EEUU Y LAS ARMAS HIPERSÓNICAS AJENAS: La industria militar estadounidense pretende atemorizar a la opinión pública del país

Pánico hipersónico y terror competitivo

Nueva arma hipersónica de larga distancia propuesta por científicos chinos: a seis veces la velocidad del sonido, evadiendo los radares en el camino, atacaría objetivos a 3.000 km de distancia, y acabaría con las líneas de comunicación y suministro de energía en un área de 2 km.

BINOY KAMPMARK / COUNTERPUNCH

Durante su ajetreado tiempo en el cargo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se deleitó mucho al reflexionar sobre los juguetes letales de las fuerzas armadas de su país, reales o hipotéticos. Estos incluían una capacidad hipersónica que, según habían advertido sus asesores militares, estaba siendo dominada por los adversarios. Dichos dispositivos, que incluyen misiles de crucero hipersónicos y vehículos hipersónicos de propulsión y deslizamiento, han sido promocionados como la apertura de una nueva carrera armamentista, dada su capacidad no sólo para viajar a cinco veces la velocidad del sonido, como regla general, sino que también muestran una hábil maniobrabilidad para evadir las defensas.

Sin inmutarse por ninguna capacidad rival, Trump afirmó en mayo de 2020 que el ejército de los EEUU había creado un arma «impresionante» que podía viajar a 17 veces la velocidad del sonido. «Estamos construyendo, en este momento, equipo militar increíble a un nivel que nadie ha visto antes». Como un adolescente burlándose de sus rivales, Trump también afirmó que el misil eclipsaba a los equivalentes rusos y chinos. Según Trump, Rusia tenía uno viajando a cinco veces la velocidad del sonido y China estaba trabajando en un dispositivo que pudiera moverse a la misma velocidad o unas seis veces. Los funcionarios del Pentágono no comunicaron exactamente los detalles, lo que dejó lugar a que los fantasiosos especularan.

En 2019, Rusia desplegó su propio misil hipersónico intercontinental, el sistema estratégico Avangard, con un vehículo deslizante hipersónico montado en un misil balístico intercontinental. «Es un arma del futuro, capaz de penetrar los sistemas de defensa antimisiles existentes y futuros», afirmó el presidente ruso Vladimir Putin en ese momento.

A pesar de la pretendida destreza [del arma «impresionante» mentada por Trump] nada arrugó tanto las cejas de los funcionarios del Pentágono como la prueba de misiles hipersónicos de China del 27 de julio. El general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, dijo en una entrevista con Bloomberg en octubre que era «un evento muy importante» y era «muy preocupante». La prueba fue reportada por primera vez por Financial Times el 16 de octubre, que también señaló, sin detalles adicionales, una segunda prueba de sistemas hipersónicos el 13 de agosto.

La Fuerza de Cohetes del Ejército Popular de Liberación ya había llamado la atención de los planificadores militares estadounidenses en la última década con avances en este campo. El misil hipersónico de deslizamiento y propulsión Dongfeng-17 (D-17), por ejemplo, hizo su aparición en 2014 y resultó ser tremendamente preciso, alcanzando sus objetivos a pocos metros.

La prueba de julio, sin embargo, fue otro asunto, aún no alcanzando su objetivo por 30 km,  y fue descrita por el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, como una «prueba de rutina» de la tecnología de los vehículos espaciales. Habían utilizado  una variante del Sistema de Bombardeo de Órbita Fraccionadal (FOBS), un método de lanzamiento de misiles de órbita baja iniciado por los soviéticos para evitar ser detectados.  (N. de la E.: El FOBS era el nombre de un sistema de misiles soviético que permitía situar una cabeza nuclear en una órbita baja de la Tierra, a unos 100 o 150 km de altura con un ángulo bajo de inclinación, por lo cual era difícil detectarlos con la suficiente antelación, podían llegar a cualquier punto de la Tierra y recorrer la órbita en ambos sentidos y no se podía predecir dónde caerían. Esta tecnología hizo que en los años 60, Nikita Jruschov, afirmara que la URSS podía atacar a EEUU a través de la Antártida, a diferencia de los misiles balísticos intercontinentales con cabezas nucleares, con base en tierra, que debían seguir la distancia más corta entre ambos países que pasa por el Ártico, donde EEUU centraba su sistema de defensa).

