ESPAÑA – DIA DE LA HISPANIDAD: Una celebración contra la Segunda República

La celebración de la Hispanidad se creó contra la Segunda República Española y para destruirla. ¿Qué sentido tiene que la transición la haya blanqueado y que la izquierda española hoy continúe sin repudiarla?, se pregunta el director del medio digital catalán Vilaweb

«Hispanidad», cómo la transición puso las bases para el triunfo de Vox

12 de Octubre. El ¿Descubrimiento? – Where´s my mind?

VICENT PARTAL / VILAWEB

Los conceptos políticos tienen historia y el análisis de ésta no sólo explica su tiempo sino que sirve para explicar también la influencia que tienen en el presente. Es el caso, pertinente hoy, de esta «Hispanidad» que sorprendentemente celebra como si nada la izquierda española, y que no sólo es un argumento recurrente del franquismo, sino que es un argumento, un concepto, nacido precisamente contra el republicanismo y contra las ideas progresistas.

La pérdida de las últimas colonias españolas de América es el punto clave para entender la evolución hasta hoy de la idea de España.

Como bien explicaba ya en 1912 Rafael María de Labra, con la firma del Tratado de París, «España perdió su carácter de nación americana». Este es un lenguaje que hoy nos puede extrañar -en definitiva todo lo que va más allá de nuestra vida biológica nos extraña- pero que hay que entender si queremos comprender lo que pasa hoy.

España se veía a sí misma como una nación que había evolucionado a partir de ser un imperio y no se concebía a sí misma como una nación europea. Recuerde, al respecto, la frase con la que comienza la tan exageradamente alabada Constitución de Cádiz: «La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios». Esta existencia de la nación en dos hemisferios, Europa y América, se veía como consustancial a la existencia de España como nación. Y era el contrapeso necesario a la obsesión y el complejo de no ser considerada como verdaderamente europea por los demás europeos.

Por eso, cuando España, menos de un siglo después de proclamarse constitucionalmente un pueblo en dos hemisferios, es derrotada en Cuba y pierde por lo tanto la condición de ‘nación americana’, la sacudida será inmensa, como no habido otra similar. Muy pronto, como reacción, aparecerán dos movimientos que marcarán profundamente hasta hoy: el colonialismo compensatorio en Marruecos, donde saldrá de manera directa el franquismo, y el intento de reconstrucción de la «España americana» a partir de la Hispanidad. Hoy nos interesa hablar de éste.

El concepto de la Hispanidad aparece precisamente en medio de la confusión y el desconcierto por la pérdida de las últimas provincias americanas. Lo formula Unamuno en 1909, pero a partir de la segunda década del siglo derivará, sobre todo de la mano de Ramiro de Maeztu (1874-1936) y su tenebrosa idea de la «reconquista espiritual», en la base de la ideología nacionalista española, profundamente reaccionaria.

Contra esta tesis intenta emerger una visión alternativa progresista y sensata que intenta construir un proyecto multilateral, al considerar por igual la España europea y las repúblicas americanas. Este, y no el de la hispanidad racial y nacionalista, es el proyecto de la Segunda República Española, del gobierno de Azaña y muy en concreto de Luís de Zulueta. Zulueta dibujará un escenario de cooperación, paz, democracia y progreso en que la España que había quedado en Europa sólo era una más, y no la principal, en el conjunto de las naciones independientes que habían aparecido en la España «de los dos hemisferios». Este es un proyecto completamente abandonado después por todos, pero que debería servir al menos para que la actual izquierda española se diera cuenta del grave error que comete no oponiéndose a celebraciones como las del 12 de octubre, lo que no pasará mientras continúe renunciando a analizar de manera crítica el mismo concepto nacional de España.

Es en medio de este intento de cambiar el debate, que en 1934 Maeztu reaccionó publicando el panfleto «Defensa de la Hispanidad«. Este era un texto doctrinal donde la extrema derecha interpreta el pasado como una propuesta de futuro: «Los pueblos hispánicos no hallarán sosiego sino en su centro, que es la Hispanidad«. La nación española creía tener como misión la proyección universal del catolicismo -contra la Europa luterana- y la recuperación de los valores asociados al imperio, entre los cuales y de manera muy destacada estaban la jerarquía y un concepto muy macho y machista del honor, repudiando el liberalismo, el debate y la razón ilustrada. Básicamente esto que hoy vemos que expresan el Tribunal Supremo español y el poder judicial.

