VATICANO: Las inversiones de alto riesgo del cardenal con el dinero de proyectos sociales

The Remnant Newspaper - February 20, 2017

El ex cardenal Giovanni Angelo Becciu, gestionaba el llamado «Banco privado de los Papas», es decir, el efectivo de la sección de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, estimado en unos 700 millones de dólares. Incluye también la gestión del dinero del Óbolo de San Pedro que son las donaciones de las diócesis y católicos de todo el mundo al Papa que se realizan desde el siglo VIII, alrededor de la festividad de San Pedro (el 29 de junio). Actualmente, la colecta recauda entre 50 y 65 millones de dólares al año.

Estos donativos -si no se interpone un cardenal Becciu que los desvíe a especulaciones financieras del capitalismo global- deben ir, por decisión de los sucesivos Papas, en auxilio de las zonas más castigadas del planeta. En África, los donativos del Óbolo de San Pedro deben contribuir a mantener los hogares para huérfanos de Ruanda; al mantenimiento de una aldea para húerfanos del sida en Kenia (en Kenia, hay un millón y medio de huérfanos a causa del sida que además sufren una fuerte estigmatización social), y a la Fundación para el Sahel (que actúa en Burkina Faso, Cabo Verde, Gambia, Guinea Bissau, Mali, Mauritania, Níger, Senegal y Chad) que trabaja en proyectos para combatir la desertización, de desarrollo agrícola, de suministro de agua y energías renovables; y formación de técnicos. En Europa, la ayuda va a un hospital en Sarajevo y a otro en Armenia. En Latinoamérica, los fondos son para la Fundación Populorum Progressio  que mantiene 168 proyectos en el continente para campesinos, pueblos originarios y afroamericanos.

A finales de 2019, se supo que el dinero del Óbolo había servido para comprar las dos terceras partes de un fondo de inversión llamado ‘Centurion Global Fund’ con sede en Malta; para asociarse por 6 millones de dólares con Lapo Elkann -un personaje de vida disoluta envuelto en problemas legales, perteneciente a la familia de industriales italianos fundadores de Fiat- en su empresa de venta de anteojos de sol de lujo; para poner 10 millones de dólares en la empresa de juguetes de Enrico Preziosi; 4 millones fueron para financiar la película Men in Black y el film biográfico de Elton John; 16 millones fueron para comprar la sede italiana de ABB Robótica (una multinacional con sede en Suiza). Por si fuera poco, 2 millones se han esfumado en inversiones ruinosas.

Propiedades, fondos y pozos offshore: las inversiones de alto riesgo del cardenal Becciu con dinero del Vaticano

 MARIO GEREVINI-FABRIZIO MASSARO  / L´ECONOMIA

Hasta las 18:00 horas del jueves 24 de septiembre, hora de la cita con el Papa Francisco,  el ex cardenal de 72 años Giovanni Angelo Becciu, era descrito como «calmado y tranquilo»  por quienes lo vieron antes de entrar a la reunión. A esa hora se produjo la ruptura, pero ya había grietas tras el estallido del escándalo por la compra del monumental inmueble de la Sloane Avenue de Londres -antiguo edificio de Harrods- y la investigación penal de los responsables por parte de la justicia vaticana. El objeto de investigación es uno de los asuntos más herméticos: la gestión del «Banco privado de los Papas», es decir,  el efectivo de la sección de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, estimado en alrededor de 700 millones. Es el corazón del gobierno de la Santa Sede, que también gestiona los millones del Obolo di San Pietro.

Durante siete años, de 2011 a 2018, Asuntos Generales de la Secretaría de Estado  estuvo a cargo del entonces arzobispo Becciu. En esta etapa, ya se cuestionaría el uso de fondos a favor de las empresas de los hermanos Becciu, y también el uso de sus relaciones con la prensa. Él es el protagonista inicial de la aventura de especulación inmobiliaria londinense que aún mantiene comprometido al Vaticano en más de 350 millones, según los cálculos de los fiscales del Papa.

Siguiendo la pista del dinero,  los fiscales vaticanos Gian Piero Milano y Alessandro Diddi extendieron la investigación al uso de todo el capital de la sección de Asuntos Generales a cargo de Becciu, comenzando con unos 50 millones en el fondo Maltés Centurion del financiero Enrico Crasso, quien los utilizó entre otras cosas para convertirse en socio de Lapo Elkann en la empresa Italia Independent (una empresa que vende gafas de sol de lujo) y para financiar la película sobre Elton John.

El propio Becciu  propuso en 2012 invertir 200 millones de dólares en una plataforma petrolera en Angola. El dinero estaba en Credit Suisse, donde Crasso, el banquero de confianza de la secretaría vaticana, trabajaba en ese momento. El amigo y empresario Antonio Mosquito, conocido en la época de Becciu de nuncio (embajador de la Santa Sede) en África, le había pedido invertir. Para evaluar el asunto Crasso llamó a Raffaele Mincione, pero el financiero lo consideró extremadamente arriesgado. La solución alternativa fue invertir los 200 millones en el fondo Athena, propiedad del propio Mincione, que lo utilizará para comprar el 45% del edificio londinense y el resto para las aventuras en bolsa en la Banca Carige; la Banca Bpm (heredera del Banco Popular de Milano); la empresa de telecomunicaciones Retelit y Tas (banca electrónica). Pero las especulaciones, incluso sobre el edificio, salieron mal y en cierto momento el fondo comienzó a perder decenas de millones de dólares.

En el verano de 2018 Becciu fue nombrado cardenal y reemplazado por el arzobispo venezolano Edgar Peña Parra. Con el cambio, el Vaticano quiso salir de ese negocio. A finales de 2018 se alcanzó una transacción con Mincione a través del intermediario financiero Gianluigi Torzi. De ahí surge la intriga que dará lugar a la investigación -que aún continúa- de dos monseñores de la Secretaría, Alberto Perlasca y Mauro Carlino, y la detención de Gianluigi Torzi en junio de 2020. (N.de la E.: Torsi está acusado de «apropiación indebida, extorsión, estafa agravada y autoblanqueo de capitales», delitos que suponen una pena de 12 años de reclusión). 

Becciu dice que él actuó en interés exclusivo de la Santa Sede.