ESPAÑA: La monarquía resistirá porque no hay alternativas viables

En vistas al gran interés que han despertado los recientes acontecimientos políticos en España protagonizados por la monarquía -especialmente en Latinoamérica a juzgar por la procedencia mayoritaria de los lectores de estas notas- seguimos haciéndoles llegar los aportes de los mejores intelectuales del Estado español sobre el tema. Como se puede apreciar, por el momento la opinión más extendida es que no hay lugar para el optimismo en cuanto a la posibilidad de que los ciudadanos del Estado español puedan elegir el modelo de Estado que prefieren.

La monarquía española resistirá porque no hay alternativa, sostiene el reconocido sociólogo Salvador Cardús


ROGER GRAELLS FONT / VILAWEB


El profesor y sociólogo Salvador Cardús cree que la crisis de la monarquía no pondrá fin a esa institución porque no hay ninguna alternativa viable. Cardús interpreta la connivencia del gobierno español con la fuga de Juan Carlos I, como garantía del mantenimiento de la unidad de España, vehiculada por medio del rey como símbolo, y cree que Unidas Podemos ha tenido que aceptarlo porque no tenía más remedio.

-¿Le sorprendió la salida de Juan Carlos I de España?

Empiezo a tener muy gastada la capacidad de sorpresa, en este país que cada dos por tres produce situaciones muy difíciles de prever. Si me hubieran dicho hace seis meses que Juan Carlos terminaría en el exilio, no me lo hubiera creído. Hubiera dicho que buscarían otras soluciones más suaves y menos descaradas. Me sorprende el descaro con que se ha hecho. Que se retire y se esconda de la escena pública ya era previsible, pero una fuga tal como lo ha hecho, con comunicado oficial, con un gobierno socialista que se llama de izquierdas enmascarando esto …

-¿Lo considera un exilio?

Es más que un exilio. Un exilio responde a una causa de persecución política, y en este caso es más bien una huida por razones judiciales. Es un fugitivo.

-¿Qué le parece la gestión del gobierno español? ¿Cree que se mantendrá?

-Intentan a toda costa salvar la monarquía. Tratan de encubrir esta fuga y el intento de escapar de la justicia.

Sobre todo por una razón de fondo, la más relevante: la monarquía en España se ha utilizado como símbolo de unidad nacional y para crear sensación de unidad. Un símbolo fuerte. A veces, es más fuerte un símbolo que mil discursos. Y la petición de Franco al rey en su lecho de muerte fue precisamente ésta, que salvara la unidad de España. Esta ha sido su función principal, y en un momento actual en que el independentismo pone en cuestión esta unidad, el gobierno del estado, la justicia, los medios de comunicación y los poderes fácticos intentan salvar la monarquía para salvar la unidad. No lo hacen tanto por ser monárquicos, sino porque saben que ese es un elemento fundamental de la unidad de España. En este mismo sentido, quien más ha puesto en riesgo la monarquía y la ha debilitado, es el independentismo. Quizá sin ser suficientemente consciente, el independentismo ha puesto a la monarquía contra la pared, porque ha discutido la unidad de España.

-¿Qué le ha parecido el papel de Unidas Podemos?

-Es un papel triste, lleno de contradicciones, pero entiendo que la alternativa que tenían, que es abandonar el gobierno, es excesivamente costosa. Tanto para ellos, porque tomaron la decisión de estar en el gobierno y cambiar de registro, como porque eso hubiera hecho saltar este gobierno y nadie puede estar seguro de que lo que vendría después sería un escenario mejor. Por lo tanto, entiendo su reacción como reacción de supervivencia de ellos, y también porque ellos piensan que es un gobierno más progresista que otras alternativas. Seguro que han sufrido mucho, y lo han hecho visible, pero desde el punto de vista de la coherencia es un papel triste.

-Casi no ha habido protestas contra la monarquía en las calles. ¿A qué lo atribuye?

