AUSTRALIA – CRÍMENES DE GUERRA EN AFGANISTÁN

Los oficiales no sabían

El 19 de noviembre se publicaron los resultados de la investigación llevada a cabo durante 4 años, por el Inspector General de las Fuerzas de Defensa Australianas sobre las prácticas ilegales en las cuales están involucrados miembros de sus fuerzas especiales destacadas en Afganistán.

Australia es firmante del Estatuto de Roma y puede ser sujeto de investigación de los fiscales de la Corte Penal Internacional (CPI) sobre presuntas violaciones del Derecho de los conflictos armados.

La CPI ya inició su propia investigación en noviembre de 2017 sobre todos los crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad cometidos en suelo afgano, por todos los actores del conflicto. Esto significa que las acciones de las fuerzas especiales australianas en Afganistán están dentro de la investigación de la CPI. Pero al mostrar Australia su disposición a investigar los hechos y procesar a los responsables, éstos sólo deben responder ante los tribunales australianos, debido al principio de complementariedad (Artículo 17 de Estatuto de Roma). Australia mantiene así su jurisdicción nacional sobre los hechos investigados, salvo que el fiscal general australiano renunciara a seguir adelante con el caso.

El informe destapa la conducta criminal de las fuerzas especiales australianas en Afganistán, que formaron parte de la coalición militar liderada por Estados Unidos, entre 2001 y 2016. En el escenario afgano hubo 39.000 soldados australianos. Uno de los miembros vivos más condecorados de las fuerzas especiales, y considerado «un héroe» está siendo investigado. Según medios australianos, el ex soldado habría tirado a un afgano por un acantilado, el cual, herido, luego habría sido ejecutado de un tiro. También estaría implicado en la ejecución de dos prisioneros afganos.

Los pocos detalles visibles al público en el informe, incluyen asesinatos de civiles y enemigos desarmados; torturas a prisioneros; enfrentamientos simulados para encubrir ejecuciones; maltrato a cadáveres; y rituales de iniciación criminal para introducir a los soldados nuevos en el asesinato. El ritual, que se conocía con una palabra que podríamos traducir como «mancharse de sangre», consistía en la exigencia de los comandantes a los soldados jóvenes, de disparar a un prisionero, con el fin de tener la primera muerte en su haber.

El informe recogió más de 400 testimonios de hechos sucedidos entre 2005 y 2016, y examinó 20.000 documentos y 25.000 imágenes. El inspector general recomienda procesar a 19 miembros de las fuerzas especiales identificados, (la mayoría de los autores aparecen como «miembros no especificados»); y descarta extender las responsabilidades a la cadena de mando, y mucho menos a los gobiernos que enviaron tropas a Afganistán basándose en el falso relato de que «los afganos nos invitaron».

En 2019, uno de los soldados que testificó en la investigación del Inspector General, apareció muerto; y otro de los testigos está recluido en una institución psiquiátrica. Esto permite pensar que no será fácil al llegar los juicios, que todos los testimonios se mantengan ante el tribunal.

Cuando se consigue entrar a la página de internet del gobierno de Australia donde está publicado el informe, en medio de páginas censuradas, se pueden leer cosas como éstas (en párrafos con más líneas tachadas que legibles):

Junio 2006

  • Incidente durante una patrulla de exploración, en el que la patrulla aborda y mata a un observador desarmado, posiblemente un insurgente. La patrulla informa que el incidente involucra a una milicia armada anti-coalición.
  • … sin motivo …un miembro identificado mató ilegalmente a un nacional local herido y desarmado durante una acción …

Julio 2007

  • ..asalto sin motivo y asesinato de personas locales desarmadas
  • ..información creíble del asesinato de un insurgente que estaba fuera de combate (herido y bajo control), por un miembro identificado..

2007 – 2008

  • Julio :Trato cruel sin motivo, (agresión) a una persona bajo el control de miembros no identificados
  • Agosto: Maltrato infundado de personas bajo control

2008- 2009

  • Incidente tachado en su totalidad
  • Septiembre: Confrontación indiscriminada sin motivo con nacionales locales no identificados positivamente (como insurgentes), por miembros no identificados
  • …civiles fueron detenidos y asesinados…

2012

  • Diciembre :….en el curso de un interrogatorio táctico, fue sometido a una agresión ilegal con la culata de un rifle, amenazaron los genitales con un cuchillo y le practicaron submarinos, por miembros identificados.
  • información creíble que el comandante de la tropa sabía que TQ excedía los límites permitidos…
  • información creíble del asesinato (tiroteo) de una persona bajo control por un miembro identificado, con la complicidad del comandante de patrulla especificado, y uso de armas plantadas para ocultar (los hechos).

Desvío de responsabilidades: crímenes de guerra australianos en Afganistán

Dr. BINOY KAMPMARK / COUNTERPUNCH

La investigación del Inspector General de las Fuerzas de Defensa Australianas sobre Afganistán fue una lectura espantosa, y esa era sólo la versión editada. Los resultados de la investigación de cuatro años, dirigida por el General de División del Ejército Paul Brereton y la Corte de Apelaciones de Nueva Gales del Sur, apuntan a «pruebas creíbles» de que 39 civiles y prisioneros afganos fueron asesinados por personal de las fuerzas especiales australianas, y otras dos personas fueron tratados con crueldad. El Informe recomienda remitir 36 casos para investigación criminal a la Policía Federal Australiana. Se remiten 23 incidentes y 19 personas, a la recién creada Fiscalía Especializada.

