CHINA: Volver a ser el ‘Reino del Medio’

Ni siquiera un ataque nuclear desviará a Xi y al liderazgo de Beijing de la nueva era de renacimiento de China.

El Nuevo Manifiesto Comunista de Xi


La ambición inquebrantable del líder es que el renacimiento de China destruya de una vez por todas los recuerdos del ‘siglo de la humillación’ .

P. ESCOBAR / ASIA TIMES

En la sexta reunión plenaria del XIX Comité Central, celebrada en Beijing del 8 al 11 de noviembre, el Partido Comunista de China adoptó una resolución histórica, sólo la tercera en sus 100 años de historia, que detalla los principales logros y presenta una visión para el futuro.

Esencialmente, la resolución plantea tres pregunta: ¿Cómo llegamos aquí? ¿Por qué tuvimos tanto éxito? ¿Y qué hemos aprendido para que estos éxitos sean duraderos?

No se debe subestimar la importancia de esta resolución que imprime un hecho geopolítico importante: China ha vuelto. Es su gran momento y lo ha hecho a su manera. No hay cantidad de miedo y odio suficiente que pueda desplegar un occidente hegemónico en declive, para alterar este camino.

La resolución del Partido provocará, inevitablemente, bastantes malentendidos, y es necesario hacer algunas aclaraciones.

Si comparamos las 31 provincias de China con los 214 Estados soberanos que componen la «comunidad internacional», se observa que cada región china ha experimentado las tasas de crecimiento económico más rápidas del mundo. En todo Occidente -donde no hay ningún paralelo histórico con las notorias tasas de crecimiento de China– por lo general se ha asumido que se trata de un misterio irresoluble.

El famoso «cruzar el río mientras se palpan las piedras» de Deng Xiaoping, descrito como el camino para construir un «socialismo con características chinas», puede ser la respuesta al misterio. Pero el detalle está en cómo los chinos aplicaron, con una mezcla de prudencia y audacia, todos los dispositivos posibles para facilitar la transición hacia una economía moderna.

El resultado, híbrido, ha sido definido por un delicioso oxímoron: «economía de mercado comunista». En realidad, esa es la traducción práctica perfecta del legendario «no importa el color del gato, siempre y cuando atrape ratones». Y fue este oxímoron, de hecho, lo que celebró la semana pasada la nueva resolución aprobada en Beijing.

«Fabricado en China 2025«

Mao y Deng han sido analizados exhaustivamente a lo largo de los años. Centrémonos ahora en Xi.

Inmediatamente después de ser elevado a la cúspide del partido, Xi definió su plan maestro: lograr el «sueño chino» o el «renacimiento» de China. En este caso, en términos de política, «renacimiento» significó realinear a China en el lugar que le corresponde en una Historia que abarca al menos tres milenios: volver a ser el Reino del Medio. (N. de la E.: De hecho, China en chino es Zhōnghuá, que puede traducirse como «Reino del Medio», un concepto geopolítico surgido con la unificación de los territorios bajo el poder central del emperador. A fines del siglo XVIII, China era tan rica como toda Europa, pero la revolución industrial europea dejó desfasada la economía china y su poder militar. Empezó, el llamado Siglo de Humillación: entre 1842 y 1945, China fue expoliada y abusada por las potencias occidentales).

Ya durante su primer mandato, Xi logró imprimir un nuevo marco ideológico. El Partido, como en aquellos tiempos del Reino Medio, debería conducir la economía hacia lo que se rebautizó como «la nueva era». Explicándolo de manera simplificada, se podría decir que se trata del concepto de «el Estado contraataca».

De hecho, fue mucho más complicado. No fue simplemente una repetición de los estándares de economía estatal. No se trató de una estructura maoísta que operaba grandes sectores de la economía. Xi se embarcó en lo que podríamos resumir como una forma bastante original de capitalismo de Estado, donde el Estado es simultáneamente actor y árbitro de la vida económica.

El equipo de Xi aprendió muchas lecciones de Occidente, utilizando mecanismos de regulación y supervisión para controlar, por ejemplo, la esfera de la banca en la sombra. Macroeconómicamente, la expansión de la deuda pública en China fue contenida y la extensión del crédito, mejor supervisada. Pekín tardó solo unos años en convencerse de que los principales riesgos de la esfera financiera estaban bajo control.

El nuevo rumbo económico de China se podía entrever en 2015 con el lema «Hecho en China 2025», que reflejaba la aspiración del gobierno de reforzar la independencia económica y tecnológica del Estado-civilización. Eso implicaría una reforma seria de las empresas públicas algo ineficientes, ya que algunas se habían convertido en Estados dentro del Estado.

Paralelamente, hubo un rediseño del «papel decisivo del mercado», con el énfasis en que las nuevas riquezas deberían estar a disposición del renacimiento de China y de sus intereses estratégicos, definidos, por supuesto, por el Partido.

El nuevo ajuste al modelo, fue imprimir una “cultura de resultados” en el sector público, al tiempo que el sector privado debía asociarse a la búsqueda de las aspiraciones nacionales generales. ¿Cómo lograrlo? Facilitando el papel del Partido como gestor general y fomentando las asociaciones público-privadas.

