ESPAÑA: Las investigaciones sobre quién dirigió la operación golpista de 1981 señalan al ex rey Juan Carlos

Iñaki Anasagasti: VIÑETA: FRACASO DEL 23-F

Hoy todos los relatos serios sobre el 23-F coinciden en los detalles básicos. Juan Carlos estaba detrás de la operación y movía los hilos de un puñado de golpes diversos que se cruzaron y que se estorbaron, incluso, los unos con los otros.

El Elefante Blanco: un bar de citas eróticas de Madrid esconde la clave más oscura del 23-F


El famoso nombre en clave que ocultaba la autoridad militar era, en realidad, el nombre del club nocturno frecuentado por Juan Carlos, en los bajos de un hotel de Madrid

VICENT PARTAL / VILAWEB

El pasado 23 de febrero se cumplieron cuarenta años justos. A las 06:23 del 23 de febrero de 1981 un teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, irrumpió repentinamente en el hemiciclo del congreso de los diputados español en Madrid. Las dos estrellas de ocho puntas que lleva en las mangas de la chaqueta acreditaron ante los diputados más habituados a los rangos militares que tienen ante ellos a una autoridad militar. Al tricornio, este sombrero fuera de época que aún identifica a la Guardia Civil, lo reconocieron todos. Cuando Tejero alza el brazo con una pistola no hay ninguna duda de que ha comenzado un golpe de Estado, uno más en la historia de España. Rápidamente sonarán algunos tiros dentro del Parlamento, disparados por los militares que acompañaban a Tejero. Comenzaba así el 23-F, uno de los episodios más oscuros y extraños, si no el más oscuro y extraño, de la llamada «transición española». Y también uno de los más útiles, finalmente, para el régimen.

Cuando la situación es serena dentro del hemiciclo, después de los disparos y de alguna disputa, un capitán sube al púlpito. Se llama Jesús Muñecas y las frases que pronuncia, apresuradamente, son estas: «Buenas tardes. No pasará nada, pero vamos a esperar un momento que venga la autoridad militar competente para disponer … lo que tenga que decir y que él mismo … diga a todos nosotros. O sea, que estén tranquilos. No sé si será cuestión de un cuarto, veinte minutos, media hora … Me imagino que no será más. «

La «autoridad competente», este concepto tan arraigadamente militar que Pedro Sánchez recuperará sin nada de vergüenza años después para justificar su actuación durante la pandemia del coronavirus, no se presentó nunca, pero el golpe de Estado acabó triunfante de la manera más imprevista posible.

Su objetivo político, principalmente, de frenar el Estado de las autonomías y enaltecer y fortalecer acríticamente la monarquía, tuvo éxito completo. Juan Carlos, aquel heredero de Franco a quien el PCE había rebautizado con el mote de Juanito, el Breve, fue directamente santificado. Tenían que pasar décadas antes de que todas, o casi todas, las acciones reprobables del personaje que había robado la corona a su padre llegaran a la gran mayoría de la población y lo llevasen a la situación de vergüenza y oprobio que vive ahora. Sin embargo, mientras tanto, el régimen gozó de tres décadas en que se afianzó, en buena parte gracias a la falsa teoría de que Juan Carlos había salvado la democracia.

Hoy todos los relatos serios sobre el 23-F coinciden en los detalles básicos. Juan Carlos estaba detrás de la operación y movía los hilos de un puñado de golpes diversos que se cruzaron y que se estorbaron, incluso, los unos con los otros.

El espectáculo de Tejero con la pistola en la mano no era deseado por la mayor parte de los implicados, porque era poco presentable ante el mundo. Pero pasó y alteró completamente los planes. Unos planes que no sabremos donde acababan, pero que tenían la complicidad evidente del PSOE e incluso del PSUC -con su dirigente Jordi Solé Tura convertido oficiosamente en ministro de Trabajo del gobierno que los militares querían imponer.

