PLAGA DE LANGOSTAS: El otro brote que pone en evidencia la insensatez de la especie humana

La guerra en Yemen y la falta crónica de fondos de los países africanos, rompieron los mecanismos de monitoreo y contención precoz de los brotes de langostas. Ahora estos voraces insectos capaces de provocar hambrunas bíblicas, viven una explosión demográfica sin precedentes desde la época en que se diseñaron controles.

Los gigantescos enjambres de langostas son un desafío para los gobiernos y los científicos

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Área de distribución de la langosta del desierto

ANTOANETA ROUSSI / NATURE

Los científicos defienden los biopesticidas y un mejor monitoreo, pero las fuertes lluvias, las guerras y la falta de fondos han estado obstaculizando los esfuerzos para controlar el mayor brote en más de un cuarto de siglo.

Los enjambres de langostas avanzan en África oriental, Asia y Oriente Medio, amenazando el suministro de alimentos y los medios de subsistencia. Al menos 20 millones de personas están en riesgo mientras los gobiernos y los científicos se esfuerzan por controlar los insectos.

En Kenia, un enjambre inusualmente grande ocupaba un área de 2.400 kilómetros cuadrados, más de tres veces el tamaño de la ciudad de Nueva York. Los enjambres, generalmente, pueden ocupar 100 kilómetros cuadrados. Incluso con ese tamaño, pueden contener entre 4.000 y 8.000 millones de langostas, con la capacidad de consumir el equivalente de lo que comerían al menos 3.5 millones de personas en un día.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha solicitado fondos urgentes por valor de 138 millones de dólares, la mitad para apoyar a las comunidades afectadas y la otra mitad para frenar la propagación de las langostas. Al mismo tiempo, dicen los investigadores, se necesita un mejor monitoreo para predecir el movimiento y el crecimiento de los insectos, y se requieren alternativas a los pesticidas químicos sintéticos para atacar a las langostas antes de que se reproduzcan en grandes cantidades.

Explosión demográfica de langostas


La langosta del desierto (Schistocerca gregaria), que se encuentra en más de 65 de los países más pobres del mundo, normalmente vive un estilo de vida solitario en los desiertos entre África occidental e India. Se reproduce después de períodos de lluvia, porque necesita tierra húmeda para poner sus huevos. Pero cuando las lluvias son especialmente fuertes, la población puede acumularse rápidamente, formándose vastos enjambres.

Los brotes actuales coincidieron con los ciclones en 2018 y el clima cálido de fines de 2019, combinados con lluvias inusualmente fuertes. Se detectaron grandes enjambres a principios de 2020 en Etiopía y Somalia. Desde ahí, se extendieron rápidamente a países como Kenia, donde no veían una plaga así desde hace 70 años; Uganda y Sudán. También se han formado enjambres en Yemen, Arabia Saudita, Irán, Pakistán e India.

Hay otros factores, dice Segenet Kelemu, director general del Centro Internacional de Fisiología y Ecología de Insectos en Nairobi, que está asesorando al gobierno de Kenia sobre las medidas de control. Por ejemplo, la guerra en curso ha hecho que gran parte de Yemen sea inaccesible para los trabajadores e investigadores encargados de contener la plaga, retrasando la respuesta al brotr.

«Los enjambres también se desarrollan cuando los esfuerzos de control se rompen o los desastres políticos o naturales impiden el acceso a las áreas de reproducción, y las intervenciones no comienzan lo suficientemente temprano», dice Kelemu. «Países como Yemen, donde hay situaciones humanitarias catastrófica debido al conflicto bélico, no están en condiciones de ocuparse de las plagas invasivas».

Además, el monitoreo de la langosta en África no cuenta con fondos suficientes, dice Robert Cheke, zoólogo del Instituto de Recursos Naturales de Londres, que asesora a Uganda en el control de la langosta.

Cheke dice que muchos de los países afectados no han recibido a tiempo la financiación de la Organización de Control de Langostas del Desierto para África Oriental (DLCO-EA) con sede en Addis Abeba, que proporciona un sistema de alerta temprana para langostas y ayuda a controlar los brotes.

Esta organización se financia con los aportes de países africanos, y Djibouti, Somalia y Sudán no han podido pagar sus cuotas de membresía durante muchos años y en conjunto deben más 8 millones de dólares a la organización. Uganda pagó parcialmente sus atrasos el mes pasado, pero aún debe 2 millones de dólares.

El DLCO-EA «no puede hacer nada si no se les han dado sus contribuciones financieras», dice Cheke. Cuando fue contactado por Nature, Stephen Njoka, el director de la organización, confirmó que la falta de pago ha limitado su capacidad. El DLCO-EA tiene sólo cuatro aviones que pueden usarse para rociar las plagas, y tiene problemas para mantener los suministros de los productos químicos necesarios. «No producimos pesticidas, los importamos. Y no podemos almacenarlos, los pedimos según las necesidades y la entrega tarda tiempo ”, dice Njoka.

Control biológico

Los investigadores también están preocupados de que la pulverización de productos químicos como el insecticida clorpirifos ampliamente utilizado pueda ser perjudicial para los humanos y el medio ambiente.

Por lo tanto, Cheke y sus colegas aconsejan medidas de control alternativas, especialmente «biopesticidas» de base biológica, que pueden atacar a los insectos sin dañar el medio ambiente circundante.

En particular, el equipo de Cheke recomienda un hongo llamado Metarhizium anisopliae, que mata a la langosta al crecer dentro de su cuerpo. A diferencia de un aerosol de clorpirifos, el hongo «es específico para el objetivo de matar el insecto en lugar de matar cualquier cosa dode caiga «, dice Cheke. Los estudios ecotoxicológicos muestran que el hongo representa un bajo riesgo para otros organismos, incluidos otros insectos.

A diferencia del clorpirifos, los bioplaguicidas funcionan mejor cuando las langostas jóvenes, conocidas como saltamontes, todavía están desarrollando sus alas, dice Belinda Luke, científica principal del equipo de bioplaguicidas del Centro de Agricultura y Biociencia Internacional en Egham, Reino Unido. El equipo de Luke está utilizando datos históricos sobre el clima y los brotes de langostas para desarrollar un modelo que pueda predecir cuán rápido una langosta puede convertirse en adulta. Cuando esté listo, dice, este modelo podría ayudar a los investigadores a determinar cuándo en el ciclo de vida de una langosta, los bioplaguicidas serán más efectivos.

El problema para el brote actual, dice Kelemu, es que los bioplaguicidas no están disponibles en grandes cantidades a corto plazo. Eso está obligando a los gobiernos a recurrir a aerosoles químicos.

Luke también dice que los bioplaguicidas no funcionan tan rápido como los aerosoles químicos. «No se puede rociar y luego regresar una hora más tarde y ver insectos muertos, porque el hongo tarda entre 7 y 14 días en matarlos». Y eso limita su efectividad en un brote repentino.

Njoka está de acuerdo en que el control biológico es la mejor opción, pero dice que en una emergencia, como ahora, los pesticidas ya conocidos son la opción obvia. «Los agricultores quieren ver las plagas caer cada día más rápido», dice Njoka.