El Estado chino dispone de inmensos medios y recursos que se ajustan a sus aspiraciones. Beijing se aseguró de que estos recursos estuvieran disponibles para aquellas empresas que entendieran perfectamente que tenían una misión: contribuir al advenimiento de una «nueva era».

Cómo se proyecta poder

No hay duda de que China bajo Xi, en ocho cortos años, se transformó profundamente. Sea lo que sea lo que el Occidente liberal haga y diga, desde un punto de vista chino es absolutamente irrelevante y no descarrilará el proceso.

Lo que debe ser entendido, tanto por el Norte como por el Sur Global, es el marco conceptual del «sueño chino»: la ambición inquebrantable de Xi es que el renacimiento de China finalmente destroce los recuerdos del «siglo de la humillación» para siempre.

La disciplina del Partido, a la manera china, es algo digno de contemplar. El PCCh es el único partido comunista del planeta que gracias a Deng descubrió el secreto de acumular riquezas. Y eso nos lleva al papel de Xi consagrado como un gran transformador, al mismo nivel conceptual que Mao y Deng. Comprendió perfectamente cómo el Estado y el Partido creaban riqueza: el siguiente paso es utilizar el Partido y la riqueza como instrumentos para ponerlos al servicio del renacimiento de China.

Nada, ni siquiera una guerra nuclear, desviará a Xi y al liderazgo de Beijing de este camino. Ya existe el mecanismo – y un lema – para la nueva proyección del poder de China: la Iniciativa Belt and Road (BRI), originalmente One Belt, One Road (OBOR). En 2017, el BRI se incorporó a los estatutos del Partido.

No existe una definición exacta para ser entendida en Occidente para el BRI. El BRI se implementa en muchos niveles superpuestos. Comenzó con una serie de inversiones que facilitaron el suministro de productos básicos a China. Luego vinieron las inversiones en infraestructura de transporte y conectividad, con todos sus nudos y puertos como Khorgos, en la frontera chino-kazaja. El Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), anunciado en 2013, simbolizó la simbiosis de estas dos vías de inversión.

El siguiente paso fue transformar los centros logísticos en zonas económicas integradas: por ejemplo, Hewlett-Packard, con sede en Chongjing (en el centro de China) exporta sus productos a través de una red ferroviaria BRI a los Países Bajos. Luego vinieron las Rutas de la Seda Digital -de 5G a la inteligencia artificial- y las Rutas de la Seda de Salud vinculadas al Covid.

Lo cierto es que todos estos caminos conducen a Beijing. Funcionan tanto como corredores económicos como avenidas de poder blando, «vendiendo» a la manera china, especialmente en todo el Sur Global.

Hacer negocios, no la guerra

«Hacer negocios, no la guerra», ese sería el lema de una Pax Sinica (Paz China) bajo Xi. El aspecto crucial es que Pekín no pretende reemplazar a la Pax Americana, que siempre se basó en la diplomacia de los cañones del Pentágono.

La declaración reforzó sutilmente que Pekín no está interesado en convertirse en un nuevo hegemón. Lo que importa sobre todo es eliminar las posibles limitaciones que el mundo exterior pueda imponer sobre sus propias decisiones internas, y especialmente sobre su configuración política única.

Occidente puede rasgarse las vestiduras por el Tíbet y Hong Kong hasta por Xinjiang y Taiwán. Pero nada cambiará.

Resumiendo, así es como el “socialismo con características chinas”, un sistema económico único y siempre mutante, llegó a la era tecno-feudalista ligada al Covid. Pero nadie sabe cuánto durará el sistema y en qué forma mutará. Los problemas de corrupción, deuda -que se triplicó en diez años- y luchas políticas internas, no han desaparecido en China. Para alcanzar un crecimiento anual del 5%, China tendría que recuperar el crecimiento de la productividad comparable a aquellos tiempos vertiginosos de los años 80 y 90, pero eso no sucederá porque una disminución del crecimiento va acompañada de una disminución paralela de la productividad. (N.de la E.: China cerró 2020 con un crecimiento del 2,3%, que fue la cifra más baja en 30 años, pero fue la única gran economía del mundo que creció, impulsada por la producción industrial y el consumo interno).

El PCCh siempre es extremadamente preciso en los términos que utiliza y es interesante remarcar que los dos predecesores de Xi hablaron de «perspectivas» o «visiones» y Deng habló de «teoría», pero sólo Mao era considerado autor de «pensamiento». El concepto de «nueva era» de Xi, ha sido a todos los efectos prácticos, elevado a la categoría de «pensamiento» y parte de la composición del Estado- civilización.

Es por eso que la resolución del Partido, la semana pasada en Beijing, podría interpretarse como el Nuevo Manifiesto Comunista. Y su autor principal es, sin lugar a dudas, Xi Jinping. Sea como sea, que este Manifiesto se convierta o no en la hoja de ruta ideal para una sociedad más rica, más culta e infinitamente más compleja que en los tiempos de Deng, ya no hay vuelta atrás.