Abrirse paso en la confusión del 23-F ha sido un trabajo lento. La censura periodística, y la autocensura más aún, ha tenido un gran papel, con los medios callados o silenciando las voces que intentaban investigar cómo había ido todo. El juicio tampoco ayudó mucho, porque más que investigar parecía que querían proteger. Sin embargo, de vez en cuando se ha ido escapando algún dato importante por aquí y por allá, que ayuda a entender la dimensión de los hechos y el papel que todo el mundo tuvo.

Una información muy sorprendente ha saltado hace muy poco en el libro del general Antonio J. Candil «23-F. El golpe del Rey».

De todas las claves enigmáticas que se usaron aquel 23-F una destaca mucho y ha sido objeto de todo tipo de especulaciones: el Elefante Blanco. Todo el mundo ha oído hablar, pero nadie había podido identificar su significado. Había una «autoridad militar competente», que la mayoría se inclina a creer que era el general Armada, pero por encima de ellos era sabido que había un Elefante Blanco que lo controlaba todo.

La especulación, lógica, siempre ha sido que la expresión «Elefante Blanco», muy curiosa, identificaba precisamente a Juan Carlos, como la cúpula, el vértice, del golpe de Estado. Pero hasta ahora nadie sabía explicar el porqué de aquella curiosa expresión. Había quien opinaba que había elegido para singularizar el personaje, porque de elefantes blancos hay muy pocos. Otras versiones afirmaban que cuando una manada de elefantes ataca si hay uno de blanco, este es quien encabeza la acometida. Algunos probaron incluso de buscar una pista mitológica. Pero al final todo parece ser más pedestre, improvisado, ridículo y todo.

El Elefante Blanco era un bar de citas eróticas, frecuentado por Juan Carlos


Candil afirma en su libro: «El Elefante Blanco no hacía alusión a ninguna divinidad ni a ningún ser superior, ni se refería a ninguna fuerza o poder especial por parte de un ser mitológico, nada de eso. […] El Elefante Blanco era el nombre de un bar de copas, de un bar de citas eróticas -situado en los bajos de lo que entonces era el cine Coliseum y que ahora ya ha desaparecido- en Gran Vía madrileña, donde [el capitán] Cortina había llevado de incógnito al monarca, siendo príncipe, antes de comenzar su reinado, en alguna de las escapadas nocturnas que solían hacer. «

La explicación encaja como un guante en todo. Efectivamente, José Luis Cortina, entonces comandante, hombre clave de la trama de los servicios de espionaje del CESID y compañero de fiestas nocturnas de Juan Carlos, fue precisamente quien se inventó el nombre en clave y lo usó en una conversación con Tejero días antes del golpe, el 21 de enero.

Después del juicio y de saberse la existencia de esta clave circularon todo de especulaciones sobre qué quería decir este nombre y de donde provenía. Y evidentemente sobre quién se escondía detrás. Juan Carlos mismo dijo en una entrevista a Jose Luís de Villalonga que él sabía perfectamente quién era el Elefante Blanco. Y Adolfo Suárez, en su biografía, dijo que sólo había dos personas que lo sabían y él era uno de ellos. La frase fue censurada en la edición española, pero aparece en las versiones inglesa y francesa. La censuraron porque era demasiado clara: Suárez escribió que tan sólo dos personas saben a quién se refería Cortina con aquel seudónimo y él, que no es el Elefante Blanco, es uno de los que sabían. Si el otro es Juan Carlos, como el mismo monarca había confesado … En fin, Pilar Urbano, en La gran desmemoria, afirmará más tarde que Suárez le había dicho antes de morir que el Elefante Blanco que guiaba el golpe era Juan Carlos.

Con el nuevo dato aportada ahora por Candil, el debate toma otra volada. Del club erótico que Juan Carlos visitaba con Cortina, hay pocos datos hoy. Pero establece un enlace directo y fácil de entender entre el monarca hoy huido a Dubai y el seudónimo del dirigente de este golpe de Estado del que se han cumplido cuarenta años.