ESPAÑA – PROTESTAS POR PABLO HASEL: La Revuelta de los Nadie

«Somos lo que ves, no hay más, no busques la bestia negra/ de la que hablará mañana toda la prensa, nos sobran motivos para protestar…Hoy no venimos de, ni vamos a, somos la mala hierba que crece / entre los que nos prohiben y nos prescriben contratos y ocio basura y ETT’s que nos exprimen….Máquina de guerra ingobernable, garra de la gente de la calle, un, dos, un dos tres, arriba, un esfuerzo más. Los coches cruzados en la calzada detendrán el paso de la banda uniformada/se oyen las sirenas, llueven las pedradas, el fuego iluminará la madrugada», dice una vieja canción de los años 90 de un grupo musical nacido en Madrid llamado Hechos contra el decoro, cuya letra completa pueden leer a continuación y que es más clara que muchos discursos sociológicos.

Danza de los Nadie Letra : Antonio Muniz / Angelo Mancini / Eva Reina

«Esta noche mi gente, de frente / tiene una cuenta pendiente / y la va a querer cobrar. Los callejones vomitarán su rabia en las avenidas/ va a ser interrumpida la pulcritud del mármol/ de los palacios por la estampida/De nuestras botas que ya están rotas de bailar al son del poderoso/ al compás del que atribuye la norma, esta noche les va a costar/ cazar a las sombras que emboscadas en la oscuridad atacan y escapan, clavan su aguijón/saltan de un lugar a otro y rompen el cristal del consenso que estalla si la calle no se calla

Parecía más resistente lejos de nuestras pedradas/Adelante, adelántate, ven a ver lo que es tu propia fuerza/ míralo con tus ojos sin rostro y verás que no hay vías muertas/ así que no es real la facilidad con que nos dan la respuesta/ la proposición de los Sin Rostro es una pregunta abierta / Hoy no venimos de, ni vamos a, somos la mala hierba que crece / entre lo que nos prohiben y nos prescriben contratos y ocio basura y ETT’s que nos exprimen.

Y tenemos miedo, claro, pero es un viejo conocido que en forma de uniformado/ o de larga cola del paro nos ha echado amenazante pero hoy nos verá de frente y también se llevará su parte / Confundimos la luna con farolas/ confundimos estrellas con espejos, sí/ Todo empezó el día que a mamá se le agrietaron los pechos / y de sus pezones tan sólo brotó veneno. Esa es la leche que nos dieron. Esa es la leche que mamamos, sí/ y baila al aire la danza de los Nadie, el ritmo de los Sin Rostro hoy se extiende calle a calle.

Somos lo que ves, no hay más, no busques la bestia negra/ de la que hablará mañana toda la prensa, nos sobran motivos para protestar… sí, rabia acumulada bum bum bum bum!! /No es broma la que se avecina/Nos movemos rápido, calculamos el momento, la adrenalina a tope y los ojos bien abiertos/. Se colmó el vaso hace tiempo y estamos dispuestos a plantarles cara hasta quedar sin aliento.

Piedras y carreras contra equipados matones, los siempre golpeados cansados de ser ratones, hoy son salvajes gatos enfrentados a las razones de la economía privada y sus instituciones/.Máquina de guerra ingobernable, garra de la gente de la calle, un, dos, un dos tres, arriba, un esfuerzo más. Los coches cruzados en la calzada detendrán el paso de la banda uniformada/se oyen las sirenas, llueven las pedradas, el fuego iluminará la madrugada»

«Básicamente es una revuelta»

ANDREU BARNILS/ VILAWEB

Manuel Delgado (1956) es doctor en antropología por la Universidad de Barcelona y forma parte de la junta del Instituto Catalán de Antropología. A raíz de los acontecimientos de estos días, con las manifestaciones de los jóvenes en la calle desde que Pablo Hasel fue enviado a prisión, el medio catalán VilaWeb entrevista al profesor Delgado como voz académica autorizada para explicar la diferencia entre «violencia» y «revuelta», contextualizar los hechos vividos y entender por qué no hay una dirección definida en las manifestaciones.
El Dr. Delgado es autor de más de veinte libros, pertenece al Observatorio de Antropología del Conflicto Urbano, y recientemente prologó «La danza de los nadie», que es una antropología de las manifestaciones.

-Esto que vemos estos días, ¿son disturbios o violencia? ¿Cómo lo define?

-Es un motín, un levantamiento. En una prisión hay un motín cuando los presos se sublevan. Básicamente es una revuelta. Y punto. El término ‘violencia’ tiene una problemática porque está muy escorado ideológicamente. Los violentos son siempre los otros. El mismo hecho, objetivamente idéntico, puede tener significados diferentes, y recibir valoración moral distinta, por mucho que sea idéntico. Si la imagen de unos contenedores ardiendo, gente tirando piedras a la policía y un vehículo de policía en llamas, fuera de Caracas sería «la expresión de las ansias de libertad del pueblo venezolano». Aquí es «terrorismo urbano». Y esta es la cuestión. Las palabras que usamos parece que describan hechos naturales, y no lo son. Describen hechos con valoración no sólo moral, sino también ideológica.

