EUROPA- AUGE DE LA EXTREMA DERECHA : Cómo afrontará Cataluña la entrada de Vox en el Parlamento

En las elecciones del 14 de febrero, la formación ultraderechista Vox ha conseguido entrar en el Parlamento catalán, tras presentarse por primera vez en Cataluña. No es ninguna sorpresa ya que hundió a sus contrincantes de derecha (PP y Ciudadanos), junto a los cuales en otras comunidades y municipios del Estado español forma parte de la coalición de derechas conocida popularmente como «trifachito».

En Cataluña todo apunta a que se les aplicará el «cordón sanitario» para que no toquen poder, como se hace en Euskadi tras su entrada en 2020 al Parlamento vasco, pero en el resto del Estado español se ha blanqueado a Vox dejándolos entrar en las instituciones. Todo empezó a tras las elecciones de diciembre de 2018 en Andalucía, cuando PP y Ciudadanos, consiguieron el gobierno con los votos de Vox, formando el primer trifachito del Estado español. Seis meses más tarde, en junio de 2019, las tres derechas se unieron para conseguir el gobierno de la ciudad de Madrid, y en este caso Vox ya obtuvo mucho más que en Andalucía: consiguió concejalías. Además, de la alcaldía de Madrid, el trifachito logró el gobierno de Zaragoza, la quinta ciudad del Estado en habitantes (que anteriormente había sido «ciudad del cambio» gobernada por Podemos e Izquierda Unida); y el de las ciudades de Granada, Córdoba, Badajoz, Santander y Almería.

Gracias al PP y a Ciudadanos, la ultraderecha ha sido blanqueada y normalizada en España. Una situación muy diferente a la de Alemania, todos los partidos políticos respetan el cordón sanitario trazado para dejar fuera del poder a la ultraderechista AfD.

Más tarde el trifachito logró el gobierno de la Comunidad de Madrid y el de la Comunidad de Murcia. En las elecciones generales en 2019, Vox se convirtió en la tercera fuerza del Congreso con 52 diputados sobre 350. Ahora bien, tampoco debería sorprendernos porque si ahora hay tres derechas, que al final se unen para gobernar juntas, es por la implosión del PP. Vox surgió directamente del PP, cuando Rajoy presidía el partido, y algunos dirigentes del mismo consideraron que sus políticas eran demasiado blandas. Y si bien Ciudadanos fue impulsado como partido bisagra cuando surgió la opción de Podemos, tras las movilizaciones multitudinarias del 15-M y las élites vieron peligrar el bipartidismo, recoge el voto del PP tras los inacabables escándalos de corrupción de ese partido que acabaron con que el Parlamento del Estado español los expulsara del gobierno.

En este momento es más corto citar los Parlamentos autonómicos del Estado español, donde Vox no ha conseguido entrar, que señalar dónde sí tienen diputados. Sólo no han conseguido representantes en el Parlamento de Canarias (aunque de esa comunidad han salido 2 diputados al Congreso español); ni en Castilla-La Mancha (aunque tienen 75 concejales repartidos en diferentes municipios de la Comunidad); ni en Extremadura (pero gobiernan en 3 municipios y son segunda fuerza en 24 ciudades); ni en La Rioja (aunque es la tercera fuerza más votada, por delante de Podemos) ni en Navarra, ni en Galicia. En 2020 Vox entró en el Parlamento de Euskadi con 1 diputado; y ahora en 2021 acaba de hacerlo al Parlamento catalán con 11 diputados tras obtener 271.231 votos, que son el 7,84% del total. Quedan por delante de En Comú-Podem (marca de Podemos en Cataluña) que obtuvo 8 diputados con 194.111 votos, que representan el 6,85% del total del voto emitido.

¿Qué se puede hacer una vez que la extrema derecha entra en un Parlamento?

Los partidos políticos pueden pactar un cordón sanitario y confrontar o menospreciar el discurso del odio

LAURA RUIZ TRULLOLS / VILAWEB

Vox ha entrado con mucha fuerza en el Parlamento de Cataluña. Era la primera vez que se presentaba a unas elecciones en Cataluña y ocupará 11 escaños. El partido ultraderechista es la tercera fuerza en el congreso español con 52 diputados (sobre 350) y desde el 2019 tiene 10 diputados en las Cortes Valencianas y 3 en el Parlamento de las Islas Baleares.
Durante la campaña, Juntos por Cataluña (JxCat), ERC, la CUP y En Común- Podemos, firmaron un manifiesto impulsado por la Unidad Contra el Fascismo y el Racismo (UCFR) en la que se comprometían a no llegar a ningún tipo de pacto con la extrema derecha «en ninguna circunstancia «. Además, ERC presentó un decálogo para combatirla y la CUP insiste que propondrá un pacto antifascista en el Parlamento. Repasamos qué herramientas tienen los partidos para detener la influencia y el discurso en la cámara. Los expertos reconocen que no hay ninguna receta única que lo garantice, pero sí exponen diversas iniciativas que pueden contribuir.

Cordón sanitario: no aceptar el apoyo de la ultraderecha

La primera cosa que se puede hacer es un pacto entre la mayoría de fuerzas políticas para prohibir cualquier tipo de cooperación con la extrema derecha. Es la técnica llamada «cordón sanitario», un concepto que surgió en Bélgica en 1989 cuando el partido ultraconservador flamenco Vlaams Blok obtuvo un éxito electoral sin precedentes y todo el resto de partidos se comprometieron a aislarlo. Este tipo de pacto, que continúa vigente en Bélgica, se ha reproducido en muchos países europeos, tales como los Países Bajos, Suecia y Eslovenia. En el Estado francés hace muchos años que se ha utilizado en diversas instituciones para evitar que Reagrupamiento Nacional ocupe posiciones de poder.

