LÍBANO: Es probable que no queden fuerzas políticas capaces de hacer un Estado viable

Líbano: detonación de inestabilidad

Desde su creación en 1943, el Líbano ha sido escenario de una feroz lucha interna estrechamente entrelazada con los procesos geopolíticos en Medio Oriente y en el Mediterráneo Oriental. La crisis actual tiene su origen en los acontecimientos que tuvieron lugar en el Gran Oriente Medio a principios de la década de 2010. Actualmente, todos los observadores están seguros de que tanto el modelo económico como el político del Líbano están en fallida y no está claro si todavía hay fuerzas dentro del país que puedan devolverlo al camino de la viabilidad.

ANDREY KADOMTSEV / THE INTERNATIONAL AFFAIRS

Andrey Kadomtsev es politólogo, asesor de política exterior del Defensor del Pueblo de la Federación de Rusia

El 4 de agosto dos poderosas explosiones sacudieron Beirut destruyendo el puerto y la mayor parte de la ciudad. Según reportes la explosión fue provocada por la inflamación y detonación de 2.750 toneladas de nitrato de amonio. Los informes del 8 de agosto dicen que la explosión mató a más de 150 personas, mientras que el número de heridos superó los cinco mil. (N.de la E.: el 17 de agosto las víctimas mortales ya eran 180, 6000 heridos y 30 desaparecidos).


Las repercusiones políticas y sociales del desastre pueden afectar a todo el Mediterráneo Oriental.

Según las estimaciones hasta 300.000 personas -el 5 % de la población del Líbano- se quedaron sin hogar como resultado del desastre. Las autoridades estiman pérdidas de entre 3 mil a 5 mil millones de dólares, lo que representa alrededor del 10% del PIB del país. La restauración de la infraestructura portuaria por sí sola requerirá “cientos de millones de dólares”, dice el gobierno. Mientras tanto, dadas las fronteras terrestres cerradas con Siria e Israel, el puerto era uno de los dos, junto con la comunicación aérea, los principales canales de suministro para el país. El almacén de grano principal ahora está arruinado, las reservas de grano restantes durarán «menos de un mes».

El 7 de agosto, el presidente Michel Aoun (cristiano maronita) dijo que, según una de las versiones, la explosión fue causada por una “intervención externa”. El 8 de agosto, el primer ministro del Líbano, Hassan Diab (musumán sunita), dijo que la principal causa de la catástrofe fue «la corrupción y la negligencia durante años». Diab convocó elecciones parlamentarias anticipadas sin las cuales, dijo, el país no podría superar la crisis actual.

El 8 de agosto, las protestas masivas se extendieron por Beirut con participantes que exigían la renuncia de todos los miembros de la dirección del país. Las protestas se convirtieron rápidamente en enfrentamientos con las fuerzas del orden y en algún momento los manifestantes tomaron las oficinas del Ministerio de Relaciones Exteriores libanés. Ahora se han traído unidades del ejército a la ciudad. El 9 de agosto, el número de heridos superó varios cientos. (N.de la E.: El 10 de agosto el primer ministro y el gobierno dimitió en bloque, tras un goteo de dimisiones después de la catástrofe. El presidente Michel Aoun y el presidente del Parlamento Nabih Berri (musulmán chiita), no dimitieron).

El Líbano ha sido escenario, desde su creación en 1943, de una feroz lucha interna que está estrechamente entrelazada con los procesos geopolíticos en Medio Oriente y en el Mediterráneo Oriental.

En 1990, después de una guerra civil de 15 años, se inició la restauración económica, que se basó en préstamos y ayuda exterior, en primer lugar, de países ricos de Oriente Medio, y en transferencias de dinero de la diáspora libanesa. La economía del Líbano dependía en gran medida de la importación de prácticamente todo, mientras que el poder político y los principales flujos monetarios, incluida la distribución de ayuda exterior, caían en manos de varias docenas de familias y clanes adinerados.