Esta doctrina fue el alimento principal de los movimientos reaccionarios que desembocaron en el franquismo, el golpe de estado de 1936, la guerra y la dictadura.

Y personajes como Ramiro de Ledesma (1905-1936) o Ernesto Giménez Caballero (N.de la E.: introductor del fascismo en España) la desarrollaron aún más, incorporando un profundo componente anticatalanista. Y agitaron ya entonces las calles de Madrid, muy al igual como ocurre ahora. Los movimientos reaccionarios católicos, pero sobre todo el falangismo y aquella idea de «la unidad de destino en lo universal», acabarían por dar forma política concreta al engendro. De lo que se trataba, según ellos, era superar el reto que planteaba ya entonces el nacionalismo catalán recuperando el mito de «la España mayor», es decir la España americana. Y alimentando, de paso, un neocolonialismo económico y cultural que también fracasó en ese momento en América y que curiosamente sólo funcionaría unos pocos años con el PSOE de Felipe González.

La Hispanidad, así, se convirtió en un arma ideológica de primer orden contra la Segunda República, contra aquella república que la derecha reaccionaria veía como laica, secularizadora y liberal, además de roja, masona, separatista y todo lo demás. Y sobre todo se convirtió en la referencia mítica y legitimadora de la dictadura, cuando Franco ganó la guerra.

El régimen se esforzó en construir con este concepto un mito sobre qué es España: los reyes católicos, Colón descubriendo América , la reconquista y la gloria imperial, que por increíble que pueda parecer aún hoy forma parte del contenido escolar que se imparte en muchas zonas de la España profunda.

Se inculcó la idea de que la historia de España, y muy en particular la Hispanidad, era una sucesión de hechos gloriosos y milagrosos, únicos, al servicio del catolicismo y alimentados casi por dios en persona, que conferían a España una misión universal ante la cual las particularidades «regionales» eran algo antinatural y ridículo.

Como señala el profesor de la Universidad de Florida, Santiago Juan-Navarro, todo se puede acabar resumiendo en la frase «Una sola fe, en una sola lengua», recogida de una soflama de Isabel la Católica (que aparece en el film Alba de América de 1951): «Llevaremos sangre generosa para alumbrar la noble familia de las Españas y por encima del mar y del tiempo nos ata siempre una fe, en una sola lengua: será el milagro más hermoso de todos los siglos». El milagro más hermoso de todos los tiempos, resulta tener una fe, es decir caminar todos juntos sin el recurso molesto de la razón, el debate o la diferencia, y expresándose en una sola lengua, que es evidentemente el castellano. Ya pueden ver de donde saca línea Ciudadanos…

Todo esto no es sólo un repaso histórico o una cosa del pasado, porque esta idea reaccionaria de España que hoy encarna Vox, pero que ya empapa a la mayoría de la sociedad española, funciona muy bien porque tiene muy viva esta raíz que nadie ha querido extirpar. Y esta raíz la tiene, sobre todo, porque la transición, como se hace claramente visible en un día como hoy, no sólo no alteró, ni modificó ni destruyó las bases ideológicas del franquismo, sino que las blanqueó, las dignificó, lo mismo que blanqueo y dignificó las instituciones de la dictadura.

Eso explica cómo en 1981, en vez de marcar una ruptura radical con sus doctrinas, en vez de penalizar la ideología franquista aunque sólo fuera para prevenir la reaparición que hoy vivimos hoy, en vez de extirpar las bases del nacionalismo reaccionario español , van las cortes democráticas y deciden nada menos que la fiesta nacional española siga siendo el día de la Hispanidad, el mismo día que se quiso instaurar precisamente contra la república de 1931 y para destruirla. Nada es inocente y de aquellas lluvias vienen estos lodos.