colectivo.

    La respuesta oficial estadounidense a la pandemia ha sido excepcional sólo en el sentido de que los mercados han fallado de manera tan espectacular. La ideología insípida y bipartidista propia de la casa no ha funcionado porque el capitalismo no resuelve los problemas sociales. No está destinado a hacerlo. El torpe esfuerzo de Donald Trump para arrinconar el mercado de kits de prueba de virus para las corporaciones «estadounidenses» ha significado que simplemente no los tenemos. El Obamacare ciertamente no ha producido ninguno. O se despliega una estrategia de cuarentenas apropiadas y de ilusiones que se conviertan en una respuesta general robusta, o el orden político existente terminará.

    La esperanza de que los demócratas arreglen lo que rompieron los republicanos se está enfrentando a tres décadas de demócratas rompiendo cosas. Joe Biden, quien apoyó incondicionalmente la guerra de 4 billones de dólares de George W. Bush contra Irak, la semana pasada afirmó que EEUU no puede permitirse un sistema de salud que funcione. La historia real de Biden, es en los cargos que ha desempeñado ha estado a la derecha de Ronald Reagan. Pasó décadas tratando de reducir el Seguro Social y Medicare. Apoyó la legislación de bancarrota que cambió la responsabilidad de los préstamos impagos, de los bancos a los pobres. Es la peor persona que los demócratas podrían presentar en medio de una pandemia si les importa gobernar.

    La cuestión de los rescates es fundamentalmente diferente de la de cuidar a las personas. Una respuesta adecuada a la pandemia requerirá años de esfuerzo dedicado, sin arrojar un billón de dólares a «la economía» y esperar sentados que se arregle. El «distanciamiento social» y las cuarentenas pueden requerir ingresos y apoyo material para decenas de millones de personas durante dieciocho meses. Según los informes, Nancy Pelosi ya no quiere gastar dinero del gobierno para hacer lo que sea necesario. Sería un beneficio para los trabajadores si obligara a sus patrocinadores corporativos a proporcionar tiempo libre remunerado para sus empleados, pero no lo hará.

    La fragilidad económica que causa un rápido descenso a una crisis económica no es un producto de la naturaleza. Fue creado a propósito por el establishment político bipartidista a instancias de oligarcas y economistas académicos.

    El NAFTA (Tratado de Libre comercio de América del Norte) estaba destinado a hacer que los trabajadores fueran económicamente inseguros. La «reforma» del bienestar se aprobó para hacer la vida fuera del empleo capitalista intolerablemente frágil . El salario mínimo no ha sido un salario digno durante cuarenta años. Y los planes para reducir el Seguro Social y Medicare están destinados a aumentar la fragilidad económica. Del mismo modo, la austeridad es el mecanismo de aplicación para mantener a los ricos en el control de la economía política estadounidense.

    Esta combinación de fragilidad social fabricada y gobernanza neoliberal, tarde o temprano, producirá una ruptura política. La elección de Donald Trump fue el primer acto. Una crisis económica prolongada puede producir solidaridad social o una respuesta política horrible.

    La elección de los demócratas de seguir con su programa neoliberal significa que les resulta indiferente que sea elegido Joe Biden o un segundo mandato de Donald Trump. Agregue el desempleo generalizado que ya está integrado en sus reflexiones de austeridad, y es difícil imaginar una fórmula más perfecta para el ascenso fascista.

    La pregunta de quién sería el culpable de tal resultado depende de quién decide la respuesta. Mientras se desarrolla esta pandemia, señalar con el dedo será la menor de nuestras preocupaciones.

     
  • mesmontse 4:21 pm el 14 February, 2020 Enlace permanente | Responder
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    CAPITALISMO: El ocaso del sistema provocará la destrucción de la humanidad 

    Hemos entrado en la era crepuscular del capitalismo, en la que la humanidad tendrá que encontrar la manera de dotarse de un sistema superior y más racional de organización social y económica, o el capitalismo decadente provocará la destrucción de la civilización humana.

    La Ley del Valor de Karl Marx en el ocaso del capitalismo

    MURRAY SMITH

    El siguiente artículo es un pasaje abreviado y editado del primer capítulo de «El Leviatán invisible: la Ley del valor de Marx en el crepúsculo del capitalismo» publicada por Haymarket Books en 2019 como parte de la serie de libros Materialismo histórico.

    El capitalismo global, con la humanidad incluida, se enfrenta ahora a una triple crisis

    1- una profundización de la contradicción estructural del modo de producción capitalista, que se manifiesta como una crisis multidimensional de ‘valorización’, es decir, una crisis en la producción de ‘plusvalía’, el elemento vital del sistema de ganancias;

    2- una crisis grave de las relaciones internacionales derivada del hecho de que las fuerzas productivas globales están reventando los límites del sistema de estados-nación, cuyas unidades individuales continúan abordando sus problemas más graves de forma principalmente «nacional»;

    3- una creciente «ruptura metabólica» entre la civilización humana y las «condiciones naturales de producción»: los fundamentos ecológicos de la sostenibilidad humana.

    Juntas, estas crisis interrelacionadas sugieren que hemos entrado en una ‘era crepuscular’ del capitalismo, en la que la humanidad encontrará los medios para crear un orden superior y más racional de organización social y económica, o en la cual el capitalismo decadente provocará la destrucción de la civilización humana.

    Muy pocos en la supuesta ‘izquierda’ actual quieren considerar, mucho menos aceptar, esta evaluación. Por el contrario, la mayoría de los posibles progresistas se aferran desesperadamente a la noción de que el «capitalismo neoliberal» no es más que una fea mutación de un conjunto de políticas miopes que la clase dominante capitalista puede preferir, pero que también podría verse presionada a abandonar a favor de una especie de capitalismo más humano, justo y equitativo.

    Por esta razón, la izquierda establecida, orientada a la reforma, es reacia a caracterizar el neoliberalismo como lo que es: una respuesta estratégica predecible e inevitable por parte del capital y el estado a una crisis cada vez más profunda del sistema de ganancias capitalista, una crisis que ha sido desplegándose durante varias décadas.
    Curiosamente, incluso muchos de los que se describen a sí mismos como socialistas marxistas a menudo niegan, o al menos minimizan, la medida en la que las tendencias económicas han servido para confirmar las principales predicciones de Marx con respecto a las ‘leyes de movimiento’ del capital, sobre todo ‘la ley de la tasa de ganancia decreciente’, y su observación relacionada de que ‘la verdadera barrera para el capital es el capital mismo’.

    En último análisis, tales actitudes reflejan la visión aún hegemónica de que el capitalismo es, o puede hacerse que sea, un sistema «racional». Sin duda, dado el poder de la clase capitalista para dar forma a la ideología dominante de la sociedad capitalista, esta visión siempre ha sido difícil de combatir, a pesar del creciente peso de la evidencia en su contra. De todos modos, ha cobrado una fuerza renovada con la desaparición virtual del «socialismo realmente existente» al estilo soviético, así como el giro hacia una «economía de mercado socialista» (con pronunciadas «características capitalistas») en China. Racionalmente o no, la mayoría ha concluido, que el capitalismo está aquí para quedarse, y escapar de él es simplemente imposible.

    Esta perspectiva fatalista tiene una clara afinidad electiva con la desvaneciente esperanza de que el capitalismo aún pueda ser reformado de manera progresista, y que no sea tan irracionalmente irracional como pensaba Marx. Para los segmentos más complacientes de la intelectualidad de izquierda, el análisis de Marx de las «leyes económicas del movimiento» del capitalismo suponen un inconveniente golpe a esa esperanza y, en cualquier caso, es demasiado radical en la medida que exige actuar para remediarlo. Sólo por esos motivos, de acuerdo con el argumento reformista, ¡debe ser desestimado! No es exactamente una actitud científica, sin duda, sino que es claramente un consuelo para muchos posibles progresistas, especialmente si un grupo de intelectuales de izquierda les asegura que el carácter de la propia «ciencia» de Marx es sospechoso.

