MADAGASCAR: La primera hambruna causada por el cambio climático

El cambio climático está matando de hambre a los habitantes de Madagascar

El cambio climático está llevando a los habitantes de Madagascar, literalmente, a la muerte por  inanición mientras el mundo mira para otro lado. «Esto no se debe a una guerra o un conflicto, esto se debe al cambio climático», enfatizó David Beasley, el director general del Programa Mundial de Alimentos de la ONU. «Esta es un área del mundo que no ha contribuido en nada al cambio climático, pero ahora son ellos los que pagan el precio más alto», agregó Beasley en su reciente visita al país africano.

Madagascar es una nación insular de 26 millones de habitantes situada en el Océano Índico, frente a Mozambique, al sudeste del continente africano. Es famosa por sus lémures, una especie de primates originaria del país, pero en 2016, ya no quedaban lémures, ni naturaleza de la cual hablar. El cactus es lo único que ha sobrevivido a la devastadora sequía.

En 2016, los trabajadores humanitarios sobre el terreno ya reportaban que en Anjampaly, una aldea remota del sur del país, desde hacía 4 años la población «sólo ha comido cactus rojos» y que «no ha llovido ni una gota en todo ese tiempo» y llevaban 5 años de malas cosechas. Las madres explicaban que “desde que dejó de llover los niños no comen con regularidad” y que les daban hojas de cactus y “con esa dieta tienen diarrea y vómitos, pero al menos no los mata». Otra mujer decía, “no podemos alimentar a nuestros hijos. Eso es lo que más nos hace sufrir. No llueve, así que no hay cosechas. La tierra ya no es cultivable y está abandonada. Comemos plantas, cualquier cosa que podamos recoger». En ese momento la ONU señaló que la sequía afectaba a 1,4 millones de personas, y 850.000 necesitaban asistencia humanitaria inmediata. Han pasado cinco años, y la situación no ha hecho más que empeorar. En 2019, la falta de lluvias y un  fenómeno de El Niño extremo llevaron a la pérdida del 90% de las cosechas y empujaron a más del 60% de la población a la inseguridad alimentaria. En todo 2020 no cayó ni una gota y la población luchó por sobrevivir esperando que 2021 fuera un año mejor, pero las lluvias no han llegado.

Trabajadores humanitarios sobre el terreno, advierten que incluso si las lluvias llegaran a finales de este año, los agricultores ya no tienen recursos después de perder tantas cosechas, para comprar semillas y herramientas de cultivo. Además, en caso de que consiguieran sembrar y sus cultivos prosperaran, pronto serían pasto de las langostas, como le ha ocurrido a más de un campesino.

Como si el panorama no fuera suficientemente desolador, este año se ha sumado un fenómeno inesperado, el de las tormentas de arena, que han terminado de dejar inservibles las tierras para la agricultura y el ganado.

Las sequías en el sur de Madagascar, han aumentado drásticamente tanto en frecuencia como en intensidad en los últimos años y las Naciones Unidas las han vinculado claramente con el cambio climático. Los niveles históricamente bajos de lluvia agotaron las fuentes de agua limpia, como resultado las enfermedades transmitidas por el agua estancada e insalubre han aumentado considerablemente. La directora nacional de Save the Children para Kenia y Madagascar, Yvonne Arunga, explicó que “la gente va a buscar agua de los charcos en la carretera o usa agua de pozos estancados para beber y cocinar”, y que “los adultos y los niños caminan grandes distancias todos los días para recolectar el agua disponible para venderla y poder comprar un cuenco de arroz o unos tubérculos”.

Sin lluvia, tampoco hay cosechas. Sin cosechas llegó la inseguridad alimentaria, la malnutrición y finalmente la muerte por inanición.

Durante los últimos tiempos la gente sólo ha comido frutos crudos de cactus, hojas silvestres y langostas. Ahora ya sólo queda arcilla, termitas y una variedad de otras sustancias no comestibles, hasta cuero de zapatos hervido.

Acción Contra el Hambre – una organización humanitaria creada en 1979 por un grupo de médicos y científicos franceses- explica que entre octubre de 2020 y marzo de 2021, sus  equipos sobre el terreno han tratado a 8.727 niños con desnutrición grave, 8.582 niños con desnutrición moderada y 9.611 niños con otras enfermedades.

La directora regional del Programa Mundial de Alimentos de la ONU en el sur de África, Lola Castro, dijo que en sus 28 años de trabajar con la organización en cuatro continentes, «nunca había visto nada peor que esto, excepto en 1998, en lo que ahora es Sudán del Sur». Castro explicó que en este momento 1,3 millones de personas en Madagascar carecen de alimentos y se enfrentan a la inanición, y que más de 135.000 niños menores de cinco años sufren desnutrición aguda o severa. También dijo que los niños han abandonado las escuelas, y el 75% de los menores del sur del país están pidiendo limosna o buscando comida.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU está proporcionando ayuda alimentaria a casi medio millón de personas en los nueve distritos más afectados del sur, pero no puede ampliar su programa para asistir a todos los que lo necesitan porque carece de financiación. Esta agencia de la ONU actualmente está en números rojos.

A pesar de esta situación desesperada Madagascar no está entre los diez primeros países en términos de ayuda internacional, aun siendo que es el más afectado por la actual ola de hambre mundial.  Las Naciones Unidas y el gobierno de Madagascar dicen que son necesarios 155 millones de dólares para proporcionar los alimentos indispensables para salvar vidas, y no llegan de ningún lado, a pesar de que es una cantidad irrisoria comparada con lo que cuestan misiles (hay hasta de 6 millones de dólares), bombas y armamento similar.