-¿Por qué han salido a la calle los jóvenes?

-Los motivos por los que se desencadenan (las revueltas) tienen dos niveles: el explícito, inmediato, que hay un hecho particular que lo desencadena (envían un rapero a prisión) y otro, que implica la emergencia de malestares que son crónicos en una sociedad hecha de injusticias y asimetrías. No son estallidos psicóticos del populacho. Siempre hay motivos para la revuelta, en una ciudad. No quiere decir que sean justificadas todas desde un punto de vista ético, sino que son explicables. . Aparte que puedas, o no, compartir las razones que lo desencadenan, no son fenómenos irracionales. Tienen, a menudo, una cierta dimensión ritual que tiene que ver con el malestar crónico, que cuando encuentra una oportunidad, se expresa. Se entiende que el recurso a la violencia lo realizan segmentos sociales que no tienen otra manera de expresar su descontento. No lo hacen por vicio. Lo que me interesa decir es que estos eventos cuestionan la presunción de que hay una normalidad ciudadana. Y que advierten de la naturaleza intrínsecamente conflictiva de las sociedades complejas, y de la misma naturaleza de las ciudades.

-¿Malestar crónico ligado al capitalismo solamente?

-No creo que ninguna sociedad compleja sea justa. Es imposible. Nunca hay una sociedad suficientemente justa y bastante libre. Por lo tanto, habrá este tipo de estallidos, cuando el malestar flota. Hace pocas semanas que estallaba una revuelta urbana en Copenhague. Ni siquiera una sociedad nórdica socialdemócrata se libra de ello.

¿Qué opina de «todos los disturbios son por infiltrados de la policía. Los manifestantes son pacíficos, los violentos son infiltrados?

-Cualquier explicación que simplifique el fenómeno, atribuyéndole una causa conspirativa, es tan absurda como pensar que la violencia policial es consecuencia de la presencia de psicópatas en sus filas. No. Hay segmentos sociales que están descontentos y la juventud es el brazo ejecutor. Y esto no es nuevo. Recordemos como fueron las huelgas generales de 2010 y de 2012; las luchas de los estudiantes contra el plan Bolonia; la protesta contra el desalojo de Can Vies; la «intifada» de 1990 del Besòs (un barrio), la del cine Princesa de 1996. Los acontecimientos de estos días no han sido ni remotamente de la intensidad de los octubre del 2019.

-También recuerdo estallidos en las victorias del Barça.

-Y también entonces había saqueos de establecimientos. No hay nada nuevo. Y menos en Barcelona. Por eso es la Rosa de Fuego. Que en Barcelona haya disturbios, debería verse como una tradición popular. (N.de la E. «Rosa de fuego» [Rosa de foc ] es el apelativo que se puso a Barcelona a raíz de los sucesos de la Semana Trágica de 1909, durante el reinado de Alfonso XIII -abuelo del emérito Juan Carlos I- cuando se movilizó a los reservistas para controlar militarmente el norte de Marruecos. Los reservistas eran padres de familia de la clase obrera. Las clases pudientes quedaban excentas de ser movilizadas, pagando una suma equivalente a los salarios de dos años de trabajo de un obrero, una cantidad inaccesible pra los trabajadores. La revuelta en Barcelona dejó casi 500 heridos, alrededor de 150 muertos, 1700 detenidos y 5 ejecutados por la monarquía de Alfonso XIII. Uno de los ejecutados fue el pedagogo anarquista Ferrer Guardia, a quien se acusó de ser «instigador» de las protestas. En casi toda Europa se protestó por la ejecución de Ferrer Guardia. En Buenos Aires lanzaron bombas contra el consulado español).

-¿Qué elementos rituales ve usted, estos días?

-En una sociedad con unas fuerzas de seguridad debidamente entrenadas los enfrentamientos en la calle no suelen dejar víctimas. Aquí sí que hay, como hemos visto con la chica que ha perdido el ojo (por un disparo policial de bolas de goma). Pero tienen una dimensión ritual en la medida que tienen mucho de protocolo en que la agresión es limitada. Hay unas imágenes de unos Mossos que empujan una chica, se retira, y de repente reclama unas gafas que le han caído. Y los Mossos cogen las gafas y se las vuelven. Algo no priva la otra dimensión. Cada ciudad tiene formas de protesta específicas. El uso sistemático y generalizado de cócteles molotov en Grecia, aquí no tiene tanta intensidad. Aquí la tendencia es quemar contenedores (de basura). Y que tiene una dimensión expresiva, que va más allá de la instrumental. No se trata sólo de impedir el paso de la policía.