    Sin embargo, algo más que una fe ciega en la racionalidad capitalista está detrás del intento de disuadir todo interés en la crítica científica de Marx al capitalismo y su relevancia para explicar nuestros problemas contemporáneos.

    Sin lugar a dudas, algunas características específicas de la crisis financiera que estalló en 2007-08 han alentado un resurgimiento del interés en las teorías no marxistas (y ciertas ‘neomarxistas’) que enfatizan el impacto a largo plazo de la creciente desigualdad, estancamiento o disminución real de los salarios y el endeudamiento de los consumidores como la «causa fundamental» de la crisis capitalista.

    Las crisis capitalistas no derivan del «bajo consumo»

    Muchos liberales declarados y «progresistas» no socialistas han pedido un retorno a las políticas clásicas keynesianas para estimular la demanda agregada, junto con medidas para controlar al capital financiero. Académicos de alto perfil y periodistas como Paul Krugman, Thomas Piketty, Robert Reich, Joseph Stiglitz y Martin Wolf han sido especialmente prominentes en este coro. Y entre los que apoyan un giro hacia las políticas keynesianas de izquierda, también podemos encontrar muchos supuestos marxistas asociados con la opinión de que las crisis capitalistas se derivan del «bajo consumo» o del «problemas para obtener plusvalía», y no, como insistió Marx, de una producción insuficiente de plusvalía.

    Cabe señalar que las políticas apoyadas por este «frente popular» de progresistas liberales y marxistas (poco ortodoxos) han encontrado escaso apoyo en los círculos de la clase dominante y las élites políticas. Parece que su función principal ha sido mantener viva la esperanza de que el «capitalismo con rostro humano» sea al menos una posibilidad teórica, la mejor para desalentar el interés en el socialismo como alternativa entre los trabajadores, los jóvenes y los intelectuales de izquierda.

    Contra la corriente de todo este pensamiento aparentemente ‘progresista’, el objetivo de mi libro es mantener el análisis original de Marx del capitalismo, no sólo como el marco científico más fructífero para comprender los problemas y tendencias económicas contemporáneas, sino también como la base indispensable para sostener un proyecto político socialista revolucionario en nuestro tiempo. Lo hace examinando la dinámica que induce las crisis y profundizando en la irracionalidad del sistema capitalista a través de la lente de la ‘teoría del valor’ de Marx, que, a pesar de las afirmaciones infundadas de sus detractores, nunca ha sido ‘refutada’ de manera efectiva y que continúa permitiendo analizar las patologías del capitalismo mucho mejor que ninguna otra teoría crítica.

    Marx insistió que el capitalismo es sobre todo un modo de producción de clase antagónico que implica varias características que le son propias. Pero al igual que con todos los modos de producción anteriores basados en la explotación de clase, se enfrenta a límites históricos definidos enraizados en un conflicto de intereses materiales entre sus principales clases sociales: la clase trabajadora asalariada y la clase capitalista. ‘En una cierta etapa de desarrollo’, escribió Marx, ‘las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes o, simplemente expresado en términos legales, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales han operado hasta ahora. Estas relaciones dejan de ser formas de desarrollo de las fuerzas productivas, para convertirse en obstáculos. Es entonces cuando comienza una era de revolución social’.

    La fase crepuscular del capitalismo

    Afirmar que el capitalismo ha alcanzado su fase crepuscular es decir que hace mucho tiempo que alcanzó una etapa en la que el conflicto entre sus fuerzas y sus relaciones de producción se ha agudizado. Las relaciones de producción están limitando el desarrollo de las capacidades creativas y productivas de la humanidad de forma que inducen crisis, y esas capacidades ya bien desarrolladas están a su vez bloqueando los imperativos sociales y la “lógica” de una sociedad que permanece dividida en clases antagónicas. El resultado es una crisis histórico-estructural que solo el marxismo puede iluminar. Porque sólo el marxismo ofrece el marco teórico necesario para comprender la trayectoria contradictoria, irracional y cada vez más peligrosa del modo de producción capitalista: un conjunto de relaciones sociales y capacidades humanas, de tecnologías y organización social que, no menos que en el pasado, permanece bajo el control de una ley que sus propias relaciones de propiedad y formas institucionales necesitan imperiosamente: la ley capitalista del valor trabajo.

    Los ardientes creyentes en la “economía de libre mercado” capitalista han sostenido durante mucho tiempo que, en principio, las tendencias a la crisis generadas por el capitalismo pueden mitigarse significativamente y eventualmente contenerse por completo, una vez que se formula y se aplica la “mezcla” correcta de políticas económicas públicas. La historia del «capitalismo realmente existente» sugiere lo contrario.

    A pesar de la confianza expresada por los principales economistas durante las décadas de 1950 y 1960 de que el capitalismo mundial nunca volvería a experimentar una depresión severa, el período de 1974 a 2009 fue testigo de cuatro de las recesiones / depresiones globales más importantes del siglo pasado, y la economía mundial permanece hoy en día en las garras de un malestar que muestra pocas señales de superarse. De hecho, es probable que estemos al borde de otra crisis global de proporciones históricas.

    La teoría del valor trabajo de Marx es la base indispensable para explicar con precisión aquellos fenómenos económicos que el pensamiento económico no marxista (ya sea en sus variantes clásica, neoclásica, keynesiana, postkeynesiana, monetarista / neoliberal o institucionalista) ha fracasado manifiestamente en explicar o incluso anticipar. ¿Por qué el capitalismo no ha podido «superar» sus tendencias hacia una crisis económica severa? ¿Por qué el capitalismo es tan capaz, por un lado, de estimular el progreso de la ciencia, la tecnología y la productividad laboral y tan incapaz por el otro de traducir este progreso en mejoras duraderas en los niveles de vida de la gran mayoría de la población activa? ¿Por qué las tasas positivas de crecimiento de la productividad a escala mundial van acompañadas de tasas de ganancia promedio decrecientes para el capital productivo? ¿Y por qué el capitalismo, como sistema mundial, ha dejado de contribuir al desarrollo progresivo de las ‘fuerzas productivas’ de la humanidad, de forma especialmente evidente al subutilizar crónicamente los talentos y energías de miles de millones de personas en todo el mundo ahora relegadas al estado de ‘precariado‘ o, más exactamente, de ‘población excedente ‘?

    Para aquellos que comprenden las tesis esenciales de la teoría del valor, la plusvalía y el capital de Marx, las respuestas a estas preguntas están claramente enfocadas. Las anomalías y las irracionalidades de la realidad capitalista deben explicarse fundamentalmente por el hecho de que esta realidad abarca cuatro «relaciones de producción y reproducción» interrelacionadas pero distinguibles: la relación de igualdad formal existente entre los actores económicos y los productos del trabajo dentro de los mercados capitalistas; la relación explotadora que existe entre quienes monopolizan la propiedad de los medios de producción y quienes deben vender su fuerza de trabajo por sueldos o salarios para asegurar su sustento; la relación competitiva existente entre todos los actores económicos en los mercados, pero sobre todo entre los propietarios del capital; y la relación cooperativa (objetivamente socializada) existente entre los productores en una división global del trabajo que se ha vuelto cada vez más específica, elaborada e interdependiente. Si bien la coexistencia de estas relaciones sociales parecería ser bastante problemática, históricamente su interacción dentro de la totalidad que es el sistema socioeconómico capitalista ha sido una fuente de gran dinamismo para extender las capacidades productivas humanas.

    De todos modos, Marx insistió en que este dinamismo estaba destinado a ser cada vez más unilateral y que, a su debido tiempo, el capitalismo agotaría sustancialmente su papel (siempre contradictorio) en la promoción del progreso humano. En consecuencia, Marx apoyó su crítica del capitalismo no simplemente en la afirmación de que el sistema era «injusto», sino principalmente en su creciente tendencia a generar desperdicio, bloquear el desarrollo de las capacidades humanas y desviar las energías humanas hacia actividades no productivas y cada vez más destructivas.

