EEUU – PANDEMIA: El gobierno podría ser acusado de negligencia criminal por su respuesta fallida

El Congreso y la actual administración de EEUU, posiblemente tengan responsabilidad penal por su negligencia, o inclusive por la destrucción intencional de la defensa de la nación contra la pandemia, señala una abogada estadounidense. Es muy interesante su argumentación de por qué los gobernantes de su país deben ser investigados ante la falta de preparación de una defensa competente ante una pandemia archianunciada. A la vista de la respuesta inepta de los gobiernos en algunos países europeos, cabe una reflexión similar.

Hay caso para una acusación del gobierno de los EEUU por negligencia criminal por su respuesta fallida al COVID-19

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KARY LOVE / COUNTERPUNCH

El cargo es negligencia criminal. La negligencia criminal se define de la siguiente manera: «Todo el mundo es criminalmente negligente si al hacer cualquier cosa, o al omitir hacer algo que es su deber, muestra despreocupación desenfrenada o imprudente por la vida o la seguridad de otras personas».

Si no se defiende la vida de las personas contra un enemigo pandémico conocido y previsible como el COVID-19 (también conocido como SARS-2), posiblemente hay respaldo para tal acusación.

Como otros han notado, tenemos una invasión externa por parte de un enemigo, tal como los científicos esperaban y trataban de advertir.

El SARS-1, (Síndrome Agudo Respiratorio Severo) que mató a 774 personas en todo el mundo, llegó en 2002 y fue derrotado por esfuerzos heroicos de enfermeras, médicos y científicos de todo el mundo, con cero muertes de estadounidenses.

El MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio),provocado también por un coronavirus, atacó en 2012 y nuevamente, la pandemia fue evitada por la acción temprana de los profesionales médicos. Ningún estadounidense murió, gracias a la pronta y rápida acción de profesionales de la salud sin restricciones de políticos inexpertos.

La aparición de una cepa mutante de algún virus, dada la rápida tasa de mutación de los virus, se convierte en una verdadera constante en el tiempo. Incluso el documental de Netflix «Pandemic» demuestra la existencia ampliamente conocida de esta amenaza.

El gobierno existe para defender la vida de las personas. Esa es su función central. El incumplimiento del deber por parte de los encargados de dicha defensa es manifiesto. La acusación del fracaso del gobierno en prepararse para defender al pueblo de la pandemia viral alcanza a ambos partidos mayoritarios.

La falta de preparación de una defensa competente, de comprometer fondos para la preparación y la formación de los profesionales de la salud; la falta de educación científica y la promoción del aprendizaje de la ciencia en las escuelas, y del equipamiento adecuado de los hospitales, al mismo tiempo que aumentan los presupuestos para la guerra y las armas de destrucción masiva, incluidas las armas biológicas, durante décadas, ahora se revela su fracaso en toda su magnitud. No se puede bombardear un virus. Todas nuestras grandes armas nos dejan indefensos ante esta enfermedad.

Ciertamente, el Congreso y la administración actuales posiblemente tengan responsabilidad penal por su negligencia, o inclusive por la destrucción intencional de la defensa de la nación contra la pandemia.

En 2017, un equipo de transición de Trump asistió a una sesión informativa sobre cómo lidiar con una pandemia muy similar al COVID-19. Una semana antes de la toma de posesión del presidente Trump en enero de 2017, algunos de sus principales asesores se reunieron con miembros de la administración saliente de Obama donde se les informó sobre un escenario muy similar a la actual pandemia de coronavirus COVID-19, informa Politico.

El secretario de Comercio, Wilbur Ross, el ex secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, y el secretario de Energía entrante, el ex gobernador de Texas Rick Perry, asistieron. Perry, en su papel de Secretario de Energía, pronto estaría a cargo de las armas nucleares de la nación, una posición que debería haberle causado precocupación por las pandemias que seguirían en caso de una guerra nuclear, a consecuencia de la muerte masiva y la destrucción resultante, la tormenta perfecta para la generación de una pandemia. «El objetivo de la sesión informativa fue mostrar la gravedad de las situaciones que un presidente puede enfrentar y reforzar la responsabilidad del presidente de proteger a los estadounidenses», según el informe en Político. Sin embargo, la sesión informativa aparentemente tuvo poco o ningún efecto en la administración entrante.