La crisis actual tiene su origen en los acontecimientos que tuvieron lugar en el Gran Oriente Medio a principios de la década de 2010.

El liderazgo de Irán tomó a la «Primavera Árabe» y la guerra en Siria como una amenaza directa. Utilizando su influencia, que se basó en similitudes confesionales y culturales, Teherán creó una red de «resistencia islámica» que incorpora «actores no gubernamentales transfronterizos en Siria y Líbano». Dada la situación, los oponentes de Irán temen que la República Islámica se proponga «consolidar un territorio bastante vasto en el Medio Oriente que está poblado principalmente por chiítas». [I]

La creciente influencia de Irán ha afectado el diseño político en el Líbano. En el transcurso de las elecciones presidenciales de mayo de 2018, el principal grupo pro iraní, Hezbollah, y sus aliados, tuvieron la oportunidad de bloquear decisiones que requieren una mayoría cualificada. Como resultado, dicen los expertos, los partidarios del acercamiento con Irán adquirieron un instrumento eficaz que les permitió «manipular el sistema político del Líbano … en su propio interés». [II]

A su vez, los principales países sunitas de la región del Golfo han estado demostrando un descontento cada vez mayor por la incapacidad de los sunitas libaneses para resistir el creciente poder de Irán. Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos estaban recortando la asistencia financiera al Líbano, incluso después de que el gobierno del país estuviera encabezado por Saad Hariri (musulmán sunita) quien tiene la ciudadanía saudí. (N.de la E.: Saad Hariri tiene nacionalidad libanesa, saudí y francesa, es hijo del ex primer ministro asesinado en 2005, fue primer ministro hasta su renuncia por las protestas masivas al intento de poner una tasa a los mensajes de whatsapp).

Simultáneamente, las batallas entre bastidores se han intensificado en el territorio del Líbano entre Irán y la alianza Estados Unidos-Israel. Según los observadores occidentales, la guerra en Siria ha aumentado el valor del Líbano, tanto en términos de apoyo logístico como por ser una de las líneas del frente antiisraelí. Frente a la asociación Trump-Netanyahu-Muhammed bin Salman, el eje de resistencia pro-iraní ha fortalecido sus posiciones, construyendo un corredor territorial que une Teherán con Beirut a través de Irak y Siria.

También se estaba haciendo sentir en el Líbano, la intensificación de la presión estadounidense sobre Irán, diseñada para «romper el eje de resistencia» y detener la «regionalización» de Hezbollah «[III]. En 2019, Washington impuso sanciones contra Hezbollah, lo que asestó un fuerte golpe a las entradas de divisas al Líbano. Recientemente, antes de la explosión en Beirut, Hezbollah e Israel intercambiaron amenazas mutuas, una vez más, sobre llevar a cabo ataques a lo largo de la frontera entre Líbano e Israel.

Otro ejemplo importante de la geopolítica libanesa en los últimos tiempos es la creciente confrontación entre Turquía y sus oponentes.
Los analistas dicen que el presidente Erdogan quiere volver a la expansión marítima para hacerse con el control del Mediterráneo oriental con miras a monopolizar las operaciones para buscar reservas de gas en la plataforma de Chipre y frustrar la construcción de un gasoducto desde el Líbano hasta Grecia [IV] . Tal curso de acontecimientos se topa con una feroz resistencia de la incipiente alianza regional informal de Grecia, Chipre, Francia, Egipto, Israel y Jordania.

Por un lado, Turquía ha ido aumentando su influencia en el Líbano en los últimos años. “En Líbano operan organizaciones públicas que sirven a los intereses de Turquía” [V]. Mientras tanto, los escépticos dicen que a medida que la economía turca continúa deteriorándose, la tasa de la lira frente al dólar esá en constante caída [VI]. Para Ankara, dada la crisis del coronavirus, la apuesta por la confrontación abierta parecen poco factibles. Otro escenario prevé «distraer la atención» de los oponentes con la ayuda de terceros países «[VII].