    La teoría del valor trabajo de Marx está en el centro de esta acusación contra el capitalismo. En el fondo es una descripción de lo que podría describirse (sin disculpas a Thomas Hobbes ni a Adam Smith) como un Leviatán Invisible, una estructura de relaciones socioeconómicas que ha usurpado el control efectivo de la humanidad consciente sobre el proceso de vida socioeconómico e impuesto un conjunto de leyes socialmente fundadas que son muy poderosas y están profundamente ocultas a la vista. Su principal ley, la ley capitalista del valor, obliga a la humanidad a aplicar un criterio único en la medición de la «riqueza»: el criterio del «valor», del tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario.

    En una sociedad fundada en las relaciones sociales capitalistas de producción / reproducción, la medición de la riqueza social en estos términos es ‘inconsciente’, ya que se lleva a cabo a través de mecanismos de mercado impersonales y, sin embargo, es decisiva para la marcha del desarrollo de la economía y de la división del trabajo en su conjunto. En consecuencia, ciertas formas de actividad son reconocidas como ‘generadoras de riqueza’ (independientemente de cuán socialmente destructivas puedan ser, por ejemplo, la producción de armamentos o los tabloides de los supermercados), mientras que otras actividades socialmente más valiosas nunca entran en el cálculo económico (por ejemplo, el cuidado voluntario de niños y ancianos).

    A medida que la producción capitalista en su conjunto satisface la demanda generada por el poder adquisitivo agregado con una gama de bienes que requieren cada vez menos insumos de mano de obra, la riqueza de la sociedad en términos físicos puede expandirse, incluso si su medición en términos de tiempo de trabajo sugiere, más bien perversamente, que esa sociedad se está volviendo «más pobre». Esto se debe a que la medición de la riqueza en términos de tiempo de trabajo social (cuya expresión económica fenoménica es el dinero ) significa que, en condiciones de innovación técnica que desplaza al trabajo, la sociedad capitalista tiende a una situación de suma cero en la que cualquier ganancia en el ingreso o la riqueza real debe producirse a expensas de otros agentes económicos, y que es bastante posible que disminuya su poder adquisitivo agregado (como sucede en condiciones de contracción económica). En otras palabras, la ‘riqueza’ social se mide por criterios determinados por el carácter socialmente antagónico (explotador y competitivo) de la producción e intercambio capitalista.

    En el fondo, la teoría del valor trabajo de Marx sostiene que la única fuente de ‘valor’ dentro de una sociedad capitalista es el trabajo humano vivo y que la única fuente de ‘plusvalía’ (la sustancia social de la ganancia) es el trabajo excedente realizado por los trabajadores además del trabajo necesario requerido para producir el valor representado por sus salarios. Para la gran mayoría de la población que depende de su sustento de la venta de su fuerza de trabajo (por un sueldo o salario), estas proposiciones deberían requerir pocas pruebas, un punto subrayado en mi libro de 2010, Global Capitalism in Crisis :

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    “En una sociedad capitalista, la producción material de la división del trabajo en toda la economía se distribuye y consume de acuerdo con la capacidad de las personas para comprarlo con dinero, lo que sirve no solo como un medio de intercambio sino, sobre todo, como una reclamación del trabajo social abstracto. La proposición de Marx de que el dinero es la «forma de aparición» necesaria del trabajo social abstracto puede no parecer inmediatamente obvia. Pero considere esto: aparte de aquellos que subsisten con asistencia social financiada por el estado o por organizaciones benéficas privadas, las personas poseen dinero por dos razones básicas: lo obtienen a través del trabajo o lo obtienen en virtud de su propiedad. La gran mayoría de la población ve de inmediato la conexión entre su trabajo y el valor representado por el dinero en su posesión. Al mismo tiempo, sin embargo, el origen de los ingresos monetarios de quienes no trabajan y nunca han trabajado para ganarse la vida parece más opaco. Aun así, no es difícil entender que los pocos que poseen activos de propiedad significativos ‘ganan’ su dinero principalmente haciendo que otros realicen labores en su nombre. No puede haber ganancias monetarias, rentas monetarias, dividendos monetarios ni ninguna otra forma de ingresos monetarios para quienes poseen fábricas, minas, terrenos, bloques de apartamentos, tiendas minoristas o bancos, a menos que haya personas que trabajen para crear el valor que encuentra expresión en ganancias empresariales, renta del suelo, intereses y salarios. Para decirlo claramente, la clase capitalista de los grandes propietarios solo puede obtener ingresos explotando a aquellos que trabajan para ganarse la vida, es decir, pagando a los trabajadores mucho menos que el ‘nuevo valor’ total creado a través del desempeño de su trabajo. y apropiándose de la diferencia como «plusvalía».

    El objetivo de la teoría de Marx es precisamente establecer que la categoría económica del «valor», junto con las de salarios, ganancias, intereses, etc., está ligada a la existencia de las relaciones sociales de producción / reproducción características del capitalismo. Valor y riqueza no son, por lo tanto, sinónimos. De hecho, implícita en la teoría de Marx está la noción de que la medición de la riqueza en términos de «valor» (tiempo de trabajo abstracto y socialmente necesario) al principio estimula pero eventualmente impide la producción de riqueza (producción física útil para satisfacer las necesidades, aspiraciones y deseos humanos). Esta es la carga de la ‘ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia de Marx’: el capitalismo promueve simultáneamente mejoras en la productividad del trabajo, a través de la innovación tecnológica que ahorra trabajo y lo desplaza, mientras mide continuamente la riqueza material (‘valores de uso’) en términos de un dinero que representa trabajo social abstracto. ¡Un volumen decreciente de ‘valor’ recién creado en relación con el capital invertido significa menor rentabilidad, a pesar del aumento de la productividad!

    Este absurdo estado de cosas, la caída de la tasa de ganancias asociada con el aumento de la productividad laboral, señala la irracionalidad fundamental del capitalismo y revela claramente por qué las ganancias siempre deben oponerse a la satisfacción de las necesidades humanas.

    Pero esta irracionalidad no es inherente a la condición humana, ya que ‘las fuerzas productivas que se desarrollan dentro de la sociedad burguesa crean también las condiciones materiales para la solución de este antagonismo’ (Marx): una tecnología muy avanzada, niveles muy altos de productividad laboral y una fuerza de trabajo capaz de reorganizar la sociedad con una orientación socialista. La fructificación final de esas condiciones, alcanzables a través de la revolución socialista mundial, significa que la riqueza real pueda generalizarse a toda la humanidad. Bajo el socialismo, la riqueza dejará de ser entendida como ‘valor’ o medida como ‘trabajo abstracto’ (dinero), es decir, en formas alienadas y socialmente antagónicas.

    A diferencia de la «riqueza capitalista», la riqueza del socialismo global no implicará la miseria humana como su polo opuesto. En su lugar, tendrá como componente definitorio una abundancia de «tiempo libre» (al servicio del desarrollo integral de los individuos humanos).

    Esta es una sugerencia revolucionaria. Sin embargo, fluye lógicamente de una teoría con un excelente historial en la predicción del curso del desarrollo capitalista. Como tal, merece ser considerada con la mayor seriedad, particularmente cuando se aprecia que, década tras década, la tasa de crecimiento de la economía global en realidad ha caído desde la década de 1960. Además, si las previsiones de Marx se confirman para nuestro tiempo, si la ley capitalista del valor ha agotado su potencial para contribuir a la creación de riqueza real y satisfacer las necesidades humanas a escala global, entonces nos toca a nosotros buscar una nueva forma de organización socioeconómica, una que pueda trascender esta ley obsoleta y al mismo tiempo asumir el tremendo potencial de desarrollo de la ciencia, la tecnología y la división mundial del trabajo que el capital ha creado en los últimos siglos.