-Hay varios factores. Uno es que se ha elegido muy bien el momento de representar esta fuga. A comienzo de agosto, en el momento de máxima dispersión de la población y de las dinámicas sociales y la actividad. En verano es cuando se toman las decisiones difíciles. Interviene también, principalmente, la situación de la pandemia, que hace muy difíciles las movilizaciones populares espontáneas o programadas, más o menos multitudinarias. Prácticamente nadie con dos dedos de frente hace convocatorias masivas en la calle.

Y también se debe tener en cuenta que en el ámbito estatal los discursos de los medios de comunicación mayoritarios han tendido a minimizar la gravedad de la situación, a veces hasta el punto de mentir o enmascararla. Es tan grande lo que ha sucedido, tan monumental, que sólo es digerible a base de disimular, engañar y utilizar un relato que lo presenta casi como si se hubiera ido de vacaciones.

Estos tres factores no quitan gravedad a los hechos ni salvan del descrédito de la monarquía, que se notará -si lo quieren preguntar- en las próximas encuestas. No sólo en Cataluña, donde el prestigio de la monarquía ya está bajo mínimos.

-El descrédito de la monarquía española hace años que se arrastra. ¿Cree que a medio o largo plazo la institución sobrevivirá?

-La monarquía resistirá porque la alternativa no está. Si hubiera un escenario alternativo factible, seguramente sería fácil que cayera, pero no lo hay. Pasar de un régimen monárquico a uno republicano significa hacer un referéndum, por la vía constitucional.

Son necesarias unas mayorías políticas que no existen en España y, además, requiere un proceso muy complicado porque se debería reformar la Constitución, formar unas cortes constituyentes, volverlas a votar … Esto, en medio de una crisis sanitaria, económica y política general. Nadie en España es tan estúpido para embarcarse en esta vía.

La otra vía es la abdicación de Felipe VI, pero quedarían los sucesores. Y si abdican todos y se van al extranjero, eso no tiene recorrido tampoco, ¿qué pasaría entonces? Habría un vacío extraño, porque la Constitución no prevé una autodisolución de la monarquía.

-El independentismo convocó un pleno en el Parlamento de Cataluña, pero ha acabado enfrentándose (con los abogados de la Cámara) por la no publicación de la resolución entera contra la monarquía.

-Es una reacción de dignidad, casi. Una cosa es que no haya concentraciones en la calle en pleno verano, y otra que las instituciones y el Parlamento de Cataluña no dijeran nada en un momento en que hay una mayoría independentista, que venimos de una agresión durísima de la monarquía a los catalanes el 3 de octubre de 2017 … No decir nada me hubiera parecido impresentable. Que esto haya derivado en una nueva discrepancia entre los dos partidos independentistas que están en el gobierno, tampoco tiene más relevancia, forma parte de una cadena de estrategias diferentes. Simplificando, es lo que hemos llamado una estrategia de confrontación y otra de intento de diálogo (con el gobierno del Estado). Es lógico que unos expresen la confrontación a través del pleno y que esto se traduzca en términos internos y que los demás busquen superar la situación como sea, sin poner en riesgo la supuesta voluntad de diálogo. No me parece más grave que los otros momentos de discrepancias.

-¿Piensa que el confinamiento, las restricciones, y el miedo del virus, pueden convertirnos en una sociedad más obediente?

-Los miedos y las actitudes obedientes ya las llevamos por defecto. Antes de la pandemia, ya había muchos comportamientos relacionados con los miedos, lo que los expertos llaman la aversión al riesgo. Nuestros comportamientos habituales ya incorporan como propia esta aversión. Por lo tanto, ante una nueva amenaza, efectivamente, la gente toma decisiones en relación con la percepción del riesgo. Como se ha visto, es muy desigual. Hay gente que ha actuado con mucha prudencia y hay gente que ha sido muy imprudente porque no ha tenido sensación de riesgo hasta que le ha caído encima, como se ha visto en comportamientos más juveniles, de ocio, y de ocio nocturno. En la medida en que la amenaza de la pandemia desaparezca, sea menor, o la normalicemos -como hemos normalizado el riesgo de accidentes de tráfico o de tener un infarto, y no por ello la gente deja de conducir, de fumar ni comer grasas- la percepción de riesgo disminuirá y los comportamientos volverán a ser como los de antes. No creo que esta pandemia cause grandes cambios.