Otro factor que jugó un papel notable en la desestabilización social y económica del Líbano es la afluencia de refugiados sirios. Casi 1 millón de sirios se han trasladado al Líbano en nueve años. (La población del Líbano propiamente dicha es de poco más de 6 millones). Esto produjo un impacto negativo en el mercado laboral y ejerció más presión sobre la infraestructura pública que ya se encontraba en dificultades. Los expertos dicen que una parte considerable de los refugiados vive por debajo del umbral de la pobreza, lo que sólo empeora los problemas locales.

Finalmente, el quinto factor que ha agravado aún más la situación del Líbano es la epidemia de coronavirus. La mayoría de las empresas tuvieron que cerrar a mediados de marzo para detener la propagación de la infección. Las restricciones de cuarentena se aliviaron sólo en mayo.

Lo que ocupa el primer plano en la crisis económica es la caída de los precios del petróleo y el gas provocada por la epidemia. Los países del Golfo son un destino popular para los trabajadores migrantes libaneses, incluidos los especialistas altamente calificados. Además, hasta hace poco, estos países compraban casi el 40 por ciento de las exportaciones libanesas. A su vez, los residentes de las petromonarquías suministraban a las arcas libanesas hasta un tercio de los ingresos comerciales del turismo. Po otra parte, la disminución de los precios del petróleo provocó una nueva reducción de la ayuda financiera al Líbano por parte de sus vecinos ricos.

A principios de la década de 2010, dadas las circunstancias antes mencionadas, el modelo económico, que se basaba en gran medida en los préstamos, comenzó a tambalearse. Los ingresos por turismo se estaban agotando, los precios inmobiliarios cayeron, las rutas comerciales a través de Siria estaban bloqueadas. El PIB comenzó a disminuir en 2018. El déficit del presupuesto y del saldo de la balanza comercial adquirieron un carácter crónico. A fines de 2019, la deuda estatal ascendía a casi el 180 por ciento del PIB. Prácticamente la mitad del presupuesto estatal se destinó al servicio de la deuda en 2019. [VIII]. A fines del año pasado, después de diez años de crecimiento, el volumen de depósitos en los bancos libaneses también comenzó a disminuir.

En el otoño de 2019, el Líbano se vio afectado por protestas masivas, que al parecer fueron causadas por la introducción de un impuesto mensual de 6 dólares sobre el uso del WhatsApp Messenger (que la empresa ofrece de forma gratuita a los usuarios). Los manifestantes rápidamente recogieron consignas contra la corrupción y la incompetencia por parte de las autoridades. En octubre, el primer ministro Saad Hariri dimitió, presionado por los manifestantes.

El gobierno «tecnocrático» de Hassan Diab se formó recién en enero de 2020. La candidatura de Diab fue respaldada principalmente por miembros de la Coalición del 8 de marzo, que está orientada hacia Damasco y Teherán. El principal «logro» del nuevo gobierno se convirtió en el anuncio en marzo de este año del primer incumplimiento de pago de eurobonos en la historia del país.

El Líbano pidió ayuda al FMI. El 30 de abril, el Gabinete finalmente había acordado un “plan de restauración” preliminar de la economía, que sentó las bases de las conversaciones con el Fondo. Las negociaciones aún están en curso. El gobierno y el parlamento están enfrascados en feroces disputas sobre las pérdidas que el sector bancario del país y sus clientes tendrán que sufrir en el curso de la implementación de las medidas anticrisis. Con toda probabilidad, las pérdidas ascenderán a miles de millones de dólares. Varios observadores dicen que las medidas propuestas por el FMI infligen un golpe, en primer lugar, a los intereses de las fuerzas pro iraníes en el Líbano.