    Soy muy consciente de que se objetará que la «prescripción» de Marx de esa nueva forma social tiene en la práctica importantes carencias. Sin embargo, la visión genuina de Marx sobre la transición a una sociedad socialista presupone varias condiciones que han estado ausentes en gran medida de todos los «experimentos de construcción socialista» durante el siglo pasado: un movimiento revolucionario de la clase trabajadora, que persiga su proyecto emancipatorio a escala global; una democracia funcional de los productores y consumidores asociados; un nivel altamente desarrollado de productividad; la disponibilidad de un amplio «tiempo libre» que permita la plena participación de los trabajadores en actividades políticas, culturales y cívicas; y una división internacional socialista del trabajo bien articulada.

    Al carecer de estas condiciones, los países en transición -gobernados burocráticamente- del «socialismo realmente existente» consiguieron muchos logros impresionantes, aunque a un coste humano superado sólo por el capitalismo occidental en su era de industrialización y expansión mundial. Sin embargo, ninguno fue capaz de alcanzar el umbral crítico de unas relaciones de producción verdaderamente socialistas. En mi opinión, la responsabilidad de este fracaso recae en gran medida en aquellas fuerzas supuestamente socialistas en el Occidente capitalista avanzado que se abandonaron el programa de transformación social de Marx y que lo justificaron en buena parte rechazando su crítica de la «teoría del valor” del capitalismo, casi siempre sin haber tratado de entenderla.

    Conclusión

    La retórica de la «economía de libre mercado» es simplemente el manto ideológico eufemístico de un despotismo que tiene a la mayoría de la humanidad bajo su control, capitalistas y trabajadores por igual: el despotismo de la «mano invisible» de Adam Smith, de las fuerzas del mercado que operan a espaldas de la colectividad humana cuyo destino moldean. Este despotismo ha decretado que la vida económica de los seres humanos, de la cual dependen todos los modos de vida, debe regirse por la ley capitalista del valor trabajo, la entiendan o no conscientemente quienes se ven sometidos a ella, y sirva o no a las necesidades colectivas de la humanidad.

    Para derrotar a este poder despótico se requerirá una voluntad revolucionaria intransigente para liberarse de las ataduras impuestas por las relaciones sociales capitalistas y someter los procesos de producción y reproducción económica a la toma de decisiones consciente de los trabajadores organizados colectivamente. Sin embargo, esta determinación revolucionaria debe ser alentada por el reconocimiento previo de algo ganado con tanto esfuerzo: que la ley del valor capitalista no es en absoluto una característica eterna de la sociedad humana, y que puede ser, y de hecho debe ser, trascendida.

    Murray Smith es profesor de sociología en la Universidad de Brock, St. Catharines, Canadá. Muchos de sus escritos se pueden encontrar en https://murraysmith.org.

     
  • mesmontse 10:43 pm el 4 December, 2019 Enlace permanente | Responder
    Etiquetas: Neoliberalismo   

    NEOLIBERALISMO CONTRA DEMOCRACIA 

    Cuando nos oponemos al neoliberalismo, pocas veces comprendemos su verdadera dimensión. Para captarla es útil recordar una frase de Margaret Thatcher: “La economía es el método, el objetivo es cambiar el alma”. El sociólogo francés Christian Laval -uno de cuyos textos traducido pueden leer a continuación- señala que «la estrategia neoliberal es construir un orden político fuera del alcance de la soberanía popular». Laval destaca que el neoliberalismo no es sólo radicalmente antisocialismo, sino que es fundamentalmente antidemocracia, ya que cuestiona la capacidad de un pueblo para autogobernarse. Por ello, los teóricos neoliberales plantearon desde el principio estrategias para limitar la democracia, redefinirla, y ponerla a salvo de las masas. En cuanto al tratamiento a dispensar a quienes se rebelan contra el orden neoliberal, las vías posibles son: someterlos a una dictadura o domesticarlos. La primera opción se aplicó en la década de 1970, principalmente en Latinoamérica, y la segunda vía se vio en la década de 1990 particularmente en Europa.

    Democracia y neoliberalismo

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    CHRISTIAN LAVAL / INSTITUT DE RECHERCHES DE LA FS

    El neoliberalismo es un proyecto de transformación social e institucional que cuestiona la evolución de la intervención «social» del gobierno hacia un Estado de bienestar, considerado como una deriva de las formas políticas democráticas. Todos  los aspectos sociales asumidos  están  en la diana de las políticas neoliberales. Este dominio de lo «social» – que se refiere a todos los sistemas de protección social y a las políticas de redistribución y equiparación de recursos-  se estableció, según los neoliberales, debido a una falsa concepción de la democracia y a un abuso de las instituciones  que la reclaman. Esta «falsa democracia» debe ser combatida porque conduce directamente al “totalitarismo”.

    Se podría concluir que estas políticas neoliberales sólo pretenden limitar la democracia para que no represente una amenaza para las libertades, pero es más que eso. No consideran suficiente suprimir los mecanismos «malvados» de la democracia que han llevado a estas políticas sociales, sino que cuestionan la democracia misma, la definen como un problema y aspiran a redefinirla.

    Esta posición neoliberal no es fruto de una elaboración posterior al desarrollo del Estado de bienestar después de 1945, sino que es constitutiva del neoliberalismo como una racionalidad gubernamental basada en el cálculo individual del  orden competitivo. Olvidamos demasiado a menudo,  que el neoliberalismo no es sólo, o  principalmente,  una apología del mercantilismo, del libre comercio, del enriquecimiento, sino que es una reflexión política sobre una forma  de gobierno realizada por un grupo humano compuesto por individuos calculadores  que buscan maximizar sus intereses.

    Los pioneros de esta refundación política del liberalismo, Louis Rougier (Francia, 1889-1982), Walter Lippmann (Nueva York,1889- 1974), Ludwig  von Mises  (Austria, 1881- Nueva York, 1973) y  Friedrich Hayek (Austria 1899 – Alemania 1992)  afirman claramente en sus escritos que el verdadero peligro para el liberalismo es el «misticismo democrático», el reinado de la opinión  y  la barbarie de las masas;  y que, por lo tanto, es importante pensar e instalar un dispositivo institucional que pueda contener los efectos perniciosos del dogma de la soberanía popular.

    El neoliberalismo no es una doctrina de la democracia como poder emanado  del pueblo, es una teoría de los límites institucionales  a la lógica de la soberanía popular, en la medida en que esta lógica, cuando no es dominada, es el mayor peligro “totalitario”.  Es por eso que  es bastante inútil criticar la falta de control democrático sobre las políticas económicas neoliberales y las instituciones que las dirigen, como fue bastante inútil denunciar el Tratado Constitucional Europeo, porque «las tablas de la ley» de los principios neoliberales, dicen que éstos no serán  sometidos a discusión pública.

    El neoliberalismo en esencia niega la democracia teórica y práctica, entendida  como la transferencia al pueblo del poder efectivo para definir las orientaciones básicas de su organización y destino social.

    Para entenderlo, es necesario abandonar  el antagonismo, que durante mucho tiempo tuvo la fuerza de lo obvio: democracia o totalitarismo, cuya oposición aún constituye una de las categorías más comunes de los discursos  políticos. Raymond Aron (París, 1905-1983)  es uno de los que, en el campo liberal, dio la formulación más famosa de este conflicto que le pareció central en las sociedades modernas: la democracia fue sobre todo el reinado de principios políticos pluralistas mientras que el  totalitarismo se refería al monopolio del partido único. Esta oposición, contemporánea a la Guerra Fría, ha enmascarado otra oposición igualmente importante entre dos formas y dos concepciones de la democracia. La corriente neoliberal, reforzada puntual y localmente por corrientes «anti totalitarias» de diversas naturalezas y obediencias, condujo  a  una crítica constante de la «democracia totalitaria» concebida como «soberanía del pueblo».

    Hay en este punto una diferencia fundamental entre R. Aron y F. Hayek. Si para el primero todas las libertades son dignas de ser defendidas, para el segundo, es fundamental  la libertad de elección de los individuos en el «juego cataláctico» ( para Hayek «cataláctica» es un tipo de sociedad que se organiza sobre el intercambio y se concreta en una economía de libre mercado)  y se puede admitir perfectamente una disminución, incluso una supresión de la libertad política e intelectual para defender el orden natural del mercado. A la vista del argumento de Hayek, es un error oponer la democracia al totalitarismo. El término que se opone a «democracia» no es «totalitarismo» sino «liberalismo». La distinción entre liberalismo y democracia es fundamental en este aspecto. El liberalismo tiene que ver con las funciones del gobierno y más particularmente con la limitación de todos  sus poderes.