El Informe detalla varias prácticas adoptadas por las fuerzas especiales de Australia en Afganistán. Los ritos de iniciación para los soldados jóvenes considerados como «bautismo de sangre» – la primera matanza iniciada con el disparo a un prisionero- son dignos de mención: «Esto sucedía después de que se hubiera asegurado el perímetro objetivo, y se hubiera asegurado a los ciudadanos locales como ‘personas bajo control’. A continuación, se colocarían sobre el cuerpo equipos como radios o armas, y se escribiría una historia de encubrimiento que se incluiría en los informes operativos para desviar la investigación».

Al igual que con cualquier revelación de crímenes de guerra, las partes acusadas a menudo expresan desconocimiento, desconcierto e incluso horror. La regla del juego es asumir siempre que el enemigo es terrible y capaz de lo peor, mientras que los soldados propios son capaces de una conducta infinitamente mejor. «Nunca hubiera imaginado que un australiano hubiera estado haciendo esto en la era moderna», afirmó el general en jefe de las Fuerzas de Defensa de Australia, Angus Campbell.

El Informe Brereton también incluye mucho lavado de manos en la medida en que limita la responsabilidad de la institución dentro del ejército mismo. «Los eventos descubiertos por esta Investigación ocurrieron dentro de las Fuerzas de Defensa Australianas, por miembros de la Fuerzas de Defensa Australianas, bajo el mando de las Fuerzas de Defensa Australianas».

En el Informe, los comandantes de tropas y de escuadrones, junto con los oficiales superiores, son librados de responsabilidades.

El Informe “no encontró evidencia de que hubiera conocimiento o indiferencia imprudente hacia la comisión de crímenes de guerra, por parte de los comandantes a nivel de tropa / pelotón, escuadrón / compañía o del Cuartel General del Grupo de Trabajo, y mucho menos en niveles superiores como el Comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta 633, el Comando de Operaciones Conjuntas o el Cuartel General de Defensa Australiano «.

Un hallazgo así parece aventurero y confiado. Si es exacto, sugiere un grado de profundo desconocimiento dentro de la estructura de mando de las Fuerzas de Defensa Australianas. Por su parte, Campbell reconoció que “hay muchas, muchas personas, en todo tipo de niveles en las fuerzas involucradas en operaciones en Afganistán o en apoyo de esas operaciones, que se preguntan qué no vieron, qué pasaron por alto, qué no comprendieron, para no poder prevenir esto «.

El Informe también presenta una ausencia flagrante. El contexto político, en términos de decisiones tomadas por los gobiernos australianos, es totalmente deficiente. Tales omisiones dan una cualidad forzada a los hallazgos, que, en ese sentido, resultan engañosos y manifiestamente inexactos. No obstante, el Informe insiste en que “no se alertó al gobierno de los asesinatos ilegales. Los ministros fueron informados que la tarea era controlable. La responsabilidad recae en las Fuerzas de Defensa de Australia, no en el gobierno de la época «.

Se exime de responsabilidad al primer ministro y al gobierno, muy favorecido por la persistente ficción, reiterada por el general Campbell, de que los soldados australianos se encontraron en Afganistán porque los afganos habían «pedido nuestra ayuda».

Puede que la Historia no sea el fuerte del jefe de las Fuerzas de Defensa Australianas. Dado que el gobierno en ese momento eran los talibanes, acusados de dar refugio a Osama bin Laden, no hace falta decir que no hubo ninguna invitación de ningún tipo a las tropas de las fuerzas especiales para que fueran al país. La misión a Afganistán se convirtió en una ostentación de poder, y el papel de Australia se justificó, en palabras del sitio web del Departamento de Defensa, para «ayudar a contener la amenaza del terrorismo internacional».

También es exacto afirmar que los funcionarios del gobierno australiano desconocían las actividades entusiastas y, a veces, incompetentes y asesinas de las fuerzas especiales en el país. El 17 de mayo de 2002, las tropas especiales australianas fueron responsables de la muerte de al menos 11 civiles afganos. Habían sido identificados erróneamente como miembros de Al-Qaeda. El ministro de Defensa en ese momento, Robert Hill, le dijo al periodista Brian Toohey por fax que las fuerzas especiales tenían «matrices de identificación de personas bien definidas» que incluían «comportamiento táctico», armas y equipo. Estos sugirieron que los asesinados no eran «afganos locales». Esto resultó ser una tontería: los muertos eran de tribus afganas opuestas a los talibanes.

John Howard, el primer ministro responsable del despliegue de tropas de operaciones especiales en Afganistán en 2001, está comprensiblemente dispuesto a adoptar una postura aberrante, ante los hallazgos del Informe. Según Howard, las Fuerzas de Defensas Australianas se caracterizaron por su «valentía y profesionalidad» y las atrocidades y la mala conducta podrían limitarse a «un pequeño grupo de personal de las fuerzas especiales que, según se afirma, entre otras cosas, fue responsable de la matanza ilegal de 39 ciudadanos afganos». Decir esto es forzar mucho el relato de los hechos, aunque resultará aceptable para la mayoría de los políticos australianos.

En Canberra, hay pocas voces que defiendan una extensión de responsabilidades. El único es el senador de los Verdes de Australia Occidental Jordon Steele-John, que declaró en su twitter que “los políticos que enviaron las fuerzas especiales a Afganistán y las mantuvieron allí durante más de una década deben rendir cuentas, al igual que la cadena de mando, que no sabía lo que debería haber sabido, o no actuó».

El Dr. Binoy Kampmark es profesor titular de Ciencias Sociales en la RMIT University, de Melbourne (Australia)