MARIUPOL: El ejército ucraniano saboteó la evacuación de civiles acordada con Moscú

Los habitantes que logran escapar de Mariupol hablan sobre la catástrofe humanitaria en la ciudad

En la ronda de negociaciones ruso-ucranianas  del 3 de marzo las partes acordaron abrir corredores humanitarios para evacuar a los residentes de las ciudades rodeadas: Kharkov, Sumy y Mariupol. Las tropas rusas y la división de la Milicia Popular de la República Popular de Donetsk (MP DNR) garantizaban el cumplimiento del ‘régimen de silencio’ (alto el fuego) para evacuar a los civiles con seguridad, pero después de tres días de apertura de los corredores humanitarios, quedó claro que la evacuación organizada falló.

Ucrania acusa a las fuerzas  rusas de continuar el bombardeo, y  Moscú declara  que las tropas ucranianas no permiten salir  a los civiles para usarlos como escudos humanos.  Sólo unos pocos  tuvieron éxito y consiguieron escapar precipitadamente de la ciudad en la noche, por sus propios medios, poniendo en riesgo sus vidas. El corresponsal de Lenta.Ru  visitó el pueblo de Bezymennoye, en el sur de la República Popular de Donetsk, (a unos 100 km de la ciudad de Donetsk) a donde llegan los civiles que escaparon de los combates, y habló con ellos.   “Salimos de Donetsk por la mañana con la esperanza de llegar a tiempo para subir a los primeros autobuses de evacuación, y que el ejército de Ucrania cumplieran  con el régimen de silencio declarado, pero prácticamente no lo cumplieron. Dejamos la ciudad de Donetsk bajo el sonido del fuego de artillería. En la mañana del 6 de marzo, el distrito norte de la ciudad fue atacado otra vez. Esta vez, afortunadamente, nadie resultó herido, pero varias instalaciones de la infraestructura de la ciudad fueron dañadas”, explica un residente que consiguió salir.

Los lugareños dicen que antes de la guerra, el sur de la DPR era un ángulo poco transitado.  Ahora las carreteras están llenas, de la ciudad de Donetsk hacia la ciudad de Mariupol, con las columnas de apoyo rusas -a la Milicia de la República Popular- con equipos militares y material humanitario.

Los combates se están desplazando de Novoazovsk, hasta unos 25 km antes de Mariupol, [ambas ciudades están a 45 km] pero allí el ambiente está casi tranquilo. Aunque 15 minutos hacia al oeste, la situación es completamente diferente. Allí se sitúa el  primer punto de recepción de evacuados. Hay algunas tiendas de campaña, junto a las cuales hay ambulancias  del Ministerio de Emergencia de Rusia y oficiales de policía de la República Popular.  El nerviosismo se palpa en el aire: los autobuses de Mariupol no llegaron, nadie tiene una idea completa de lo que estará sucediendo en la ciudad.

Algunos habitantes de los pueblos adyacentes a Mariupol lograron llegar al territorio controlado por la República Popular  sin problemas, pero hubo pocos afortunados. Todos  tienen su propia historia. Algunos cayeron bajo el fuego [intentando salir] . Ante mis ojos, dos vehículos de pasajeros con matrículas ucranianas llegaron al punto de ayuda humanitaria, con una familia en cada uno. No quieren hablar con la prensa y se ocultan de las cámaras.

El jefe de la administración de la aldea dice a los refugiados que si es necesario allí les brindarán la  primera atención médica, y les explica qué hacer a continuación. A todos aquellos que tienen familiares en el territorio de la República Popular de Donetsk [que ya esté liberado], los envían a ellos. El resto pasará esperando varios días en el punto de evacuación  y podrán ir  a Rusia. En el primer día que se abrió el corredor humanitario de Mariupol, sólo pudieron salir 52 personas, y se esperaban unos 200 mil.

500 personas escaparon de Mariupol por sus propios medios del 4 de marzo al 7 de marzo

Civiles evacuados de Mariupol, en primer plano una abuela evacuada con un gato en el punto de asistencia del Ministerio de Emergencias del DPR, el 5 de marzo – Foto: Alexander Ryumin / Tass

Detrás de los números siempre hay tragedias humanas. En las tiendas donde esperan los refugiados, un hombre camina. Está dentro de un grupo y tiene permanentemente un teléfono en sus manos, está claro que no ha dormido, y no es el primer día. Su nombre es Igor, estuvo en la carretera durante un día para llegar desde Crimea. Se acerca constantemente a los militares, a los empleados  del Ministerio de Emergencia de Rusia, les solicita las listas de los que han llegado para descubrir si sus padres mayores pudieron salir de Mariupol. Insiste en ir junto con los soldados hacia el frente, para estar más cerca de la ciudad.

Igor no tiene conexión con sus padres desde la noche el 5 de marzo, cuando su madre le informó que no funcionaban  los autobuses de evacuación, por que los militares ucranianos se acercaban y les advertían que no tendrían seguridad si salían por el corredor humanitario, y disparaban al aire y golpeaban con las culatas para disuadir a las personas que insistían.