    El liberalismo exige que todo poder, y en consecuencia incluso el de la mayoría, sea limitado.

    La democracia, si la consideramos como un procedimiento de elección de gobernantes, se opone al modo de gobierno autoritario, que es perfectamente compatible con el liberalismo, hasta el punto de que incluso lo pueden considerar un mal menor. Según sus argumentos, el liberalismo, ya sea democrático o autoritario, siempre es preferible a la «democracia totalitaria». A este respecto, la actitud de los más grandes neoliberales con  la dictadura de Pinochet, ya sean Hayek o Milton Friedman (EEUU, 1912-2006), da testimonio suficiente de las consecuencias políticas de su doctrina. F. Hayek tuvo el mérito de la franqueza cuando declaró a un periódico chileno en 1981: «Mi preferencia personal es  una dictadura liberal y no un gobierno democrático del que todo el liberalismo está ausente».

    La amenaza del pueblo

    Uno de los libros europeos más sintomáticos del contexto intelectual y político que dio lugar al neoliberalismo es el de José Ortega y Gasset (Madrid,1883-1955), La rebelión de las masas, publicado en 1927. Este libro fue un éxito considerable en la década de 1930 e inspiró muchas reflexiones sobre el tema de la opresión de las élites por  los individuos de fuerte personalidad  gracias al  hombre-masa, al  hombre medio sin formación, a la masa embrutecida que se deja influir por modas y estados de ánimo.

    J. Ortega y Gasset denuncia con vehemencia el reinado de los mediocres impuesto por la dominación política de las masas. A lo largo del libro, expresa su añoranza  por el viejo liberalismo dirigido por las minorías políticas y culturales: «Hoy, por el contrario, las masas creen que tienen el derecho de imponer y dar fuerza de ley a sus perogrulladas.  Dudo que haya habido otros momentos en la historia en que la masa haya logrado gobernar tan directamente como hoy. Por eso puedo hablar de hiperdemocracia». La dominación «hiperdemocrática» de las masas se expresa en particular por el Estado omnipotente y universal.

    J.Ortega y Gasset es sólo uno de los que tiemblan con este miedo a las masas tan extendido en los círculos que afirmaban ser liberales durante el período de entreguerras. De este modo, se podría demostrar que las ideas «nietzscheanas» de finales de siglo se complementaron con innumerables consideraciones sobre la irracionalidad de las multitudes, sobre los efectos de la propaganda sobre las almas de los pueblos, sobre los movimientos erráticos de la opinión pública. La idea de que sólo una élite ilustrada es capaz de dirigir racionalmente las economías y las sociedades era bastante común en los círculos intelectuales liberales, de filósofos y economistas por igual.  Hayek siempre manifestará esta desconfianza hacia las «mayorías opresivas», sosteniendo, desde  su propia perspectiva evolutiva, que son las minorías las que promueven la civilización al enseñar a la mayoría cómo hacerlo mejor, aunque la mayoría pretenda imponer por todas las formas posibles su opinión retrasada a la minoría.

    Esta posición antidemocrática neoliberal no debe confundirse con la de las corrientes reaccionarias, nostálgicas del orden social del antiguo régimen, porque no se basa en el postulado de la desigualdad de nacimiento de los hombres,  sino en el de su desigual facultad para acceder a la competencia política e intelectual. Las masas se oponen a las élites porque no tienen los medios morales, estéticos e intelectuales de autodirección. El postulado antidemocrático que probablemente haya sido formulado más claramente, es el de   L. von Mises en su obra  Socialismo: «Las masas no piensan. (…) La dirección espiritual de la humanidad pertenece al pequeño número de hombres que piensan por sí mismos; estos hombres primero ejercen su acción en el círculo capaz de acoger y comprender el pensamiento elaborado por otros; de esta manera, las ideas se van extendiendo entre las masas donde se condensan poco a poco para formar la opinión pública de la época».

    Louis Rougier, uno de los principales organizadores y animadores del neoliberalismo naciente también participa en esta atmósfera elitista en la que también se pueden encontrar autores como Gustave Le Bon (Francia, 1841-1931) o Vilfredo Pareto (París,1848- Suiza, 1923).  Rougier desarrollará este tema ampliamente en dos de sus trabajos anteriores a la segunda guerra mundial y que constituyen dos partes del mismo tema: «La mística democrática,Sus orígenes, sus ilusiones»  de 1929 y «Los místicos económicos: cómo pasamos de las democracias liberales a los Estados totalitarios» publicado en 1938. El primer libro es una dura crítica al mundo democrático desde posiciones muy similares a las desarrolladas por José Ortega y Gasset: la irracionalidad de las masas, el peso de la cultura utilitaria, la dominación plutocrática, el llamado salvador a una élite desinteresada. El propósito del segundo libro es mostrar cómo las democracias liberales se transforman en regímenes totalitarios «a través de reformas sociales imprudentes e intervenciones gubernamentales abusivas, alentadas por los teóricos de la planificación y el dirigismo, y conducen al establecimiento de dictaduras».

    L.Rougier parte de la idea de que los dos componentes de los regímenes políticos modernos, los derechos naturales imprescriptibles del individuo, que limitan el poder del Estado; y la soberanía popular como principio de la legitimidad del poder mismo, no sólo no se unen sino que entran en contradicción. Si el primer componente puede relacionarse con John Locke (Reino Unido, 1632-1704) y el segundo con Rousseau (Suiza, 1712- Francia,1778)  es Rousseau quien gana en la era contemporánea porque las masas no tienen la intención de limitar el poder popular ni  impulsar el estatismo contra el individualismo.

    De ahí surge la pregunta fundamental para los neoliberales: ¿cómo limitar el poder del pueblo?

    La respuesta de Louis Rougier  es inequívoca:  confiar el poder a una nueva «aristocracia» y definir un «arte de gobernar» capaz de proteger a las autoridades políticas de las masas: «El arte de gobernar implica sabiduría, técnica y nobleza. Implica el conocimiento del pasado, la preocupación por el futuro, el sentido de las posibilidades, el conocimiento de los medios para realizarlas, el sentido de la responsabilidad y la preocupación por las habilidades. El arte de gobernar es, en consecuencia, eminentemente aristocrático, y sólo puede ser ejercido por las élites. En cambio,  la masa entregada a sí misma es todo lo contrario. La masa no tiene el sentido de las posibilidades, porque tiene una mentalidad mágica: cree que solo la traición o la mala voluntad de los líderes les impide realizar los milagros que les exige. La masa es ignorante y suficiente: se cree omnicompetente, desafía las habilidades de los técnicos, de la inteligencia, y de buena gana adoptaría el terrible argumento del tribunal revolucionario cuando pidió la  cabeza de Lavoisier: «la República no necesita hombres instruidos.» Esas masas impacientes y brutales, primitivas y gregarias, materialistas y nacionalistas, rompieron «esa maravillosa máquina calculadora que es el mecanismo de precios que resuelve automáticamente el sistema de ecuaciones del que depende el equilibrio económico».

    Hay una contradicción insuperable para este filósofo, el único miembro francés del Círculo de Viena, entre este mecanismo y la mentalidad mágica de las masas  que quieren controlar y esclavizar la economía  para su satisfacción mediante la planificación, la nacionalización y  la redistribución del ingreso: «Para la comprensión de las leyes del equilibrio económico, las masas parecen particularmente rebeldes y es por eso que el conflicto nunca ha sido tan grande como hoy en día entre las políticas económicas, presupuestarias y monetarias de los Estados, bajo la presión de las masas electorales y las repetidas advertencias de los profesores de economía política y ciencias financieras «.