En la actualidad, los economistas occidentales predicen una disminución del 13 por ciento del PIB libanés en 2020. La catástrofe económica está arrasando progresivamente el país. Aquí hay algunos datos: a principios de agosto, «la red eléctrica produce sólo unas pocas horas de energía al día, mientras que miles de millones desaparecen en la organización estatal de suministro de energía. Las calles están llenas de basura»; la libra libanesa ha perdido el 80 por ciento de su valor desde el otoño del año pasado, mientras que “los precios suben prácticamente a diario”. [IX] La falta de liquidez y el déficit de productos básicos han puesto al sistema estatal de atención de la salud al borde del colapso. Según The Economist, la carne ha desaparecido del menú del ejército libanés. A mediados de este verano, las autoridades volvieron a subir los precios del pan. Mientras tanto, la asistencia a gran escala anunciada por muchos países del mundo en las primeras horas después de la explosión en el puerto puede aliviar las cosas sólo por unas pocas semanas.

Prácticamente todos los observadores están seguros de que tanto el modelo económico como el político del Líbano están sufriendo una fallida. No está claro si todavía hay fuerzas dentro del país que puedan devolverlo al camino de la estabilidad.

La sociedad libanesa está históricamente dividida en grupos étnico-religiosos en competencia feroz. Las elecciones de mayo de 2018 revelaron la presencia de una nueva generación de políticos que intentan hablar desde la posición de los intereses nacionales. Sin embargo, todavía tienen que demostrar su capacidad para competir por el poder y la influencia, con la joven generación de representantes de los antiguos clanes y familias.

Una mayor desestabilización en el Líbano beneficia a las principales «comunidades etnoconfesionales que compiten frenéticamente por el poder». Cuanto más débil es el Estado libanés, más influencia se acumula en manos de los líderes comunitarios. Desde el estallido de la crisis del coronavirus, cada una de las comunidades ha estado administrando sus propios hospitales y ha estado tratando de atraer simpatizantes entregando alimentos e incluso dinero.

De los actores externos, los interesados ​​en una mayor escalada del conflicto en el país de los cedros son los que están decididos a evitar la estabilización de Siria, y los que esperan seguir ejerciendo presión sobre Irán. A favor del escenario opuesto, están quienes se oponen a una mayor militarización del Mediterráneo oriental y a un nuevo estallido de luchas geopolíticas en el vasto territorio del Líbano, Siria, Irak e Irán.

El Líbano necesita asistencia urgente y amplia. De lo contrario, el país corre el riesgo de traspasar la línea del caos una vez más. Dada la disminución de los recursos, la situación actual promete un mayor agravamiento de la lucha por ejercer influencia, tanto en el Líbano como en las regiones vecinas.

Notas

[I] https://russiancouncil.ru/analytics-and-comments/analytics/negosudarstvennye-i-irregulyarnye-vooruzhennye-formirovaniya-v-siriysko-irakskoy-konfliktnoy-zone/?sphrase_id=46047008

[II] https://russiancouncil.ru/analytics-and-comments/analytics/vybory-v-livane-mnogo-shuma-iz-nichego/

[III] https://www.inopressa.ru/article/16Apr2019/lefigaro/middleeast.html

[IV] https://www.inopressa.ru/article/17Dec2019/lefigaro/turkey.html

[V] https://ru.armeniasputnik.am/politics/20200613/23370164/Antiarmyanskaya-aktsiya-v-Beyrute-Turtsiya-ukreplyaet-svoe-vliyanie-v-Livane.html

[VI] https://carnegie.ru/commentary/82288

[VII] https://russiancouncil.ru/blogs/ltsukanov/35184/?sphrase_id=44125089

[VIII] https://russiancouncil.ru/analytics-and-comments/columns/middle-east/vliyanie-ekonomicheskoy-situatsii-v-livane-na-politicheskuyu-obstanovku-v-strane/?sphrase_id=45565851

[IX] https://www.inopressa.ru/article/05aug2020/zeit/beirut.html