Igor dijo que en los últimos días de febrero en el hospital de Mariupol donde trabajaba su madre entraron militares ucranianos [que controlan la ciudad]  -él no sabe si eran las fuerzas armadas  o el batallón ultranacionalista «Azov» – (prohibido por la ley en la Federación de Rusia) y derribaron parte de las instalaciones, despidieron al personal del hospital, y en el edificio organizaron una posición militar. El personal sanitario que puso objeciones recibió golpes con las culatas de las armas y fue amenazado con disparos al aire.

El abuelo Vladimir Karpov

Mientras hablamos con Igor, un vehículo de las milicias de la República, llega a las tiendas de campaña del punto de atención a los refugiados,  a alta velocidad. Llevan a un abuelo de 80 años, que con una bolsa en sus manos había tratado de llegar a pie desde Mariupol. Los milicianos de la República Popular lo recogieron en el campo ya inconsciente, e inmediatamente lo llevaron ante los médicos.

Foto: Ilya Paleev / Ria novosti

Según explican los militares, los milicianos de la República Popular están tratando de llegar a la zona de “tierra de nadie” entre Donetsk y las posiciones ucranianas, para ayudar a las personas que están tratando de escapar de Mariupol a pie.

Vladimir Karpov (ese es el nombre del anciano que encontraron en la carretera de Mariupol), tiembla del frío a pesar de que lo han tapado con varias chaquetas. Los médicos están preocupados, pero él saca fuerzas para decir que en Mariupol  no hay agua, ni gas, ni luz, ni teléfono. “Mi casa estaba rota. Ayer murió mi esposa. ¿Para qué iba a quedarme? Decidí arriesgarme, todo está muriendo. En Mariupol, en cualquier caso me iban matar, y así, tal vez tenía una oportunidad».

El anciano calificó de «destrucción intencional de la población de la ciudad”, a la negativa de los militares ucranianos de dejar salir a los civiles al lado  controlado  por la República Popular.

“Toda la noche caminé por la orilla del mar. Y me metí bajo el bombardeo de artillería, y bajo el fuego de armas pequeñas que venían desde la posición de las fuerzas armadas ucranianas. Por la noche, es difícil decir quién dispara exactamente, pero además de los ucranianos allí no hay nadie», dice el anciano hasta que lo suben a una ambulancia para llevarlo a Novoazovsk.

El automóvil, que encontró al anciano Vladimir, sale de nuevo a buscar a quienes dejan a Mariupol a pie.

Según las personas que huyeron de Mariupol, el ejército ucraniano, en los primeros días de la Operación especial rusa, les dijo a todos que sería imposible irse de la ciudad bajo ninguna circunstancia, que se sentaran en su casa y apagaran la luz.

En Mariupol la gente funde nieve para poder beber agua

Un punto de atención a los evacuados se encuentra en el edificio escolar local. Aquí la gente ya está más tranquila, han pasado la primera conmoción. Reciben asistencia por parte del Ministerio de Emergencia de Rusia y los voluntarios de la República Popular. Entre ellos, el propio director de esta escuela y su familia, que en 2014 huyó de un pueblo en las afueras del norte de la ciudad de Donetsk, cerca del aeropuerto. «Había comprado mi casa a fines de 2013, y antes de un año las paredes ya estaban separadas [por los bombardeos]. Luego me ayudaron buenas personas», dice el hombre . En Novoazovsk, se recoge la asistencia humanitaria que viene de Donetsk y de Rusia.

La información completa sobre lo que está sucediendo en Mariupol no la tiene ni siquiera aquellos que abandonaron la ciudad hace un par de días. Además, las personas a menudo no saben lo que está sucediendo en un barrio vecino. Los suministros municipales no funcionan, y la gente funde nieve para obtener al menos un poco de agua.

Andrei, nueve días en el sótano

Andrei, un residente de un distrito en el este de Mariupol, dijo que él y su familia no salieron de la casa durante nueve días, porque estaban en el sótano, y la casa ya no tenía paredes.

Después de nueve días, Andrei escuchó voces en la calle, y reconoció a los soldados de la República y salió al exterior. «Me preguntaron qué hacíamos sentados ahí, pero aquí no nos informaron sobre los corredores humanitarios», dice.

Tropas de la República popular de Donetsk en las inmediaciones de MARIUPOL

Después de eso, la familia se reunió apresuradamente y avanzó hacia Novoazovovsk, tratando de avisar en el camino a los vecinos sobre la evacuación. A unos cinco kilómetros, la familia de Andrei llegó a la posición más cercana de las tropas de la República Popular de Donetsk, que los trasladaron a un punto de atención médica.

Andrei está seguro que el ejército ucraniano simplemente saboteó la evacuación de los habitantes de Mariupol.

«Dijeron que las carreteras ya no existían, y no se molestaban en dar ninguna explicación», recuerda. “Han decidido que si los derriten, que se entierre a la gente con ellos,  buscando cualquier razón para dejarnos en la ciudad», dice Andrei.

En las ciudades cercanas a la zona de combate se desarrolla una catástrofe humanitaria. Las autoridades ucranianas y los batallones de ultras, en realidad tienen personas como rehenes: en casas destruidas, sin alimentos, agua ni medicamentos. Independientemente de sus puntos de vista políticos, todos los civiles están experimentando los peores días de su vida debido al deseo de guarnición ucraniana de la ciudad de crear un mito heroico sobre la «defensa de Mariupol».