     “Contra el  gobierno de las masas, que es un contrasentido como lo sería una escuela donde los escolares hicieran la ley,  debemos establecer un gobierno  fuerte que no se doblegue a las demandas sociales. Lo que se necesita es un sistema político que no permita que las masas interrumpan el orden de la competencia”.

    L. Rougier sostiene que «si las democracias quieren escapar (a las demandas sociales) es necesario que entre los dos principios: el principio de la limitación de los derechos del Estado mediante el reconocimiento de los del individuo y el principio de la soberanía popular, opten por el primero y lo coloquen en la raíz del derecho constitucional y el derecho civil «(…) Esto abre, como se verá más adelante, un vasto espacio para la reforma política indispensable, que primero debe ser de la Constitución.  Se trata de evitar definitivamente que las masas perturben con su pensamiento mágico el orden del mercado».

    Críticas a la «democracia totalitaria»

    Pero antes de llegar a las soluciones institucionales neoliberales, veamos cómo los neoliberales analizan la deriva de las democracias occidentales. Hay dos interpretaciones de la democracia, dos caminos posibles según los neoliberales, el malo y el bueno. El primero es el que ve al pueblo como la fuente de soberanía, legitimidad que le da al gobierno la capacidad de intervenir de manera ilimitada en los asuntos de la comunidad basados ​​en las mayorías. El segundo es el que ve en la democracia una forma de seleccionar líderes  sin recurrir a la violencia y limitar su poder para garantizar las libertades personales. F. Hayek, quien será el principal teórico neoliberal después de la guerra, le da a la democracia liberal la siguiente definición: «El verdadero valor de la democracia es constituir una prevención sanitaria que nos proteja contra el abuso de poder. Nos proporciona los medios para descartar un equipo de gobernadores y tratar de encontrar uno mejor. (…) Pero este no es, con mucho, su valor político más alto, porque una democracia ilimitada podría ser algo peor que gobiernos limitados que no sean  democráticos. «

    Esta oposición entre los dos caminos de la democracia es esencial para la estrategia neoliberal. Hayek, que sigue a Rougier y  Lippmann , está convencido de que la democracia conduce al socialismo;  que contiene en sí las semillas de la «democracia totalitaria»  debido a la doble creencia en la soberanía popular y la justicia social, dos mitos que progresivamente desenfrenaron el poder público y pusieron en peligro el orden espontáneo de la sociedad. Este análisis de la disyunción encuentra sus argumentos en gran medida en las obras de historiadores que, antes de François Furet (París, 1927-1997), buscaron  las raíces de la «democracia totalitaria» en el siglo XVIII y, más particularmente, en la filosofía de la Revolución Francesa. J.L. Talmon (Polonia, 1916- Israel, 1980), en The Origins of Totalitarian Democracy (Los orígenes de la Democracia Totalitaria), apoya la hipótesis de que Occidente ha desarrollado y seguido dos caminos distintos de democracia, el camino liberal que antepone la libertad del individuo a cualquier otro valor, es decir, la ausencia de coerción;  y una forma totalitaria, que otorga a la soberanía popular un poder absoluto para realizar un orden natural supuestamente armonioso. Toda la historia occidental hasta el fascismo y el comunismo es vista como la confrontación de los dos caminos de la democracia y una amenaza permanente de una victoria de la «democracia totalitaria» sobre su versión liberal. La lección moral y política que se extrae, dice  J.L Talmon es elemental: «la idea de un credo absoluto y universal es incompatible con la libertad».

    El primer camino de la democracia que se puede llamar «democracia limitada» o «democracia neoliberal» admite a la democracia como un procedimiento simple de selección de los líderes, lo mejor sin duda, pero sin el ideal de la soberanía del pueblo. El sistema de democracia debe juzgarse por su resultado práctico, no por los valores en los que supuestamente se basa. Es un método, nada más: «Aun siendo sólida la defensa general de la democracia, ella no es un valor último y absoluto. Debe juzgarse por lo que puede lograr. Esta es probablemente la mejor manera de lograr ciertos fines, no es un fin en sí mismo”.

    El valor supremo siempre debe ser la libertad individual, que está antes que la libertad política, es decir, antes de la participación de los hombres en las elecciones de sus líderes.

    F. Hayek se entrega a un ataque feroz contra las formas contemporáneas de demanda democrática: la idea de soberanía popular favorece el abuso del ejercicio del poder, la mayoría no hace lo correcto, no conduce a lograr un «bien común»; prácticamente, una mayoría para ser reelegida debe romper todos los límites especialmente aquellos relacionados con el respeto a la libertad individual.

    Según Hayek, la historia política lo demuestra: las mayorías «liberales» han hecho políticas redistributivas de izquierda y keynesianas, para permanecer en el poder. Lo que se conoce como «tiranía de la mayoría» es en realidad una coalición de intereses en el «mercado político» cuyo efecto es la distribución de privilegios a ciertos grupos poderosos o amenazantes en detrimento de otros grupos, un intercambio permanente de beneficios contra concesiones. Según Hayek, para que una sociedad de mercado sea viable, la política no debe entrar en el mercado.

    La soberanía del pueblo es, por lo tanto, una máscara para la negociación de los intereses, tal vez colectivos, pero particulares, al fin.  La democracia, en este sentido, se transforma en un «fetiche verbal adornando con un reflejo de legitimidad cualquier requisito de un grupo ansioso por influir en ciertas características de la sociedad en una dirección que es ventajosa para él», dice Hayek .

    “Lo que llamamos democracia hoy es una especie de violación permanente de la ley (para él, la ley es esencialmente el Derecho privado) que se manifiesta en la voluntad de un grupo de imponer sus intereses a expensas de intereses individuales:   Parece que donde las instituciones democráticas han dejado de ser sostenidas por la tradición de la supremacía de la ley, han llevado no sólo a la ‘democracia totalitaria’ sino, después de un tiempo, a una ‘dictadura plebiscitaria’. La democracia real es una dictadura de intereses colectivos particulares en  detrimento de los intereses individuales universales, los únicos legítimos en un régimen liberal. Esta dictadura de los grupos de presión, y especialmente de los sindicatos, da como resultado decretos que, incluso si tienen la apariencia y el nombre de leyes, son sólo  reglas de organización que apuntan a resultados particulares, considerando que una ley es en esencia una regla general abstracta, es decir, independiente de sus muchas aplicaciones particulares impredecibles. En total, el resultado no es necesariamente lo que la mayoría quiere. Este sistema de corrupción generalizada no produce lo que la mayoría quiere, sino lo que cada componente de la mayoría debe conceder a los demás para obtener su apoyo para lo que quieren».

    Esta deriva totalitaria, que es la implementación del programa social de posguerra, se debe a la confusión entre democracia e igualdad, que es la regla general y los objetivos sociales individuales que quieren alcanzar (igualdad de oportunidades educativas, de empleo, condiciones de trabajo, de ingresos). Esta tendencia hacia la negociación generalizada y la intervención del gobierno en objetivos individuales ha sido fomentada por el mito de la ‘justicia social’. Es este mito el que da lugar a la creencia de que todos deberían recibir lo que les corresponde según su mérito, ya que, de hecho, el orden del mercado no puede garantizar que los más merecedores tengan más que los menos merecen. Es esta  idea de la justicia distributiva, la que debe cuestionarse, de lo contrario se le pedirá a la sociedad o la institución que llegue a una distribución ‘justa’.”

    Para Hayek,  el mercado no tiene nada que ver con la moral, tiene que ver con la libertad individual, el valor supremo  que no puede ser desafiado por ningún principio colectivo: «En una sociedad de hombres libres, no puede haber principios obligatorios de conducta colectiva para el individuo. Lo que hemos logrado se lo debemos al hecho de que los individuos tenían garantizada la facultad de crear para sí mismos un dominio protegido (su «propiedad») en el marco del cual puedan implementar sus aptitudes para los fines elegidos por ellos. «

    La  idea moral de un reparto justo supondría una sociedad distinta de la liberal, comentó Frank Hayek con lucidez: «No se ha comprendido suficientemente de que para darle un contenido inteligible a  la expresión (justicia social), sería necesario hacer un cambio completo del orden social, y sacrificar muchos de los valores que hasta ahora habían gobernado este sistema. Esta transformación de una sociedad a otra fundamentalmente diferente se está produciendo poco a poco, y no somos conscientes del resultado al cual nos va a conducir.  «Debido a que las personas creen que pueden lograr algo llamado «justicia social», entregarán a sus gobiernos poderes que los líderes no podrán negarse a usar  para satisfacer las demandas de una multitud con una demanda cada vez mayor de derechos especiales, una vez que hayan aprendido a usar el «ábrete Sésamo» de la justicia social».