-¿Cuál sería el simbolismo del contenedor?

-La idea de manipular elementos del mobiliario urbano implica, aunque parezca una paradoja, darles una dignidad que no tienen. Convertirlos en protagonistas de la Historia cuando habitualmente son residuos, elementos marginales de la vida cotidiana. Son como los adoquines que se levantan en una revuelta clásica. Aquel contenedor siempre está allí. Lo encuentras cada día. Y de repente tiene un sentido que no le habían dado sus diseñadores.

Cuando un establecimiento es atacado, ¿se puede saber si quien ataca es un policía infiltrado o un manifestante? ¿Se puede discernir esto a través del objetivo atacado?

-No. Recuerdo la cumbre del Banco Mundial (2001). Ese día sí había pruebas de policías infiltrados y actuando. Ahora no tengo ninguna prueba. ¿Quiere que le diga cuál es el sentido que tiene todo esto? Hay una película que se llama Battle in Seattle (Batalla en Seattle) . Como siempre, tenemos los «manifestantes buenos» y los «manifestantes malos». Y en un momento determinado unos manifestantes buenos reprochan a los malos que rompan cristales. Los malos se detienen, miran a los buenos, y dicen: «como quieras, pero estos días se recordarán por nosotros, no por ti». Y esto es objetivamente cierto: si estos días el caso de Hasel y la democracia en España ha tenido eco internacional no ha sido por el 52% de independentistas que parece que hay en la Cataluña votante, sino por las imágenes del Paseo de Gracia (una de las avenidas principales de Barcelona) en llamas . Objetivamente es así. Hay una inteligencia (colectiva) que actúa, a veces sin ser conscientes de ella ni la gente que las encarna. Hay actuaciones colectivas que no responden a ningún centro, y tienen que ver con una especie de comunicación telepática, y que la gente se mueva como un ballet, de manera coordinada, inconsciente. Esto se llama conducta colectiva.

-¿Una especie de inconsciente colectivo?

Lo explico siempre en clase: el inconsciente es lo colectivo. Esto diferencia a Marcel Mauss de Carl Jung. Jung dice que hay un inconsciente colectivo. Y lo que hay son acuerdos automáticos entre desconocidos, que no necesariamente tienen que responder a instrucciones ni órdenes.

«Quisiéramos hablar con los manifestantes. Y no encontramos a nadie con quien hablar «, dicho por la policía.

-Porque en la dirección no hay nadie. Es como una niebla a ras de suelo. No se comportan como individualidades. Es otra cosa. Es un ser que puede estar unido, fusionado, o puede ser molecular y dispersarse. Hablamos de fenómenos de masas, que no son nunca irracionales. Y tienen mecanismos internos que advierten de la presencia de inteligencias colectivas. Y que cada elemento es una terminal, pero sin centro. Estos movimientos tienen cabecillas, pero a la vez no tienen ninguno. Hay una canción que lo dice: «La gente no es capaz de ver la potencia que tiene». La idea de que son capacidades autogestionadas, endógenas, organizadas desde dentro es lo que cuesta entender. Entonces creen que debe haber alguien detrás, o la policía emboscada, o los anarquistas extranjeros. Y no aceptan, no aceptan, que hay formas de pensamiento que se ejecutan de forma colectiva y sobre la marcha. Esto hace apasionante este tipo de fenómenos.

-También se ha dicho: «Todos estos jóvenes, y sin dirección. Nadie aprovechando ni marcando estrategia«.

-Es que arriba no hay nadie. Ni detrás. Por eso asusta. Porque a nadie le pueden decir: «lléveme ante su jefe».

-Entonces, la consecuencia política de todo esto puede ser nada… o todo.

-Evidentemente habrá una lectura y una capitalización. Un aprovechamiento en un sentido o en otro. La vindicación y la fuerza contra las sentencias (judiciales, contra los líderes independentistas) afectaba a una parte de la población que se sentía rabiosa. En este caso, hay menos gente en la calle. Y aun así la repercusión política es mucho más fuerte. Básicamente por el cuadro en el que nos encontramos.

En las manifestaciones, se ven chicos de quince años, dieciséis, diecisiete.

-¿Qué espera? ¿Que vaya la gente mayor con dolor de caderas? Si esto es tan indignante qué se piensan que fue mayo de 1968 en París. Y ahora hay políticos que presumen de haber estado allí. No jodamos. Aquello sí que fue violencia callejera. Y mira. Ahora lo celebran.

-Puede pasar igual ahora: estos días indignación, y dentro de unos cuantos años, elogios. Dirán «Yo estaba allí».