Según Carles Viñas, doctor en historia contemporánea por la Universidad de Barcelona y especialista en extremismo político, el cordón sanitario es el primer paso indispensable para frenar la extrema derecha una vez que obtiene representación. Considera que, de otro modo, «aceptar sus votos, utilizarlos como muleta para llegar al poder valida su discurso y la convierte en una formación homologable políticamente».

En Alemania el cordón sanitario incluye el rechazo de cualquier tipo de pacto con el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AFD). Hace apenas un año que se rompió por primera vez, cuando en Turingia la CDU -el partido de la canciller Merkel- y los liberales aceptaron los votos de la AFD para investir al presidente de este estado federal. A pesar de que la AFD no habría formado parte del gobierno, aceptar el apoyo causó un terremoto político que desembocó en la dimisión de la que debía convertirse en la sucesora de Merkel, la secretaria general del partido, Annegret Kramp -Karrenbauer. Según Viñas no permitir excepciones es importante a la hora de aplicar el cordón sanitario. Cree que hay que aprovechar todas las ocasiones para recordar que estos partidos no representan una opción como cualquier otra: «A pesar de que son organizaciones legales, no tienen una base democrática.»

Aislamiento institucional


Las instituciones tienen mecanismos para minimizar las posibilidades de la extrema derecha de influir en la actividad diaria. En el caso del Parlamento de Cataluña, una primera acción sería dejar a la extrema derecha sin representación en la mesa. El filósofo Xavier Antich propone que, una vez constituida la mesa del Parlamento, se promueva un «pacto democrático contra el fascismo y la ultraderecha» que impida que tengan ningún tipo de responsabilidad en la cámara, y se limite el tiempo de intervención y la capacidad de presentar iniciativas. Cree que hay que hacer lo imposible para evitar que Vox «determine la agenda y capitalice la actividad de la cámara». También es partidario de restringirle tantos beneficios parlamentarios como el reglamento de la cámara permita, desde el número de asesores hasta el uso de las salas de prensa.

De este aislamiento institucional encontramos un ejemplo en el Parlamento vasco. En agosto pasado el PNV, EH Bildu, PSOE y Podemos acordaron una serie de medidas para limitar las intervenciones y las propuestas de la diputada de Vox.

Tenemos otro ejemplo en el Parlamento Europeo, donde tras las elecciones de mayo del 2019 la extrema derecha consiguió formar grupo propio por primera vez -Identidad y Democracia, se llama. Los grandes grupos acordaron impedir que ningún miembro de este grupo presida comisión. Los eurodiputados de partidos como Reagrupamiento Nacional, de Marine Le Pen; la Liga, de Matteo Salvini; y el Partido de la Libertad, de Geert Wilders, tienen bloqueada la puerta a una de las posiciones con más influencia de la eurocámara. Sin embargo, hay partidos ultraderechistas, como Vox (con 3 eurodiputados) y Fratelli d’Italia (6 eurodiputados), que esquivan esta medida porque están en otro grupo, el de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR). Al principio de la legislatura también se puso sobre la mesa una propuesta para boicotear todas las enmiendas que presentara la extrema derecha, pero en la práctica no se ha acabado aplicando.

¿Hacer frente a su discurso o ignorarlo?


Los partidos no se ponen de acuerdo sobre cuál es la mejor manera de responder al discurso del odio. A juicio del historiador Viñas, hay dos grandes tesis: «Una considera que hay que combatir cada argumento que aduzcan y confrontarlos con ámbitos que no dominan y no forman parte de su programa; y otra considera que vale más ignorarlos totalmente«. Cree que hay que evaluar la mejor opción en cada caso, aprovechar la tribuna pública para frenar su discurso en ciertos momentos, pero en otros no hay que reaccionar a sus provocaciones ni entrar a debatir en ella.

Antich, en cambio, es de la opinión de responder siempre, sobre todo en las mentiras de la extrema derecha, «con datos objetivos irrefutables y con argumentos concretos, no retóricos». También cree que hay que denunciar «todas sus afirmaciones fascistas, xenófobas, racistas, machistas u homófobas.»

El ex eurodiputado Jordi Sebastià cree que es mejor «hacer como si no existieran, no mencionarlos o, en todo caso, optar por la ironía o la burla». Piensa que es importante que no sean tratados como cualquier otro actor político y hace énfasis en no blanquearlos.

Que no saquen réditos de la victimización

El aislamiento de la extrema derecha, tanto en el terreno institucional como en el discursivo, puede tener un efecto boomerang, de manera que se le dé argumentos que la refuercen. Como hemos visto durante la campaña, cada vez que se ha boicoteado uno de sus actos, Vox se ha quejado de no tener suficiente libertad para expresarse y la JEC (Junta Electoral Central) incluso ordenó al gobierno catalán que los protegiera. El profesor Viñas alerta que hay que actuar de manera que no puedan sacan rédito de la victimización.

Ir a la raíz del problema

Los expertos consideran que a largo plazo es indispensable que los partidos terminen resolviendo los problemas sociales estructurales que son terreno fértil para los discursos de la extrema derecha. Combatir el abandono escolar, la precariedad laboral, el desempleo y mejorar el sistema de protección social, son algunas de las claves para evitar que los colectivos más desfavorecidos se sientan atraídos por su discurso del odio.