    “Estas prácticas de negociación y estas ideas supersticiosas  como soberanía y justicia social, han dado lugar a políticas económicas y sociales activas, a la administración del Estado del bienestar, al monopolio estatal sobre ciertos servicios como el de correos o el transporte y al surgimiento de los verdaderos explotadores que son los sindicatos. El poder político, al no resistir este chantaje permanente, se convierte en un esclavo que a su vez se vuelve opresivo. Es como una aplanadora conducida por un borracho».

    Democracias occidentales ingobernables

    En resumen, las democracias occidentales se habían vuelto cada vez más ingobernables, como lo admitirá  la Comisión Trilateral en el famoso Informe No.8,  presentado en Kyoto en mayo de 1975, titulado «La crisis de la democracia».  Samuel P. Huntington (EEUU, 1927-2008) afirmó esta idea típicamente neoliberal:

    «Hemos llegado a reconocer que existen límites potencialmente deseables para el crecimiento económico. También hay límites potencialmente deseables para la extensión indefinida de la democracia política. Ella se ha vuelto económicamente ineficiente ya que esta democracia ilimitada destruye el mercado y las relaciones competitivas que tienen más probabilidades de afirmar soluciones efectivas. Se denuncia que la acción sindical es un destructor formidable de la iniciativa empresarial y el orden del mercado. Mientras la creencia en la justicia social gobierne la acción política, el proceso debe acercarse cada vez más a un sistema totalitario”.

    Esta ingobernabilidad gradual y la creciente ineficiencia de las democracias sociales en el camino hacia la obediencia totalitaria  se pueden detener si cambiamos de rumbo, es decir, si los legisladores dejan de gobernar  tomando medidas concretas adaptadas a casos particulares de los individuos y se ciñen a la legislación mediante la producción de normas generales”.

    “La posible e incluso probable disyunción de la democracia y el mercado, impone una ruptura política que permita establecer una  Constitución de la libertad. La solución es reconstruir las instituciones políticas para que el gobierno y el legislador estén obligados a respetar las reglas generales de conducta justa sin poder salir de ellas. El principio de la democracia procesal es limitar el alcance del ejercicio de la soberanía del pueblo”.

    El gobierno fuerte

    “Un gobierno socialmente intervencionista es débil debido a las luchas de los intereses privados para apoderarse de los resortes políticos. Por lo tanto, necesita una autoridad que esté  ‘por encima de la refriega’”.

     Rougier estableció los objetivos del neoliberalismo, que otros desplegarán teórica y prácticamente después de él: «Las democracias deben reformarse constitucionalmente de tal manera que aquellos a quienes se confían las responsabilidades del poder no se consideren representantes de intereses y apetitos económicos populares, sino como garantes del interés general; no como promotores de contiendas electorales, sino como moderadores de las demandas sindicales; actuando para hacer cumplir todas las normas comunes,  y leyes colectivas; que eviten que las minorías activas o las mayorías iluminadas distorsionen a su favor la lealtad que el gobernante debe garantizar en beneficio de todos, a la selección de la élite. Deben inculcar a las masas, a través de nuevos instructores, el respeto de las competencias (de las élites), y el honor de colaborar en un trabajo común».

    Louis Rougier es, sin duda, el que mejor articuló esta posición antidemocrática y la necesidad de una refundación del liberalismo en sus  dos libros, La mística democrática y Los místicos económicos, que desde este punto de vista son uno solo.

    La estrategia neoliberal es de hecho eminentemente política: no es sólo una política económica buena o mala, es construir un orden político fuera del alcance de la «soberanía popular», en el que la autoridad política se impondrá a todos los intereses particulares que «perturbarían la máquina».

    «Quien quiera volver al liberalismo debe otorgar a los gobiernos la autoridad suficiente para resistir el surgimiento de los intereses sindicales de los individuos,  y esta autoridad no se les devolverá mediante reformas constitucionales, sino en la medida en que la mentalidad pública haya sido reparada mediante la denuncia de las fechorías del intervencionismo, el dirigismo y la planificación, que con demasiada frecuencia son el arte de alterar sistemáticamente el equilibrio económico en detrimento de las grandes masas de ciudadanos-consumidores para el beneficio momentáneo de un pequeño número de personas privilegiadas, como podemos ver  incuestionablemente por la experiencia rusa».

    Esta demanda de un gobierno fuerte por encima de los  “intereses especiales” será el sello distintivo del neoliberalismo hasta hoy. Esto es lo que lo ha caracterizado desde su inicio y, es en  principio, su aplicación práctica. Walter Lippmann, quien fue una de las figuras eminentes de este movimiento de pensamiento desde la publicación de su Ciudad Libre, criticó el cambio político e intelectual experimentado por los países occidentales y especialmente en EEUU, dando a la opinión pública un papel de liderazgo en la definición de las políticas que se habían de seguir.  Estas reflexiones de la década de 1920 inspiraron su «liberalismo constructor» de la década siguiente y sus conclusiones de posguerra sobre la naturaleza potencialmente ingobernable de las democracias. La línea de pensamiento sigue siendo la misma: para Lippmann, como para otros neoliberales, un Estado que interviene mucho es un Estado débil. El Gran Gobierno no puede actuar, es un gigante atado por liliputienses. Si prevalecen los intereses de grupos particulares es que tienen demasiada influencia a través de la opinión pública, y ella  no es la fuerza sino la debilidad congénita de las democracias. Aunque  es importante dejar que los gobernantes gobiernen en interés público, especialmente cuando se trata de decisiones serias, como las relacionadas con la guerra o la paz.

    Queriendo ser fiel a Jefferson (EEUU,1743-1826)  Lippmann quisiera limitar el poder del pueblo al nombramiento de gobernantes. La gente debe nombrar quién los guiará, no qué hacer en todo momento. Pero es lo suficientemente consciente del hecho de que la teoría democrática de Bentham (Reino Unido, 1748-1832)  -y en menor medida la de J. S. Mill-  se ha vuelto más frecuente en los países anglosajones, según la cual los gobernantes deben seguir la opinión de la mayoría, que es la expresión de los intereses del mayor número de ciudadanos.  Para Lippmann, es este dogma de la opinión de la mayoría lo que impide que cualquier gobierno tome las medidas valientes que son necesarias (especialmente las que ofenden los intereses de la mayoría), y lo que lo hace ir voluntariamente en la dirección de lo que es más agradable y menos doloroso para las masas.

    Para los neoliberales, si la soberanía del pueblo es peligrosa, la solución es la soberanía de la ley.

    La ilusión de la gran era liberal del siglo XIX hasta 1914 o 1917 era que el gobierno no tenía que hacer nada: «mientras la paz parezca asegurada, el bien público residirá en el conjunto de transacciones privadas».  No era necesario  un poder que fuera más allá de los intereses particulares y los mantuviera en un orden determinado. Todo esto, como sabemos ahora, era como el sueño de una noche de verano, y  terminó cuando llegó la Primera Guerra Mundial.

    Esta es la concepción que se encuentra en el trabajo de la Trilateral,  la misma que se ha visto más recientemente en las concepciones gubernamentales de Raymond  Barre (Francia, 1924-2007) , que estaban en consonancia con la concepción gaullista de «un Estado por encima de los partidos» y en las de un liberal tan convencido como Jacques Rueff  (Francia, 1896-1978). De Gaulle en sus Memorias señaló que el Plan Rueff de 1958 era la forma común de salvación contra los intereses particulares  del «feudalismo» porque estaba rediseñando un nuevo marco monetario y comercial.