-Yo a los dieciocho años estaba en la galería de menores acusado de agredir a un policía. Realmente no fui yo. Hicieron «pesca milagrosa», como pasa ahora. Y me hicieron consejo de guerra por un acto que era eso mismo que vemos ahora: violencia contra la policía. Pues hace unos años me dieron un diploma y novecientos euros por este hecho.

-¿Quién?

-La Generalitat (el gobierno de Cataluña). Lo debo tener por ahí, le puse un marco. Me hizo ilusión, dice: «El presidente de Cataluña, en nombre del pueblo catalán, rinde homenaje solemne al señor Manuel Delgado Ruiz en reconocimiento a su contribución a la causa de la libertad y la democracia durante la guerra civil y la dictadura franquista . Sea su compromiso durante esos años de oscuridad ejemplo de generosidad, dignidad, coraje y amor a la libertad, a la democracia, y a Cataluña para las generaciones posteriores». Firmado por el presidente de Cataluña y el consejero de Interior (de 2006). El mismo consejero de Interior, que era justamente el responsable de la represión de los estudiantes que protestaban contra el plan Bolonia. Como le decía antes: «los violentos son siempre los otros».

La protesta se dirige contra los Mossos (policía de Cataluña) y la policía española y, al final, la furgoneta que queman es la de la guardia urbana (policía municipal).

-En septiembre del año 2010, quemaron un coche de la guardia urbana en la plaza de la Universidad. En otra oportunidad quemaron dos furgonetas de la policía nacional junto a la prefectura. La razón es sencilla: estaban allí (cosa que deberíamos preguntarnos, ¿qué papel tiene la policía urbana a la hora de reprimir manifestaciones?).
Ya sea que se indignen o no, (ante las protestas), estos fenómenos se volverán a producir dentro de un año. Y repetiremos lo mismo. Lo que podríamos preguntarnos es por qué no pasan más a menudo, si hay tanto descontento … El nivel de descontento, tristeza, infelicidad, que nuestro sistema de vida impone a las personas les da motivos para que estén cabreadas. Y no queremos aceptar que hay una dimensión pasional que acaba emergiendo. Se quieren ciudades desapasionadas. Pues las ciudades son así. Todas. Las grandes ciudades han vivido episodios de estos constantemente: París, Londres, Nueva York, permanentemente se ven sacudidas por estos hechos.

-Pero esta vez también Girona. ¿Girona saliendo a la calle?

-¡Por favor! Si ha habido revuelta vecinal hasta en Burgos, con lo que ocurrió en el barrio de Gamonal (N.de la E.: en 2004 en hubo una semana de movilizaciones en un barrio de Burgos -una ciudad de Castilla muy conservadora- contra el plan municipal de invertir una desorbitada suma en remodelar una avenidad, en perjuicio de las mejoras que necesitaban los vecinos. Tras manifestaciones, quema de contenedores, ataque a las obras y a sucursales bancarias, el alcalde desistió de su plan). ¡Y el día que quemaron el Ayuntamiento de Cervera, ya hace muchos años! Hay algo de lo que no somos conscientes: siempre pasan estas cosas. ¡En Murcia quemaron el Parlamento murciano! (en 1992, los trabajadores de la industria naviera que protestaban por la reconversión industrial impuesta por la UE, tiraron un cóctel molotov que incendió el Parlamento de Murcia). ¡Y en Cartagena! Tanta sorpresa con el Capitolio, y en Murcia quemaron directamente el Parlamento.¿ Y Reinosa? (en Cantabria, en 1987, durante un mes hubo una revuelta social contra la reconversión industrial) ¿Y Rentería? (en Euskadi, en 1986, revueltas contra la reconversión industrial) ¿Y Gijón? (en Asturias, protestas mineras en los 80). Puede pasar en cualquier lugar o momento. En cualquier momento puede pasar cualquier cosa.

Explique la expresión «violencia estructural del sistema».

-Eso es un lugar común de los que se sublevan. Aunque pueda parecer una paradoja, esta gente no se levanta «contra el orden establecido». Se levanta contra el desorden establecido. En el fondo los que tiran piedras son la gente de orden, que aspiran a un orden. Y que entienden que el capitalismo no puede existir si no es a partir de una violencia crónica. Sorda. Constante. Que no es estructural. Es estructurante. El capitalismo funciona a partir de ejercer la dominación de una minoría sobre una mayoría. Y que no puede hacerlo sino a través de la violencia. Y que por definición actúa imponiendo, destruyendo.
Ya lo dije antes: quemar un contenedor es un acto de «terrorismo urbano», y destruir un barrio es «hacer crecer la ciudad». El capitalismo es violencia. Y no es estructural. Es estructurante. E insisto: hablo como académico. Esto es lo que explico en clase. Este es mi tema.