La prueba de China del pasado mes de julio, enfureció al complejo militar-industrial estadounidense, a pesar de que Estados Unidos ha estado involucrado activamente en el desarrollo de armas hipersónicas desde principios de los años 2000. En la mentalidad imperial, cualquier experimento aparentemente exitoso por parte de los militares de otra potencia, en particular un adversario, provoca una mueca de pánico.

Cualquier cosa se trata como «una grave amenaza», incluso para una potencia que gasta más que los presupuestos militares combinados de los siguientes siete países.

Sobre los avances de Beijing y Moscú, Alexander Fedorov del Instituto de Física y Tecnología de Moscú explica que Rusia «tenía experiencia pero no dinero, China tiene dinero sin mucha experiencia y Estados Unidos tiene ambas, pero empezó más tarde que Rusia o China y ahora se está poniendo al día».

El poder militar estadounidense prefiere una lectura más lúgubre, un panorama que luego pueden vender al Congreso como que EEUU está siendo superado de alguna manera por países de advenedizos y usurpadores. George Hayes, director ejecutivo del contratista de Defensa Raytheon, dijo que Estados Unidos es un rezagado en el campo hipersónico, que está “años atrás” de China. Michael Griffin, ex subsecretario de Defensa para Investigación e Ingeniería, dijo que [la de las armas hipersónicas] «es una carrera armamentista» que «no comenzamos», lo que brinda tranquilidad moral para sumarse a ella. Milley tampoco se mostró reacio a inflar la importancia de la prueba china de julio. “No sé si es como el gran momento del Sputnik, pero creo que están muy cerca de eso. Estamos muy atentos».

El USA Today ciertamente deseaba que sus lectores le prestaran toda su atención con una nota en la que afirmaba que  “ese método también significa que Estados Unidos podría ser atacado desde el Polo Sur. Los sistemas de defensa estadounidenses se concentran en ataques con misiles desde el norte».

La administración de Biden ya ha solicitado 3,8 mil millones de dólares para la investigación hipersónica en el presupuesto del Pentágono para el año fiscal 2022. Este es un fuerte aumento del anterior de 3,2 mil millones, que ya había sido incrementado del predecesor que fue de 2,6 mil millones.  En junio, el vicealmirante Jon Hill, director de la Agencia de Defensa de Misiles (MDA), advirtió al subcomité de Servicios Armados del Senado sobre las Fuerzas Estratégicas, de los riesgos actuales e inminentes, por lo que propuso que se los dotara de más efectivo. Dijo que tal como estaban las cosas, «los portaaviones estadounidenses ya se enfrentan a riesgos de armas hipersónicas que ahora están ingresando al inventario de adversarios estadounidenses y la Marina no ha desarrollado defensas tempranas para la amenaza».

El pánico hipersónico llegó para quedarse, y el complejo industrial militar de defensa se frota las manos y esperan untar las que haga falta.

Hayes (de Raytheon) es uno de ellos, y espera que Estados Unidos “tenga armas para desafiar a los adversarios, pero lo más importante es que creo que nuestro enfoque es cómo desarrollar contra-hipersónicos. Ahí es donde estará el desafío». National Review está totalmente de acuerdo, alentando a Estados Unidos a «desplegar interceptores de defensa antimisiles en Australia y más sensores en el espacio, así como trabajar hacia armas de energía dirigida que serían el mejor contraataque a los misiles hipersónicos». Otro frente competitivo para la locura militar está a la vista, incluso antes de que haya comenzado.