    Pero la afirmación de la necesidad de un poder fuerte frente a los intereses organizados plantea problemas formidables cuando uno quiere mantener el proceso democrático de elegir  líderes. Como dice F. Hayek: «La demarcación efectiva del poder es el más importante de los problemas del orden social. Los únicos intereses legítimos a tener en cuenta por ley son los intereses del individuo protegido y limitado al mismo tiempo por reglas universales de conducta justa. Estas reglas formales constituyen el límite absoluto que no debe excederse en el ejercicio del poder legislativo y gubernamental por parte de la autoridad política representativa”.

    Por lo tanto, todo el esfuerzo de Hayek consistirá en construir un sistema institucional capaz de contener cualquier demanda de intervención política que vaya más allá de la regla universal de defensa de los derechos privados. Para evitar esta degeneración de la democracia, Hayek trabajó para definir un sistema político basado en un principio de limitación de la acción pública que llamó démarchie (del griego: autoridad del pueblo) para evitar utilizar «democracia», una palabra según él, «manchada por los prologados abusos».  En este nuevo sistema, que no se describe aquí en detalle, el poder efectivo del pueblo consiste en establecer las reglas generales sobre las cuales se debe estar de acuerdo,  a través de la mediación de representantes con competencias cuidadosamente delimitadas. Una asamblea de sabios razonables (los nominados) de edad madura (mayores de 45 años) elegidos por electores de la misma edad determinará las reglas generales a las que deben someterse los individuos. Esta asamblea legislativa está separada de una asamblea gubernamental a cargo del poder ejecutivo. Una cláusula fundamental regirá todo el sistema constitucional, que dirá que no existen límites a la acción individual salvo lo que dicten las reglas generales.

    La alternativa imposible

    El neoliberalismo considera que la dinámica democrática evoluciona  hacia el totalitarismo (entendido como la realización de la voluntad colectiva)  si no está formalmente restringida.  El Estado de bienestar,  es el resultado de un error conceptual de la democracia moderna que consiste en dar objetivos sociales y morales a la soberanía del pueblo. Cualquier definición sustantiva de democracia como «la mayor felicidad para el mayor número» o incluso «la mejora del nivel de vida de la población» necesariamente da  lugar a una coerción ilegítima.

    La única democracia  elegible para el neoliberalismo es el derecho de los individuos a no ver su propio campo de acción violado por otros y en particular por el Estado. El derecho privado tiene prioridad sobre la voluntad colectiva, que  además  no tiene razón de ser en un  sistema social donde cada uno persigue sus fines individuales sin interacción con los demás, a excepción de las transacciones y  servicios económicos.

    El neoliberalismo, en sus fundamentos constitucionales,  a los que a menudo prestan poca atención quienes afirman oponerse a él, tiene como objetivo crear un marco indiscutible e irreformable  donde el «orden libre»  del capitalismo ocupa el lugar simbólico del dogma intocable.

    Esta sacralización tiende a evitar cualquier alternativa al orden del mercado, e incluso cualquier conflicto sobre las reglas fundamentales que rigen el orden social. Este es exactamente el significado de «démarchie”  de Hayek: «Una vez que se reconoce claramente que el socialismo, tanto como el fascismo o el comunismo, inevitablemente conducen  al Estado totalitario y la destrucción del orden democrático, es indudablemente legítimo protegerse contra un deslizamiento involuntario hacia un sistema socialista, por medio de disposiciones constitucionales que privan al gobierno de poderes discriminatorios de coerción, incluso cuando a veces se podría creer que es por una buena causa «.

    El capitalismo, consagrado en la Constitución, protegido por la «cláusula fundamental», se convertiría  en el horizonte eterno de los individuos, que ni siquiera podrán concebir la posibilidad de otra sociedad. Sólo puede haber rivalidad en la conquista de lugares y, por lo tanto, cierto juego de oposición entre las élites políticas, pero esta oposición no puede exceder los límites del orden establecido del mercado. Los únicos oponentes permitidos son aquellos que realmente no se oponen al mercado o que pueden ser contenidos y devueltos al sistema cuando se les dé su consentimiento en el orden del mercado.

    Como señala Stéphane  Longuet, «una vez que el liberalismo está completamente establecido, ya no está sujeto a discusión: los mecanismos institucionales deben evitar cualquier retroceso. Todo contribuye a reducir el campo de discusión política. La hostilidad hacia el mercado y, por lo tanto, hacia el liberalismo no es el resultado de una elección política o filosófica particular, sino de un mal ejercicio de la razón. Es necesario luchar contra los opositores al liberalismo o convencerlos, pero la democracia no puede dejarlos modelar instituciones sociales. Los sindicatos deben reducir su poder de molestia. La izquierda en su conjunto debe ser obligada a aceptar el orden del mercado. Ella es la principal amenaza: Una interpretación constructivista equivocada del orden de la sociedad, combinada con un malentendido del concepto de justicia, ahora representa el peligro más amenazante para el futuro, no sólo en cuanto a la prosperidad, sino también a la moral y la paz. Nadie puede, si abre los ojos, dudar aún más de que la amenaza a la libertad personal proviene principalmente de la izquierda, no por los ideales a los que se une, sino porque los diversos movimientos socialistas son las únicas grandes organizaciones que, para atraer a un gran número, pretenden imponer a la sociedad una estructura preconcebida”.

    Someter la izquierda a la dictadura o domesticarla haciendo que acepte el orden natural del mercado como un horizonte insuperable, tal es el dilema neoliberal. Sabemos que el primer camino es el que dominó la década de 1970 en varios países, especialmente en Latinoamérica, y que fue el segundo, el que triunfó en la década de 1990 en la mayoría de los países, particularmente en Europa.

    El neoliberalismo, desde este ángulo, ganó políticamente. La situación parece ser en su mayoría irreversible: las interconexiones del mercado se han extendido a todo el mundo, disminuyendo todas las posibilidades de acción de los Estados para hacer prevalecer los objetivos comunes por encima de los fines privados.

    Aparentemente, los conflictos económicos y sociales no son más que resistencias a la expansión de los juegos abiertos de competencia generalizada. En cuanto a los conflictos «culturales», encajan fácilmente en la «sociedad de hombres libres» donde todos pueden llevar la vida que desean. A algunos les gustaría creer que todavía hay intentos de la «tercera vía», como la vía europea inspirada en los ordoliberales  alemanes o la vía británica de una renovada «socialdemocracia». Para  Hayek,  la «tercera vía» sólo puede ser una máscara engañosa: o esconde una aceptación del mercado que no se atreve a confesar, o está recorriendo una  marcha vergonzosa al totalitarismo.

    Desde el momento en que el capitalismo se establece como una norma absoluta, el marco en el que se pueden ejercer los derechos de los ciudadanos está necesariamente restringido. Para decirlo de otra manera: las clases sociales pueden mostrar intereses divergentes, pero el principio mismo en que se basa la existencia de clases y su desigualdad original no puede ser cuestionado.

    El neoliberalismo no es sólo un «antisocialismo radical», sino también una antidemocracia fundamental, que cuestiona la capacidad de un pueblo para autogobernarse  liberando una «voluntad colectiva». Las personas no pueden gobernarse por completo porque no pueden atacar las reglas fundamentales, que generalmente ignoran, y que son, para Hayek,  el producto de una evolución irreversible. Estas reglas son las de la libertad individual definida por derechos particulares, incluido el de propiedad de los bienes, lo que ya no se discute. En el orden neoliberal, la democracia no es el espacio de lucha de intereses diversos, la forma política de una división social basada en la distribución desigual de los bienes, es, por el contrario, la sumisión de todos a una distribución que nadie querría ni debería cuestionar.  Queda a todos «jugar el juego» como mejor le parezca con las cartas iniciales  que le tocaron. Esto es lo que los neoliberales llaman un orden justo.

    Bibiografía

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