En mayo de 2018, la asesora de preparación de biodefensa del presidente Donald Trump, Luciana Borio, directora de preparación médica y de biodefensa del Consejo de Seguridad Nacional, advirtió que una pandemia de gripe era la amenaza de seguridad sanitaria número 1 del país y que Estados Unidos no estaba preparado. «Sabemos que no se puede detener en la frontera», dijo Borio en un simposio ese día.

Borio dejó el gobierno de Trump en 2019. Otros expertos de salud global de alto nivel se quedaron sin trabajo incluso antes, después de que la Casa Blanca desmantelara la oficina de seguridad de salud global del Consejo de Seguridad Nacional, dejando a los Estados Unidos como un objetivo indefenso para las inevitables invasiones virales, como ahora vemos.

Trump eligió a John Bolton para dirigir el Consejo de Seguridad Nacional en abril de 2018. Un mes después, Bolton cerró la oficina de preparación para pandemias supuestamente en un esfuerzo por racionalizar la agencia. «Las afirmaciones de que la racionalización de las estructuras de Consejo Nacional de Seguridad perjudicaron la biodefensa de nuestra nación son falsas», tuiteó Bolton este sábado según un informe en USA Today, fechado el 18 de marzo de 2020.

Sin respetar la inexperta opinión de Bolton sobre biología, el enemigo parece estar invadiendo con gran éxito y rapidez de manera consistente de acuerdo a las predicciones de múltiples científicos y entidades de salud pública durante años, décadas, incluso un siglo, si se incluyen las lecciones aprendidas de la gripe española de 1918. Aunque repeler y derrotar la invasión viral actual es ahora el trabajo número uno, la carga de la responsabilidad recaerá sobre las personas a las cuales no se prepararó cuando sí se podía, para superarla con éxito.

La respuesta fallida ha permitido que el COVID-19, altamente contagioso y asintomático, tenga un punto de apoyo significativo entre las personas.

Los encargados de la defensa de las vidas de las personas, que han gastado el tesoro de la nación en guerras en el extranjero mientras descuidan la defensa en el propio país, deben ser investigados y, si son negligentes, deben ser responsabilizados.

La gente ahora debe comenzar a clamar que le gobierno reconozca que el verdadero enemigo de toda la humanidad es la muerte y la enfermedad, y exigir a los gobiernos futuros, fondos para la ciencia, la educación, la salud pública y una cooperación internacional que sólo luche con éxito en la guerra contra la muerte.

La invasión de uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis revela que las disputas y las guerras regionales que está librando en muchos países del mundo el Departamento de Defensa de los Estados Unidos no son más que desviaciones infantiles de recursos.

Y la gente debería reconocer a los verdaderos héroes de esta nación: los médicos, las enfermeras, los estudiantes de medicina y enfermería, y los científicos que están en primera línea en la batalla contra la muerte.

Agradézcanles su servicio, perdónenles el pago de los créditos que pidieron para estudiar, y páguenles un salario decente, bríndenles cobertura de salud, que muchos la necesitarán, ya que seguramente estarán infectados, sacrificándose para salvar a otros.

Se acabó el tiempo para la visión peligrosa y adolescente de que la amenaza son otros humanos. Claramente, nuestros enemigos más peligrosos son microbianos y nuestras defensas débiles en el mejor de los casos. Los estadounidenses debemos unirnos ahora para derrotar a este enemigo.

Debemos aprender la lección de dónde radica el verdadero peligro. Y una vez que se logre, debemos responsabilizar a cualquiera cuyo abandono de su deber contribuyó a este asalto, y asegurar que los futuros gobiernos dediquen suficientes recursos a la salud pública y la ciencia para defender la vida de las personas. Puede que no seamos tan «afortunados» la próxima vez.